
… de MUY antiguo!!!
Empezamos con la última página de esta serie sobre lo que entendemos aquí significa el ADN del ser humano, en relación con su mente, es decir, con sus conciencias (de sí y del otro). Y, por lo tanto, con su capacidad para producir ideas propias.
Conviene leer las páginas anteriores, si no se hizo, ya que algo nos repetimos, pero tenemos que dar por sentado, que ya se leyó algo sobre este aspecto del pensamiento cartesiano. Ese que nos lleva a una mente, que es mera trasposición de nuestro ADN (esta idea es muy nuestra), y que produce esas ideas críticas, que nos hacen tomar conciencia de lo que somos… y, sobre todo, de lo que no queremos ser… como ya reflexionamos bastante en la página antes indicada.
Porque hay mucha gente que no quiere saber, y por eso mira para otro lado. Son los que cumplen con las normas sociales impuestas por la SAD. Esa panda tan poderosa, formada por los adultos que controlan la sociedad donde nos tocó vivir. Son un colectivo de adultos, que tienen como misión principal en su vida, el que seamos como ellos quieren que seamos.
Y da igual lo que quiera la naturaleza (sea lo que eso sea) después de millones y millones de años experimentando, porque estos señores, suelen ser todos machos, y van a imponer su modelo de sociedad, aunque ello lleve a que desaparezcamos como especie.
Persiguen precisamente la meta antagónica a la que nos dirige la naturaleza y para la que nos ha preparado durante nuestras etapas de cría humana, incluyendo lo que nos “ha incorporado” de nuestros antecesores : su meta es seguir evolucionando libremente, ayudados por los avances que la tecnología ponga en nuestras manos.

Y es que si bien los bíblicos nos cuentan su historia del Génesis, y los europeos, eurocentristas a tope, nos venden la extrema importancia de la cultura grecorromana (con el aditivo cristiano paulino), no hay duda que la milenaria cultura china, nos tiene mucho que decir, sobre los desperfectos iniciales que el ser humano, mediocre versión del homo sapiens, empezó a practicar con afición desmedida, ya en los principios de la historia humana.
No sabemos lo que pudieron dar de sí los neardentales, tan poco tiempo para dejar una profunda huella, pero sí tenemos claro que la versión posterior, en la que la naturaleza pudo poner sus ilusiones, dejamos mucho, mucho, que desear.
Llamadnos exagerados, pero aquí somos así.
Y es que todo tiene un inicio, pero, por lo mismo, debe tener un final. Es la única forma de que algo nuevo pueda ocupar el lugar de lo viejo.
Nos pasa con la vida humana, nace y muere ¿Por qué vamos a pensar de otro modo en relación con cualquier tema que nos afecte?

Todo empieza alguna vez, en el espacio tiempo cósmico, y la vida humana también lo hace : así el último emperador de China, como los anteriores, tuvo que nacer un día.
Y seguro que portaba todas las características genéticas que sus padres le transmitieron. Incluidas aquellas que la naturaleza consideró que podían ser útiles para mejorar el proceso evolutivo del ser humano. Esas que decimos son «de hace mucho, mucho tiempo».
Era el hijo del emperador… y tenía una gran capacidad genética, lo que podemos considerar la característica más esencial (para sobrevivir) : el poder adaptarse al ecosistema donde le tocará vivir.
Pero esa fuerte capacidad de adaptación (genética) tiene un trasfondo algo oscuro, ya que te permite adaptarte a los cambios del ecosistema, pero no puede evaluar si esos cambios son positivos o negativos. Solo sabe que debe buscar los cambios beneficiosos. Pero no sabe en qué sentido dirigirse . Si hacerlo para beneficio tuyo o de la sociedad dónde estás incrustado, ya que la naturaleza no pudo prever que habría discrepancia entre el mundo adulto y el mundo de las crías humanas.
Y ahí está el primer escollo en ese proceso tan complejo de adaptación humana. ¿Quién y cómo considera lo que es beneficioso, y lo que no lo es?

