Página 1C : Y más atisbos continuadores de un alma/mente…

… qué sí existe!!!

Y empezamos esta tercera etapa, ligando el adn social negativo, que es de una impregnación lenta, aunque muy profunda, con un fenómeno social, que se hizo famoso en un atraco a un banco : cuando algún rehén acaba sintiendo simpatía por el atracador.

Algo que ya venía de mucho antes, porque no deja de ser el complejo de sumisión al que se presta involuntariamente un rehén, una vez que lleva mucho tiempo secuestrado. Complejo que permitió la existencia de la esclavitud durante siglos. ¡Y que aún perviva en cierto modo!

Una reacción totalmente natural (lógica) de la mente humana.

Es el llamado Síndrome de Estocolmo, que te hace muy sumiso, después de estar en un encierro prolongado. Haya o no malos tratos. Y con el que se puede nacer, aunque no sea genético.

Y es mucho más generalizado, de lo que la gente cree. De hecho, la mitad de la especie humana (la femenina), lo padece, en mayor o menor grado. Es lo que aquí, totalmente ajenos al psicoanálisis, llamamos Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino (SEMC). Dedicaremos esta tercera parte a reflexionar sobre su conexión con el adn social negativo, que estamos estudiando en estos atisbos sobre el alma/mente cartesiana, dentro del campo de la sociogenética.

De la obediencia ciega… a la sumisión!!!

Y, como siempre, trataremos de hacer ver que ese ADN que traemos al nacer, con su imaginario colectivo previo incluido (luego se irá añadiendo el presente), no es otra cosa que la mente del ser humano. La que se encarga de pensar en sí misma, y el cuerpo que la sostiene, así como de ir organizando la información que le llega, una vez nacido el ser humano que le sirve de soporte. Incluida en esta recogida de datos, como siempre decimos, la etapa uterina.

Dijimos que había un complejo de sumisión, que permitía explicar la existencia “pacífica” de la esclavitud, que no es un invento del psicoanálisis freudiano, ni nada parecido. Ese complejo explica la esclavitud doméstica voluntariamente asumida. Lo diga o no un psicoanalista.

Nuestro Síndrome de Estocolmo de la Sumisión Adquirida, de nacimiento o a lo largo de la infancia, no es algo estrictamente “freudiano”. Lo estudia la Sociogenética, al hacer un estudio comparativo entre el funcionamiento de los genes biológicos y de los genes que, aquí, llamamos sociales.

Que se suelen apoyar en traumas, como los complejos freudianos, pero que no necesitan ser injertados a la fuerza, ya que pueden ser injertados en un modo suave, eso sí con mucha paciencia. Y algo de sofisticación.

Por ejemplo, cuando los grandes filósofos griegos permiten asumir que la violación cotidiana de un adolescente es algo natural. Incluso un premio, para ser educados como hombres libres atenienses. El mismo Sócrates estaba en ese ajo. Y hasta, para más inri, fundan un sistema “educativo” ad hoc : la paideia. Que son más cosas evidentemente, pero «esa» (violación) es una pieza básica de su esqueleto pedagógico…

Y todo empieza siendo crías…

Porque, si la mente genera ideas, ¿qué tipo de idea puede generar la mente de un esclavo? ¿O de alguien que lleva varios años secuestrado, y más si es una cría humana de pocos años?

¿Qué tal si hacemos una parada cinematográfica por Mystic River? Una obra genial del genio de Clint Eastwood.

Porque puede parecer grave que acusemos a los filósofos griegos de violadores, pero la historia de las crías humanas es una historia de sucesivas y crueles violaciones. A veces, como dijimos con Grecia, bendecidas incluso por los llamados sabios de turno.

Sí, somos algo lanzados, pero como suelen decir los científicos, que se precian de ello, o los grandes filósofos, tenemos argumentos. Todos mis yos aprendieron bien la lección de que se necesita argumentar cada opinión, para que tengan cabida en la mente común donde habitamos todos.

Y si no hay argumentos, entonces solo queda el éter inexistente.

Cuando las crías están madurando…

Las crías humanas se agrupan por afinidades, una vez que sus padres, biológicos o adoptivos, deciden que ya tienen edad para ello. Aquí ya empiezan los grandes problemas en el proceso natural de maduración/educación/domesticación de una cría humana. Viene lo que en psicología se le llama escoger una personalidad (o “hacerse”).

