
… que no tenemos.
O, por lo menos, es muy probable, que no tengamos. Y da igual que le llamemos alma o simplemente espíritu. Siempre que hablemos de algo que es independiente del ser humano, aunque resida en él hasta su muerte. Íntimamente ligados además.
Y es indiferente del tipo de árbol, bajo el que estemos sentados haciendo estas reflexiones, como atisbos, acerca de la esencia del ser humano. Sea un árbol occidental u oriental.
Porque, desde que me cansé de ver como el Sócrates y otros filósofos se pasaron sus días repensando sobre ideas tan virtuales como son la Belleza, la Justicia, incluso la Amistad… pero no decían ni pío sobre la esclavitud de una buena parte de los seres humanos que moraban en Grecia y en el resto del mundo, uno se queda algo desilusionado… y trata de avanzar en su pensamiento crítico. A partir de muchas más lecturas posteriores.
Así que vamos a partir de algunas ideas, que se fueron deshojando en el árbol de la ciencia, desde que los primeros Adán y Eva aparecieron en cualquier ecosistema terrestre, mucho antes incluso de que se hiciera un ecosistema formal.
Porque, fuera algún dios misterioso o la llamada naturaleza (sea lo que eso sea), quien nos dio inteligencia para pensar, sería una temeridad y un desperdicio desaprovechar tamaña herramienta de superación humana.

Pero antes de seguir «el tema», la no existencia de un alma, nos meteremos a fondo con la idea cartesiana del dualismo, que dicen los sabios el practicaba : una mente metida en un cuerpo humano. Se supone que la mente piensa y el cuerpo obedece. Porque esa barrabasada, añadida al discurso cartesiano, de que tenemos , efectivamente, un alma (o en «su» caso una «mente»), nos hará tocar algunas teclas , para reflexionar un poco sobre el como fue apareciendo esa idea (tan peregrina, según se mire) del alma. Y ya, de paso, como fue derivando ese concepto tan difuso de alma (insuflada por un dios) al concepto, menos difuso, pero del que hasta hace poco ni se sabía lo que podía ser : la mente humana.
Debemos tener en cuenta que estas reflexiones no dejan de estar enmarcadas en un conjunto de «comentarios adjuntos» al discurso que dimana del blog : como aparece escrito sobre el ADN humano, un tipo de texto al que aquí (todos mis yos) definimos como adn social negativo.
Y, como decimos (recordad, varios yos) siempre, no se borra lo escrito en el ADN, lo que se hace es apantallar esa escritura, poniendo por encima las frases que forman el adn social negativo.
Escribir la frase «tener un alma» en nuestro cerebro, es una clara muestra de manipulación social, nada genético. Es puro adn social negativo.
Así que, el relato bíblico de que un Yahvé insufló un alma en el cacho de barro que era Adán, no deja de ser una buena analogía, para lo que realmente hace la SAD (sociedad adulta contemporánea), «insuflando/injertando» el adn social negativo en el cerebro de una cría humana. Desde que nace.

Porque, a fin de cuentas, ¿qué viene a ser el alma de un poder establecido, sea religioso o civil? Como decimos en otros sitios son el mismo tipo de poder (usurpador), ya que nacen ambos de un solo ser humano, que se apodera (usurpa) de algún territorio que no le pertenece. E incluso decide sojuzgar a los habitantes de ese territorio. Y luego inventa un ente divino, para que le sirva de justificación, incluso cuando «tiene» que matar para «defenderse». Como en la Gaza actual.
Le llamemos alma, o le llamemos ley divina, son realmente normas sociales humanas, como los famosos 10 mandamientos del Moisés. El asunto, para la SAD, es tener un entramado de ideas que sirvan para que los oprimidos no se sientan tan oprimidos. Para que su conciencia quede reducida a esa parte, donde reside la esencia de que «más vale estar mal, que estar peor». Incluso mucho peor. Un lavado de conciencia casi perfecto, ya desde los tiempos más primitivos en que , como dijimos, se instauró el poder de un ser humano (o de varios) sobre otros seres humanos. Y a partir de ese conjunto de ideas primigenias, basadas en la existencia «natural» de una mayoría oprimida, se elaboran las normas/leyes apropiadas. De tal forma que permitan la permanencia de las circunstancias opresoras.
Porque realmente la cosa no empezó como dice la Biblia Abrahámica, con un Caín matando a un Abel… la cosa empezó con un Caín haciendo esclavo a un Abel. ¿De qué le valía muerto? Y, como curiosidad, se puede decir que el propio Caín le quitó a Abel su derecho a tener un alma, ya que los esclavos no podían tener alma. Ya no eran totalmente iguales que los seres humanos usurpadores.
Y para lavar la conciencia del ser humano nada como olvidarse de que existe un cerebro, haciendo que toda la esencia de ese ser humano radique en una virtual e indefinida ALMA.
Así que estes son los mimbres, para que eruditos de toda estirpe, decidieran durante siglos que Descartes era dualista, aunque con la salvedad de llamar «mente», a la aparte no corporal del ser humano. Como Platón, ni más ni menos. Lo devolvieron al espaciotiempo de «la ideas» (platónicas). Ni siquiera le cedieron la posibilidad de ser algo aristotélico, haciéndose monista. Porque así, al menos, coincide en la unicidad de cuerpo y alma. O en cuerpo y mente, en modo cartesiano. Que realmente será cuerpo y cerebro, que ya no estamos en la Grecia Clásica… ni siquiera en la Edad Media, aunque esto último no lo parezca, si nos fijamos en nuestro estado evolutivo actual.

Porque lo que hace la SAD con las crías humanas, ya lo hizo un dios con su ley divina, que, para más inri, se le llama también ley natural. Como si fuera la llamada Madre Naturaleza (sea lo que ESO sea), la encargada de darnos leyes (sociales). La naturaleza solo deja escritas normas genéticas, para ayudar en nuestra evolución. No escribe una mierda de normas sociales que, precisamente, suelen colaborar en el freno de la evolución natural.
Precisamente son esas normas sociales que escriba la SAD, las que intentan tapar lo escrito en el ADN, para sustituirlo por características sociales de dominación.
Y sí, así tenemos mudado un ADN (su lectura) en la lectura de un adn social negativo.
Porque las características del medio (ecosistema) opresivo, donde vivimos, no nos ayudan, para ir madurando y conformando un adn social positivo. Por el contrario, se molestan en hacernos más dóciles y así seguir las normas sociales que nos imponen. Para que nos hagan piezas perfectamente adaptadas a la maquinaria social opresiva, que controla el funcionamiento de esa SAD (sociedad adulta dominante). En vez de dejarnos madurar libremente, para ser , como nueva generación de crías humanas, los regeneradores de esa sociedad adulta ya decadente. O, por lo menos, evitar que siga degradándose.
Porque si algo está claro para la naturaleza, es que el proceso reproductivo de un ser vivo, está diseñado para que colabore en la evolución de esa especie, no precisamente en que la frene. O la deteriore de tal forma, que más que de evolución se pueda hablar de una regresión. Y «ahí» precisamente, un segmento del espacio tiempo humano, estamos los seres humanos ; en este contexto planetario que tenemos actualmente (siglo XXI).

Y seguiremos preguntándonos, ¿dónde está el cerebro? Todas estas culturas orientales, hablan mucho del poder de la mente, incluso de que es inmortal, ya que pervive en otros cuerpos, una vez acabado el ciclo vital del que les servía de soporte. Pero nunca, como Sócrates, se preguntaron por el motivo de que esa parte llamada cabeza (del cuerpo humano), podía tener algo más que un mecanismo rudimentario «de pensar? Suponiendo que le dieran alguna importancia a eso de pensar, frente al mecanismo mental (tan «suyo») de la meditación. Para esas culturas, era (y es) más interesante sentir el cuerpo, que saber lo que hacer con él. Por ejemplo, para que durara más tiempo. Sin necesidad de pensar en «un recambio». En eso ganó el Sócrates por goleada, por lo menos él se hartó de hacer(se) preguntas, mientras paseaba su cuerpo (y su mente) por algún lugar de la Atenas clásica.
Incluso con la transmigración de las almas, en el caso de todas esas religiones, que, simplemente, buscan irse a un paraíso final, hay que ver el poco valor que se le daba al contenido del cráneo humano. Porque eso de los sesos ya debieron verse unos cuantos, después de alguna batallita machacando cabezas. Esperemos que al menos los caníbales, supieran disfrutar de unos sesos medio pasados por la barbacoa del poblado.
Y hablando de meditar, de sentirse el cuerpo en profundidad. ¿Cómo sentir ese flujo de sangre, corriendo por los conductos interiores , sin que les interesara lo más mínimo «qué era» y «para qué podía valer»? ¿Tan ridículas les parecía este par de preguntas? Como al bueno del Sócrates preguntarse por la esclavitud, en general, y de la mujer, en particular. Porque, al menos, tendrían que notar como, en su ausencia, tras una profunda herida sin cerrar, estaba claro que la vida (fuera eso lo que fuera) se le escapaba del cuerpo al herido. Y lo mismo el alma, el espíritu o la mente del ser humano muerto, que debía migrar a la búsqueda de otro cuerpo. Le buscaron acomodo al alma/mente, aunque fuera un puto gato, pero no a qué se debía el morir.
Está claro que no necesitaban hacerse «un sócrates», para preguntarse algo, sobre esa circulación sanguínea. Ya llegarían algunos occidentales. En su cultura oriental, básicamente les preocupaba lo que le pasaba a «eso que corría : si iba más acelerada o menos, cómo bañaba los órganos (o lo que fuese para ellos ese tipo de cosas), si más suave o con cierta aspereza. En fin, de nada valía preocuparse si eran globulos rojos o blancos, y qué papel tenían en la defensa de eso que todos estamos dispuestos a llamar VIDA. Ni siquiera dónde estaban los núcleos sanguíneos más importantes, para evitar muertes evitables en las batallas. Pero claro, ellos eran menos de batallas, más de meditación pacífica (nos querían convencer, porque guerras tuvieron bastantes… y el samurai o la yakuza son inventos japoneses).

Dijimos antes algo sobre la hipocresía pacifista de la cultura oriental. Pero es que China tiene el Gran Mérito de inventar la pólvora. Y, si bien, se usó (y usa) mucho para festejar con los típicos cohetes, más se usó (ya no se usa casi) para destripar cuerpos (y mentes). Aunque, con su filosofía, la mente dejaría el campo de batalla, sufriendo menos, para encuerparse en algún animalillo que anduviera cerca… buitres y cuervos casi seguro.
Y es que tiene mucha gracia este invento, porque parece que se hubiera hecho para hacer viajar a las almas, mentes o espíritus, con mucha más rapidez de la «normal». Y así, luego, el amigo Nobel se sacó de la cocorota su dinamita, para facilitar este tipo de viaje.Y mucho más en grupo. Nada que ver con el trip, que fue moda en los setenta, gracias al uso del LSD y otras drogas.
Y qué decir del maravilloso avance que supuso, en este tema de las agencias de viaje, para almas y mentes inquietas, el invento del inteligente Oppenheimer. Seguro que los cuerpos que habitaban Hiroshima no gustaron mucho de quedar totalmente reducidos a cenizas. Pero sus almas, lo que tuvieron que disfrutar sus almas viajando en clase bussines a la velocidad inconmensurable de la luz. Hacia otros cuerpos que buena o malamente las acogieran.
Así que dejemos ya aquí estes apuntes tan poco confucianos y budistas, sobre el arte de la guerra que inventaron los llamados orientales terrestres. En función, claro (eso de «orientales»), de la terrible mentalidad centroeuropeísta de los «civilizados» europeos. Que, por otra banda, supieron aunar lo peor de la cultura oriental y lo peor (lo más terrorífico) de la cultura bélica occidental. Todo muy mediocre, humanamente hablando! Además debemos recordar que es un oriental, Sun Tzu , quien mejor reflexiona sobre como se debe entender la guerra : como una operación mental, para evitar lo peor de una guerra real. Algo así como plantearse una jugada compleja de ajedrez.
Y puede, también, que lleguemos a ese momento en el que toca volver al Descartes y meterse a fondo con esa tontería de que «él propone un modelo dual», donde el cuerpo va por un lado y la mente, parece ser que va por otro. ¿Esperando, quizás, su tren de la esperanza que la lleve a ninguna parte? O más bien esperando que la dejen trabajar, bien alojada en el cerebro de algún ser humano (no de un gato!), que esté dispuesto sacarle algo de provecho.

