
… que sigue sin existir!!!
Y no existe, por mucho que pienses en ella, al modo cartesiano. Por lo menos no tiene entidad real, aunque, si tu quieres, virtual la tiene totalmente. Incluso puedes hacer como Spinoza, que consideraba a la naturaleza (sea lo que eso sea) como la representación real de su Dios.
Y, por cierto, vamos a abandonar definitivamente la cantinela, que siempre le acoplamos a la palabra/concepto naturaleza, cuando aparece en nuestros textos reflexivos. Cada uno que piense lo que quiera y como quiera, pero, para nosotros, en este punto no hay debate posible (sobre lo que puede ser la naturaleza, incluida su parte artificial, realizada por el ser humano).
Así que sigamos desarrollando la idea que aquí tenemos, sobre el papel que tiene nuestro ADN, a la hora de actuar como un mecanismo mental, cuando ha preparado nuestro cerebro para tamaña tarea intelectual.
Porque, al hablar en la primera parte de la sentada reflexiva, sobre un mecanismo al que quisimos llamar bibliotecaria cuántica, la controladora de la organización en la ROM/MOR,tenemos que decir que, a su vez, no es otra cosa que una visión algo «informática» de lo que llamamos mente. Una especie de aplicación que regula lo que entra y lo que sale en el sistema operativo mental. Entonces no queríamos insinuar otra cosa, que el hecho de tener algo en nuestro cerebro, que se encarga de organizar los mandatos que salen de nuestro ADN. Para irlo desarrollando poco a poco, siempre que se les deje hacer en un ambiente/ecosistema de libertad y naturalidad. Que no quiere decir, que no entre, en ese desarrollo, todo aquello que tiene relación con los artificios, virtuales (ideas)en este caso, que se fabrica el ser humano. Es su mente. Es su yo (o los yos, que buenamente puedan cohabitar, sin volver «loco» al que podemos llamar yo principal).
Porque la locura no existe, tal como nos la relatan los loqueros con título. Pero sí existe la posibilidad de un desorden mental excesivo (pasar una tasa de caos crítica, que provoca una entropía tal que se hace irreversible el cambio producido). Y eso es lo que nos lleva a ser cualquier otra cosa, más o mesno diferente del ser humano, que éramos antes de la crisis. Y se pongan como se pongan los gurús de la llamada antipsiquiatría.

Porque no se nace con el poder, se conquista… Los orientales, según el discurso planetario (clasista y racista) de los europeos, hablan mucho de meditación y, sobre todo, del gigantesco poder de la mente. Pero está bien demostrado que el poder no viene de la mente, porque un simple hueso te puede destrozar el cráneo y dejarte sin mente. Ya no digamos una “simple” bomba de TNT… y mejor no pensar en una atómica.
Así que no meditemos tanto y pensemos un poco más. Usemos las neuronas que nos dieron, para entender cómo nuestro ADN, tan poco proclive a romper cráneos y a poner bombas, nos hace adictos a tales medidas inhumanas.
¿No vale la pena reflexionar un poco sobre tamaño asunto? ¿De dónde vienen esa idea que nos lleva a querer bombardear Gaza sin parar? ¿Acaso el método cartesiano está ideado para tamaño menester, tan inhumano : realizar un bombardeo de una población civil indefensa (Hiroshima, Gaza…)?
Que parte de responsabilidad tiene el ADN en nuestro comportamiento y cuánta tiene lo que aquí llamamos el adn social negativo.? Es decir, un ADN cubierto totalmente, para impedir su lectura, por una capa de normas sociales, que te obligan a ser adicto a la insolidaridad, a la violencia y, por lo tanto, a querer matar otro ser humano, basándose en ideas inhumanas que te metieron en la mente.
Especialmente en la etapa de cría humana. Revirtiendo la capacidad regeneradora de un adolescente en una capacidad hipostada, de favorecer la continuidad en la obsolescencia social, casi “programada” por frenar la evolución natural, de la SAD. Esa sociedad humana, a la que denominamos Sociedad Adulta Dominante. Porque adultas puede haber varias, pero dominante dominante, solo puede haber una. Viene a ser lo que otros llaman Poder Establecido. O Establishmen… o la madre que parió a todas las acciones inhumanas, que es capaz de hacer la sociedad adulta actual.

Y llegados a este punto, ¿cómo avanzar en este asunto de las ideas que se van formando en esa especie de biblioteca ambulante (enorme y compleja, mucho más que cualquier biblioteca que podamos imaginar, por ahora)? Por un momento pensemos en la biblioteca virtual a la que se refirió la llamada Enciclopedia Francesa. Un compendio de todos los conocimientos de la humanidad. Compilados en varios libros, para que sirvan de ilustración al ser humano. Para que le ilumine su mente (siglo de las luces!), esa “cosa” que está intentando formarse en su cerebro. A partir, como decimos aquí, del esfuerzo de su ADN.
Pensemos cómo se puede organizar este tipo de bibliotecas mentales, de tal forma que la grabación de datos reales, sea al mismo tiempo muy rápida y muy eficiente. Y tan rápida y eficiente lo sea en su reenvío a la REM/MONR pertinente… la “memoria” de uso en el momento concreto en que se necesitan reusar los datos almacenados en la ROM/MOR. Allí, donde se está manejando toda la información que posees, la necesaria en ese momento histórico dado. Bien para continuar una reflexión, para resolver un debate (incluso contigo mismo!)… Es decir, para hacer operativo el trabajo de la mente (sea lo que eso sea), que todos tenemos en nuestro cerebro. La usemos o no. Con eficiencia (lo que necesita mucho entrenamiento) o con cierto desdén (por la cultura del bien hacer).
Seamos más serios que los preadolescentes, cuando dicen en el aula que “no le salen las ideas”… o que, simplemente, no recuerdan la idea que acaba de exponer el profe. Seamos algo más serios que una cría humana, con pocas ganas de aprender (lo que sea)…
No vale seguir arrastrando la penosa idea de que se nace rico. O que se nace poderoso. O se ignora que ambos conceptos van íntimamente unidos… y el poder delante, para que la riqueza no se espante. Porque no te haces poderoso paar ser rico. Te haces rico para ser poderoso.
En principio, el descubrimiento del hueso no te hace poderoso. Porque aún no conoces lo que es el PODER. Inicialmente ni sabes usar el hueso. Seamos cartesianos y pensemos por un momento en que el poder no existe si no pensamos en él. Y no podemos pensar en él hasta que sintamos, hasta que vivamos siendo ricos (es decir poderosos). Hasta que podamos hacer cosas que los demás no pueden hacer. Esa DIFERENCIA es la que nos hará entender que ya tenemos poder. Porque el poder es como la energía, se tiene para hacer una fuerza. Así que lo primero es la riqueza acumulada. Y luego viene el poder para mantener esa riqueza que ya poseemos y, sobre todo, el poder para aumentarla. Esta es la gran premisa que mueve a esa mente humana, que fue capturada por lo que llamamos una cubierta del ADN, que tiene, por otro nombre, adn social negativo.

