Etiqueta: aprendizaje

  • Porque, lo tomes como lo tomes, lo que vemos ya no…

    … depende, solo, de nosotros.

    Ni de los otros que nos rodean, más o menos lejanos geográficamente. Porque TODO lo que vemos, exista o no realmente, va a depender también de nuestros afotunados/desafortunados ANTEPASADOS. Viene a ser la dimensión temporal de nuestra existencia tetradimensional. ¿Otra vez la visión cartesiana de la idea (versión «nuestra»)?

    O sea que, si pensabas que los otros son solo los otros humanos que están vivos, no, también son los humanos que están muertos. Para ser precisos, incluso son los demás seres vivos que tuvieron existencia propia mucho antes de nosotros. Fauna y vegetación(sic) prehistórica, que nos dejó su presencia, aunque sea infinitésima, en nuestro actual ADN. Porque provenimos de simples y «estropajosas» bacterias.

    ¿A qué resulta grandioso, pero terriblemente complejo?

    ¿Cómo haremos para desenredar un poco esta inmensa madeja (de datos)?

    ¿Qué nos ha dejado escrito en nuestro ADN esa «eonabuela» llamada Lucy?

  • Y sobre todo puedes ver lo que…

    … OTROS quieren que veas.

    Porque la realidad puede ser muy dura. No ya granítica, sino metálica. De auténtico titanio reforzado. Y, lo peor, nos sentimos incapaces de traspasarla.

    Pero se agrava, para nuestra desgracia, porque esa tremenda dureza no depende de nosotros.

    Depende fundamentalmente de lo que podemos llamar «los otros». Y no solo los antepasados. También los demás seres humanos que conviven cerca o lejos de nosotros. Actualmente con la internet, podemos decir en cualquier recuncho del planeta. E incluso en algún recuncho de alguna pequeña estación espacial. Aunque va mucho más allá, porque si alguna vez tuvo sentido usar el concepto espaciotiempo es ahora : los otros no solo están a posibles años luz de esta Tierra que pisamos, también están a millones de años en la historia del cosmos. Fue/es el material viviente, que en algún momento tuvo/tiene algo que ver, con este universo que conocemos ahora (bien poquito!!!). Y puede que en alguno desconocido. Seamos abiertos de mente, porque cuánto más abiertos, quiere decir que podrá ser (esa mente) ocupada por más de los que podíamos pensar en un principio… y, además, que así seremos capaces de organizar su existencia dentro de un solo cerebro. ¡La evolución puede con todo!

    Y todos ELLOS nos van a «ayudar» para ver la realidad. Pocas veces conseguiremos que su influencia sea mínima. Porque esa capacidad, de minimizar la influencia externa negativa, también será materia de aprendizaje. Como evitar la intromisión de los otros en nuestras propias visiones de la realidad. Incluso si esa realidad es solo aparente.

    Hasta ahora sabíamos que no estábamos solos. Ahora toca presentarnos a esa pandilla de entrometidos, que son los demás seres humanos con los que interactuamos. Si están fuera de nuestro cerebro, con mucho mucho cuidado. Y si están dentro, con mucho más cuidado aún. Ah, y entramos en la era de interactuar, incluso, con algo parecido a una Inteligencia Artifical!!!

  • Porque el problema es que hay demasiadas mentes alrededor,…

    … que quieren entrar en la nuestra.

    Y tantas que no las podremos contar. Y todas con sus propias alucinaciones. O visiones correctas de la realidad, según ellos. Pero, lo más importante, casi todas pueden ser «invisibles» para nuestra propia mente. Aunque su influencia en lo que nosotros vamos a ver pueda hacerse notar, y mucho. El fenómeno actual del influencer internauta no es nada nuevo, ya existía desde la antigüedad más clásica. En Grecia y Roma se seguía, en cierto grado, lo que decían «los entendidos». Los filósofos, para el saber. Y siempre, a los políticos que tenían el poder. De hecho todos fuimos algo socráticos o algo aristotélicos. Y siempre amantes de seguir al poder. Y aún mucha gente lo sigue siendo.

    Y ASÍ nos seguimos comportando. Aunque el supuesto homo sapiens que presume de «entendido/entendedor», sea uno de los mayores ignorantes posibles. Es la ley del «influencer», también llamado gurú. Primero se hace con el poder de influir, y luego influye. Es la clásica dinámica del poder.

    ¿Qué tal si hablamos de la importancia del pensamiento emocional, a la hora de ver lo que miramo? O aún peor, el pensamiento considerado falsamente racional, que nos puede llevar a pensar que lo visto es la realidad, incluso sin que tengamos datos suficientes. Aunque todo sea una mera asunción de lo que nos dicen que debemos ver. Aquello que decíamos hace tiempo, cuando hablamos de que el cerebro necesita departamentos para analizar las medidas y otros factores que nos dirán si son de fiar los datos que nos entran. Son los «famosos» filtros propios.

    Así que toca entrar en un apartado de estas reflexiones blogueras, donde «veremos» que la influencia externa a nosotros es mucho más importante de lo que solemos pensar.