Porque nos hacemos muy torpes, mentalmente, ¿en qué se queda convertida la materia en el corazón de una explosión nuclear? Si era la energía mental, entonces sigue siendo energía. Y si solo era pura materia terrenal, pues también se hace energía.
Pero, ¿dónde queda la mente del individuo X, si toda su energía se va a fusionar con el resto de energías radiantes que por allí pululan? Acaso, ¿se mantiene la identidad del ser humano X, libre de toda contaminación energética, en el seno de una explosión nuclear? ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo en la hadas y los reyes magos?
Ni siquiera un cerebro electrónico puede dejar constancia de su trabajo previo, su identidad digital, tras la explosión nuclear. Si no mandó los bits informativos a través de internet, poco va a quedar de lo que estaba escrito en «su» puta memoria ROM.
Y del cerebro humano, ¿qué decir podemos?
Lo que no hay, es energía atómica suficiente para borrar totalmente el legado que deja un ser humano escrito en algún lugar del universo, allí donde no pueda llegar esa explosión nuclear. Aunque , si nos esmeramos, aún podemos conseguir nuestra propia extinción, con una catástrofe nuclear adecuada. Algo que le costaba incluso al senado romano. Porque, al menso, ya tenemos algún dato terrestre repartido por el sistema solar.

Y antes de pasar al Descartes y su famosa dualidad de la materia, dejemos claro que, en vez de un alma o de un espíritu, tenemos una MENTE. Pero una mente metida en nuestro cerebro, no situada en algún lugar de nuestro zapato (el izquierdo, por ejemplo). Porque una de las mayores memeces que llevo leído, desde que tengo uso de razón, es que el cerebro nos engaña. Como si el cerebro (el que engaña) fuera una cosa y nosotros (los engañados) otra.
Es la misma majadería que hablar de la dualidad cuerpo mente en Descartes, por cierto. El cuerpo por un lado y la mente por otro… y el YO que está pensando, ¿dónde estará situado, en el cerebro o en la punta del nabo (pene)?
Si en una empresa viene un departamento diciendo que, lo que parece ver y lo que ve es lo mismo, adónde le mandará la dirección? Un departamento al que le parece ver una cosa, y no está seguro (o quiere comprobación), necesitará de otro departamento que tome las medidas necesarias, para saber si «lo que parece ser es». Lo demás es pura desorganización empresarial.
Así que un cerebro organizado racionalmente, no afirma que dos segmentos son de igual distancia (ver imagen), hasta que alguna parte de ese cerebro decide MEDIR los segmentos. ¿Tan difícil es entenderlo? El cerebro no se engaña, porque no es tonto (en general) y no tiene el sentido del engaño, además de que no nos puede engañar al resto del cuerpo, porque sin él no hay cuerpo que pueda pensar en «ser engañado». Otra cosa es que lo tengamos hecho un lio y no sepamos bien lo que hace una parte de él, cuando se descuelga del controlador central.
También es cierto que en un mismo cerebro pueden habitar varios yos, pero entonces ya no podemos hablar de un cerebro organizado. Pueden llegar a ser dos cerebros en disputa, dispuestos a que no prevalezca un yo sobre el otro. ¡Lo sentimos! «Aquí» también lo habitamos varios… aunque seguimos siendo una globalidad cerebral.

Y dicen todos mis yos (o casi todos)… ¿de qué dualidad puede hablar un filosofo de la razón, cuando habla de que si existe es porque se piensa (él)? ¿Acaso está hablando de que LO PIENSA algún dios? ¿A qué jugamos, cuando reflexionamos sobre este asunto? La mente del Descartes, ¿es algo ajeno a su cuerpo? ¿No está dentro de su cerebro, que forma parte indivisible de su cuerpo? Es precisamente su cerebro el que tiene guardada su mente (sea lo que eso sea), donde está bien recogidito el Yo, ese que se piensa a sí mismo y, ya de paso, al propio Descartes (globalmente) como ser humano. Porque si no se piensan mutuamente, está claro que no tienen existencia propia. Eso será importante al pensar en si necesita Descartes a alguien, «el otro» (ser humano), que lo piense a él. Es decir, alguien que pueda certificar que existe como único ser existente : Descartes, con su cerebro… y su corazón… y , como no, su pene!
O sea que no necesita ningún dios que lo piense. Le llegará con otro humano. Y menos que le dé un alma o una mente, diferente del fenómeno, más o menos misterioso, que se forma dentro de su cerebro, esa maravillosa organización grabación de la información entrante, por acción y obra de la naturaleza (sea también lo que eso sea). Y nada de espíritu, como decían los pieles rojas, que de tanto esperar por su Manitú, se dejaron llevar por el alcohol del hombre blanco y terminaron por ser masacrados. Quizás si usaran su cerebro mejor, algo podían sacar «en blanco» de su enfrentamiento étnico. Valga la tonta redundancia.
Uno se piensa a sí mismo, para que pueda existir. Otro problem diferente es como se va a desarrollar esa existencia. Porque ahí no llega, como insinuamos antes, con solo pensarse uno. Se necesitan otros pensadores. ¡Por lo menos, uno!
Y aquí tocamos de nuevo lo del cerebro que nos engaña. ¿Y si el cerebro de Descartes le está engañando? Le dice que existe (o que no), pero resulta que la puta realidad es otra.
Puede parecer una tontería, pero no. Estamos en un punto dónde precisamente reside la esencia de entender la mente como aquí la entendemos. Y como pensamos que Descartes la entendía, salvando las distancias, de siglos y de pensadores. Si nuestra mente desorganizada nos mintiera (recordemos los de los departamentos empresariales), entonces sería secundario (o terciario). Ya que la única demostración de que existimos es precisamente ese pensamiento nuestro : cogito ergo sun. Aquí no hay ningún departamento ajeno (dentro del cerebro), que nos pueda ayudar con una regla de medir : no tenemos ninguna forma de «medir» nuestra existencia. Si te gusta (lo que eres) lo comes, si no, lo dejas. Más claro imposible, ¿no? También te puedes leer a Heiddeger o a Sartre, pero poco te van a solucionar es este aspecto de certificarte que existes realmente. Como mucho, un cierto dolor de cabeza, que a saber si existe (realmente).

Pero aquí no pensamos contestar a la pregunta de la imagen. Otros lo han intentado… nada que temerle al lobo de la filosofía. Una vez hecho amiga, hasta nos da algo de mimos.
Pero si hablamos de existir, nada como tocar la tecla del «no existir». Donde está esa nada que, como el silencio en la música, o el espacio separador en un verso, nos dice mucho más de lo que pensamos, o queremos «creer» que nos puede decir.
Porque si el pesado de Descartes se empeña en pensar en sí mismo y, por ende, en existir, ¿quién le va a prohibir que exista? Y aún no llegamos a reflexionar sobre el papel de las dictaduras, en la existencia de los seres humanos. Pero ya podemos decir que el llamdo «otro», en este punto cartesiano, sí puede decidir si existes o no.
Si piensa en ti, cobras existencia. Ya que se puede fusionar la existencia que tú mismo te has dado, con la existencia que «te da» otro ser humano. Es entonces cuando realmente hay constancia de que existes, ya que el otro hace de espejo, devolviéndote «tu» imagen.
Pero si no quiere pensar en ti, lo llevas más jodido. Es, en cierto modo, lo que sucede continuamente en este planeta : ¿Y si quiere, el otro, pensar que tu existencia es ínfima, comparada con la de él (y con la de otros «amigos») y, por tanto, decide hacerte invisible (para él y para los demás otros)?

¿Y esto no resulta también tremendamente curioso? Porque los que hablan de la dualidad en el amigo Descartes, ¿no se han planteado algunas cosas como esta : existe el ser humano «monal»? Es decir, el que solo tiene cuerpo, pero no tiene alma. Por ejemplo, todos los esclavos que Europa trasladaba al contienente americano, dónde les quedaba ese alma, que ya no tenían cuando llegaban a Las Américas?
Porque el Fanon habla de los condenados de la Tierra, porque no quiere usar el término más real : «los invisibles de la Tierra». Invisibles como seres humanos, como personas, pero bien visibles para sacarle el sudor de su cuerpo, con su agotador trabajo de esclavo. Cuando no se le sacaba, además, parte de su sangre.
Así que, desde siempre, están los que existen «por si mismos» (lo conquistaron en algún momento) y luego están los que no pueden existir, salvo que su amo les deje participar en una mísera porción de eso, que podemos considerar una vida humana completa.
¿O exageramos por aquí?
Pensamos que no. No hay que leer ni a filósofos ni a literatos. Solo estudiar un poco la historia de la humanidad, en este desequilibrado planeta, llamado Tierra. Incluso la historia que han escrito los vencedores, a lo largo de los siglos, describe varios momentos que permiten comprobar esto que decimos, sobre el intento de borrar la existencia de algún ser humano. Y si nos fijamos en el 50% de la población mundial (sexo femenino), tendremos un dato estremecedor, sobre la milenaria y permanente invisibilización de la mujer.

Te pueden negar la existencia (real) en tu propia familia, haciendo que seas una sombra o la oveja negra. Puedes ser un extranjero en tu edificio del barrio, y hasta puedes ser un extranjero en tu propio barrio, incluso aunque nacieras en él. Y, como no, puedes llegar a ser extranjero en tu propio país, si los poderes establecidos (la SAD) deciden que eres alguien que no cuentas socialmente. Incluso un enemigo público, simplemente por ser disidente. En la Rusia actual saben mucho de eso.
Y es que ser un extranjero, o hacerte invisible, son modos de conseguir lo mismo : hacerte desaparecer como elemento social, quitarte el papel genético, que marca tu ADN, pero mucho más maduro (es decir, lo que sería tu adn social positivo). Entonces es cuando pasas a ser controlado por ese adn social negativo, del que tanto hablamos por aquí.
Y ya de nada vale debatir si tienes un alma, o por lo menos una mente. Incluso si tienes un cerebro adecuado en el interior de tu cráneo, donde reside esa mente. Porque si no te la dejan usar, incluso, repito, si le llamamos alma, para qué te valen tenerlos ahí dentro? En ese caso, de nada vale ser dual o monal, eres un simple cuerpo, útil para cargar bultos o machacar la piedra que se usará para hacer carreteras.
Y no es un problema filosófico de que exista «el otro», para pensar en ti, es un problema social, donde la SAD, decide si existes o no. Ni tiene que pensar en ti, ni mucho menos leer a Descartes. Su función social es imponerte un lugar en la maquinaria social, para que seas una parte más del engranaje. Y no de las importantes. Un poquito de aceite de vez en cuando, y, el resto, a vivir como en los úteros maternos de Matrix (por ejemplo). O, como otro modelo social posible, ser un jodido gamma en la sociedad «humana» que describe un tal Huxley en Un mundo feliz.
Y, como el Cifra, eso sí, ser enormemente feliz. Aunque habría que preguntarle a él, cuando esté en un momento de reflexión parcialmente desalienado, si eso es realmente así.

Porque hablando de alienación, bien nos podemos meter con ese tipo de zombis humanos, que no llegan a estar muertos cerebralmente, pero sí tienen a ese órgano fundamental de pensar en fase de stand by. Parcialmente, como decimos (lo más tipico), o ya en fase total.
En la imagen tenemos al Nodless, de un tal Leone en su maravillosa Erase una vez en América… y ¿qué palabra, mejor que zombi, para describir el estado final de ese estupendo De Niro, metido en fumadero de opio?
Y con esto del opio, curiosamente, podemos citara de nuevo a esa cultura oriental (made in Europa), que presume mucho de meditar, pero no tanto de sus remedios para evitar, no solo la meditación, sino la propia vida pensante. La real, la significativa, la consciente. Porque estamos seguros de que el Nodlees de la peli, no se transformó ni siquiera en un gato, ni fumando, y menos aún muriendo, como una nueva forma «de vida». Seguro que en su nuevo estado de cuerpo (y mente?), tiene tanto de ser humano, como puede tener la pipa que le hace viajar por el ultramundo. Y si llegara a ser otro ser humano, estamos seguros de que es imposible que vaya a tener la misma mente, que tenía antes. Ni siquiera clonados tenemos garantizado ser el mismo. El fumado con opio no es de una Matrix, pero como si lo fuera. Básicamente es la anulación total de la libertad individual humana. Un problema menos para la SAD. Como en la peli, lo era para su antiguo camarada.
Y sí, llamadme exagerado (de nuevo).
Estar drogado a tope, ya antes de morir, es la forma más precisa de considerar que, tú mismo te has hecho un extranjero para tu cuerpo. Ni cartesiano ni morfinómano, simplemente te dices adiós y dejas a «los tuyos» completamente desnudos.

