La gran diversidad… del adn

Un momento histórico, dos seres humanos…

Hemos recorrido un camino por páginas que intentan mostrar ejemplos claros de cómo funciona eso que aquí llamamos el adn social. Un concepto paralelo al ADN biológico, que nos parece necesario para entender mejor el comportamiento de un ser humano, cuando se mueve en sociedad y desde el punto de vista de la sociogenética. Intentamos así aclarar un poco el concepto de injerto social de la SAD, ese que nos lleva a decir que los genes sociales son una especie de injerto mental.

Después de empezar con algunas nociones del pensamiento cartesiano, sobre alma y mente, estuvimos viendo algo de Mystic River, Retorno a B., El conformista, Novecento y El último emperador… para así ilustrar alguna de nuestras reflexiones sobre el tema.

En todas esas paradas nos centramos en ver la relación del ADN con lo que llamamos mente humana. De cómo surgen las ideas, para formar eso que llamamos pensamiento crítico. Y luego, durante varias entradas, nos fuimos al cine, para ilustrar casos en los que se nota muy clara, la influencia de lo que aquí llamamos adn social, tanto en su faceta positiva como negativa.

Es buen momento para profundizar en algo que caracteriza al gen social negativo, a diferencia de otras formas de referirse al comportamiento humano : personalidad, forma de ser,  influencia del ambiente, traumas infantiles… todo eso, para nosotros, son solo excrecencias de lo  mismo : un gen social injertado en el cerebro humano, en su mente, para provocar en ese individuo un determinado comportamiento social… que sea diferente al comportamiento social que iría apareciendo de forma natural y libre. 

Y, lo más importante, no dejarle al individuo usar ningún otro tipo de comportamiento, que se pueda considerar de forma general y que no se adapte a la función social que la SAD (sociedad adulta dominante) le tiene reservada. Por ejemplo el soldado nazi del cártel… ¿por qué no lo consideramos un ser humano, como los protagonistas italianos? ¿Será quizás, porque su adn social negativo nazi lo ha convertido en una especie de máquina de matar? Más un zombi, que un ser humano natural y libre.

Un partisano se hace…

En algún momento hemos nacido…

No nacemos con una personalidad determinada, por lo menos mientras no se pueda manipular la estancia uterina. Que era lo que sí hacían en la novela de A. Huxley, Un mundo feliz. Ellos ya tenían úteros artificiales. Y mucho mejores que los de Matrix.

Y nada cambia, a este respecto, aunque en vez de personalidad usemos el concepto más científico de gen social, positivo o negativo. 

Pero una vez nacidos, y ya en la cuna… o en el suelo de la chabola… o, más claro aún, sentados para mear en un orinal… entonces, ya estamos condicionados. Ya nos están injertando ese gen social, que podemos llamar de “la buena educación” o de ”las buena costumbres” (en sociedad). Hay que mear tal como nos enseñan en la familia.

Se nos está generando una forma de comportarse, que es la considerada socialmente como correcta. Lo que quiere decir que las demás formas (de mear) serán incorrectas, o como mínimo menos aconsejables. Incluso, algún día, dignas de ganarse una multa y el oprobio social del prójimo. Pero, muy importante por ahora, no tiene valoración ni positiva ni negativa. Porque simplemente es lo que se debe hacer, para integrarse en la sociedad establecida. Pero sin que eso te suponga un menoscabo en tu preparación para seguir evolucionando  correctamente como un ser humano. El artificio del orinal, coco la rueda, en principio no tiene valor positivo o negativo. Dada nuestra inteligencia como humanos, es “lo que parece lógico hacer”. El valor positivo o negativo vendrá más adelante, cuando decidas  cumplir la norma o no cumplirla..

O sea que este bebé romano aún ni atisbo de “personalidad” tiene. Pero en su mente ya se le va insertando una idea clave : hay una forma de mear correctamente, según los adultos, la debes acatar. Es una de las primeras normas sociales, que se nos van a marcar a fuego en nuestra mente. Y ni siquiera sabemos lo que ha pasado. Aparte de llevarnos un sopapo en el culo, si no lo hacemos como es debido.