Nació muy rico, megarrico, pero en su ADN no tenía ninguna capacidad natural que le diera esa enorme riqueza. Todo fue ganado, antes de nacer Alejandro, por su padre, el Gran Filipo. Y por eso le llamamos Alejandro Medio, porque no fue capaz de mantener la magnanimidad imperial de su padre.
Y, además de un grandioso ejército, muy bien preparado, ¿qué otra cosa tenía Alejandro Medio (en su ADN y en su adn social positivo/negativo)?
Porque al “gran” Alejandro le tutorizó en su etapa adolescente todo un Aristóteles, ¿pero qué le quedó de toda esa enseñanza?
¿No aprendería por casualidad, que no se puede forzar la máquina, por muy bien preparada que esté, para llegar a los confines de la India, con ella ya exhausta e incapaz de poder defenderse, incluso de vuelta a casa? ¿Dónde estaba su sentido previsor? Enorme fallo que luego fue repetido, en peor, por un general romano. Y, en mucho peor, por el mamalón de Hitler. El caso es que NO queremos aprender de la historia.
Y, ¿dónde estaba ese sentido de grandeza, cuando no supo organizar su sucesión, para evitar que se desmembrara un imperio al que tanto le costó conquistar, empezando por su padre? ¿Qué tipo de filosofía tan pobre aprendió del Aristóteles? ¡Y dónde dejó los consejos de su padre, que seguro le dio unos cuantos! Puede que se considerara por encima de los demás seres humanos, incluido su sabio tutor y su intrépido/precavido padre… y así le fue.

En principio el adn social negativo se adhiere al ADN, de forma muy natural, muy espontánea. Viene a ser como el micelio de un hongo, que van buscando en todas direcciones, hasta dar con un ser vivo donde hospedarse.
El adn social negativo, empieza de forma individual.
Alguna mutación espontánea, que favorece esa ansia de hacerse rico, robando si es necesario. Robándole charcas al vecino, o reclutando a los vencidos como esclavos. Porque tuviste la idea maravillosa de que ganas más explotando la fuerza de trabajo de un un vivo que matándolo. Por mucho que disfrutes sádicamente con su muerte.
El ser humano es mediocre (versión de homo sapiens), se va haciendo mediocre según se hace adulto, pero no es tan mediocre como para no usar un cacho de su cerebro en busca de mecanismos que le ayuden a “prosperar”. A hacerse más rico que sus vecinos.
Y ese es el motor de la historia humana. No nos engañemos, buscando cuentos de hadas que nos dejen sobrevivir, sobre las viejas cenizas de la humanidad destrozada.

De nuestros ancestros traemos un ADN. En él no solo vienen las características genéticas de cuatro generaciones anteriores, no lo olvidemos.
Ese ADN se tiene que ir desarrollando (sus capacidades escritas), para dar un adulto “en condiciones”. Tal como lo espera la naturaleza (no la sociedad).
Ese desarrollo hecho en condiciones de naturalidad (aunque sea algo artificial) y de total libertad (total!), es lo que podemos llamar adn social positivo. Es el ADN original, pero ya maduro.
Pero si se cubre el ADN, con una serie de normas sociales, que pueden ser incluso antagónicas a lo que viene escrito en el ADN, entonces, tenemos desarrollado un adn social negativo.
Y de su influencia en el comportamiento del adulto humano, trata lo que aquí llamamos Sociogenética. Por ejemplo, el comportamiento de todo un Alejandro Medio…

Se habla mucho del llamado Complejo de Edipo, pero nada de otro tipo de complejos, que realmente determinan en mayor grado el comportamiento social del ser humano medio. Como el que podía ser denominado Complejo del Hijo que se Siente por Encima de su Padre… o, como nos gusta más aquí, usando la palabra Síndrome, en vez de complejo… y sumando la partícula “de Estocolmo”, para relacionar con el síndrome que acaba sufriendo un rehén, cuando está prisionero mucho tiempo.
Porque, en el fondo, ¿qué somos todos, sino prisioneros de los adultos? Y ya desde que nacemos, saliendo a la luz del día (hospitalario), desde el útero materno (por lo de ahora), para recibir un par de cachetes, si no estamos llorando ya de salida. Ese va a ser el camino. Como dicen los mandalorianos de la TV, aunque suponemos que ellos lo toman siempre en positivo.
Pero también tiene razón ese padre que acompañó a la parturienta, y que después de sudar en el día a día, para educar a su hijo, acaba viendo como todo su esfuerzo se fue a pique. Y, casi siempre, porque el hijo se dejó el bote salvavidas en casita.
Claro que existen padres maltratadores, pero aquí estamos reflexionando sobre los genes sociales que se le acoplaron a un tal Alejandro Medio, rey macedonio que no supo hacer de emperador. Aunque su padre Filipo sí lo intentó preparar a conciencia.
Y no era su ADN lo que le hacía “mediano”. Y menos aún la educación recibida (genes sociales positivos), mientras se preparaba para ser adulto. Fue la influencia que ejerció el medio social dónde se fue formando como emperador. Lo que aquí llamamos adn social negativo. Y que no siempre tiene que ver con los “bajos fondos”.

Una ameba, cuando tiene que pillar algo de comida, extiende un pseudópodo (falso pie) y ya está. Engancha esa partícula alimenticia, con esa especie de mano temporal y luego vuelve a encoger esa parte de su cuerpo. Así se alimenta y así se desplaza, con movimientos sucesivos de ese falso pie.
Y eso es un mecanismo de relación con el ambiente físico. Es decir, forma parte del comportamiento de la ameba. Que no le llamaremos social, porque las amebas no viven en sociedad. Pero los humanos sí.
Y ese comportamiento lo controla una molécula bastante larga, que está situada en el núcleo de la ameba, a la que llamamos ADN.
O sea, que parece lógico pensar, que si ese ADN es quien controla el comportamiento de la ameba, podemos decir que ese ADN forma algo parecido a ”una mente de la ameba”. Una mente muy muy primaria, pero que es la mente primigenia de un ser vivo.
Como las moléculas de proteínas, que se formaron en las profundidades oceánicas, dieron lugar a las primeras células vivas, por el hecho de tener un ADN que se podía reproducir (generar otra célula… adjunta o libre). Un ADN que iba a dirigir el comportamiento futuro de esa célula… fuera para moverse en busca de comida (energía) o lo que fuese.