Pero no porque la mente esté disociada del cuerpo, como dicen algunos. No. Son demasiado íntimos, cuerpo y cerebro/mente… para actuar cada uno por su lado. Pero sí hay mentes dobles (y triples…), porque en tu cerebro puede habitar más de una mente (un Yo). Y ya no hablamos del amigo imaginario, que nos ayudaba cuando éramos niños.
Ahora se trata de que uno de esos «amigos imaginarios», ha madurado (como has madurado»tú», es decir, el YO principal). Pero él (otro Yo) se ha hecho fuerte en alguna parte de tu mente, y trata de ocupar el espacio mental que considera “le pertenece”. Una nefasta infancia o preadolescencia, vivida por ti (con tu Yo principal) le invita a sentirse aún necesario, pero ya asumiendo mucho más control elemental del que tenía como “simple amigo imaginario”.
No hay que pensar mucho, para visualizar mentalmente al típico amigo íntimo de una novia abandonada, que decide pasar a ocupar el lugar del prófugo novio, sin contar (sobre todo) con la voluntad de la novia, que se siente muy sola. ¿No suena, este cuento del amiguísimo suplantador del novio missing, a ese cuento del amigo imaginario, que se apiada de nosotros y nos quiere seguir ayudando en nuestra peliaguda preadolescencia?
Ahora quiere ser una parte (y muy importante) de ti. Sea lo que sea ESO que llamamos TÚ. Y, desde luego, te será muy fácil caer en el engaño del Dr. Jekyll, pensando que será siempre un Mr. Hyde el que siempre deberá obedecer a lo que mande el Mr. Jekyll. Cuando en ningún sitio está escrito que eso debe ser así, siempre.
Porque todo va a depender, fundamentalmente, de que durante tu preadolescencia y tu adolescencia hicieras el esfuerzo necesario para tener una maduración positiva. De forma que se marchara amigablemente el amigo imginario infantil, y en su lugar se fueran estableciendo los varios yos, que deben sustituirlo. Yos, siempre diversos, pero también, siempre, yos en sintonía. Es decir, que sepan establecer un necesario equilibrio, para que, una vez que discutan abiertamente (dentro del espacio mental de tu cerebro) sus posibles y necesarias discrepancias, tomen siempre una decisión colectiva. Una mala maduración (o mediocre) hará que sus conflictos se encallen y terminen por establecer feudos demasiado autónomos, e incluso independientes. ¡Así de complejo!

Y a veces ni quiere pagar su alquiler…
Porque siempre nos consideramos los más guapos, los más machotes o los mejores bailarines de la pista, cual travolta del pueblo. Y, sobre todo, nos consideramos ÚNICOS, cuando realmente nuestro cerebro puede ser lo más parecido a un gallinero común o, peor, una jaula de grillos (sin gallo mandarín!).
Porque, seamos serios, ¿cuántos Yos caben en un simple cerebro mediocre? Ya no digamos, si el cerebrito pertenece a un superdotado, de esos que dan “para mucho”, según dicen.
En Múltiple nos llegan a hablar de 24 posibles personalidades. Y aún está una por hacerae con el poder sobre todas las demás. Como el famosos anillo de poder del Señor de los Anillos.
Porque una cosa es ser mosquetero, con lo de «uno para todos y todos para uno», y otra, muy diferente, es trabajar todos para un amo y señor. Ese Yo, que ha conseguido el poder de controlar «tu» mente, ahora suya, con todos «tus» inquilinos.

Y puede ser un buen momento, para meter en el ajo de esta reflexión a algún que otro Yo. De los varios que intentan merodear por mi cerebro.
Porque sí. Como mínimo somos dos. Uno más echado “p’alante” y el otro mucho más precavido. Llevo 73 añitos tratando de buscar un equilibrio, realmente desde lo 7, que nos beneficie a ”todos”. Los inquilinos de mi cerebro, incluidos los que estén “por llegar”, y a los otros «externos», que me tienen que aguantar como colega, pareja o familiar directo.Y así, de paso, puede que consiga explicar un poco mi sana intención inicial, al empezar con esta reflexión. Llamando “poca cosa” (intelectual), a los que considero detractores/malos lectores (en pleno XXI!) del amigo Descartes.
Uno de mis yos, en la adolescencia, ya quería irse de bohemio (la idea que uno tenía de bohemio en la España de los sesenta)… pero el otro yo inquilino, que iba cogiendo más presencia, prefería que fuera más precavido globalmente. La búsqueda del equilibrio, fue muy ardua, pero la experiencia vital demostró quien tenía más carga de razón.
Lo que nos lleva de nuevo, por doble camino, al Descartes. Y a su método de reflexión (científica). Aunque él , como Aristóteles, fallaba en su concepción del llamado término medio. Que no existe realmente (ese término MEDIO), porque los segmentos no existen. Son meros artilugios matemáticos, totalmente abstractos, pare el estudio adecuado de la Geometría. Viene a ser algo así como la noción matemática de límite. O el concepto «psicológico» de felicidad.
Así que, partiendo de la línea recta, como curva de radio infinito, tenemos claro (aquí) que, el llamado término medio, mejor “punto” de equilibrio, es algún lugar de esa “recta”, donde, podemos decir, se neutralizan dos fuerzas en conflicto.

Y así yo me quedé sin viajar a Paris, a vivir en su barrio bohemio por excelencia (totalmente idealizado), y, por la contra, decidí que era mejor (más plausible) intentar una vida universitaria, en modo hispánico franquista, que, al menos, tendría un cierto aire de bohemia. Si me lo sabía montar un poco bien, dadas las escasas posibilidades económicas, para estudiar en la Uni.
Pero volvamos al Descartes. Y, sobre todo, porque nos empeñamos ahora en “estar de acuerdo», en defender su base filosófica, aunque no toda la morralla que saliera de su mente, ya que, un contexto de Santa Inquisición Vaticana, hacía imposible que se expresara libremente. Y este punto de censura inconsciente, aparte de la consciente, es totalmente crucial, a lo largo de estas líneas de reflexión.
Por ejemplo, la llamada prueba de la existencia de “un dios” deja mucho que desear, si uno ha tenido a bien, pasearse con entera libertad de pensamiento, por los pasajes principales de su Discurso del Método. Pero no forma parte del problema que se nos plantea (a «nosotros») en esta reflexión.
Y además, sin ir muy lejos, ya lo deja él bien claro al empezar su discurso. Voluntariamente o no, es toda una declaración de intenciones, bien para que lo tomen por creyente, fanático incluso, o bien, para que la Santa Inquisición, ya no siguiera leyendo al ver tan pías intenciones.
Dice Descartes :“Profesaba una gran reverencia por nuestra teología y, como cualquier otro, pretendía ya ganar el cielo. Pero habiendo aprendido, como cosa muy cierta, que el camino de la salvación está abierto para los ignorantes como para los doctos, y que las verdades reveladas que allá conducen están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a someterlas a la flaqueza de mis razonamientos, pensando que para acometer la empresa de examinarlas y salir con bien de ella era preciso alguna extraordinaria ayuda del cielo, y ser, por lo tanto, algo más que hombre.” ¿Quería ser un santo o «simplemente» un héroe griego, sobrehumano a fin de cuentas?

Dejando un poco de lado, por ahora, los conflictos de fuerzas reales y no reales, así como mi pasado añorando ser bohemio, y, desde luego los deseos reales o virtuale/virtuosos del filósofo (ser superhombre o gran disimulador ante el Sacro Imperio Vaticano), vamos a meternos con eso que podemos considerar el trabajo pensante de Descartes : ¿cómo establecer una idea de lo que existe y, además, hacer que esa idea pueda sostenerse lo mejor posible con el paso del tiempo?
Y vamos a ser cartesianos también en esto. Usaremos su representación del espacio euclídeo, basándose en tres ejes de coordenadas. Uno para cada una de las dimensiones que debe tener un espacio tridimensional. Aunque seremos algo más lanzados y meteremos en el un nuevo eje (cuasitemporal), para usarlo como espacio cuatrimensional. Somos osados, ¿sí? El maestro nos enseñó que, sin pensar no existimos.
Una línea que no existe, porque es algo abstracto (matemático), a la que llamamos eje de las x, nos servirá para ir montando el edificio que ese Descartes hizo, no todo conscientemente (y con alguna contradicción, como es lógico), para darle vivienda a algo que aquí vamos a llamar IDEA. Y que pensamos, no parece contradecirse con el pensar común de la gente “pensante”. De hecho le llaman el papá del idealismo. Con el empujón posterior del gran Kant. Aquí trataremos de enfocarlo con otro punto de vista (mirar el blog).
Sobre ese eje, en vez de números naturales, o enteros y reales positivos (incluso parte real positiva de los números imaginarios), nosotros vamos a representar un precepto operativo (logístico), que el tal Descartes consideraba elemental en su llamado Método de Reflexión Científica, aunque, ese término de Reflexión, pueda parecer poco duro, para un uso científico del lenguaje. A todos mis yos les llega así.
Primero de los 4 preceptos que Descartes considera básicos, para construir su método científico de reflexión…
“también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y constante resolución de no dejar de observarlos una vez siquiera. Fue el primero, no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. «
Consideramos que este puede ser lo que representemos en el eje de las equis. Como una aplicación del espacio cartesiano, para representar a “eso” que llega al finalizar su reflexión (Discurso del Método).

Este primer precepto (ver Discurso), que necesitamos expresar lo más resumido posible, puede quedar como un elemento del espaciotiempo reflexivo cartesiano, de tal forma que su desarrollo se vaya haciendo a lo largo del eje de abscisas, no temporalmente, sino cuantitativamente : como pasos que se van dando en el proceso reflexivo de la duda constante. Duda que, como bien aclara el propio Descartes, no es la duda permanente del filosofo escéptico, quien considera que nada se puede saber con certeza. No, Descartes solo usa la duda sistemática, para asegurarse mejor, antes de tomar una decisión sobre la idea que intenta desarrollar.
En cierto modo sería una duda, que va aumentando sin cesar, hasta que otro precepto (el segundo) ayude a tomar alguna decisión al respecto : aumentando la probabilidad de que sea cierta.
Además nos indica también, en ese avance a lo largo del eje, como vamos dejando de lado la parte de la duda, que se va confirmando como posiblemente válida, mientras que se van adjuntando nuevas capas de duda, según avanzamos en el proceso de clarificación.
Y, esto es crucial, porque a diferencia de los escépticos a nosotros nos va consolidando, incluso anímicamente, el ver (consultar blog) que cada vez nos sentimos más seguros en los pasos que damos. En el escéptico la duda permanece, incluso inamovible (o aumenta), los paraliza. Para el cartesiano que duda, esa duda se va disipando en función de lo que se vaya clarificando.
Y, eso sí, tendremos mucho cuidado en no olvidar una premisa fundamental, que tanto repetimos al hablar de procesos evolutivos : nunca se llega a un final. Como pasa con el límite matemático, debemos tender a él, pero estar bien seguros (aquí no vale la duda?) de que nunca lo alcanzaremos. Precisamente en esto reside la genialidad del pensamiento cartesiano : usar la razón para buscar un límite inalcanzable. Porque siempre, SIEMPRE, se necesita mejorar. Una meta de este tipo exige una tendencia a ser alcanzada. Solo los humanos mediocres, creen posible (tienen fe para) conseguirla. Y, mira tú por dónde, esta visión del avance constante en la duda es tremendamente evolutivo : es lo que hace la naturaleza (sea lo que eso sea) al ir seleccionando las mutaciones posibles, en función de los parámetros de verdad (logros positivos), que le van apareciendo al hacer las pruebas correspondientes.

En el eje de ordenadas representamos el avance del segundo precepto del método cartesiano, que nos dice:“El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución.”
Y, ¿qué significado le podemos dar a esto, que llamaremos avance en ordenadas (no confundamos con coordenadas, que se refiere a ambos ejes)? Por cierto, lo ponemos en vertical, pero podría estar dibujado en horizontal… luego ya veremos la causa de esta elección…
El proceso de reflexión, el discurso que estamos pensando, para llegar a una posible idea sobre la realidad que observamos, requiere que lo vayamos dividiendo en las partes que fuera posible y que fuera necesario… con la condición de que aporten utilidades al proceso reflexivo… seleccionando cada vez más partes, como un proceso de deducción (?) en el que de unos casos (premisas?), los más fáciles , vamos pasando a otros, los más difíciles. Casos cada vez más complejos, lo que nos lleva a tener que diseccionarlos cada vez más. Hasta que consigamos recomponer el puzzle y le podamos dar un sentido al “cuerpo” de la reflexión que estamos haciendo.
Podría ser así, lo que pensaba Descartes. Pero aquí ya entra algo de interpretación propia.
Y ahora viene una de esas partes en que necesitamos ser creativos y avanzar un poco a oscuras… pero siempre con las manos por delante, por si chocamos con algo : ¿y sí juntamos ambos ejes, como hizo el Descartes, para explicar su idea del plano euclídeo.