Y hay un tiempo, muchos momentos, para aprender a ser…

Y así como aprendemos a mear, correctamente, también aprenderemos a movernos en sociedad, tal como las normas sociales lo mandan.

No nos preguntaron si nos gustaban esas normas. Simplemente están ahí, y punto… porque los adultos un día las decidieron. Nosotros tenemos que usar ese gen biológico, que tenemos en nuestro ADN, que propugna que nos adaptemos al medio donde vivimos. De la forma menos perjudicial para nosotros, eso sí.

El problema, en estos momentos, es que no sabemos muy bien lo que  es perjudicial y lo que no. Tenemos que aprender y para eso están los adultos que nos enseñarán. Porque, nos guste o no, sin ELLOS (los adultos) nunca podremos saber si nos toca hacer de Alfredo o de Olmo. O si nos toca ser el último emperador. O si aún vamos a tener un recambio en el trono. Por ejemplo.

Y por esta razón (poderosa) es tan importante esa pregunta, que nunca se hizo Sócrates, sobre lo que puede ser perjudicial o beneficioso para nosotros. O, por lo menos, no se la hizo de la forma más favorable, para ser interpretada por nosotros. ¿Seguro que los adultos dominantes saben bien lo que necesitamos para seguir evolucionando como seres humanos? Incluido el propio Sócrates.

¿Será posible que los adultos dominantes respeten nuestro gen biológico, ese que nos manda regenerar la sociedad establecida, si sus normas impiden una natural y libre evolución de nuestra mente? Aparte de la de nuestro cuerpo. Porque debemos crecer, pero la maduración mental es muy compleja y puede chocar con las normas establecidas por los adultos dominantes. Todas esas preguntas, como decimos, no se las llegó a hacer el amigo Sócrates. O, si se las hizo, su discípulo Platón pasó olímpicamente del pensamiento más crítico de su maestro. También podía ser. Pensemos que no llega con saber que existe la cueva, para librarse de su manipulación. Se necesita saber cómo salir de ella. Y en este preciso momento, en Roma se está construyendo una enorme cúpula, donde estaremos encerrados bajo la bota nazi. ¿Nos conformaremos?

Una disidente nace… y se mejora !!!

El gran problema es saber lo que se quiere ser…

Y por eso la pregunta que se hace la protagonista de Roma, cittá… es de vital importancia : ¿Qué puede querer ser y, sobre todo, cómo llegar a serlo? Es la pregunta que se hacía Marcello… y, casi inconscientemente, se la hacía Giulia.

Y no se necesita ir a la universidad, para hacerte este tipo de pregunta. A fin de cuentas nuestro Conformista de hace unas páginas fue a la universidad y de poco le valió. Y, desde luego, no necesitas ser Sócrates, porque él además nunca se las hizo tan directamente.

Llega con nacer en un suburbio de Roma, para estar sentado en el suelo terroso de la chabola y hacerte este tipo de preguntas. Aunque ciertamente, si no saliste aún de la chabola, puede que te expreses con bastante peor calidad que la protagonista.

Porque una de las funciones que tiene este tipo de gen social negativo, del que tanto hablamos aquí, es precisamente que te impida llegar a esa fase natural de “hacerte este tipo de preguntas”.

Porque el gen social negativo está para neutralizar (reescribir en cierto modo) lo que marca el gen biológico de tu ADN. Que no es otra cosa que hacer que tu mente piense cada vez más y, por lo tanto, cada vez más te bombardea a más preguntas.

Luego viene el de poder moverse libremente…

Pero claro, aunque seas mejor que Sócrates y te hagas preguntas más útiles para llegar a ser algo en la vida, ¿de qué te vale pensar en hacerte preguntas, si no tienes la libertad necesaria para preguntar en voz alta?

