
… e sin ánimo de ofender.
Solo pretendemos que estos atisbos sobre la filosofía socrática, o mejor expresado, sobre el pensador Sócrates, puedan matizar algunos aspectos negativos, que nos deja su filosofía, observada en pleno siglo XXI (ya no XX).
Hace tiempo que me planteo ciertas dudas, al notar que dos temas fundamentales para el pensamiento filosófico del siglo XX quedaron totalmente fuera de foco. ¿Sería por su dificultad en tratarlos o, más bien, las pocas ganas de hacerlo?
Y no se trata de atacar (pobre iluso) a Sócrates , por andar esquivando el marrón. Pero si considerar que le gustaba más pisar ciertos lugares de su Academia Platónica (virtual), que otros. Allí donde el enfrentamiento con la tradición griega (y mundial) le era poco oportuna (para avanzar como filósofo).
¿Por qué, me pregunto, no había paseantes femeninos por esa zona dedicada al cultivo del pensamiento humano (“humano”)?
¿Por qué se consideraba al adolescente como un adulto “en pequeño”, que no tenía un proceso de maduración propio, como cría humana que era… y podía ser coaccionado por el modelo educativo del adulto? Por muy Sócrates que se llamara ese adulto.

Muy pequeñas las alforjas, mochila como decimos aquí, para tamaño viaje. Aunque nunca debemos olvidar lo esencial que es contemplar el contexto.
Ser el principio de todo el conocimiento, incluso científico, sobre lo que podemos llamar ser humano, versión (mediocre o no) del homo sapiens. Dice el introductor a esta versión del diálogo. Nos parece exagerado. Algo que Sócrates no sabía (lo del sapiens) y se adaptó a la costumbre androcéntrica de considerar superior a Adán frente a Eva. En su caso(un griego anterior a la Biblia Abrahámica) a Zeus, por encima de todos los demás dioses. Y Cronos, tengamos en cuenta, también era un macho.
Conócete a ti mismo, o al vecino. Lo decía el oráculo famoso… y ya mucho más tarde, va a ser fundamental para que un filósofo francés se diga aquello de “ergo, cogito sum”. Que viene a ser una versión del “conocerse es igual a pensar”… y lo primero será pensar en uno mismo. Otra forma de decirle al otro que “se conozca”.
Así que ligamos a Sócrates con Descartes y nos quedamos tan panchos.
Por aquí ya se sabe como tratamos al Descartes que le aterraba el Vaticano y necesitaba tanto hablar de una alma (y de obediencia papal), para evitar considerar a las neuronas, como la base orgánica de esa mente pensante. En fin, aún no estaba ni proyectado el amigo Ramón y Cajal.

Y ni siquiera Ramón y Cajal sabía aún, como tampoco Sócrates y sus colegas, de la existencia del embrión de la mente humana : el ADN.
Porque ya, en otro lugar de este blog (con el amigo Descartes y “su” alma), le damos vueltas a la tortilla de la relación entre el ADN y lo que podemos llamar mente del ser humano. Algo que, a nivel de animal irracional, sería solo la fuente de “su” instinto vital. Sin menoscabo de aportar algunas capacidades “intelectivas”, en animales de orden superior.
Como ya explicamos, y podemos releer en la figura, la capacidad genética de adaptarse al medio ambiente (mejor entero!), es decir, al ecosistema donde vive un ser humano, es una marca esencial de su ADN.
Una capacidad de adaptación siempre natural y libre, aunque sea necesaria por causa de una serie de cataclismos naturales. Por ejemplo los que extinguieron a los dinosaurios. Suponemos que por ese motivo la naturaleza fue evolucionando hasta dar con el humano. Para que se defendiera mejor.
Pero, esta adaptación natural, no la debemos confundir con la adaptación social en un ecosistema artificial, donde la impone el poder establecido. Y donde existe lo que aquí llamamos gen social, que es el causante de que en vez de seguir las marcas genéticas (naturales) sigamos las marcas “genéticas sociales” (artificiales). Ese conjunto de normas sociales de las que se va impregnando nuestra mente, muy muy profundamente, y que aquí denominamos un adn social negativo. Lo contrario del positivo, que sería un desarrollo natural y libre de nuestras capacidades genéticas naturales. Esas que no son impuestas por la sociedad adulta dominante (SAD).