Y sí es una idea cartesiana, la representación de un punto del plano como combinación de sus coordenadas lineales, algo que podemos calificar como genial. Nada que envidiarle al mismo Newton, si lo entendemos como un avance, para estudiar científicamente (matemáticamente) la dura realidad que nos rodea.
Y eso que, como en cierto modo le pasó al Euclides, aún no se había pasado de la pubertad filosófica y científica, quedando a las puertas del espacio tridimensional, es decir del volumen. Pero que, siguiendo el modo de pensar cartesiano, iba a resultar fácil de pensar (para darle existencia) como un tercer eje, perpendicular a los dos ya existentes. Y así ya tenemos las tres dimensiones del espacio real.
De un espacio que exista realmente (material), no un espacio simplemente virtual, abstracto, como es el plano, o como, en su caso más simple, son la línea recta y el punto. Meros conceptos matemáticos.
Pero nos aceleremos. Aún tenemos que plasmar mucho mejor este espacio plano. Al que llamamos “de los ejes cartesianos”, donde representamos geométricamente una dimensión en abscisas y otra en ordenadas.
De tal forma, que si seguimos con la “idea” de representar el primer precepto del Método en la “x” y el segundo en la “y”… obtendremos una visión del problema tal como la de la siguiente figura… y ya le incorporamos lo que sería la idea pensada, usando solamente estos dos ejes de avance reflexivo. Evidentemente serái una idea totalmente plana, es decir sin contenido. Y conviene recordar que un punto en el plano solo es un círculo de radio cero, que no puede tener grosor, aunque, al pintarlo con tiza o tinta, le estamos aportando un cierto grosor, que lo hace falsamente real.

En la imagen está incluida una especie de nube, que representa esa idea plana, sin contenido real, a la que puede llegar un estudioso del Discurso del Método. Por ejemplo, en la versión de mis dos Yos principales.
Otra forma de intuir el hecho de que sea una idea plana, sería compararla con una mesa (idea de) que queremos hacer en nuestro taller de carpintería. Podemos imaginar una mesa con solo dos patas y suponiendo que su grosor (la madera) sea de un infinitésimo, o mejor cero (para ser virtual). Evidentemente, en este caso, no se sostendría de pie.
Sería, como decimos, una especie de mesa virtual, totalmente plana, que no se podría sostener en el espacio tridimensional, por falta clara de una tercera dimensión.
Es por eso que, para obtener una idea tridimensional, de una mesa o de lo que sea, necesitaremos incorporar un tercer eje a este espacio plano : el eje de coordenadas de la variable “z”.
Y así podremos completar, esta parte de “los preceptos” (cartesianos, que no cristianos!!), con el tercero del Método Cartesiano para pensar en una Idea…

Y tal como podemos observar en la imagen, ya hemos dado con ese eje necesario, insispensable paara darle eprofundiadad ala esapcio cartesiano. En este caso se representa como eje “z” (hacia atrás del plano, dando profundidad)… que corresponde al enunciado escrito por Descartes…
“El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.”
Algo que ya insinuamos al tratar con el segundo precepto, puesto que la división en partes posibles y útiles, tras despejar la duda pertinente, llevaba aparejado que se tuvieran que ir dejando las partes más complejas para el final. Fueran partes originales o bien partes que iban surgiendo en el proceso de reflexión.
Y es que, lógicamente, los tres primeros preceptos van íntimamente ligados. No podemos avanzar por uno de los ejes, si no somos capaces de avanzar por los otros.
Ahora solo nos falta completar el esquema, que representa al espacio cartesiano tridimensional, incluyendo esa idea a la que se quiere llegar después de un proceso reflexivo , como el propugnado por Descartes. Es decir, siguiendo un razonamiento cartesiano. En una versión, como decimos, de mis dos yos principales. Cada uno es cada uno… y en mi cerebro lo vamos llevando…
La idea plana, la mesa con dos patas, que teníamos en el plano cartesiano, se ha hecho «adulta», y ya tiene, por lo menos tres patas. Es la típica banqueta , capaz de sostenerse en pie sobre el suelo de la cocina. La representamos en este caso con el típico cubo en 3D. También conviene, en el caso de la mesa/banqueta, decir que debe cumplir con la condición de que los tres puntos de apoyo en el suelo, estén a la máxima distancia posible (no necesariamente con los ángulos de 90º, que separan a los ejes cartesianos).

Otra posible curiosidad sobre el diseño de la idea/caja, es que la ponemos así, para indicar mejor que está completamente definida, limitada, por sus ocho caras, sean cuadradas o rectangulares. Por lo tanto, es de tamaño fijo, NO puede cambiar de tamaño. La mesa de tres patas que tiene dentro, por ejemplo, será la misma mesa eternamente. Pero pensemos un poco… algo no cuadra del todo, en este tipo de idea, si estamos siguiendo pautas de un razonador como Descartes, ¿no?
Y es que ya hemos avanzado bastante, pero no lo suficiente, para cumplir con el Método Cartesiano. Porque, de nada vale que hiciéramos estes tres pasos a la perfección, si no revisamos con cuidado los posibles fallos de construcción en ese proceso de fabricar una idea.
Habrá que mirar si la mesa tiene algún tipo de fallo constructivo, pero… lo más importante… es que debemos pensar que, en algún. momento del proceso, al repasar si tiene fallos o no, podemos pensar en que EVOLUCIONE de alguna manera, para finalizar haciendo una mesa mejor.
Tha’s the question!
Y, ¿cómo tendremos en cuenta el paso del tiempo, en esa evolución constructiva? Podemos pensar en un cuarto eje de coordenadas, que nos permita representar el paso del tiempo, es decir, las revisiones necesarias, para mejorar el proyecto de idea

No intentemos «ver» el espacio cuatridimensional que así hemos «creado». A no ser que seamos unos superdotados, con alcance «de miras» ( de ver) para ver algo más allá de una realidad en 3D.
Si somos «normales», nos conformaremos con intuir que lo que en ese espacio se construye, está definido por cuatro coordenadas. Puede ser un simple punto P (x, y, z, t) o un objeto mayor, pero teniendo también sus cuatro dimensiones estructurales.
Ahora la idea cartesiana, que pretendemos representar en este espacio de 4D, ya no puede ser una simple caja «que no crece». Porque, precisamente, la esencia definidora de este espacio es que la deja (la hace) crecer siguiendo el eje del tieepo (T). Puede ir haciéndose más grande.
Y por eso, vamos a jugar un poco con la imaginación, menos cartesiana que la razón, pero fundamental en ciencias, para pensar en un gusano. En una simple oruga, que tiene la ventaja, en relación con la caja, de que es un ser vivo. Por lo tanto crece. Y además, todos visualizamos fácilmente su sinuoso movimiento.
Y, por otro lado, sin muy lejos, ya lo tenemos algo «visto», al hablar de los desplazamientos de materia en espacio tiempo relativista, el famoso agujero de gusano. Eso que, según los que mucho saben, podría comunicar dos agujeros negros.

Hasta podrían ser los anillos de poder tolkianos, apareciendo nuevos con el paso del tiempo… y teniendo en la cabeza del gusano el anillo de Poder que los controla a todos, es decir, el cerebro del gusano. porque ya dijimos que la imaginación no está reñida con la ciencia.
Pero volvamos al razonable Descartes, y apliquemos a este caso de espacio en 4D su cuarto precepto del Método.
Sobre este último precepto, dice Descartes lo siguiente : “Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.” Algo que no es otra cosa que la comprobación final para ver si los resultados son buenos o malos… pero, además, con la cantinela adjunta de que, si es necesario se revisará de nuevo, siempre que se pueda percibir como posible un cambio para mejorar la idea. Así que toca REVISAR. De nada vale dudar en todo el proceso, de irlo haciendo por partes y dejando lo más complejo para el final, si, una vez que parece acabado, no hacemos una revisión completa , no solo del resultado final, sino de todo el proceso que nos llevó a ese resultado.
Como podemos ver, lo hace en un sentido muy evolucionista. Aunque el Descartes no lo haya dejado tan marcado, la conclusión lógica es que se debe intentar seguir mejorando esa idea, haciendo lema de una frase típica evolucionista, como es «todo lo que se hace, siempre se puede mejorar». Lo que sintetiza la intención del método científico que usa la ciencia.
Y por eso mismo, Descartes tuvo que vacunarse contra los seguros ataques de la Santa Inquisición, que tratarían, como a Galileo, de que se desdijera de este tipo de proyectos reflexivos. Sabía que no tragarían con este modelo de razonamiento, una forma de pensar que cumpla con las condiciones que marca la reflexión científica. Sin ayuda de ningún dios, ni de sus terrestres sacerdotes. Y esto, no necesitar a ningún dios, es precisamente lo que más les duele. Podemos decir que esta característica, une a todas las iglesias en contra de los no creyentes.

Y así, sin la ayuda de ningún dios, solo usando el sistema de razonamiento cartesiano, somos, repito: nosotros solos, capaces de parir una idea sobre cualquier aspecto de la realidad que nos rodea. Nuestro ecosistema vital. Incluso «idearanos» a nosotros mismos, ya que somos precisos para podere certificar la existencia de dicha realidad. Empezando por nuestra presencia en ella, como observadores reales de la misma. Ni más ni menos.
Una simple idea gusano, capaz de tener esencia, sin necesidad de apoyo divino, y capaz de ir creciendo con el paso del tiempo, si la dejamos madurar en el espacio tiempo cartesiano.
Entonces habremos parido un concepto que nos puede servir para comprender mejor esa realidad que, entre tu yo y el yo de otro ser humano, ya podemos estudiar como existente, como real. No como una mera idea, que está en nuestra mente, pero que no ha salido de ella. No ha tomado existencia propia, por tanto.
Tu yo choca con el otro yo (ajeno a ti) y con la realidad que habéis creado. Que seas real o virtual, solo depende de ti (y del otro). De que sigáis actuando, es decir, tal como decía el Aristóteles, sigáis «siendo ACTO», dejando de ser mera POTENCIA. Pero si queréis seguir siendo potencia, solo tenéis que decidirlo vosotros, se supone que no hay dios cerca, para evitaros conseguir «tal gusto». De hecho cuanado te suicidas, o se suicida el otro, acabáis dejando de existir… y resulta tonto debatir si lo haceis real o virtualmente.
Y enfádate con el gusano si quieres. Que viene a ser, en cierto modo, como enfadarse con la idea de un dios.

Cuando la filosofía griega se hizo una pregunta básica : ¿de qué están hechos los cuerpos materiales? Una vez abandonada la idea inicial de que estuviéramos compuestos solo de agua o fuego, o de la combinación de ambos.
Y entonces llegó Demócrito diciendo aquello de que “la constitución de la materia está hecha con la unión de partículas materiales indivisibles, llamadas átomos”. Una idea, en aquella época, imposible de intuir siquiera.
Y estamos seguros que ni el alma ni el espíritu de Demócrito parieron esa idea sobre el átomo material. Tuvo que ser su mente, pero no una mente situada en algún lugar perdido del cuerpo de Demócrito… o que estuviera pululando por su alrededor, cuando le tocaba hacer ejercicios espirituales.
Esa cosa es la llamada mente del ser humano Demócrito. Un conglomerado de circuitos neuronales, ahora se sabe, situados en su cerebro, que sirven para establecer ligaduras entre determinados datos de su memoria permanente (ROM/MOP), como palabras, reglas de lenguaje… Y que bien situadas en ese espacio en 4D, que le hemos diseñado al bueno de Demócrito, siguiendo los preceptos del amigo Descartes, le llevan a fabricar una idea genial… una idea que, hasta el siglo XX, no pudo ser realmente tratada como lo que era : el diseño más cercano a la constitución de la materia, y XX siglos antes de que se pariera dicha teoría en modo más formal. Ni más ni menos.
Y todo eso era el gusano que formaba esa frase tan elemental : la materia está hecha a base de unas partículas de materia que son indivisibles. Hasta que se demuestre lo contrario, como bien avisaba el buen Descartes.

Y, como sucedió, lógicamente, porque esa idea gusano creció, y mucho, tardando xx siglos en aparecer de nuevo, pero ya formulada con mucha más calidad, gracias a los avances científicos que se dieron en la parte final de esa etapa histórica.
Y gracias también al enorme salto que le permitió dar usando el método científico de reflexión, combinado con la necesaria experimentación, que había diseñado Descartes. Porque el uso de sus preceptos fue básico, desde la duda sistemática (nunca escéptica) hasta revisión sistemática de los avances previos, fue lo que llevó primero al modelo planetario del átomo, y luego a su colofón (por ahora!) del modelo cuántico de la materia.
Una teoría que ya ve al electrón, no como una «bolita», sino como una nube de carga, que viene a ser la representación física de una probabilidad matemática, de que un electrón esté en una posición determinada, alrededor del núcleo atómico.
La concepción cuántica de la materia, es, en estes momentos, como un agujereo negro teórico, donde se halla perdida (o casi) la mente humana, que se dedica a exprimir una reflexión tras otra en este terreno teórico.
Pero dejemos esto, porque no estamos preparados par andar buscando singularidades (ideas singulares). Lo nuestro es la reflexión sobre aspectos macroscópicos, aunque sean virtuales, del comportamiento humano. Ese es nuestro tema.