Y es que, piense como piense la madre naturaleza, no es lo mismo nacer en un trono del Imperio Chino, que en una chabola perdida en cualquier pobre lugar de ese mismo Imperio. ¿A qué no?
Resulta bastante obvio, en un mundo estrictamente natural, pero no resulta así en el mundo de la sociedad humana adulta. Y, por eso, con la respuesta a esta pregunta tan sencilla tenemos el primer problema de adaptación social. Algo que nos explica la sociogenética.
Porque hay mucha gente que considera que es perfectamente natural ser como eres, según donde naciste. Si naces rodeado de pobreza, lo “normal” es que seas pobre. Y si naces en un sitio rodeado de riqueza lo “normal” es que seas rico. se puede llamar “lógica popular”, nada que ver con la lógica matemática de Russell.
Es decir, según esta “lógica” (social), la pobreza y la riqueza son un fenómeno totalmente natural, inevitable, y no un producto de la actividad social del ser humano.
Se cree que los primeros ricos ya nacieron así. Y no fue resultado de una actividad de latrocinio, robándole sus posesiones a otros seres humanos. Se dice que es la naturaleza la causante de la desigualdad social, nunca lo es la acción humana, esa que se puede resumir en ”roba lo que puedas (si tienes poder), es decir, que lo que hay en la Tierra es de quien lo puede robar. No es de quien nace cerca de ese material “robable” : agua, tierra, comida, hijo, animales… ¿Cuánto cuesta meter estas ideas en la mente de una cría humana? No será nada fácil, pero se le va cogiendo el tranganillo.

Porque si naces en un barrio pobre, tendrás que batallar en el día a día, para algo tan elemental cómo es sobrevivir.
Pero si naces en la Ciudad Prohibida, siendo el hijo del emperador, no tienes otra cosa que hacer más que esperar a crecer e ir acostumbrándote a contemplar, muy tranquilamente, como todo lo que ves es tuyo.
Y en ambos casos funciona el mismo mecanismo social : injertar un adns social negativo, en la mente de la cría humana, a la que se ayudará a crecer según se haga mayor esa persona.
Si voy a gobernar China, y, a su través, el mundo, entonces tengo que funcionar como un emperador. Aunque nada en mi ADN sugiere que deba ser ese emperador. Y eso vale para el emperador original o para su versión cinematográfica de Bertolucci.
Y, lo mismo, si nazco pobre, tendré que adaptarme (me va en ello la vida) a servir a ese emperador, que es mi amo y señor. Y nunca a pensar en un posible cambio de situación, haciendo por ejemplo que el emperador deje de mandar. Esa otra adaptación, natural y libre, acorde con mi capacidad genética de regenerar la sociedad adulta dominante, me queda totalmente prohibida. Igual que de prohibido tengo el acceso a la Ciudad donde vive ese emperador.

No hay que ser un Hegel precisamente, para entender que si no nacemos como esclavos pero sí como amos, es porque debe haber en algún momento de la historia humana, un grupo de seres humanos que deciden ser los malos, para que el resto de la humanidad sean conquistados. Y de ellos venimos nosotros.
No hay más vueltas que darle. Y, si las queremos dar, es seguramente porque estamos situados en el primer grupo : El de los oprimidos.
El hombre que le pone la correa al otro, no se diferencia en nada si miramos su ADN. Tendremos que mirar su adn social, para comprobar que es negativo. Y en ese adn social negativo están incluidos el gen social negativo de “sentirse superior al prójimo”, acompañado seguramente por el gen social negativo de “necesitar apropiarse de las haciendas y de las vidas de ese prójimo”.
Todas ellas son características sociogenéticas de los Goofy humanos, que los Pluto humanos no tienen. Y son las que tanto anhelan portar algunos seres humanos, ávidos de poder y de explotación del prójimo.
Hace poco hablamos de un Alfredo y un Olmo, que tenían un ADN muy parecido, prácticamente idéntico, pero tenían un adn social totalmente diferente. Uno tenía la etiqueta de oprimido, el otro la de opresor. Y, como ya dijimos, no hay que ser un Hegel para establecer esta distinción.

Y al no poder pensar como Descartes, dada su escasísima edad, aún no puede pensar en sí mismo, por lo que nada le certifica su existencia.
Pero el aparato de estado que el rige, sí que puede pensar en él y, sobre todo, por él.
Como llevamos ya tiempo diciendo, sólo hay que dejar que la sociedad adulta dominante (SAD) ejerza su influencia sobre esta cría humana, para que le dote de un gen social, positivo o negativo, usando el baremo social que esa misma SAD disponga.
Y que, curiosamente, no será el mismo baremo que use otra SAD, que en un determinado momento histórico decida situarse en lugar de la SAD establecida.
Por ejemplo si un régimen llamado burgués decide acabar con el régimen autollamado imperial (aristocrático), como ha pasado con la Revolución Francesa o la Revolución Rusa en 1905. Y, por supuesto, con la misma lógica, luego, un régimen autollamado comunista, decide ocupar el gobierno que ocupaba la burguesía china, que previamente había acabado con el mando de la aristocracia. Se llama evolución social. Sea de tipo reformista o de tipo revolucionaria.