Y así con este gen la ameba está preparada para extender sus pseudópodos, haciendo que se mueva, así como permitirle “cazar” partículas microscópicas de comida, que se sitúen cerca de ella.
Solo le queda ir practicando, para hacerse una experta en el manejo de tales pies-manos de poca monta.
Y como no es un ser vivo social, no tendrá que preocuparse de que el ambiente donde viva intente modificar esa capacidad de extender pseudópodos. Como mucho tendrá depredadores, pero para eso aprenderá a moverse con cautela y rapidez. Una característica esencial del comportamiento de una ameba.
Como es lógico, la capacidad supone extenderlos y encogerlos, por lo que ya se puede defender evitando que se le queden dentro de una boca extraña. Y a su vez, usarlos para atrapar partículas microscópicas de comida.
Podemos decir que esa es la mente que necesita una ameba, para sobrevivir en su ecosistema. Tampoco le piden peras al olmo. Son seres vivos poco pretenciosos. Aún queda mucho camino evolutivo para llegar al ser humano.

Puede parecer una tontería, pero nos vamos a fijar en la reproducción de la ameba, ya que nos ilustrará muy bien sobre el comportamiento de los seres humanos, que quieran injertar un adn social negativo en las crías humanas.
Decir antes, que la separación de una célula no tiene que producirse siempre. Precisamente estaría marcado en su ADN, si la célula hija se queda pegado a la célula madre o, por el contrario, le toca emigrar fuera del cuerpo de la madre. Hacer su vida en “otra parte”.
En el primer caso tenemos un cuerpo pluricelular, mientras que en el segundo los cuerpos de esas células siguen siendo unicelulares.
Y sí, llegaremos a ver como funciona esto en la reproducción que se da para un comportamiento social, por ejemplo, de un colectivo fascista. O sionista. O trumpista.
Porque en el caso de las ameba no hay una SAD (sociedad adulta dominante), interesada en ese tipo de injerto social (meter sus normas en la mente de la cría recién nacida). Pero en la sociedad humana esa es precisamente una tarea esencial, casi más que buscar la forma de alimentar a las crías humanas. Tan importante como el alimento material va a ser el alimento virtual, el que podemos llamar alimento ideológico.

Los llevamos a mejorar el aprendizaje social que ya empezaron en la casa familiar. Con sus padres, abuelos, tíos y primos… que fueron preparando el terreno para que aprendiéramos a vivir bajo las normas sociales imperantes.
O, en el mejor de los casos, aprendimos a violarlas, para no sufrir sus aspectos más penosos. Aunque este aprendizaje,a lo selvático, no tiene mucho de aprendizaje humano… equilibrando lo racional y lo emocional, de forma natural y libre. Es más un aprendizaje domesticador.
Si leemos la imagen (ver blog) correctamente, ya podemos ver en ella, como seguimos las bandas del paso de cebra, para cumplir una norma social impuesta.
Y en la escuela nos enseñarán a cruzar los pasos de cebra virtuales, más normas sociales (de urbanidad, le decían), e incluso algunas normas que nos dirigen por el camino de ocultar nuestros sentimientos y las ideaa discrepantes (con el sistema social) que nos puedan aparecer libremente en nuestra mente.
Porque se trata de dejar libre esa mente propia, de ideas poco respetuosas con la normalidad social, para que la habiten una serie de ideas que están aprobadas por la SAD. Lo que en lenguaje normal se llama “hacer lo que te mandan”. Y punto.

Visto lo visto en la ameba, bien se puede entender lo que ocurre en el parto de un ser humano. La hija nace con la dotación genética de la madre. La única diferencia con las amebas es que aquí interviene también el ADN del padre.
Ni más ni menos como va a intervenir en el injerto del adn social. Incluso puede ser, suele ser, mediante un maltrato infantil totalmente degenerado. Así empieza a formarse un adn social negativo muy intenso. Lo que se agudiza si la madre hace la vista gorda, ya que entonces la cría humana se va a sentir totalmente desamparada. Y eso genera un tipo de gen social tremendamente heavy, es decir, traumático e impactante de por vida. Y todo esto aumentado con la parentela y amistades de los padres, que acompañan al recién nacido en su futuro cercano.
Porque la ameba no transmitía normas sociales acompañando a su ADN. Pero los humanos sí lo hacen. ¡Y con ganas!
Ya desde el momento que te ponen una pulsera identificativa, aunque eso no sea muy negativo. O antes, cuando te cegaron con la luz de los focos, eso sí que es negativo. Y, ya no digamos, si te golpean el culo, por muy necesario que sea y, desde luego, poco traumático. Siempre que la enfermera no se pase y tú no portes cierta sensibilidad extrema al dolor físico. Que eso también puede estar en tu ADN.
En fin, que mucho antes de acompañarlo a la escuela, los padres ya los han dejado en manos de una sociedad (la enfermera) que va a transmitir normas sociales tal como respira. Y no todas las enfermeras respiran igual. Las hay muy tóxicas. Y todo eso es antes de que llegue la abuelita a decir : ¡mira que niña más bonita!

Pero como no somos una simple ameba, una vez en la cuna ya tenemos que aprender a dar respuestas a sensaciones que nuestro cerebro, nuestra mente en formación, empieza a sentir : por ejemplo estar lo más libres posible, salir de la “celda” dónde te han recluido tus padres, biológicos o adoptivos.
En vez de pseudópodos tenemos pies y manos. Y tenemos un ADN mucho más complejo que el de la ameba, para indicarnos cómo usar esas extremidades. Es uno de nuestros primeros aprendizajes vitales, después de aprender a mamar e intentar algún medio de comunicación (como llorar, señalar…), tenemos que aprender a andar, usando las cuatro extremidades de nuestro cuerpo.
O las cinco, si tenemos en cuenta que la cabeza está en un extremo y tiene el órgano fundamental para poder aprender “lo que sea posible aprender”. Porque no podemos aprender aún Álgebra, pero llegaremos a ello.
Lo que parece claro es que ese ADN forma nuestra mente primigenia. Una especie de CPU de nuestro organismo viviente pluricelular. Aquella ameba, que se fue haciendo más y más compleja, hasta dar el cuerpo (y la mente, no me seais malos cartesianos) de lo que se da en llamar un ser humano.
Y tal como funciona el ADN, pero sin provenir de nuestros ancestros, así funciona el adn social, tanto el negativo como el positivo. Aunque lo que sí podemos afirmar, es que, de nuestros ancestros, sí proceden las normas sociales básicas, que nos van injertando, es lo que se viene llamando tradición. En algunos casos se viste con ropaje menos intenso, por ejemplo llamándole modales.