¿Y qué mejor aspecto, para reflexionar sobre el comportamiento humano, que analizar la reacción que se puede tener, cuando «ves» que una de tus grandes ideas no vale para nada, a partir de ese momento histórico?
Por ejemplo la idea equivocada de Descartes sobre la Circulación Sanguínea, a lo largo del cuerpo humano. Ese cuerpo que dicen estaba desligado de la mente, aunque aquí estamos bien seguros de que Descartes no la podía imaginar tan «desligada». En fin, de la mente aún no sabemos casi nada, pero de la circulación sanguínea después del Harvey, ya lo sabemos casi todo. Y, lo que sí sabemos, es que, sin ese baño de sangre, la mente no tendría existencia. No podría «pensar en si misma».
Y, ¿acaso Descartes iba a estar en contra de esa teoría harveyana, si aplicando su prrprio método científico, todo dato experimental daba por ás segura la teoría actual?
Muy poco podemos conocer del pensamiento cartesiano, si dudamos siquiera de que la firmaría como totalmente correcta. En contra, desde luego, de sus afirmaciones (del siglo XVII), sobre esa circulación. Pero muy muy seguro de la efectividad de su Método Científico, para estudiar la realidad de tal mecanismo circulatorio. Un Método, que seguiría con total seguridad el Harvey, para descubrir lo que descubrió, aunque no fuera muy consciente de seguirlo.
Y esos nos lleva precisamente a lo que podemos llamar claramente un comportamiento científico : ninguna idea está seguro para siempre en el campo de las ciencias. Siempre habrá una nueva teoría, que puede desbancar a la anterior.

Y a veces los científicos tienen un comportamiento muy acientífico, por lo que no quieren adaptarse a la nueva realidad de su teoría : ha quedado desfasada. Ya no explica TODO lo que parecía explicar hasta entonces. Ya lo vimos hace poco con la teoría atómica de la materia.
Igual ha pasado con la teoría newtoniana sobre la gravedad terrestre. Su aplicación en niveles cósmicos o microscópicos, la hace inservible. Pero, ahora, ya no pasa como con la circulación sanguínea (invalidada globalmente), porque ahora solo se invalida para eses niveles tan dispares. Siendo perfectamente coherente , cuando la aplicamos a niveles macroscópicos de la materia.
La idea principal de que es la Tierra la que atrae a la manzana, ya no se puede sostener. Porque si, en vez de una manzana, analizamos el comportamiento de una partícula fundamental, tipo electrón, entonces ya no pinta nada el planeta Tierra. Ni otro planeta o masa, que se quiera usar como fuente de la atracción gravitatoria. Es la curvatura del espacio (Eisntein dixit), la que provoca esa gravedad.
Y tampoco iremos totalmente seguros por esa senda. Únicamente podemos asegurar que, el comportamiento científico de Newton le obligaría a reconocer que Einstein (por ahora) tiene toda la razón.
Otra cosa es lo que haría realmente Newton, en caso de vivir ahora, en relación a aceptar o no la nueva teoría. No nos fiamos (aquí) un pelo de que lo llevara con humor británico, precisamente. Cosa que sí estamos seguros haría Descartes al ver lo que decía la teoría de Harvey, aplicada experimentalmente. Y de eso sí que debemos seguir hablando. Porque Descartes tenía un dios, que lo podía despistar. Pero Newton seguía con mucha fe a la Alquimia, por lo que su piedra filosofal sería un dios mucho peor.

Y hablando del Descartes, bueno será volver por un momento a su famosa dualidad, aquí tan poco compartida.Y vamos a ser modernos y tecnológicos, para volver a reflexionar sobre el asunto de un cuerpo con su alma/mente, separada del cuerpo (empezaremos, a partir de ahora, a abandonar lo de alma). Tomaremos como modelo lo que podemos llamar cerebro electrónico, porque como pensaron los que así la bautizaron, era lo más parecido, en cierto modo de comparación científica, a la llamada realmente computadora electrónica. Una máquina de computación avanzada, que dejaría a otras, como el ábaco, en la noche de los tiempos. Podemos decir a noches luz de la situación actual. Y que suponía un gran avance para el cerebro electrónico, pero casi nada en comparación con el cerebro humano, eso es algo que nunca debemos olvidar. Sigue siendo un misterio casi total el funcionamiento de nuestro cerebro, pero una cosa debe quedar clara : estamos a años luz en evolución cerebral.
Pero acabamos de comentar algo sobre la circulación sanguínea y su necesaria conexión vital entre cuerpo humano y su mente. La mente de ESE cuerpo humano precisamente. No la de OTRO cuerpo humano. Porque son intransferibles, y además conviven con SU cuerpo, cada una de ellas, siendo un único conjunto unificado. Mente que vive dentro de un cerebro, que, a su vez, vive dentro de un cuerpo. Y que todo ello debe ser regado suficientemente, ya que sabemos a que se expone un cerebro, al que le falte oxígeno unos pocos segundos.
Así que volvemos, en este cacho de nuestro tiempo, y de nuestro espacio, a reflexionar sobre esa dualidad de cuerpo y mente, que aquí negamos como premisa indiscutible del pensamiento cartesiano. Porque a diferencia de la Santísima Trinidad, en la que coexissten , tal que partícual cuántica, tres entiadades en un soslso dios veerdadero, aquí no soportamos la idea de que el cuerpo y la mente sean dos elementos separados existencialmente.
Que puedan tener vida propia, sin estar íntimamente conectados. Puede separarse el cerebro de su cuerpo, pero es imposible extraerle su mente. Por mucho avance tecnológico que haga decir a los siliconados tecnologistas, que, algún día, sí se podrá. Como pasa con un clon, es demasiado retorcida la evolución natural, para que un par de divinos (creídos) ingenieros sean capaces de conseguir la copia perfecta. Si algo tiene bien seguro la naturaleza, en su modo de operar, es precisamente esa imposibilidad, de hacer dos seres humanos totalmente idénticos.
La Regla de la Diversidad Natural es un logro tal, que costó muchos millones de años conseguirla. No hay silicona prevista bastante, para que la rompa un ser humano, y más la mediocre versión de HS que somos actualmente.

Y este cerebro sí que es independiente, ¿o no? Se puede sacar de la carcasa principal y seguir “con vida” en otro PC, igual o mejor. Incluso, podría funcionar de igual forma en el cuerpo de otro PC. Algo que ya no es seguro al 100% con un cerebro humano, por mucho que afirmen los siliconados científicos vendehumos.
Aquí pensamos que no es demasiado probable que, restablecidas las conexiones con el nuevo cuerpo haya una completa adaptación entre cuerpo y cerebro. Y no solo por los problemas típicos de rechazo celular. O de la ignorancia lógica, de los nuevos doctores Frankestein.
Pensamos que no es demasiado probable que, restablecidas las conexiones con ele nuevo cuerpo, haya una completa adapatación entre cuerpo y cerebro. Y no solo por los problemas típicos de rechazo celular. Porque esa mente, que ya nunca igualaremos a un alma (divina), no será ya la misma, una vez que su ubicación cambie de cuerpo, aunque siga soportada por el mismo cerebro.
La unión de mente y cuerpo, nada dual en una lectura moderna de Descartes, es algo mucho más compleja que un simple entramado de cables y cosidos o soldaduras, por muy bien que estén realizadas.
¿Cómo vamos a comparar el complejisimo entramado de circuitos operando continuamente, y continuamente reelaborándose, para ser cada vez más complejos, con el circuitado, por muy muy complejo que sea, de una serie de chips en cadena? No tenemos alma, pero sí un conglomerado de pensamientos y de formas de pensar diferentes, que van evolucionando con el uso continuo de sus herramientas constructoras. Nada que ver con simples chips mecánicos, por muy siliconados que los hagan. Estamos seguros que un chip solo puede tener un Yo, por muy compartimentada que tenga su operatividad.

Da igual el número de núcleos o de operaciones subordinadas que tenga un chip. Su unicidad en egos es segura, dado que les resulta imposible (?) tener mutaciones aleatorias, por mucho que diga el científico de «Yo, robot», tal como las que debe seleccionar en su día a día la naturaleza (sea lo que eso sea).
La maravillosa combinación que supone el intercambio de ideas entre la inteligencia racional y la inteligencia emocional, algo prohibido en ciertos humanos por sus adn social negativo, nos hace máquinas de pensar en tres dimensiones… no somos capaces de tener pensamientos planos (aunque algunos lo intentan)… o, como explicamos con el espacio cartesiano tetradimensional, podemos hacerlo incluso en cuatro. Porque toda idea va engrandeciéndose con el tiempo. Si es positiva… porque, en caso contrario, la idea parida va aumentando de tamaño por los ejes cartesianos negativos.
Podemos decir que la IRac se mueve en el eje de las «x», la IEmoc en el de las «y», para que la idea que brota de su fecundación lo haga contando con la «z», y pueda finalmente ocupar un espacio tridimensional, que se hará tetra, con el paso del tiempo, es decir siguiendo el eje del «t».
Y eso no puede ocurrir en un simple chip, incluso aunque sea cuántico, ya que no hay máquina electrónica capaz de hacer que el gato de Schröndinger esté al mismo tiempo vivo y muerto. Eso solo lo puede hacer la mente humana.
Sí, esa mente, que está anclada en nuestro cerebro, haciéndolo una sola pieza (NO DOS!!) con el RESTO de nuestro cuerpo. El avance científico está para algo. En especial, para complementar el avance filosófico.

Cuando sacamos una tarjeta de memoria (chip) de una computadora, aunque se un simple móvil inteligente, y lo mudamos a otra computadora, nada cambia. Seguirá funcionando exactamente igual, dentro de la nueva carcasa principal.
Pero ess no sucede con un cerebro humano. Es decir, con la mente que se ha generado dentro de ese cerebro, cuando ocupaba un determinado cuerpo.
Porque en el nuevo cuerpo ya nada será igual, o por lo menos no al 100%. Lo mismo que pasa cuando clonamos a un ser vivo, con una complejidad superior a la de un perro o un gato. Desde luego muy inferior al 100%, en el caso de un ser humano. Un clon humano no será nunca la fotocopia idéntica de un original.
Clonar su cerebro o trasladarlo a otro cuerpo, en modo Dr. Frankestein ,no asegura que estemos fotocopiando SU mente.
En el proceso de fotocopiado mental, siempre habrá «oscilaciones de luz», y cosas mucho más complicadas, para que la copia no salga totalmente idéntica al original. Cuando una mente así «traspasada» a otro cerebro, empieza a navegar por su nuevo mar (el nuevo cuerpo), aunque el barco (cerebro) parezca ser el mismo, ya todo (o casi todo) cambia… porque ya estamos confundiendo la nueva realidad con una realidad anterior, que pasa a ser una ficción (prefabricada por la mente del científico “padre”). Como pasaba con el teletransporte cuántico de Star Trek, donde era imposible que las partículas subatómicas traspasadas, se combinaran exactamente de la misma forma que estaban en la nave estelar Entreprise. Cosas de la ciencia (frente a la paraciencia).

Como si de un nuevo Descartes se tratase, un médico del siglo XVIII se dedicó, según rumores, a descubrir cómo podía pasar un alma, de un cuerpo a otro. Pero seguro que el amigo Descartes no comulgaba con tal tipo de desatino, cuando hablaba de “su” hipotética dualidad cuerpo/alma.
Y dejamos ya de lado a los cerebros electrónicos, así llamados por similitud (solo similitud) con el cerebro humano.
Seguiremos elucubrando a partir de lo que hicieron otros cerebros humanos, como el nuestro… y, desde luego, con el que esto escribe. Y todo, independientemente del número de yos que por él pululen, intentado ubicarse, en espacio… y en “poder”.
Porque de nada le valió al Dr. Frankenstein usar el cerebro de un canalla y ladrón, ya que no puedo evitar el carácter bonachón del monstruo que construyó, con él y otras partes del cuerpo humano combinadas. Un metáfora, si tenemos en cuenta la versión bondadosa del monstruo, que nos indica la imposibilidad de calcar la mente humana, una vez que se ha apagado la que estaba como original en ese cerebro transplantado. La nueva versión ya no será la misma.
Como pasaría en el teletransporte del Enterprise (ST), la recombinación de la partes cuánticas (o “espirituales») no garantiza recuperar la versión original de lo teletransportado.