De estas marcas genéticas sociales, como es el gen social de la obediencia ciega, nada sabía Sócrates. No podía, ya lo dijimos. Y por eso andaba tan desencaminado al analizar la realidad social griega, sobre todo de su parte femenina y de su parte adolescente.
El mismo, en el tramo final de su vida se dejó seducir por el poder ateniense, en vez de dejarse llevar por su conciencia, su capacidad genética para no obedecer órdenes injustas de una SAD. El que criticaba la ignorancia de los votantes en democracia, se dejó seducir por un jurado, que tenía pocas más luces que los votantes. Ya que tanto el jurado como la democracia ateniense eran totalemnte elitista.
Tanto reflexionar sobre la Justicia, incluso sobre la Belleza del acto justo, para luego dejarse llevar por una falsa conciencia de algo, que pertenecía a la esfera de lo social, en vez de ser una necesidad básica natural del ser humano.
Dejarse suicidar fue un atentado a esa justicia natural, que puede estar marcada por la necesidad genética de respetar la vida humana. Aunque de Sociogenética él no supiera nada. Lo mismo que pudo ser un monumento a la falacia, de que, en determinado momento histórico, la justicia humana (o la divina, si existe) puede estar por encima de la justicia natural. La que corresponde a una evolución natural y libre de la esencia pensadora del ser humano.
Porque no deja de ser un símil de cómo el gen social de obediencia ciega (sí, ciega o fanática, para dejar de lado la obediencia razonable), queda cubierto por el gen natural de ser libre y de no obedecer más que a tu conciencia. Siempre la personal, nada de “colectiva”. Otra cosa, de la que ya se habla más seguido en el blog, es que esa conciencia propia, como los filtros propios, no tiene una elaboración precisamente muy fácil. Eso hizo que nos fuéramos centrando en la dificultad para ver la realidad tal como es, lo más aproximado posible, en vez de verla tal como quiere la SAD que la veamos.

Y decimos chulesco, porque eso lo dice alguien que se dejará suicidar por esos mismos atenienses, a los que no deja de llamar incultos. Y no solo no son sabios, sino que, además, no quieren serlo.
Pero bueno, ya lo dijo un tal Jesús… el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Aunque también dijo un tal Kant (entre otros), que sin crítica no hay avance posible para el pensamiento. Y, eso sí, crítica tanto positiva como negativa. Porque habitualmente el pensamiento ateniense no socrático, solo llama crítica a la que consiste en un argumentario negativo. Y así por los siglos de los siglos.
Así que podemos resumir la crítica negativa a Alcibíades, de Sócrates, en que trata de enseñar lo que no sabe. O si lo sabe, solo lo sabe a medias. ¡Y no la mitad más interesante! Como buena parte del profesorado terrestre.
Así que dejemos tranquilo al Sócrates, que no sabía nada de ese gen que portaba, por su educación/domesticación cultural ateniense de ese siglo : tener conciencia de libertad, pero, al mismo tiempo, tener la conciencia de que llega un momento de la vida en que debemos ser obedientes, por encima de todo. A eso lo llamamos gen social de la obediencia ciega. Un formato encubridor del gen natural de necesitar libertad por encima de todo (como el oxígeno que respiramos!).

Es una cita textual apócrifa, aunque la pintura base de David es una auténtica cita visual.
No sabemos lo que realmente pudo decir el amigo Sócrates, en una situación tan amarga como asumida, pero no cabe duda de que en fondo se dejó matar por respeto a la ley ateniense. Aunque correspondiera a una democracia formal, donde las decisiones se tomaban por una minoría.
¿Pero qué podía hacer un filósofo muy honesto, que nunca se llegó a preguntar por qué los dioses y los soberanos estaban por encima de los demás seres humanos? Incluso, como tantas veces repetimos, que pudiera existir algo tan inhumano como la esclavitud y la violación de adolescentes.
Aunque no fue tan raro, que su conciencia personal quedara por debajo de la conciencia colectiva. Hubo épocas posteriores en Europa, como la nazi o la estalinista, donde ese mismo proceso, de abandono de tu conciencia, se vio multiplicado por cientos y miles de personas. Que iban al matadero bélico, porque se lo mandaban sus líderes supremos. Y ya se fundara la Universidad de Paris hacía mucho, mucho, tiempo.
¡Qué mal conjugan el imperio y la ley en la misma frase!