Porque parte de la tradición, son también todas las costumbres educativas/domesticadoras, que se van transmitiendo de padres a hijos.
El reñir por ejemplo.
Ya citamos el maltrato familiar, pero no es solo el castigo físico lo que cuenta. El castigo psicológico suele ser igual o más traumático. porque se incrusta, suavemente y muy poco a poco.
Cuando se le llama la atención a una cría humana, por motivos perfectamente razonables, no se suele hacer con la modalidad menos dolorosa para la cría. Y, en cierto modo, para el adulto que reprende.
Pero, sobre todo, no se suele buscar que el efecto buscado, de mejorar el comportamiento, se haga con visos de eficiencia. Como pasó con estudiar por memorización mecánica, se suele acudir a la mecánica del castigo, con poca atención a su eficiencia, especialmente para evitar la repetición del acto punitivo.

Nuestra mente está diseñada, a partir de un desarrollo apropiado de las capacidades de nuestro ADN, para hacer que los datos que le entran, sean organizados de una forma lo más eficiente posible, para ser reusados cuando se necesiten.
Cuando obligamos a una cría humana a que memorice mecánicamente determinados datos, escritos o acciones que suceden delante de ellas, como pueden ser una frase de la lección correspondiente, o un castigo para aprender a no hacer algo que se considera malo y, por el contrario llevarlo a cabo en su versión positiva… estamos fabricando circuitos neuronales de quita y pon… realmente estamos favoreciendo que esos datos se queden grabados en la memoria RAM/MOSR (memoria organizada sin registro). En vez de grabarse en la ROM/MOR (memoria organizada con registro). Y eso conlleva que serán datos organizados temporalmente y con caducidad variable, pero NO permanente.
Y eso pasa tanto si le hacemos un regalo por su cumpleaños, como si le regañamos por alguna acción considerada negativa. Es algo que se nota sobre todo con los típicos consejos de adulto : “estate quieto/a”, “deja eso”, “no hables si no te preguntan”, “sé educado/a”…
Todo forma parte de la costumbre. Esa que se instala en la mente de la cría humana y, confundiendo realidad y relato del adulto, se forma una imagen confusa de lo que realmente pasa a su alrededor.
Por ese motivo decimos aquí, que es imprescindible una buena mente organizadora de los datos que le entran. Así como ser capaz de prepararlos, de forma que salgan tan ordenadamente o más, de lo que entraron.

Y que puede hacer nuestra mente, cuando le va entrando determinada información… como, por ejemplo, la cantinela de que debe escuchar siempre a los mayores. Digan lo que digan… e incluso, no hablar hasta que le den permiso. Eso son buenos modales, también llamada buena educación… y, por supuesto, es algo que termina siendo llamado tradicional.
Pero curiosamente, en esa caminata hacia ser una tradición, perdió el adjetivo calificativo. ¿Cuándo oíste tú hablar de buena o mala tradición? Los adultos se han asegurado con el paso del tiempo, que, paar las nuevas generaciones, la tradición es siempre positiva. Es algo a defender, incluso con la vida. ¿O es una mentira?
¿A qué, ese concepto novedoso (quizás) de adn social negativo, ya empieza a tomar cuerpo. especialmente en su aspecto tremendamente negativo. Porque hay tradiciones terriblemente negativas, como la ablación.
Pero también tenemos que seguir incidiendo en el otro aspecto : el genético. ¿Por qué lo podemos relacionar con el ADN?
Vayamos con algunos ejemplos, mucho peores que lo de ”respetar “ el turno de palabra, suponiendo que te dejen un turno, con las personas mayores. Es decir, con los adultos.

Por qué nos tiene que molestar una tradición como la lucha de gladiadores. En Roma era de lo más normal… ¿Acaso matarse en un espectáculo público tiene algo de ”malo”? La guerra es una costumbre mucho peor.
Se puede decir que en la Roma Clásica, era costumbre ver sangre a chorros, en una pelea entre dos seres humanos, y solo servía para dar placer a la plebe romana. ¡Y a los patricios, también! En eso, está claro que eran muy muy demócratas. Luego ya venían los cristianos, con los leones, y la cosa se ponía profundamente chunga.
Y uno se pregunta (inocente de todo), si el gladiador tiene en su ADN algún gen que le hace ser una máquina de matar. Porque defenderse sí que viene marcado claramente, pero matara matar, y sin ataque previo, no está escrito… y ni siquiera tenemos marcado genéticamente el hecho de matar un pollo para comérselo. Lo de matar pollos no deja de ser una costumbre aprendida, una vez que dejamos de depender de la caza de animales salvajes.
Ni siquiera la domesticación de animales es algo genético. ¡No lo olvidemos!
Así que nos toca rematar esta entrada, asegurando que esa disposición a pelear hasta la muerte es una costumbre, una tradición, impuesta por un sistema de domesticación propia de la sociedad adulta dominante romana : si no querías ser esclavo, podías ir a la escuela de gladiadores. ¡Así de simple! Y siempre con el adn social negativo que hubieras «elegido».

Hay muchas tradiciones, y no todas positivas. Por ejemplo el toreo, una diversión (cultural dicen!!!) muy hispánica.
No hay ADN que soporte tamaña animalada. Es un asunto del adn social impuesto por la SAD española, en el caso del toreo. Desde los tiempos en que la aristocracia ya no podía hacer matar a los gladiadores. Y tuvo que regular otras “artes” de muerte : la caza, el toreo… o de “casi muerte”, como el boxeo. Con lo que tenemos otros claros ejemplos de adn social negativo.
Pero tengamos en cuenta que, en estos casos de matar animales, solo existe un adn social negativo en juego : el del ser humano. Ni el toro, ni el zorro… ni una simple hormiga, son conscientes de que un humano quiere matarlos. Es el humano quien cambió su ADN por un adn social negativo. Un adn social que fue aprendiendo poco a poco. Es el que le hace sentir placer, o por lo menos no sentir dolor, por el hecho de hacer sufrir a un animal irracional.
Y, por supuesto, en muchos casos tampoco le da dolor hacer sufrir a otro ser humano. En este caso es más fácil que sienta, incluso, algún tipo de placer. Como nos intenta explicar el sadismo.
Y lo peor, es que no pretendemos razonar con el toro que vamos a matar, pero sí intentaremos razonar con el humano al que vamos a asesinar (ilegal o legalmente). Así de mediocre somos los seres humanos actuales. ¡Y más aún los matadores!

