
… al libro impreso!!!
Y si no, que se lo pregunten a Andrés, el hermano músico del Moncho en La lengua de las mariposas, que se tuvo que enamorar platónicamente de una china, gracias a una enciclopedia en papel, donde salía la imagen de una joven mujer china.
Eran otros tiempos y las distancias terrestres se podían considerar siderales. La China Popular o la China de Taiwan eran territorios casi marcopolianos. Lejanas y muy misteriosas tierras, dónde solo los británicos habían conseguido apoyar sus coloniales garras.
Y por los cines de barrio solo se dejaban ver los seguidores de un Fu Man Chu de pacotilla. Incluso más estereotipo que un Chinatown by Hollywood.
Y sí, uno no necesita ser un Petrarca para enamorarse platónicamente de una enigmática Laura. Llega con ser un músico gallego como Andrés, que ni tocar bien el saxo sabía, hasta descubrir que un amor, por muy platónico que sea suele ser una de las fuentes energéticas más poderosas del universo.
Hasta te hace tocar un pasodoble, como si te saliera de algún lugar de tu mente, una ubicación que tú desconocías por completo. Esa es la mente del Descartes, es decir «su» alma, la que piensa y la que siente.
¡Anímate!