Y, por qué Sócrates, vía Platón, nos explica tan bien la idea de como a los soberanos se les va injertando en su mente, ya desde que nacen, de un adn social, positivo o negativo (según quien analice la idea)?
Y eso que ellos no sabían lo que puede ser la sociogenética y, por lo tanto, del papel que juega un gen social, como puede ser la necesidad de “actuar como rey”.
Y, ya puestos a meterse con Sócrates/Platón… ¿Cómo es posible juntar en dos maestros las dos funciones más antagónicas posibles : aprender que existen los dioses y aprender a decir la verdad por encima de todo. ¡Sería cómico si no fuera tan trágico!
Acaso ¿no ha explicado magistralmente cómo actúa un adn social negativo (para nosotros), mejor que lo hemos hecho nosotros, durante continuas reflexiones sobre el tema?
Y eso que el Platón no pensaba ser un influencer planetario… como sí lo fue.

Realmente no sabemos muy bien si a Sócrates le atraían sexualmente las mujeres. Aunque su excelsa líbido, tan filosófica ella, puede que no les diera demasiada importancia, como pareja sexual (no procreativa).
Lo que está claro es que no las consideraba dignas de sus preguntas filosóficas… ni como sujetos receptivos ni como objetos de estudio, tal como sí lo eran la Belleza, la Amistad o la Justicia…
Pero lo peor es que no se preguntaba tampoco si entre las cualidades de esas mujeres , que “no sabían”… o sí sabían más que “nosotros”, siendo de nuestros enemigos… porque de las propias ya ni hay que preocuparse de si saben más o menos… estaba también la de analizar el comportamiento masculino.
Y así podría preguntarse (y preguntarles) por las cualidades que debían tener los griegos para hacer el amor con sus mujeres. O con los machos griegos. Aparte de preguntarse si era lógico violar a los adolescentes machos (las hembras ya no contaban!). Otra buena pregunta que nunca se hizo.
Puede que así fueran mejores amantes en lo que hicieran con ellas o con ellos (adultos!!!)…

Y qué pensar con esta afirmación de Sócrates, que va en contra de lo que luego él hizo, cuando fue condenado por 300 “justos” atenienses. Que podían saber de filosofía, lo que Sócrates sabía de física relativista.
Esta contradicción que estamos indicando, puede ser un buen ejemplo del desprecio que Sócrates siempre mostró, según Platón, por los pensadores presocráticos, como pudo ser el pequeño/grande Heráclito… un ejemplo claro de por qué consideramos que su suicidio fue un acto muy contradictorio, con su postura filosófica.
Porque así remata el Alcibíades, donde le da consejos a alguien que se postula como futuro gobernante ateniense. Pero, ¿qué otra mejor descripción de cómo actúa un adn social negativo? En este caso tanto sobre Alcibiades, lo que denuncia Sócrates, como sobre el propio Sócrates, algo que parece olvidar el futuro suicidado.
Habla de los “ejemplos (sociales) que dominan en esta ciudad”. Pero no los tiene en cuenta, cuando se deja seducir por el jurado que lo ha condenado. ¿Acaso ellos no están influidos por estos malos ejemplos sociales? ¿Acaso saben algo de lo que juzgan, para poder valorar correctamente lo que es justo o no, en relación a lo juzgado? Recordemos que no están juzgando si hubo un robo o un homicidio. Es un crimen contra los dioses, lo que intentan juzgar. ¡Y ni son sacerdotes!
¿Por qué les hace caso Sócrates? Esta es mi pobre pregunta socrática.