El boxeo está considerado como un deporte. Y yo me río. Pero no como el Wally, para incitar a una comunicación interpersonal. Me río por no llorar… de vergüenza. Y de rabia. Por la dosis tan alta de hipocresía que puede asumir un ser humano, mediocre versión de homo sapiens (ya sé que me repito).
Claro que, al lado de Gaza 24, toda vergüenza conocida hasta ahora es pecata minuta. Incluído el Holocausto nazi, que ya es mucho decir. Menos mal que se nota algún atisbo de esperanza en el pueblo israelí. No todos comulgan con el sionismo masacrador de sus miserables gobernantes actuales.
Y sí dicen que el boxeo no causa muertes. Pero sí deja al boxeador, en general, muy tocado. E incluso a veces lo deja bien muerto.
Desde pequeños se ve lo bien que lo pasan algunos boxeadores. Y siendo pobre esa imagen es la que queda grabada en el cerebro de la cría humana, que empieza a disfrutar viendo golpear a otro. Luego ya disfruta golpeando él. Y cuando no disfrute ya es demasiado tarde para cambiar de vida.
Así funciona el gusano del deporte, dicen sus admiradores, más o menos fanáticos. Así funciona el adn social negativo, que se le va injertando a las crías humanas, es como lo expresamos aquí. Y es bastante peor que un gusano. Es un hongo mental, que se va apoderando de la mente, según va madurando la cría humana. Con un efecto muy intenso : la hace madurar tal como él quiere, no como le marcaría su ADN.

La cultura de decir sí a todo, la cultura de los gladiadores, la cultura de los toros… todo es cultura porque todo es tradicional. Y todo lo tradicional se hace cultura. Los mayores, adultos, hicieron de la tradición una cultura. Y luego, con el tiempo, se hizo imposible cambiar esas tradiciones. Por muchos aspectos negativos que tuvieran, al ir avanzando las ideas de democracia y libertad. De respeto a los derechos humanos.
A mamar la tradición, lo que llaman mamar la cultura propia (o la de los imperios), es lo que aquí llamamos absorber un adn social negativo. Lo contrario del adn social positivo, que sería absorber solamente las cosas buenas de esa determinada tradición. Dejando aparcadas, las que en determinado momento histórico se consideran inhumanas.
Lo que digan los mayores va a misa. Las crías humanas están para obedecer. Esas normas sociales, casi clandestinas, son las que anulan la capacidad regenerativa de las crías humanas. Es una marca propia, que viene en el ADN, como seguro para evitar la obsolescencia de la sociedad adulta establecida. Porque en el ADN viene un gen de regeneración social, precisamente para favorecer el pulido de lo negativo que arrastre la tradición que sea.
Una muestra de la hipocresía cultural de los adultos es que dicen que la civilización empezó con el culto a los muertos. Pero estamos en el siglo XXI y realmente lo que marca la civilización actual sigue siendo la guerra, es decir la cultura de matar a los jóvenes (y en manadas, no les llega de uno en uno).
Miserables hipócritas y mediocres humanos son las versiones de homo sapiens, que transitan por el planeta Tierra. Llamadme exagerado.

Y si hay un sitio donde la mediocridad y la hipocresía, con una enorme dosis de miserabilidad, se pone de manifiesto es claramente en la guerra. Y, peor aún, por no estar aún encendida la chispa bélica, es en su preparación.
Si alguna actividad humana nos puede relacionar con la esclavitud, de la que luego hablaremos, donde se magnifica el hecho de quitarle al esclavo su dignidad de ser humano completo… donde pasas a ser un mero número, dispuesto a hacer lo que te manden.. es, como no, en el llamado servicio militar. Sea obligatorio o voluntario. Sea en unidades normales o de élite. Es lo que podemos llamar el Gran Territorio Ignominioso de la Humanidad en Paz.
Es un dicho típico del fanático militarista, que si quieres la paz debes prepararte para la guerra. Era una frase colgada en la pared de nuestro barracón ceutí de Regulares.Como si la paz no necesitara todo tu esfuerzo en prepararla. ¡Hay que joderse!
Y es que el cine y alguna novela nos narran claramente esos momentos de deshumanización casi total. Pero si alguien hizo el servicio militar obligatorio, sabe perfectamente de qué va ese proceso. Prácticamente kafkiano. Se nos prepara para el culto de los muertos en batalla, teniendo en cuenta que seremos nosotros los próximos.
Si en algún sitio del espaciotiempo social está clara la identidad del adn social negativo es durante la preparación de la guerra. Con el consiguiente máster, en su absorción «de mejora», si toca ocupar una trinchera. En ese caso, siempre que sobrevivas.

El adn social negativo de “ser un mandao” es algo muy evidente, desde hace mucho tiempo, desde que existe la esclavitud… primero la esclavitud brutal, luego la esclavitud sofisticada. Esa en la que parece que eres libre, pero realmente sigues siendo un esclavo.
Ya entre Roma y Egipto había cierta diferencia en cuanto a ser esclavo. Los romanos arramplaban con todo lo conquistado : territorio, ganado, riquezas, cultura y, desde luego, seres humanos.
Pero en ambas culturas esclavistas, coincidían en una cosa : el esclavo no tenía derechos civiles. Realmente, por no tener, no tenía ni alma.
Y como no venía en el ADN, el hecho de ser esclavo, es lógico pensar que era una especie de gen social, que se le incrustaba en la mente al esclavizado, para que se sintiera como tal. E incluso para que le transmitiera a su descendencia ese tipo de gen mental.
¿Aún seguimos sin ver la razón de que usemos una base teórica de la genética, para explicar el hecho social de un comportamiento esclavista? Tomado como un ejemplo ya muy antiguo. Los adultos que compraban esclavos, lo tenían claro : ellos eran los ganadores y tenían derecho a tener esclavos. Los adultos que eran esclavizados, lo tenían aún más claro (les iba la vida en ello) : ellos eran esclavos de por vida y sus hijos nacían esclavos para serlo por la suya. ¿Es o no un adn social negativo?

Eso se ve mucho mejor con la civilizada Roma. Su cultura era tan legalista, que decidió inventar muchas normas para organizar la vida pública. Y la esclavitud no iba quedar fuera de esa normalización.
Como ya dijimos, o eras esclavo luchando en la arena o eras esclavo trabajando donde fuese. Y era esclava toda tu familia, que pasaba a ser propiedad del conquistador, como lo era toda tu hacienda. Suponiendo que la tuvieras.
En cierto modo fueron unos adelantados del marxismo, en cierto modo, al concretar en la fuerza de trabajo el valor de un ser humano. Primero como esclavo. Y luego, como trabajador en una fábrica. Una esclavitud disfrazada. Aunque no entraremos, por supuesto, en la discusión sobre el concepto de esclavismo en la teoría marxiana.
Pero sí nos quedamos con una clara diferencia. El amo debía darte casa, ropa y comida, mientras que el empresario te cobraba (al principio) por la casa, por la ropa y por la comida.
Ese fue el gran invento de los empresarios de Norteamérica, cuando se vistieron de antiesclavistas y decididieron luchar por la liberación de los esclavos negros. Les era mucho más barato tenerlos de empleados que de esclavos. Y la fuerza de trabajo seguía valiendo lo mismo… o incluso quedaba algo mejorada, por tener a los obreros algo mejor tratados. A partir de ahí, con el caso de las fábricas inglesas, salió el concepto de plusvalía.