Porque puede tener padres que lo cuidan o solo tener agentes sociales (hogares de acogida y demás) que hacen lo mínimo por ellas, cuando no las maltratan directamente. Y claro, el ADN puede ser muy parecido, pero la maduración física y mental del individuo que lo porta, nunca será ni siquiera parecida.

Como ya vimos hace un tiempo, ¿qué parecido hay entre la cría humana que madura en la selva del barrio, con la cría humana que madura entre los algodones de un hogar donde lo atiendan? Incluso aunque no sea un amor filial completo, lo que impregna la vida humana en ese hogar X.

Todo eso hace que, al salir a jugar en la calle, cada cría humana va madurando de una forma diferente : está el que se adapta rápidamente a mandar a los otros, están los que se quedan en el medio, como indiferentes a la disputa por el mando y, sobre todo, está el que se queda como la parte más débil de la pandilla. El saco de boxeo para el líder y para los de “en medio”.

Siempre tiene que haber un líder, como siempre tiene que haber un “pardillo”. Y en este caso lo de pardillo no va por atontado o poco listo. Solo por buenazo, básicamente (sin más adjetivos). Como lo de «robar», que insinúa el líder, no quiere decir robar, sino simplemente “tomar prestado”. Pero, ¿qué adulto admite ese matiz, tan tan importante?

Pero no maduran igual…

Y es que el líder de una pandilla se trabaja su puesto. Necesita mostrar más agallas que todos los demás (incluso juntos!), para ganarlo a pulso. Sobre todo frente al mundo adulto, que pretende minimizarlos.

Porque no olvidemos lo ya repetimos tantas veces : el ADN de la cría humana tiene un gen renovador social, que le obliga (al madurar) a entra en la vida social queriendo regenerar aquello que se ha quedado anquilosado, por la desidia, o el afán de poder, de los adultos. Ellos hicieron lo que aquí llamamos sociedad adulta dominante (SAD).

Y la meta de las crías humanas es madurar de forma natural y libre, para conseguir mejorar esa sociedad en aquello que se fue oxidando. Por abandono o por mala intención de los adultos con poder.

Y por eso tiene mucha razón el líder de la pandilla, cuando le llama imbécil (mentalmente) a un poli, que les llama la atención por escribir su nombre sobre el cemento de un reasfaltado en la acera dónde están jugando. ¡Vaya gilipollez!

Y es que las crías humanas, tienen que aprender mucho, pero lo que ya tienen es una gran intuición, para notar si un adulto viene en son de paz o de guerra. Solo que la van perdiendo con el tiempo. La escuela está para eso precisamente. Para hacerlos más sumisos.

Y los adultos nunca le querrán reconocer su capacidad de mando…

Y por esa razón, los adultos intentarán comerle la moral, haciéndole ver que “es nadie” (frente a ellos). Porque lo necesita dócil, que su capacidad de disidencia se convierta en obediencia ciega, en sumisión.

Entonces ya lo tendrán preparado para injertarle el adn social negativo, del que habla “nuestra” sociogenética.

Como pasaba con Espartaco. En este caso, siendo un adulto que se rebela contra la autoridad que lo esclaviza : El senado romano. Quien nunca le concedería el poder de mandar mientras quisiese ser un hombre libre. Solo como esclavo podría llegar a mandar un cuerpo de ejército formado por esclavos, que deberían obediencia ciega a ese mismo Senado de Roma.

Pero en este caso no están buscando un chaval que sea capaz de mandar. Lo que necesitan es uno que sea capaz de obedecer, incluso con mucho miedo, ya antes de saber lo que le puede esperar.

Así que le toca el turno al adulto manipulador, que se saca de encima al líder, una vez placado, y se busca un chaval del grupo que sea fácilmente domable. No quiere esforzarse demasiado en el secuestro.

Porque el adulto ya aprendió antes a manipular…

Porque, cuando un adulto se hace con el poder, es porque aprendió a ser un experto en el arte de la manipulación mental. Ya que con ella la manipulación física es un juego de niños.

Y, por ese motivo, le resulta esencial empezar a manipular las mentes cuando son  crías humanas. No puede esperar a que el ADN se refuerce, llegando a la etapa de adulto, haciendo que su capacidad regeneradora (rebelde) se fortalezca demasiado. 