Cuando leemos un libro, no lo estamos llevando adentro de nuestra cabeza, cogido en nuestra mano o dentro de un maletín, para dejarlo luego en un estante. O si lo convertimos en bits se puede reproducir en destino, tal como está escrito en el original. Para eso estarán los chips, que nos quiere implantar el Musk, por ejemplo.
Pero si hacemos un teletransporte de ese libro. Mudando su materia en energía y luego volviendo a la materia original, en partículas fundamentales (al estilo Star Trek), nada nos garantiza que esa partículas materiales «teletrasladadas» se van a recombinar exactamente igual a como estaban situadas en la materia original, antes de ser teletransportada.
¿Por qué iban a hacerlo? No existe ningún programa informático que sea capaz de mantener la estructura molecular totalmente idéntica a la de partida, durante al proceso de teletransporte. Y más si hay un paso intermedio de muda en energía, para luego «desmudarse». Incluso con átomos colocados de forma algo diferente, en la llegada, se puede recomponer un cuerpo humano, el capitán Kirk por ejemplo, sin que se note demasiado que ya no es el mismo al 100%. Pero, lo más lógico (científicamente), es pensar que va tener algunas características claramente diferentes, y en más de un 50%.
Y, por ese mismo motivo, es difícil pensar en la transmigración del alma budista. Lo que podemos hacer, es CREER que “ese” alma sea algo tan tan espiritual (virtual), que se pueda transmitir sin daño en su estructura profunda. Algo que entonces la hace indistinguible del alma de cualquier otro ser de laa galaxia. Así que no hablemos de un alma propia, individual, nuestra alma suena a parte del alma de todos. Algo de lo que hablaba ya el Asimov, cuando manejaba el concepto de Gaia en sus Fundaciones.
Y para creer ya tenemos a las religiones. La ciencia solo vale para PENSAR.

Y, mira por donde, llegamos a un concepto fundamental en este lío que nos hemos montado, a la hora de elucubrar sobre el significado de la palabra alma, de su relación con la palabra mente y, ya de paso, si realmente están unidas a la palabra cuerpo, o gozan estas dos señoras, de una relativa independencia. NO de autonomía, porque ESO es formar parte intrínseca del cuerpo. Este concepto al que llegamos, es el pensamiento, o fijándonos en su modo de elaboración, la acción de pensar. Un verbo imprescindible para ser una versión humana del homo sapiens, pero con tantas dificultades para ser conjugado correctamente, que podemos hablar mejor de un ser humano “medio” (o mediocre).
Si queremos ponernos en modo aristotélico, esto, sobre lo que reflexionaremos un tiempo, es el proceso que él denominaba, convertir la potencia en acto : la idea cartesiana concebida (tridimensional) se hace acto, con lo cual pilla su cuarta dimensión cartesina (el tiempo la va desarrollando), para que, así desenvuelta, la pone a disposición de nuestra mente, para usarla en su «expresión externa» tal como decidamos.
Y, para ello, jugaremos con el concepto de librería y, al mismo tiempo, de puzzle. Porque ordenar los libros en una biblioteca de forma eficiente u organizar las piezas de un puzzle, para darle fin lo antes posible, son procesos muy afines, con lo que sucede en la organización de lo que aquí llamamos ROM/MOP/MOR… que, a partir de ahora ya nos quedaremos con ROM/MOR, para seguir incidiendo en ese aspecto que tanto nos gusta de establecer cierta analogía entre el funcionamiento de un cerebro electrónico y un cerebro humano.
Pero remataremos dejando también por el camino de estas reflexiones el término ROM. Para facilitar, entre otras cosas, el abandono progresivo del toque computacional de nuestro cerebro, con el que empezamos (por comodidad intuitiva) esta reflexión sobre la mente humana. Por lo menos, mientras no lo tengamos lleno de los chips elonianos correspondientes. Entonces ya veremos, si siguen «vivos» todos mis yos, aunque sea en un cerebro ajeno (que ya no seré YO).
Y que quede bien claro, que solo vale la analogía informática para analizar su funcionamiento (comparando, en cierto modo, el SO del ordenador y la MENTE del cerebro humano), porque en cuanto a la, composición y posible evolución, ya están a años luz, uno del otro.

¿Alguien nota parecido en lo que nos dice la imagen de nuestro cerebro, con un disco duro cualquiera de ordenador, aunque sea un modelo de la enésima generación ? ¿Y por qué necesitamos un diablo bibliotecario o un montador de puzzles, con bastantes ayudantes, por cierto? Un motivo muy simple : La mente no es un simple puzzle, ni siquiera una compleja biblioteca. Es mucho, mucho, mucho, más. Y por eso es tan difícil estudiarla.
Para ese estudio aproximado, debemos centrarnos en el ORDEN necesario, que deben tener los libros o las piezas del puzzle, para que sean útiles (como consulta de datos, en la biblio, o como resultado ganador, en el juego). Por eso es tan importante la “O” en el acrónimo de ROM/MOR… porque nada se puede hacer eficiente si no hay una buena ORGANIZACIÓN.
Y, para ellos, algo o alguien debe ser capaz de dirigir ese proceso de extrema organización. Que es, precisamente, lo que diferencia a una ROM/MOR de una mesa de trabajo parcialmente organizada (una simple RAM/MONP… que, para no ser menos que la MOR, mudaremos a MONR, haciendo equivalentes permanente y registrada). Ahora estamos hablando de organizar la información recibida por el cerebro… es decir, por esa ”mente”, receptora y organizadora, que en él habita. Algo así como una bibliotecaria, o como una jugadora de puzzles, capaz de hacer rentable el costoso trabajo de organización. Quizás un tipo de «diabla», a la que vamos a apellidar cuántica, por lo que iremos viendo. Y que vamos mudar al sexo masculino, en su sentido genérico de homo/hombre… pues así fue denominado (como diablo de Maxwell) en “su momento”.
Pero, pensar en la organización de las piezas, para encajar, o de los libros, para que sean útiles como material de consulta, nos ayuda a intuir mucho mejor este aspecto tan poco claro, de qué o quién se encarga de organizar eso que llamamos mente humana. Y decimos humana, porque no sabemos muy bien hasta qué punto el resto de animales tienen un mínimo de puzzle o biblioteca en sus respectivos cerebritos. Lo que segurísimo no tienen, es bibliotecaria.
En la figura podemos ver como esa complejidad del cerebro, se complica mucho más si queremos esquematizar el funcionamiento global de “lo que narices se haga ahí dentro” : esos circuitos neuronales, que decimos a veces… eso que significa el ACTO DE PENSAR, de producir pensamientos, racionales y emocionales, para lo que resulta imprescindible eso que debemos llamar MENTE, y para nada podemos llamar alma. Porque esa es la factoría que produce la idea cartesiana. Una idea con cinco dimensiones (o las que sean), que, en este caso, se refiere al concepto de espacio (área), aunque solo sea en un universo de tres dimensiones. Aparte, claro está, el omnipresente tiempo, según vaya pasando este, al ir analizando esa porción espacial llamada cerebro. Ese cerebro, que viene siendo una auténtica obra de arte natural, aunque su producción no seas tan artística, porque se centra, precisamente, en producir una especie de entidad inmaterial (espiritual), que consideramos como el conjunto de pensamientos. Los que se van generando dentro de esa masa cerebral de aproximadamente 8oo gramos.

Así que debe quedar bien claro que, para organizar una mente tan compleja, se necesita una bibliotecaria supercompetente. Mucho más, incluso, que alguien capaz de organizar una “biblioteca” clandestina en un campo de concentración. ¿O no?
Esa es la razón principal para ponernos a jugar con este paralelismo entre la bibliotecaria necesaria y una idea, que fue diseñada hace ya tiempo para explicar mejor un aspecto complicado del Segundo Principio de la Termodinámica. Con nuestro diablo (o diabla) cuántico (o cuántica) , que nos hemos “inventado”, para intentar explicar (aproximar) el funcionamiento de nuestra mente. Un campo tan nebuloso que nos podemos permitir andar por él sin miedo a decir tonterías. Porque a título nos ganarán muchos, pero a reflexionar con total libertad ninguno/a/e.
Y da igual que nos refiramos a un campo de concentración, tipo nazi, soviético/ruso, chino popular o USA/Guantánamo (y otros), o a nuestra propia mente.
En todos ellos puede o debe haber una “bibliotecaria”. Que reparta libros u organice los equipos para ser torturados y gaseados, y luego perfectamente registrados como misteriosos difuntos.
Aunque ya podemos abandonar la vena literaria y pasar a una más científica : nuestra bibliotecaria será a partir de ahora el diablo cuántico bibliotecario (y pronto perderá ese apelativo intuitivista de ”bibliotecario”).

Puede que a algún lector (si lo hay) le resulte curioso que pongamos como ejemplo de organización bibliotecaria, a una “simple” prisionera de Auschwitz, en vez de alguien más “importante», como el responsable de la Biblioteca del Congreso USA, por ejemplo.
Pero es que sobrevivir en un campo de concentración y salvar el pellejo de unos pocos libros requiere, indudablemente, mucha más inteligencia y capacidad de acción, y resistencia, que llevar toda la compleja organización de una enorme biblioteca con miles y miles de libros, así como documentos informativos de todo tipo.
Y si no, que se lo pregunten al Jobs, si alguien tiene línea directa con él. ¿Cómo se puede comparar descubrir el iphone, a partir de una serie de inventos ya hechos (reproductor de música, teléfono, ordenador, cámara de fotos…) con esta actividad incesante, para pasar un libro a lo largo y ancho de un campo de concentración? Está a años luz, o por lo menos, meses.
Y por eso precisamente, seguimos manteniendo que la complejidad de nuestro cerebro también está a años luz de cualquier cerebro electrónico, que pueda diseñar el ser humano, de aquí a muchos muchos años. Sobre todo si tanto se empeña en ser una versión tan mediocre de HS (homo sapiens)… y no acaba favoreciendo una completa autoextinción de la humanidad.
Porque, repetimos, el trabajo de esta bibliotecaria, o, como aquí preferimos llamarle, diablo cuántico bibliotecario, es realmente gigantesco. Como diría una versión homérica de este “cuento”, es una tarea olímpica.

Y ¿qué puede/debe hacer este tipo de bibliotecaria (o diablo) que nos hemos sacado de la manga mental?
Lo podemos explicar sacando a la palestra a nuestro héroe de la investigación criminal, Sherlock Holmes.
Él sí es un buen buscador, y mucho mucho mejor que los ofertados en el mercado informático. Es una mente privilegiada, que nos puede ayudar a entender el completo funcionamiento de nuestra propia mente. Y ya de paso, intuir lo que puede hacer un diablo cuántico “bibliotecario”, con su legión de ayudantes, tan eficientes como silenciosos.
Seguir las pistas, a veces casi invisibles, para cazar al criminal, viene a ser algo parecido a operar en la mente de un ser humano : búsqueda de archivo principal, tener en cuenta los secundarios que pueden ser precisos (para completar), manejar los datos de la forma más eficiente posible, en función del contexto expositor… y, muy importante, ir integrando con eficacia las nuevas incorporaciones recibidas, durante la interacción, a ese mismos grupo de archivos, para su posterior guardado instantáneo.
Todo eso que hace la mente de un Sherlock es lo que debe hacer nuestro diablo cuántico bibliotecario.

A estas alturas de la página, y una vez comprobado que el Sherlock y cualquier CSI son casi infalibles (buscando criminales), quizás convenga hacer una pausa, para volver al principio de nuestra reflexión, sobre la falsa (by “mis yos principales”) dualidad de mente y cuerpo, que se le atribuye (con lógica medieval) al Descartes.
Y decimos con lógica medieval, porque estamos en pleno siglo XXI, y de nada vale ya esa lógica medieval. Ni el CSI más famoso de la TV, conseguiría encontrar un alma hoy en día, por mucho que la busque. Salvo que le diera una locura tipo Quijote y se fuera a topar con ella, por cualquier camino del planeta, confundiéndola con cualquier invento místico del Gran Gurú del Oriente Terrestre (que realmente no existe).
Por ejemplo en las sendas donde abundan los budistas. Porque el alma de los llamados cristianos (pablistas) está demasiado deteriorada, para que pueda siquiera ser encontrada. Se ha desvanecido en la noche de los tiempos. Gracias sobre todo al Estado Vaticano.
Por lo tanto, sería buen momento para olvidarnos del alma, así como de los espíritus de los indios, que estaban enterrados en la urbanización de Poltergeist. Porque hay que ser una angelical Caroline, para esperar que una mano salga de tu TV, intentando conectar contigo.
Una mente que habla con fantasmas, no deja de ser una mente totalmente perdida, como mente racional y emocionalmente humana. Pasa entonces a ser un despojo mental. Con todos nuestros respetos humanos a la pobre Caroline.

Lo dicho, volvamos al ser humano, con un cuerpo que no fue barro, y que lleva dentro de sí un cerebro, bastante grande (quizás fue una «pasada» de la naturaleza, sea lo que eso sea), que le permite producir y organizar algo a lo que llamamos pensamientos.
Unos pensamientos que se van construyendo a partir de una serie de datos que le llegan del exterior. Empezando por un sonido rítmico, que, si algún día estudia Ciencias de la Naturaleza, le explicarán que eran los latidos de su madre biológica : tic-tac, tic, tac…
Quizás algún día nacerán seres humanos, que vivirán con el silencio tremebundo de los úteros de una Matrix cualquiera. Lo sentimos por ellos.
Pero un feto humano, antes ee nacer, ya recibe datos de sobra, sobre su entorno. Ese ecosistema primigenio y tan íntimo, aún es la propia madre, por mucho que tenga cierta autonomía (dar manotazos y pataditas). Especialmente entra en resonancia, como dijimos, con el latido del corazón materno.
Y, al mismo tiempo que va madurando su cerebro, se le van organizando una serie de circuitos neuronales, que, mientras no sepamos más del asunto, le llamamos mente humana. Una simple, en principio, factoría de pensamientos, es decir, de esas ideas que tanto le va a gustar producir a partir de entonces.