Y si la esclavitud no es un fenómeno natural (es social), ¿Qué pasa con el gen de la libertad, que decimos viene escrito en nuestro ADN?
Igual que viene escrito en ese ADN, que necesitamos respirar oxígeno si queremos vivir. Acaso, ¿solo el pueblo masai tiene marcado en su ADN, que, si lo meten en una prisión, se muere?
¿O será el suyo un ADN normal, que ha ido madurando en libertad, para darle un adn social positivo a ese guerrero masai?
Y por eso, cuando lo meten en prisión es incapaz de asumir el cambio de un ADN a un adn, otro tipo muy diferente.
Entonces, ¿Por qué se rebela con tanto ímpetu un masai, cuando lo quieren esclavizar?

Con la imagen intentamos explicar lo que le sucede aun masai con su ADN. Y, como a él, a cualquier ser humano, a quien un dictador decida meter en prisión. Porque meter en prisión es básicamente hacer un lavado de cerebro, más o menos sofisticado.
A veces se hace para lavar ciertas “manchas mentales”, pero muchas otras se hace para evitar el ansia de libertad, esa que se va generando por la maduración del ADN humano.
Porque estamos viendo, si queremos ver, que este fenómeno, de imponer un adn social negativo, está íntimamente relacionado con el uso (abuso) de poder, que tiene una parte de la sociedad sobre otra (normalmente en mayoría). Un poder que se manifiesta de múltiples formas, y que, una de ellas, es el hacerse con la vida de otra persona. El conquistador pasa a ser tu amo y puede, por ello, reducirte a un simple mueble en su territorio de poder. Tu cuerpo le pertenece y dejas de tener alma (para él), por lo que tu mente también le pertenece (o eso cree). Es decir, pasas a ser un esclavo. Como ya reflexionamos en la entrada anterior.
Y cuando se es esclavo, siendo masai o un típico europeo, se necesita ser libre. Por eso, si te quitan la libertad, el ADN se rebela, tu mente se rebela. Provoca reacciones para defender esa libertad.. por encima de todo… incluso de tu propio cuerpo. No es que tu mente se despegue de tu cuerpo, eso le es imposible a cualquiera de tus yos, lo que pasa, es que empieza a hacer la vista gorda si, por defender tu libertad, tiene que dejar amputar alguna parte de tu cuerpo. Incluso si te lo amputan al 100% (“dejarte” morir).
Y si no quieres luchar por tu libertad, solo tienes que dejar que triunfe tu adn social negativo : te haces obediente. Eso que, precisamente, no sabe/puede hacer el masai.

¿Y cómo se hace uno obediente?
La presión grupal la pueden hacer un montón de soldados, bien cargaditos de armas, o, por el contrario, pueden hacerla un pequeño grupo de gente, bien cargadita de drogas (legales o ilegales). Curiosamente la presión grupal de los soldados, no solo se ejerce sobre el enemigo. Empieza por hacer su efecto nefasto (favorecer la obediencia ciega) con los compañeros soldados, muy lejos aún del campo de batalla.
Es precisamente en ese entorno de paz, cuando la imposición de un comportamiento cuartelero, hace más daño. Porque se tienen muchas más posibilidades de acción, que dentro de una trinchera. Donde ya puedes soñar con angelitos (que te ayuden), pero está muy claro que solo puedes tener la ayuda de tus compañeros. La vida en un cuartel, por ejemplo, te deja muchas más posibilidades de hacer cosas (buenas y malas). Aunque la opresión social de los compañeros y mandos, hacen desaparecer a las positivas como por arte de magia.
Pero la libertad y la obediencia son inmiscibles. La segunda siempre se come a la primera, tan pronto como alguien tenga el poder para mandarte hacer algo que no te gustaría hacer.
Podemos llamarla la intromisión del poder. Y si recala en tu mente, no deja de ser ya un Síndrome de Estocolmo de Obediencia Ciega. Una especie de adn social negativo, de primero de Primaria.

Pero a obedecer, y ciegamente, no se aprende en un cuartel militar. Eso es solo la guinda del pastel. El pastel se va fabricando mucho antes.
A obedecer, a alguien más poderoso que tú, se aprende en la etapa infantil. Sobre todo en la institución escolar. Esa parte de tu vida, que se supone va a educarte, pero que, realmente, lo que hace es domesticarte.
A obedecer se aprende, bastante rápido. Haciendo caso de todo lo que el típico mangoneador te manda hacer en el cole. En el patio de recreo o, cuando ya te controla algo, en la misma aula. Incluso delante del profe.
A obedecer se aprende cuando veas que a tu alrededor se sitúan varios compañeros, que le ríen las gracias al que te manda hacer cosas. Cosas que no te gusta hacer, pero que a ellos les puede hacer gracia que las hagas.Y que ya las hicieron ellos también, así han subido un puesto, y ahora son el público que tu mandamás necesita. Porque ellos son los que le permiten mantener ese poder que, en principio, se tomó por su cuenta. Como el hombre simio de 2001, una odisea…
Y sí, a obedecer se puede uno hacer adicto. Por eso mismo le llamamos Síndrome de Estocolmo.

Y la cosa no acaba ahí, porque sigue en los peldaños sucesivos de la escala social. Sea en la universidad o en la calle, quien no llega a ser universitario… sigue actuando la ley del poderoso.
Ahora ya suelen ser delegados de otro poder más fuerte : sean mafias, sectas, bandas juveniles… e incluso (actualmente) partidos políticos…
Y no tiene que s er entre pobres. En las hermandades universitarias, ¿qué otra cosa se hace, que injertar un adn social negativo, que corresponda a la clase social de sus integrantes?
Y por ese motivo es tan fácil que se entiendan los capos de las mafias y los gobernantes políticos, sean del signo político que sean. Por desgracia la edición al poder, como a la heroína, no hace distingos ideológicos : todos valen para cabalgar.
Con camiseta o con traje, lo que va dentro es el adn social negativo. Porque no va adherido a la ropa, va bien metidito en la mente humana.