Entonces el injerto de un adn social negativo se haría muy difícil. Entonces la mente de un Espartaco ya está madura, para saber que los romanos nunca lo harán libre. La única libertad que le queda es elegir entre ganar o morir, aunque sea en una jodida cruz.

Y en Mystic River nuestro falso poli, solo muestra unas esposas de policía en el cinto, para simular (poder). Pero sabe buscar a la cría humana que menos defensas mentales tiene. La que puede ser fácil de secuestrar, porque además , en este caso, vive algo separado de los otros y se le puede llevar en coche.

El desconfiado líder, lo más seguro, no querrá admitir ese favor de llevarlo en el coche. Por eso ya no lo intenta el adulto. Pero al pardillo ya lo tiene calado, para que se doblegue simplemente usando un tono de mando (de policía). No olvidemos cómo funciona la imagen del poli en USA.

Los más “débiles” suelen ser más confiados…

Porque sí. Porque la confianza excesiva no es algo que venga marcado en el ADN. Realmente en él lo que viene marcado es una desconfianza innata hasta que se note la falta de peligro. El perro es muy confiado, el gato no lo es tanto. Y ambos son domésticos.

El gran problema de Dave es que seguro lo han domesticado demasiado en su hogar. Sean padres biológicos o adoptivos. Con maltrato o sin maltrato. Cada cría humana reacciona de forma diferente, una vez que le han dado permiso para salir al ecosistema sin la compañía paterna.

Porque el equilibrio entre adaptación guiada y adaptación libre no es una línea recta. El ADN ya es algo diferente (en matices), porque la naturaleza odia la homogeneidad, lo hemos dicho muchas veces, entre otras cosas (que «odia»).

Además la sensación de pasarlo bien en compañía no se vivencia de la misma manera, por una mente o por otra. La naturaleza de cada uno influye, pero el medio social donde nos “han soltado” influye también. ¡Y mucho! A veces más que las capacidades genéticas. Porque nos las puede bloquear la intromisión de unas normas sociales demasiado rígidas.. 

Y todo apoyado en un acoso social profundo.

Aunque no son tan tontos como parecen…

Porque ser pardillo no es sinónimo de ser tonto. Solo indica que tenemos algo lentas las respuestas, por muy serias y certeras que sean. Así como tenemos algo dormida la capacidad de movilizar nuestro cuerpo, en consonancia con lo que estamos pensando. Actuamos más lentamente de lo que pensamos.

Sí, sobrevivir fuera de la cueva familiar no es nada fácil. De hecho, el haber nacido antes o después, ya nos puede marcar mucho el proceso de independencia personal.

Y si damos con una pandilla muy estratificada, lo tenemos muy crudo. Porque todos sus integrantes querrán tener algo de poder delegado (del líder), para hacerte la puñeta… y sentirse así ellos más “liberados/protegidos”.

La simpleza mental de Dave, en este caso, aún no le ha hecho sospechar demasiado de los que lo llevan en el coche. Su intuición puede ponerlo en guardia, pero lo aprendido en casa, sobre confiar en la policía, estará más arraigado como norma mental, por lo que cubrirá esa intuición del posible peligro.

Ese arraigo de normas sociales que ha mamado en su casa (la policía está para protegerte) es lo que forma su adn social negativo. Y decimos negativo, porque ha borrado casi por completo la desconfianza natural, que su instinto animal (intuición) le estaba insuflando desde que nació.

Y por eso al final se hacen, siempre, la misma puta pregunta…

En este caso de la peli, no es que se lleven su cuerpo en el coche, para esconderlo en un jodido sótano. Es que se van a llevar (robar) su mente. Van a dejar que ese cuerpo de niño se quede sin la mente que tenía, la que estaba relacionada con su ADN biológico. Y en su lugar se coloca otra mente, un adn social negativo, que lo va tener marcado para el resto de su vida.

Como bien dice Tim Robbins, haciendo de Dave adulto, el niño que era (su mente) ya no está con él. Ahora es un adulto, que no corresponde para nada con el Dave que estaba jugando en la calle con sus dos amigos. Se ha convertido en otro… lo han convertido!!!

Y es que no nos cansamos de repetirlo. El ADN conforma un tipo de mente determinada. Y si esa mente queda destrozada, aunque sigamos con ese ADN, ya no nos vale para nada. Porque nuestro cerebro se ve incapaz de hacer una lectura correcta de ese ADN.