Esa mente que no se puede independizar del cerebro donde habita. Y que va madurando poco a poco (somos un animal de muy lenta maduración, por ser muy complejo nuestro cerebro). Pero produce unas ideas que si salen rápido del cerebro, porque buscan un entorno propicio, para seguir aumentando de tamaño. Y vuelven, o no, a ubicarse en la parte del cerebro donde antes estaban. Pero siempre mejoradas como ideas.
Y a ser posible no son memorizadas en modo bruto. Lo que podemos llamar “chapadas”. Esas ya suelen quedarse en la RAM/MONR. Al contrario, la de quedarse, deben estar lo mejor organizadas y fijadas que se pueda conseguir. Es decir, en una ROM/MOR como es debido.
Seguimos convencidos de la total unicidad de mente y cuerpo. Si el cuerpo desaparece, la mente también. Y, realmente, dudamos mucho que se pueda conseguir exportarla a otro cerebro, biológico o artificial.
Pensamos que, igual que pasaría con un supuesto teletransporte de materia, tipo Star Trek, el resultado final de un transporte, tan tan complejo, no se puede asegurar que coincida al 100% con el orirginal teletransportado.
Una vez trasladada nuestra mente, en apariencia, a otro habitáculo, lo que allí empiece a funcionar, como nueva mente reubicada, dudamos mucho (todos mis yos) que se parezca a la original ni siquiera en un 50%.

De hecho hay algún dato que nos ayuda a pensar en tal imposibilidad. Aunque, por ahora, sean meras suposiciones literarias.
Por ejemplo el claro desdoble que sí puede darse en una, en principio, mente ÚNICA. Proceso muy bien narrado en una novela de Stevenson.
Ya sin necesidad de remontarse al amigo imaginario, que tan bien nos acompaña en la infancia. O a los posibles amagos de personalidad (diversificación del YO), que se van dando en la etapa adolescente. Que finalmente puede resultar en un desdoble de personalidad manifiesta (o larvada). A veces queda como una personalidad durmiente, que algún día la pueden despertar. Y no precisamente un príncipe.
Esta reflexión nos llevará por los terrenos de lo que aquí llamamos Sociogenética. Una forma de estudiar el comportamiento social de un ser humano, determinado genéticamente.
¿O estamos hablando de cosas que son simple (y maravillosa) literatura? Cosas de la mente de un tal Stevenson, por ejemplo…y, como no, de alguno de mis yos más desarbolados…

O, volviendo al tema del desdoble mental, a un fascinante, aunque algo tremebundo, Gollum, del gran universo narrativo del amigo Tolkien.
En este caso, vemos como uno de los yos que habitan la mente de Gollum, consigue poco a poco ir desplazando al otro, hasta suponer que lo deja en off. Algo ya insinuado en el caso del Dr.Jekyll, cuando va notando que cada vez se debilita más su personalidad diurna.
Y esto nos lleva directamente, a enlazar con ese concepto salido de la Sociogenética, al que llamamos adn social negativo. Y decimos social, por ser un entramado mental, que se va formando según madura nuestro cerebro en el trato social con los demás.
Y decimos negativo, porque, de forma natural y libre, el adn social sería siempre una versión positiva. Es decir, que iría completando, en función de su maduración, eso que nos marca genéticamente : nuestro ADN. Haciendo, como positivo, que se fueran fortaleciendo todas aquellas capacidades que vienen escritas en el ADN, y que suponen el edificio futuro que seremos nosotros.
O sea, va definiendo lo que seremos una vez que llegamos a adultos. En positivo, si se hace natural y libremente. Pero será lo contrario si se hace en negativo. Si va creciendo condicionado socialmente, por lo tanto, de forma antinatural y coercitiva. Entonces seremos los adultos que precisa la SAD (sociedad adulta dominante). Incluso puede suceder que el yo negativo se haga con el control de la mente, como le pasó al Gollum.

Llegados a este punto de la reflexión, puede que ya estemos de acuerdo en que no existe la llamada alma. Un concepto expandido por prácticamente todas las religiones. Ni siquiera como “alma del pueblo”. Y ya hablaremos de esa creencia generalizada por un determinado colectivo humano, sea pueblo o aldea, que aquí matizaremos como inconsciente colectivo (Jung).
Y tampoco tiene porqué existir el espíritu de Manitú, ni otro parecido a él. Aunque también les dejemos, a los nativos usamericanos o de otra parte del planeta, que sigan creyendo en él (ellos).
Por aquí, para entender que le pasó al Gollum, o al Dr. Jeckyll, nos llega con indagar en la base genética del ser humano. Para más señas, en esa base genética (ADN), moldeada por una presión social que la va modificando con el paso del tiempo. Sobre todo con el paso de mucho tiempo (mutaciones sociales).
Sobre todo si tenemos en cuenta, como llevamos diciendo, que la SAD ejerce una presión social desmesurada, para evitar que la maduración de las crías humanas se haga de forma natural y libre.
Así que nos limitaremos a hablar de la mente, esa “entidad” que habita nuestro cerebro y que, si nos ponemos algo fantásticos, podemos considerar se puede dividir en varios YOS. Y que, como la imagen pretende decir, es lo más parecido a un alma que podemos llevar dentro de nosotros En el cerebro concretamente, nada de “en el corazón”. Y, de paso, explicar su posible relación con eso que la ciencia llama GEN.

Y por eso toca entrar en un terreno más científico, y así aproximarnos mejor a ese elemento que llamamos mente.
¿Cómo se forma? ¿Qué relación guarda con los ladrillos que forman nuestro cuerpo : las células? ¿En que se diferencian las células normales de las que pueden ser capaces de fabricar pensamientos?
En fin, toca meterse en un territorio algo nuevo : la sociogenética.
Porque, como ya llevamos explicando desde hace varios años, la Sociogenética es una materia que viene a complementar a la Genética, aportando su aspecto social, ya que nuestro ecosistema humano será básicamente social. ¡Social y artificial!
Y cuando decimos varios años, nos referimos a llevar navegando con un blog en Blogger, desde hace ya tiempo. Un blog que el Tito Google nos lo quitó, “porque sí”. Aduciendo una mentira como una catedral.

Así que estamos aquí de nuevo, ahora armados por WordPress, esperando que nos dejen terminar este periplo de navegación, sobre el mismo temar, que nos resulta muy gratificante.
Nos toca volver a empezar por ese elemento fundamental para la evolución de los seres vivos, que descubrió la naturaleza (sea lo que eso sea) y que un par de tipos decidieron llamarle ADN. Y con la ayuda inestimable de una científica (Rosalind Franklin), porque sin ella los “peneados” científicos, no darían con la solución del problema, que tenían delante.
Como podemos ver por las citas, aún, a día de hoy (marzo 2024) la Wikipedia no subsana la invisibilización de Rosalind, por parte de los científicos con pene. Pero, ¿de qué nos podemos extrañar?
La cuestión es que tenemos que olvidarnos ya de la estructura dual , cuerpo y mente, que le endilgan aún hoy al Descartes, y pasarnos a reflexionar en serio, sobre el papel de ese ADN en la formación de la mente humna y, por lo tanto, en su comportamiento social.
Y sin olvidar las excrecencias que la SAD (sociedad adulta dominante) produce en ese funcionamiento individual, cuando intenta evitar que se haga de una forma natural y libre. Apareciendo entonces el concepto de adn social negativo, para ocupar el lugar del que debía ser un adn social positivo. Es decir, un adn social que completara el desarrollo de las capacidades genéticas de un ser humano, en un proceso de maduración natural y libre. No coartado por la presión social del entorno.

Podemos seguir observando que el ADN es una especie de gusano, formado por una ristra enorme de proteínas, unidas/cosidas por otras moléculas, llamadas bases…
En cierto modo las dos tiras de proteínas principales, que van formando ese esqueleto helicoidal, son como el papel de la carta genética, sobre el que se van a escribir las características genéticas de un ser vivo. Lo que viene siendo el ADN, un estructura muy muy larga, donde las bases van formando las palabras con las que están escritas esas características genéticas. Según como se ordenen esas bases, así se irán formando las frases de la que estamos llamando carta genética (ADN).
Parece evidente por lo que sabemos, que según se vayan colocando las bases, al establecer diferentes conexiones entre ellas, irán escribiendo unas u otras características genéticas. Por ejemplo : tener la piel morena o clara, incluso ser alabino, o el color de ojos o la abundancia capilar… pero, sobre todo, aquellas que van a marcar con cierta intensidad el proceso de adecuación (adaptación) al ecosistema, donde le toque vivir a ese ser humano.
Porque hay características que no son tanto físicas, como inductoras de un determinado comportamiento social. Como puede ser una característica, que nos va a servir mucho para hacer una historia de su comportamiento social,a lo largo su historia : la necesidad de compaginar dos características animales contrapuestas : su necesidad de competir (claramente animal), que conlleva en el caso humano un ansia de poder “incorporada”, con la nueva necesidad de ser solidario (exclusivamente humana), para poder evolucionar correctamente (humanamente).
Dicho de otra forma. ¿Cómo va a “negociar” el equilibrio que se debe dar entre la capacidad de competir, que le viene dada por su carácter animal (instinto básico para defenderse y atacar), con esa característica propia de un ser vivo animal, pero inteligente, que necesita minimizar esa competencia, para hacer más intensa su nueva capacidad de EMPATIZAR. Porque esta nueva característica, básicamente humana, es la que le permitirá desarrollar otra capacidad fundamental para un ser humano : ser un animal solidario. Poder funcionar como un depredador autocontrolable (socialmente), que intentará no romper el equilibrio natural de su ecosistema. ¡Y ahí sí que la jodimos!

Vamos con un ejemplo de frase, para aclarar mejor a lo que nos referimos, con la función tan compleja que tienen las bases “de unión” en el ADN. Nada comparable desde luego al simple uso de un lápiz o un boli, escribiendo sobre el papel de la “carta para tu hijo”… (como quisieras que tuviera el pelo tu hijo, por ejemplo).
Aunque no sea importante, para nuestra reflexión sobre el comportamiento de un ser humano, a partir de la interacción entre su ADN y las presión social del ambiente (ecosistema donde vive), podemos matizar algo importante al hablar de este tipo de “cartas” a los descendientes. Que tanto la madre como el padre, en un modo de reproducción sexual, le “escribe en su carta con deseos para su futuro”. Así que la madre puede pedir moreno y el padre puede pedir rubio, por ejemplo. Pero quien decide no son ellos, porque la reproducción sexual fue inventada por la naturaleza (sea lo que eso sea), para poder establecer una selección de ese par de genes heredados (alelos), tal que uno de ellos predomine sobre el otro. En este caso tendríamos que el gen/alelo moreno es el dominante (ganador), mientras el rubio sería el recesivo (perdedor).
Esto ayuda en la eliminación de genes negativos, haciendo que la fecundación sexual se realice entre individuos lo menos próximos familiarmente posible.
Es así que tendríamos un tipo de gen suave, al que podemos calificar como más físico, por referirse a un tipo de característica genética (capacidad a desarrollar) más bien física.
Pero no todas son características físicas, que poco influyen en el comportamiento humano. Más allá de ser más proclive a pelear si eres de un tamaño considerable. Aunque suelen ser los otros, los que te “acostumbran” a que respondas violentamente (caso del Frankenstein…. además muy “feo”). Algunas de estas no físicas, son tan importantes, que nos pueden definir como de un comportamiento agresivo o no, como un predador sin control o de lo más pacífico… y, sobre todo, como un adicto al poder, lo que te convierte en el ser más despreciable, aunque seas el más poderoso, del planeta. Y ejemplos de este tipo los tenemos a lo largo de la historia humana. Siendo la Sociogenética, la encargada de reflexionar sobre este tipo de interacción entre la Biología y la Sociología, lo que nos da una especie de híbrido, al que podemos llamar Ciencia del Comportamiento Social del Ser Humano (reducido a Sociogenética).