Porque empieza en el patio del cole o en la calle del barrio. Unos niños (raro que sean niñas) pateando una pelota, unos colegas fumando su primer pito… y nosotros con nuestro sombrero de cowboy, decididos a mostrarle a los pequeños, más pequeños que nosotros, quién manda en ese espacio tiempo, en ese momento y lugar.
Y aún no le rajamos la pelota, pero la tiramos muy lejos. Incluso a un lugar de difícil recogida. Y, mucho mejor, obligándolos a contravenir ciertas normas sociales.
Y no lo hacemos por mal. Simplemente por ese impulso que vamos cogiendo de hacer que nos obedezcan, porque esa sensación de tener poder nos empieza a dar placer.
Y no sabemos por qué lo hacemos. Simplemente nos dejamos llevar por esa costumbre social, de que siempre hubo alguien mayor que nos mandaba, cuando nosotros éramos más pequeños. Nos fuimos adaptando. Se nos decía constantemente que fuéramos obedientes.
Y ahora hay alguna gente que le gusta hablar de un adn social negativo, que se nos fue injertando, como si nada, mediante una presión social no muy clara. Poco a poco, fuimos bebiendo de ese néctar que supone el ver como otros empiezan a obedecerte ciegamente. Cuanto más ciegamente, mucho mejor. En eso, ¡somos muy buenos aprendices!

Cuando James Dean le dice al personaje de Sal Mineo que sea él mismo, le está diciendo una verdad como un templo, pero también algo que resulta prácticamente imposible. Sea el que sea el ecosistema donde se viva, pero mucho peor en el ecosistema social que se da habitualmente en estos tiempos. Sobre todo en lo que llamamos entornos urbanos. O urbanizados en forma capitalista.
¿Cómo puede ser el mismo, Jim, Platón o Judy?
¿Qué mecanismos sociales tienen para poder desarrollar sus ADN, de tal forma que produzca un adn social positivo?
¿Con qué mecanismos individuales o sociales, pueden combatir la presión social que los rodea? Esa que les va a injertar un adn social negativo, acorde con las normas sociales de la sociedad adulta dominante (SAD). Y sea la sociedad adulta dominante la que sea… la de siempre, o una que viene como alternativa, para caer en los mismos errores (o peores).
Si, como pasa en la película (Rebelde sin causa), el propio Jim deja/abandona durmiendo a Platón, mientras sueña que ha encontrado un nuevo padre, porque él también tiene necesidades amorosas que le apremian. Siempre es más fácil dar consejos, que dar la oportunidad de lograr lo que te prometen esos consejos. Y el caso real de James Dean es, precisamente, paradigmático.

No se puede jugar al fútbol descalzo… ni se puede ser demasiado pobre y esperar que te miren (y, sobre todo, te vean) como un ser humano.
En la peli de la imagen, un abogado defiende a un acusado de homicidio, que lleva marcado el adn social negativo de “ser pobre”… nacer pobre… y seguir siendo pobre en sus infancia y adolescencia…
Porque la pobreza en sí no va adjunta a ningún adn, ni tampoco al ADN, es una situación social que te marca externamente, para luego ir construyendo sobre ti determinada personalidad… que puede tener rasgos de adn social positivo (hacerte defensor de los pobres, por ejemplo) o de adn social negativo (hacerte un arribista, dispuesto a a pisar a quien sea para escalar socialmente).
Lo que sí favorece la pobreza, igual que desfavorece practicar un fútbol de verdad, es que te lleve en la vida por caminos donde están preparados los marcadores sociales negativos : banda acosadora, pequeños hurtos, consumo de drogas… y todo eso, sí que sirve como injerto de un adn social negativo en profundidad.
Porque hay puertas que nunca, nunca, nos debieran obligar a que las abramos.

Pero intentas llegar a ser eso que te gustaría ser, aunque sea emborronando libretas durante los pocos momentos de tranquilidad que la agitada vida de barrio pobre, puede concederte.
En la peli de la imagen, Diario de un rebelde, nos cuentan la historia de un joven descontento con la SAD, que se pasea por un infierno dantesco real, buscándose a sí mismo, y al final consigue deshacerse del adn social negativo que le fueron injertando desde que nació… y volviendo así a sentirse vivo, de acuerdo con su ADN original. Pudiendo hacerse con un adn social positivo, que le permitirá triunfar como escritor.
Porque el adn social negativo sólo cubre lo escrito en el ADN, pero no puede borrarlo. Solo le queda tener la fuerza necesaria, para deshacer el entramado que le cubre su ADN, para volver al camino del que la SAD, en sus infancia y adolescencia le había sacado.
Porque la SAD nos prepara para ser piezas de la maquinaria social, bien como piezas ejecutoras, que mantienen el mecanismo de la SAD vivo… o bien como piezas ejecutables, que son los disidentes de turno, para que las piezas ejecutoras puedan mirar lo que el espera, si deciden disentir del poder. Y, por otro lado, en función de la sofisticación social lograda por la SAD, pueden servir para ser cazados al modo tradicional (o megamoderno) por los ejecutores del sistema. Ya sea policía oficial o aficionados “por libre” en sus clubs de alta sociedad.
De eso es de lo que trata de escapar el protagonista, Jim, de la película indicada. Llegar a ser escritor, un ejecutor, en vez de “basura callejera”, un ejecutable.

Quén no estuvo observando como pasaba un tren, incluso en un barrio periférico, cuando salía de la estación, quee podía estar en el mismo barrio?
Era como un deseo de viajar. Sin saber muy bien a dónde, pero desde luego un viaje que te hará salir de la tremenda monotonía que solía invadir el barrio.
Sin dinero, solo con el ánimo de viajar. Aún sin haber descubierto el caballo que te llevará al galope. Como les pasa a estos chicos de Barrio, cuando observan el escaparate de una agencia de viajes, nada más empezar la película. Y en esta estupenda escena, donde tal qué condes de Lucanor, observan como otros habitantes del barrio, incluidos unos gitanos trashumantes, lo tienen aún más jodido. Ellos aún persiguen una meta.
Eso sí, la mirada siempre está perdida, porque es más fácil (y más beneficioso) perder la mirada, que perder la vida. Aunque uno de ellos ya estaba condenado desde el principio. La SAD diera su veredicto antes incluso de ser juzgado : era un perdedor. Y eso es un modelo básico de adn social negativo. De hecho muere adolescente.