¿De qué te vale hacerte preguntas, si cuando las dices en alto te mandan CALLAR? O te dicen que aún no estás madura para hacer ese tipo de preguntas. ¡Qué ya llegará tu momento!

Seguro que hasta te aconsejan hacer como Sócrates y llenarte la boca de preguntas sobre la Belleza, la Amistad, el Amor, la Justicia…

Pero no preguntes sobre el futuro, y menos TU futuro… o sobre el futuro (y el pasado) de esos niños que ves por la calle, llenos de suciedad, famélicos… y que, para colmo, a veces te insultan.

Nunca preguntes, por ejemplo, por la causa que le hizo a Alan acabar muerto en una playa europea. ¡Eso nunca! Como mucho aprende a comentar que la escena está teñida por la desgracia… y punto. Los adultos “de bien” te lo agradecerán.

Para hacer lo que necesites hacer…

Nuestra querida Pina no puede, pero aquí tratamos de dilucidar hasta qué punto se puede entender el camino que nos queda por hacer, cuando se nos presenta este tipo de disyuntiva. Independientemente claro, de que luego prefiramos ser Pina o el Conformista Marcello, porque la vida es como es y no suele acoplarse muy bien a ninguna teoría.

No todos valemos para ser Marcello, no todos valemos para ser Giulia, ni tampoco para ser Alfredo… y mucho menos para ser Attila… pero seguro que más de uno nos encontraríamos extrañamente perdidos, si nos toca sufrir las peripecias de Pu Yi.

Pero sí nos podemos ver en el espejo de Pina, o la Anita de Novecento, para comprobar hasta qué punto la vida puede ponerse difícil… y parecer más un infierno que una vida.

Y sin ayudas de circes ni de atenea homéricas, porque la realidad es mucho más dura de como la pintaban los narradores griegos.

Aunque es bien cierto, que la religión sigue marcando la vida de los seres humanos demasiado, en este mismo siglo XXI. Y también hablamos de religiones laicas, como es el nazismo.

Un hombre bueno nace, se mejora… y suele acabar mal !!!

Porque hay veces que no llega con tener fe…

Sea como sea, ¿quién puede ayudar a la oveja descarriada que es Pina, nuestra mamma romana?

Un pastor de almas. Alguien que aún no se olvidó de las enseñanzas de un tal Jesucristo y que está sobre la superficie terrestre para ayudar a los seres humanos que se hallan más desprotegidos.

Y es que no todos los humanos son conformistas, ni siquiera son curas ”de adorno”, esos que confiesan a una oveja, como si fuera un artículo de Ikea, al que se van a llevar para un domicilio particular.

Y tampoco son Olmos o emperadores, porque parten de un ADN muy simple, muy humano, y el adn social que le fue injertado, ni evitó que siga prevaleciendo lo que su ADN le marca.

Como decía nuestro gran Machado (Antonio), se trata de un hombre esencialmente bueno. Un simple y humano párroco.

Y nos invaden las dudas…

Porque estamos hablando de seres humanos que no son otra cosa, en esencia, que un cerebro con inteligencia racional y emocional, que piensa en el prójimo, como le viene marcado por su ADN.

Y da igual que durante su vida abrace el camino del sacerdocio, como el del político.. o el de ser una “simple” ama de casa.

Ese devenir vital a cada uno lo pone frente a situaciones que debe desentrañar. Que debe ver, y bien, como llevamos tanto repetido desde el principio del blog.

Pero también decimos que al final todo se reduce, sea lectura de letras, escucha de palabras o visión de imágenes, a un problema de saber leer (ver) bien. De saber leer la realidad que tenemos delante.

Y aprender así, a diferenciar los malos de los buenos. Porque no existe la Bondad Absoluta, a la que tanto mareaba el amigo Sócrates, pero sí existen los seres humanos que hacen cosas malas o cosas buenas. Y a veces, muy malas. Y atender a las ovejas es una de las actividades humanas más buenas que se conocen.

((continuará??))