    Porque no es un mero asunto de planos, o de poner atención, de sentir curiosidad… incluso de tener una ROM/MOR bien organizada. El probelma centaral e sque hay muchas mentes pensando por nosotros. O , lo que es lo mismo, diseñando nuestros pensamientos y, para colmo, hacernos creer que son propios. Y, para más inri, los más importantes inductores no son los que pululan por la colmena llamada playa. O el estadio de fútbol, el gran mercado o la megasuperficie comercial. Ellos suelen ser abejas obreras como nosotros.

  • Una enorme revolución en relación…

    … al libro impreso!!!

    Y si no, que se lo pregunten a Andrés, el hermano músico del Moncho en La lengua de las mariposas, que se tuvo que enamorar platónicamente de una china, gracias a una enciclopedia en papel, donde salía la imagen de una joven mujer china.

    Eran otros tiempos y las distancias terrestres se podían considerar siderales. La China Popular o la China de Taiwan eran territorios casi marcopolianos. Lejanas y muy misteriosas tierras, dónde solo los británicos habían conseguido apoyar sus coloniales garras.

    Y por los cines de barrio solo se dejaban ver los seguidores de un Fu Man Chu de pacotilla. Incluso más estereotipo que un Chinatown by Hollywood.

    Y sí, uno no necesita ser un Petrarca para enamorarse platónicamente de una enigmática Laura. Llega con ser un músico gallego como Andrés, que ni tocar bien el saxo sabía, hasta descubrir que un amor, por muy platónico que sea suele ser una de las fuentes energéticas más poderosas del universo.

    Hasta te hace tocar un pasodoble, como si te saliera de algún lugar de tu mente, una ubicación que tú desconocías por completo. Esa es la mente del Descartes, es decir «su» alma, la que piensa y la que siente.

  • Y ya no digamos …

    … usando un móvil!!!

    Donde tenemos muy «cerca», a veces demasiado, muchos datos de lo que estamos viendo. La pantalla de cualquier dispsoisstivo nos puede taragar la acaapciadada de edisceernir los detalles concreteos delo que vemos. Nos da demasiada información, lo que nos impide concretar la visión con cierta calidad.

    No ayuda el exceso de pixeles (artificiales) a ver mejor la imagen obtenida.

    Porque el ruido de fondo, sea visual o auditivo, como si se trata del gusto o del tacto, no ayuda a concretar las imágenes. Las puede incluso oscurecer.

    Y no es un problema de la IA, ni mucho menos. Varias cabezas con IH nos pueden desvirtuar tanto lo percibido por alguno de los sentidos, que quizás no haya peor ruido que ese. El de las IH. Sobre todo si se consideran amigos y nos creemos que, lo que nos digan, puede ir a misa.

    Nada como un mal consejo «amigo», para tener que darse de bruces contra la jodida realidad.

  • Todo tipo de instrumental…

    … por ejemplo, una cámara…

    .. que nos acerque lo mirado. Además de favorecer un encuadre y dejar constancia grabada, para revisar así lo que hemos fotografiado. Una forma de poder pensar mucho mejor en lo visto.

    Y una forma de aprender, aunque no lo parezca, a mirar la realidad con mucha más atención de la normal. Y desarrollar una buena capacidad, para ir observando como esta se divide en los planos de los que ya hablamos. De saber dónde indagar mejor, para ver aquellos detalles que nos pueden ser más interesantes de esa realidad.

    Una cámara de fotos, por ejemplo, viene a ser como establecer un cordón umbilical entre nosotros y la realidad. Nos acerca, nos introduce en aspectos que ni siquiera eran percibidos conscientemente. Como pasaba en aquella peli llamada Blow Up.

    De hecho suele ser muy típico notar matices de la cara de una persona, cuando un fotógrafo con chispa le trata de pillar ese momento en que se le descontrola algo su rigidez facial, cuando se relaja, y luego contemplamos un rostro que no suele ser posible ver muy a menudo. Y con él nos cuenta muchas más cosas.

    Sí, el arte de la fotografía enseña mucho sobre el arte de ver. Ayudando a diferenciarlo, además, del simple fenómeno visual de mirar.

  • E incluso usar un instrumental que…

    … nos ayude a observar con mayor calidad.

    Porque, para tomar medidas, y apreciar así mejor lo que vemos, es necesario poder aproximar nuestros ojos al objeto que estamos observando. Mirar lo más cerca posible aumenta la calidad de la imagen, que se graba en nuestro cerebro. Porque, recordemos que los ojos solo son la puerta de entrada, nuestra visión vive dentro de nuestro cerebro.

    Y nunca olvidemos que se trata de observar con atención a nosotros y a los otros. Y que los otros se observen con atención a ellos y a nosotros. Lógicamente no hablamos de observar insectos.

    Porque de nada vale observar a los demás, si no lo hicimos antes con nosotros. Más adelante reflexionaremos sobre el papel del espejo, para mirarnos con atención.

    Y viceversa, quien no se observó a sí mismo poco puede observarte a ti. Esta parte es lo típico del cotilleo, donde los que más cotillean, son los seres humanos que menos se han observado a sí mismos. Son los menos socráticos del universo.