Pero mucho antes de meternos con el ansia de poder, tan evidente en muchos humanos, y que parece algo que hasta reside en la genética de ciertos individuos (Julio César por ejemplo), conviene tocar algo de lo que significa ese gen duro (hard) que nos pudieron ceder nuestros antecesores.
Porque ellos serán los responsables de que, lo que luego llamamos adn social negativo, se pueda aclimatar tan bien en nuestra mente, al mismo tiempo (cosa curiosa) que le hace no poder borrar del todo al gen natural propio.
Y nos podemos centrar en un gen básico, para sobrevivir en el ecosistema que será nuestro hábitat natural. O, aún mucho más importante, servirá para adaptarnos a los cambios que sufra ese mismo ecosistema. Incluso adaptarnos y sobrevivir si ese ecosistema se hace totalmente ARTIFICIAL.
¿Y de qué va eso de la ADAPTACIÓN?
Salimos de un útero superprotegido a un ecosistema donde hay que defenderse y buscar la comida constantemente. Además, por naturaleza (muy cambiante) ese ecosistema está mudando constantemente en sus condiciones vitales. ¿Qué será de nosotros, si no podemos desarrollar nuestra capacidad genética de adaptación, en principio con la ayuda inestimable de nuestros progenitores? Y luego , ya “solitos”.

Hay gran número de genes, como hay muchas interacciones entre ellos, ya que a veces actúan en comandita. El color de ojos puede derivar de la interacción de dos genes algo diferentes. Ese es un claro precio a pagar, por favorecer la diversidad genética, fundamento de la reproducción sexual, que nos va haciendo más resistentes a los seres vivos, ante los cambios del ecosistema, según vamos evolucionando.
En la imagen tenemos a tres, del tipo duro, que actúan con cierto grado de interacción. Su nivel de maduración debe ir en paralelo, pero haciendo siempre prevalecer la influencia del gen de adaptación, sobre el de competencia y el de empatía.
No nos podemos adaptar correctamente (de una forma natural y libre) sin un mínimo de competitividad, de querer mejorar, pero sin dejarse llevar por el instinto animal de machacar al vencido, y menos aún hacerlo nuestro esclavo. Pero, para eso, es preciso que la competencia se mantenga en equilibrio con la empatía. porque tampoco podemos ir sobrados de empatía, de tal forma que nos obnubile la vista y caigamos en el pozo de ser prisioneros de los demás. Sea militar o amorosamente.
Ni oprimidos ni opresores. El equilibrio no está en ningún término medio, puede ser fluctuante … y siempre requiere mucho esfuerzo para ser mantenido.
Viene a ser como el equilibrio imprescindible entre la inteligencia racional y la inteligencia emocional. Y no vamos a discutir ahora sobre cuál debe prevalecer, pero es vital saber manejarse con ambas. Y sea cual sea el Yo que controle nuestra mente. Otro claro asunto de equilibrios.

Y ¿por qué decimos que es tan importante el equilibrio, hablando además de unos conflictos ineludibles (naturales, genéticos)?
Porque la descripción inicial del Génesis, sobre restablecer el equilibrio entre la oscuridad y la luz, no es algo que les vino a la mente de los redactores así como así, como si fuera una inspiración divina. Realmente ese problema del conflicto interior, lo tiene la mente del ser humano desde que consiguió una dosis de inteligencia (racional y emocional )considerable. Lo que podemos llamar una tasa de inteligencia crítica, para entender la realidad que tenemos enfrente.
Una realidad que no era sin luz (del sol), pero si era tan oscura, que se podía considerar que esa luz no se notaba en el fondo del océano ni en un porcentaje del 0’001%. Como le pasa a un gato durante la noche, no se puede llamar una visión normal, lógica, para ver la realidad que nos rodea, si queremos percibir realmente todos sus matices. De ningún modo. Que le baste al gato, por esa capacidad de adaptación que desarrolló como nadie, no permite decir que nosotros podemos ver con tamaña falta de luz.
Y por ese motivo el Yahvé empezó por ahí : haciendo que los seres vivos con visión óptica tuvieran luz suficiente.
Pues con la empatía, y su contraria la competitividad, tenemos un problema parecido : se necesita un equilibrio entre ambas, para que la inteligencia racional y la inteligencia emocional puedan llegar también a los acuerdos necesarios, para ser realmente humanos. Ya no homo sapiens, simplemente llegar a ser preneandertales.

Y por esa razón, tan poderosa lógicamente, no podemos asumir la postura de Sócrates, cuando decide suicidarse, para cumplir con una orden que le da la SAD ateniense. Una llamada democracia, que gobierna una élite de ricos, y por lo tanto solo tiene de democracia el nombre. Es muy ateniense, por su procedencia, pero nada democrática, por su funcionamiento.
Así que si Sócrates decide acatar la condena de 300 privilegiados jueces, es muy libre de hacerlo. Pero va en contra de todo lo que ha enseñado en sus diálogos platónicos. Eso también es de las afirmaciones que van a cualquier misa científica.
No se ha querido salientar más, pero su decisión final es un jarro de agua fría sobre todo el edificio filosófico construido sobre sus palabras. Reales o made in Platón. Y sin referirse para nada a su flagrante tropiezo (visto con mirada del siglo XX), con la falta de preguntas vitales, sobre la esclavitud en general, y la de la mujer y el adolescente en particular.
Decide quitarse la vida, asumiendo una decisión insensata de un grupo de atenienses (ricos). Cuando el mismo decía que la democracia tenía una para muy coja, mientras no ascendiera el nivel cultural de la gente que emite su voto, en cualquier elección “democrática”. Desde luego, las democracias actuales no estarían bien vistas con estos ojos socráticos.
Pero, ¿quién soy yo (o somos), para criticar al genio griego por excelencia? Aunque… por lo menos hago preguntas…

Pero dejemos de filosofar, aunque sea en modo barrio, y entramos en el meollo de estas “nuestras” reflexiones sociogenéticas sobre el comportamiento humano.
Podíamos coger al Caín, como ejemplo de comportamiento no natural (genético), que decide matar a su hermano Abel. O al gran Alejandro Magno (Medio, le decimos aquí)… o, desde luego, muchos modernos “genios” del Mal (o del Bien). Pero nos parece que el comportamiento de un ser humano tan significativo, además por serlo en el campo filosófico, donde se mostró tan genial, nos ayudará a entender mejor esto que llamamos análisis sociogenético de la conducta de un ser humano, como, en este caso, fue el amigo Sócrates.
Tanta reflexión sobre Belleza, Justicia, Verdad, Amistad… y muchas flores más… pero que no dijo ni pío sobre la esclavitud de los seres humanos , y, en concreto, de su mitad (mujeres) o de su futuro (adolescentes).
Y que, como hemos denunciado ayer, obedeció la orden de suicidarse de un colectivo de tiranos, que regían ferreamente la llamada Democracia Ateniense. ¡Nada democrática, por supuesto!
Entramos así en un territorio muy especial, donde se combina la actividad de una mente humana, individual, y una mente grupal (colectiva… social… con el poder necesario, para obligarte a obedecer lo que ella mande… incluso «tu» muerte… a la que aquí llamamos SAD… y que, por su propia naturaleza de poderosa, va a estar siempre en contra de su regeneración). Entramos así a analizar el tremendo conflicto que se crea entre el ADN (natural) y el adn social, positivo o negativo. Lo que podemos definir como la cubierta que la SAD le pone al ADN, tal que si fuera un condón para actividades sexuales de quien no va a misa.

En modo casi socrático podemos hacernos una pregunta sencilla : ¿Qué le falló al Sócrates, si genéticamente tenía marcado, en su etapa de cría humana, que la obediencia nunca puede ser ciega?
Porque la empatía obliga a considerar al otro como un ser humano, al que se debe comprender (no justificar) en sus momentos de comportamiento desequilibrado. Aunque no obliga tampoco a bajar tanto la guardia , como para dejarse cazar en alguna red, que nos pueda causar un desperfecto (físico o psíquico) enorme. ¡Abiertos sí, pero muy precavidos!
Cómo dijimos, todos los excesos son perjudiciales, para una maduración natural y libre (sana).
Pero, volviendo a Sócrates,¿Por qué seguir la norma social, totalmente injusta en este caso, que lo condena a muerte? Cuando su sentido de la justicia no podía estar tan dormido. ¿Cómo hacer valer más una sentencia de la élite ateniense, cuando además era consciente de que no se la merecía, que su propio sentido de la justicia humana, como concepto supremo liberador de cualquier hombre (libre)?
Porque no parece que se matara con determinada ración de discrepancia. Realmente parece que asumió su final, como un elemento clave de la obediencia social al poder establecido, para que la tiranía “democrática” quedara perfectamente legitimada, incluso moralmente. ¿O acaso no? Pero bueno, ya dijo un tal Jesús, que a ver quién tiene pelotas (u ovarios) para tirar “la primera piedra”. Aunque, por cierto, la empatía/obediencia no se puede tener, humanamente, solo con los que te mandan morir, ya que resulta muy necesaria tenerla (como afecto) por los que se van a quedar sin ti. El suicidio puede ser liberador, para el que lo asume libremente, pero aterrador para el que lo sufre indirectamente.

Seamos serios (y cientícos)… un animal racional (único dotado con inteligencia “humana”) no puede ser empático, ya que tiene que competir por su comida y, al mismo tiempo, defenderse de sus enemigos (siempre depredadores naturales).
Pero el ser humano no necesita competir , salvo en casos excepcionales, para sobrevivir. Porque su inteligencia le permite buscar otros mecanismos de alimentación y defensa, que no precisan atacar a otros animales.
Matar a otros animales, incluso racionales, es un mecanismo de supervivencia que la evolución del ser humano hizo superfluo.
Y por eso decimos que el exceso de competitividad no es una característica genética del ser humano, ya que en él se sustituyó por la de empatía, que a su vez, da paso a la de solidaridad.
Un fenómeno de transferencia, asociado a un aumento en la tasa de afectividad, se hace “racional”, para favorecer así una alta dosis de solidaridad. Y, si lo dudas, piensa en Gaza de este 2024 y sabrás de que estamos hablando.

Y sí, seamos serios (y científicos) para volver a ese momento histórico, en que el proyecto, más bien simiesco de lo que iba a dar en un homo sapiens, acaba de hacer sus primeros pinitos con el uso de esa materia gris, que la naturaleza (sea lo que eso sea) le concedió, como un resultado más, de las muchas mutaciones que tuvo a bien seleccionar esa temporada.
Y fue el gran Kubrick (2001…) quien nos dejó una secuencia maravillosa, donde el proyecto de ser humano , descubrió algo tan importante, o más, como el fuego. Descubrió que un hueso algo grueso podía valer para romper el cráneo de un animal … tanto irracional como racional.
Y así vemos, si somos capaces de ver (ver blog), como lo usa para apropiarse de una charca comunitaria, haciendo que la tribu perdedora tenga que pagar por el agua … nacía así la opresión y la esclavitud, de unos seres humanos por parte de otros seres humanos. Puede que no muy inteligentes, pero nada que envidiar a los seres humanos actuales, a la hora de usar malamente su dosis de inteligencia.
Y sí, no me mireis raro, porque diga que el ser humano, una vez que recibió el regalo de la inteligencia, se ha esmerado… y con mucha pasión, a quemar a otros humanos con el fuego y a matarlos con las armas, que debían ser meramente defensivas. Porque la caza en un principio era slgo necesario para alimentarse, por lo tanto para defenderse del hambre. Luego la convirtieron en un deporte.
Y ese es, en esencia, el desastroso uso de su inteligencia, por parte de la especie humana. Cada vez a peor, aunque su mal uso haya logrado cotas tecnológicas que le hacen presumir de lo que no tiene.

Por si alguien no pilla la metáfora del hueso que sale en “2001, una odisea…”, le dejamos otra secuencia, esta muy real, que se está grabando sobre la franja palestina de Gaza. Aquí no es un charca y una tribu de semihumanos… aquí se trata de millones de seres humanos civiles, muchos de ellos crías humanas , en general indefensos, que son bombardeados sin piedad, para que acaben arrojándose al mar, sí antes no murieran . Aviones en vez de huesos, pero el mismo (o peor) afán opresor y, sobre todo, aniquilador… de hecho tiene un claro nombre, escrito con sangre inocente : GENOCIDIO.
Y puede ser este momento espaciotemporal de la reflexión sobre el alma inexistente, para hacer un pequeño corte y saltar a otra etapa adjunta (página), donde seguir el proceso reflexivo.
A fin de cuentas hemos llegado a una idea cartesiana , racional y emotivamente , tal como esta : Cómo es posible que, la versión humana actual, tenga un comportamiento tan mediocre, como demuestra su banalidad en el caso de Gaza, y pretenda seguir coronando la pirámide evolutiva???
Es decir, que somos capaces de extraer ideas, a partir de un pensamiento que nos produce la observación de la realidad. Eso quiere decir que tenemos una mente , que es capaz de organizarse para pensar (por sí misma!).
Y hasta fuimos capaces de elucubrar lo suficiente, como para establecer una clara relación entre nuestra mente y nuestro ADN. Lo que, por supuesto, supone una identidad clara entre mente y cuerpo, por mucho que elucubren algunos filósofos mentando la famosa dualidad cartesiana (inexistente a día de hoy).
Continuamos en una segunda página, reflexionando sobre el mismo tema…