Pero antes de fijarnos en tantos cambios sociales, sigamos reflexionando sobre un hecho concreto : el adn social, positivo o negativo de nuestro último emperador.
Porque este ser humano (una sombra que ilumina intensamente) es capaz de guardar el sol, para irlo soltando a su voluntad y gobierno. Puede iluminar o repartir sombras a voluntad, de tanto poder como tiene (según dicen sus fanáticos seguidores).
E igual que nace el sol todos los días, así el emperador es regenerado por ese sol, también todos los días. Esa es una verdad inmutable, es decir, ese es un gen social negativo, que la SAD hace pasar por natural, que se lo ha injertado a todas las crías humanas chinas… y, desde luego, es también inmutable.
Este es el credo político e ideológico que debe tener bien metido en su mente todo súbdito de ese emperador. Como anates lo teníans sobre cualqquier otro emeepradaor.
Y no hay preguntas que puedan oscurecer a ese sol imperial, porque preguntar y obedecer son verbos antagónicos.

Y da igual que sean los seres humanos que trabajaban en la hacienda del latifundista, que vimos en Novecento, o la inmensa población china, que obedece irracionalmente a su emperador… siempre es el mismo mecanismo “sociogenético”… una combinación lineal de genes biológicos y genes sociales, de tal forma que los sociales se hacen con el control de lo que será el comportamiento externo de esos seres humanos. Su fenotipo social.
No hay muchas más variables en este tipo de ecuación. El resto son matices, de si lo hacemos vestidos de rojo o de blanco, si de azules o de verdes… Lo importante es tener claro en qué parte del campo de batalla estamos nosotros : en el lado bueno o en el lado malo.
Y ya sabemos que serán los vencedores, los que decidan cual es el lado bueno y cuál es el lado malo.
Porque antes de la batalla todos pueden ser buenos y todos pueden ser malos.
Pero, sean unos u otros, todos acabarán arrodillándose frente al poder.

Pero al nacer somos todos igual de inocentes. Da igual que nuestra madre sea una emperatriz y además malvada, que sea una campesina pobre, y además muy honesta.
El ADN nos lo transmiten ellas. Y el adn social, positivo o negativo, también. Con la ayuda inestimable de sus ayudantes, sobre todo los que siguen vivos.Ellos son los encargados de favorecer la maduración cotidiana, de esos genes sociales que nuestra madre ayudó a injertar. Por las buenas o por las malas.
Y así va trabajando el gen social, sea positivo porque viene de humanos honestos (que los hay), o sea negativo si viene de “los otros”.
Porque un tipo de gen social (positivo), como ya dijimos alguna vez, favorece la maduración del ADN, de forma natural y libre.
Mientras que el otro gen social, el negativo, va a enmascarar ese ADN, dejando solo que maduren los genes más animalescos (instintivos), bien arropados por otros nuevos genes sociales, que buscan la aparición de capacidades antagónicas a las que trae el ADN.

Y así, allí donde debía florecer la empatía y la solidaridad del nuevo emperador, va injertada la capacidad de hacerlo lo más antipáticos e insolidario que sea posible.
Incluso, si es necesario, hacer de él un auténtico animal insensible, salvo a las delicias del poder.
Solo se necesita injertar, durante su fase de cría humana, una serie de genes que se complementen, para neutralizar diversos genes biológicos.
Por ejemplo, el sentirse muy superior a los demás seres humanos. Cuando su gene biológico le está diciendo que él es uno más entre la diversidad que se puede dar en la especie humana.
Pero no, a él lo tienen que convencer de que no solo es muy diferente, sino que es también muy superior. De hecho no importa que, en algún caso, lo convenzan de que desciende directamente de un dios. Ese es el gen social negativo (negativo para los que va a oprimir) que le permite sentirse superior y poder oprimir a los inferiores, como sí fuera algo perfectamente natural. E incluso, lógico. Si ha tenido “buenos” profesores. Viene a ser una de las tradiciones principales del poder monárquico y del dictatorial.