Y sí, el adn social negativo es una marca de futuro. Como la vaca que tendrá, su meta en el matadero, así a Rai le pasará lo mismo : será muerto por un poli. Y de la forma más tonta posible, para mayor inri.
La pregunta se refiere al papel en la peli, pero podría referirse al papel que hacemos en la vida. Que es como una película, o una obra de teatro. Pero donde esos papeles que se van a hacer no son meras representaciones virtuales. Son, todos, la jodida realidad.
Javi, Rai y Manu lo tienen claro. Comparándose con un coche, cuando están en el puente, pensando en su futuro. ¡Vaya metáfora! O deseando viajar, cuando miran el escaparate de la agencia de viajes y roban la maniquí de cartón. En ambos casos no depende de ellos lo que serán.
El adn social positivo de Rai, por ejemplo, no puede desarrollarse, porque la SAD le ha marcado con unos genes sociales determinados. Es pobre, tiene expectativas de ser alguien, pero día tras día la sociedad adulta dominante le va cerrando el camino para que se rinda. Para que sea una pieza de la maquinaria social. Y tiene que ocuparla, aunque tal papel no le lleva a otra cosa que ser carne de cañón de un puto poli vecino, que lo tiene machacado, ya desde que lo encuentra en el ascensor al salir por la mañana de casa.
Y sí, el final está cantado. Muere por algo que realmente no llegó a consumar, como el paseo : robar un coche, para pasear con la novia. Aún no lo robara, pero decidió hacer que sacaba una pistola, confiando que el poli sería un ser humano, en versión mediana de homo sapiens. Demasiado confiado, como buen adolescente, porque, claramente, no lo era. Ese poli tenía el adn social negativo del típico poli de gatillo fácil. Además de esmerado racista.

Con estas sesiones de cine adolescente, podemos conseguir varias cosas.
Podemos ver la importancia que tiene precisamente la etapa de cría humana, para que se nos adhiera esa impronta social que aquí llamamos adn social, sea positivo o negativo.
Una trilogía como El padrino nos resulta excepcional para darle importancia a ese proceso de injerto del adn social, en este caso negativo, usando el caso paradigmático de un adolescente, que iba para político oficial, incluso presidente (Don Vito dixit) y se quedó en capo de la mafia, económica y política.
Porque la familia es un núcleo básico para ese tipo de injerto. Y no necesita ser mafiosa, para que cumpla esa función esencial. Cualquier familia “normal” es una insufladora de adn social. Positivo o negativo.
En las otras pelis eran familias más bien pobres y desestructuradas. Ahora estamos ante una familia muy rica y muy poderosa, donde no parece existir la desestructuración. Aunque el caso del hermano de Michael, Fredo, no indica precisamente buena organización familiar.

Pero luego viene la realidad. La jodida realidad que decimos algunos. Y algunos dicen bien jodida, aunque no sepan quien la jode. O no quieren saberlo.
Es la SAD quien se encarga de hacer que no acabes de presidente de los USA, y, por el contrario, acabes como capo de una mafia poderosa, como la que se refleja en la trilogía de El Padrino.
Porque la familia mafiosa no deja de ser un núcleo de seres humanos, reducidos a un fin común básico : defensa a ultranza de sus miembros, aunque eso suponga matar a uno de ellos (caso del Fedro en esta saga cinematográfica).
En vez de tener una maduración natural y libre, por muy estilo de vida USA que conlleve, Michael Corleone debe sufrir una serie de procesos de maduración forzada, que lo van a derivar hacia un camino, para el que no creía estar preparado : suceder a su padre como jefe máximo de una familia mafiosa. Con unos poderosos tentáculos en la sociedad política y religiosa del país. Llegando a controlar grandes operaciones de capital por el planeta.
Y así pasó de contar con el núcleo familiar más personal, mujer e hijos, a ser el defensor (padrino) de todo el gran núcleo “familiar” mafioso. Lo que conlleva que cualquier miembro de la organización mafiosa, en cierto modo pasa a ser alguien dentro de la Gran Familia. Todo aquel, que cumpla con el adn social negativo de la «famiglia», tendrá su plaza asegurada.

Pero, defender a la familia, en este contexto mafioso, supone exponerla al enorme peligro de que se convierta en objetivo de ataque, por parte de los enemigos de “esa familia”. Aunque en el final de esta saga cinematográfica, el asesinato de la hija no estaba previsto.
La historia de la camorra italiana, nos describe perfectamente como estos lazos de sangre, real o virtual, nos convierten en claros objetivos de venganza. Generación tras generación.
La venganza mafiosa es el summun del adn social negativo, a lo largo de varias generaciones de italianos sureños. Como el K.K.K. lo es, en el imaginario colectivo de los sureños usamericanos.
Somos, por un lado, militantes de la mafia, con el gen social de la obediencia ciega al capo, y, por otro, pasamos a ser objetivos de venganza, otro gen social que nos hace sujetos a ser cazados, por todo enemigo, declarado u oculto, de nuestro clan familiar.
En una guerra de tribus no cuenta el ADN, ni siquiera el adn social positivo, solo cuenta el adn social negativo, que nos marca, claramente y al mismo tiempo, esa obediencia ciega al poder y (por ella) la venganza ciega, cada vez que ese mismo poder nos lo mande.

Algo parecido a lo que sucede en El señor de los anillos… en nuestro caso es un gen de poder, para en cierto modo controlar todos los demás genes, porque ellos tendrán que actuar en consonancia con lo que dicte este gen.
M.C. no podrá evitar convertirse en el capo de la familia Corleoene, porque así lo fue preparando su padre. Aunque en teoría lo tenía para ocupar otra plaza (un político “externo”), pero lo seguía concibiendo como el sucesor en la cadena de poder familiar. Era él el preparado para sucederle, porque no podía ser el arrebatado Sonny.
Esta familia nos muestra perfectamente cómo funciona un adn social negativo en todo su desarrollo. Si bien el carácter negativo, estaba muy diluido en la primera parte del proceso : universidad y servicio militar. Aunque no debemos olvidar que, en ambos territorios, se practica realmente el aprendizaje de la lucha por el poder en la sociedad adulta USA. Que no es tan diferente a la lucha por el poder dentro de una organización mafiosa.
Para algo el pasado colonial, hacia el Far West, del pueblo USA lo hace idóneo para este tipo de adn social negativo : ser depredador y básicamente instintivo. La inteligencia y las emociones, a buen recaudo, para uso exclusivo con el permiso del capo.
A fin de cuentas, ¿Qué se aprende desde pequeños, cuando entramos a formar parte de una pandilla? Cualquier tipo de poder siempre crea una trama mafiosa, más o menos fanatizada, por ese mismo poder. Se van generando los sucesores de forma artificial y más o menos sofisticada. O aprendemos a mandar y obedecer o aprendemos a ser lobos solitarios.