    Y esta segunda parte (del cotilleo) es fundamental, sobre todo, cuando acudes a consultar con un psicólogo o (peor?) un psicoanalista.

  • Porque estamos hablando de ver…

    … y de sus grandes dificultades.

    Porque ya vimos con el cubismo, que no solo es un problema de ir separando planos visualmente, sean pictóricos o cinematográficos, simplificando así los elementos que formarán la visión «casi definitiva». También se podían entremezclar eses planos, haciendo q ue la realidad tome unas formas más bien fantasmagóricas, casi indescifrables. O, como pasaba con la cara cubista picassiana, nos muestra los planos descontrolados y hace aparecer en primer plano algo que, realmente, está situado «por detrás». Es decir, que el pintor nos ponga en primer plano algo de un perfil, que ni siquiera se puede ver (el lado oculto de la cara), por estar tapado por el objeto que también ocupa ese primer plano (en una cara de perfil, la otra mitad de la cara, por ejemplo).

    Así que toca, como si fuéramos científicos, reorganizar el caos aparente, que tenemos delante, para que se imite lo más posible a la realidad que estamos mirando.

    Y esta tarea también tiene su arte. Y, como llevamos diciendo, su ciencia.

    ¿O aún no tenemos claro lo que tanto repetimos : ver lo que miramos es, generalmente, muy difícil?

    Casi tanto como mostrarle nuestro afecto a eso que estamos viendo, sobre todo en el caso de que sea un ser vivo animal (racional o irracional).

  • Caray, pero si tenemos…

    … algo llamado NEURONA!!!

    Ándale ya, ¿y qué será eso que llamamos neurona? Acaso es algún tipo de célula fundamental, para que funcione ese complejo mecanismo que llamamos cerebro. Que no es otra cosa, como se notaba en la imagen del otro día, que un conglomerado de circuitos neuronales, que se van construyendo poco a poco, en función de los conocimientos que vamos adquiriendo.

    ¡Y que se van fijando en ellos!

    Unas neuronas se unen a otras, formando ese circuito neuronal, que va a ser el archivo memorístico, donde guardar todos los datos que entran en el cerebro. Siempre bien organizados, para que puedan ser usados rápida y efizcamente, cuando se precisen en otro acto cerebral de conocimiento.

    Y REPETIMOS, nada que ver con el circuitado de una computadora electrónica, por muy siliconados que tenga sus chips y los circuitos que ellos pueden montar. También se pueden llamar redes neuronales, pero son tan parecidas al circuitado neuronal humano, como las cloacas romanas se parecen a los surcos urbanos medievales, por donde circulaban los restos de la mierda casera, con todos sus microbios a flor de piel, para ser depositados en la piel de los sufridos «burgueses» (pobres).

    Estamos POR AHORA a años luz del «cerebro» electrónico de una computadora. Realmente la comparación anterior es poco científica. Y eso aunque esté superactualizado durante el próximo siglo (por lo menos). No es un dios lo que nos separa de ellos, es nuestra capacidad de evolución en el proceso de pensar, que proviene de varios millones de ensayo y error, por parte de la naturaleza (sea lo que eso sea). Y aunque actualmente seamos demasiado mediocres, para ponernos como modelo adelantado en cualquier competición de PENSAR.

  • Y, ¿qué narices puede haber en «eso»…

    … que llamamos cerebro?

    ¿Muchas cosas? O pocas, porque va a depender del uso que le demos desde que nacemos. Porque usar, lo usamos, incluso, cuando aún estamos en el útero materno. O acaso ¿no interaccionamos con nuestra progenitora, desde que somos un «simple» embrión? ¿Ya no recordamos aquel desasosiego, del que hablamos hace tiempo?

    En el útero ya se nos forman las primeras impresiones/grabaciones, que vamos recogiendo del entorno uterino. En él interaccionamos con el cuerpo materno. Y no solo recibiendo comida y el tic tac de su corazón. También múltiples sensaciones indefinidas, que se transmiten desde el resto del cuerpo de mamá, hasta las profundidades uterinas. Incluido, como no, el posible desasosiego materno.

    Los primeros días el embrión xa está recogiendo datos del entorno. Ya se van formando los primeros circuitos neuronales, esas arrugas típicas de nuestra masa encefálica. Aunque sean tan «simples» como «sentir calor», como «sentir placer» o como «sentir cierto desasosiego» por ese «algo» que le está pasando a tu madre.

    Aún no podemos ver, pero ya tenemos que aprender a «leer» los datos recibidos. No son aún palabras ni imágenes visuales, pero se tienen que recoger en eso que va a ser tu memoria ROM/MOR, que se está desvirgando, en ese momento crucial en que te conviertes en un feto humano. Por ejemplo los sonidos del corazón materno y, por ejemplo, algún tipo de sensaciones táctiles. Incluida la mano de tu progenitor (o quien sea) que apoya su mano ( o el ecógrafo) en el vientre de tu madre.

    No lo olvides, esas sensaciones no visuales son las primeras que entran en tu cerebro «en formación». No las minusvalores , para lo que que te queda de vida.