Como explicamos aquí se forma una cubierta sobre el ADN, donde están escritas esas normas sociales recién aprendidas (por la fuerza), a los que llamamos genes sociales. La impronta que nos deja la SAD en nuestra mente.

Porque, no lo olvidemos, nuestro violador es una pieza esencial de esa SAD. Es uno de los adultos dominantes a los que bendice la mafia gobernante, aunque diga lo contrario.

Pero aquí es cuando intervienen los adultos cabrones…

Y por eso Dave siempre se acaba preguntando lo mismo. Y por eso el adulto acosador, que secuestra y viola a Dave, puede incluso ser un representante de la ley que, sarcásticamente, dice defender a las crías humanas, a las que va a violar.

Y por eso tiene las redes preparadas, bien preparadas y, como decimos, hasta bendecidas por la ley, tanto si es poli como si no.

Porque la “destrucción” que denuncia el adulto (poli o simple acosador), es haber escrito sus nombres sobre una capa de cemento aún blando que hay en la acera. Y es que son siempre ellos, los adultos con mando, quienes fijan las bases de la jodida partida que se va a jugar, con cualquier desamparado grupo de crías humanas.

Los adultos ponen las reglas y, como no, los castigos. Y los adultos tienen las armas materiales, y el saber psicológico, para doblegar la voluntad y el cuerpo de las crías humanas.

Las crías humanas solo tienen el cuerpo (y la mente) que va a ser violado(a) por el adulto. Mientras no llegan a la adolescencia tienen severas dificultades, para hacerse con herramientas defensivas mentales (filtros).

Sobre todo los muy cabrones…

Porque si funciona un adn social negativo en los adultos, violadores o no, es porque antes ha funcionado el injerto que se les ha hecho cuando eran crías humanas. 

Con 40 añitos ya eres un veterano del adn social negativo. Puede decirse que ya lo tienes en forma permanente. Casi imposible de borrar.

Primero te lo injertaron, a base de ideas sobre el poder y la sumisión. Luego fuiste haciendo las prácticas necesarias, para adquirir un máster en adn social negativo. Rematar en una pieza maestra de la maquinaria social de la SAD.

Y decimos máster, porque cuando has practicado bastante, ya te sabes todos los trucos del oficio de adulto cabronazo : como atacar a una cría, buscando siempre los puntos más débiles en su defensa mental.

Y por eso repetimos tanto, que son necesarias esas herramientas de defensa, que se van adquiriendo a lo largo de las etapas de maduración : infancia y, sobre todo, adolescencia. Cuando se “pierde la adolescencia” quiere decir que no hemos adquirido las herramientas defensivas adecuadas. No hemos hecho los deberes que tenemos marcados en nuestro ADN, como crías humanas que somos.

Porque un adulto puede llegar a ser muy, muy, cabrón!!!

Entre esas capacidades aprendidas por el adulto cabronazo, está, como hacen los “buenos” abogados, el construir un relato que se adapte a sus intereses. Que no son otros que maltratarte, lo más fácilmente posible. Empezando por el secuestro, para llevarte a su guarida.

Y si es tu maltratador padre, ya tiene medio camino hecho.

Porque el adulto siempre tendrá más datos sobre ti y sobre la sociedad que te rodea, para calibrar mejor tus puntos débiles y, sobre todo, los de esa sociedad.

De gente que debía estar para protegerte, y por desidia o interés económico, va a favorecer tu secuestro y posterior maltrato. Mirando para otro lado o sembrando pistas falsas, que impidan descubrir al cabronazo maltratador.

Empezando por tu propia maadre. Uno de los elementos claves en el maltrato generalizado de la infancia. Por miedo al amo de casa o por un llamado amor, que no es más que un síntoma de su Síndrome de Estocolmo del Machismo Clandestino. Alguien que parece disfrutar con el maltrato propio y el de su hijo, por mucho que llore y afirme lo contrario.

Y siempre siempre superarse a sí mismo (el adulto cabrón)…

Puede llegar a ser un depredador tan intenso y masacrador, que consigue borrar la propia esencia de quién, hasta ese momento, era una simple cría humana. Y ya estamos en el caso de que las crías humanas del principio sufran un maltrato. Porque, entonces, el injerto de ese adn social negativo, que se estaba formando poco a poco en la mente del chaval, pasa a ser insertado a fuego y con violencia. Como se le pone la marca del rancho a una simple vaca.

El chaval tímido, incluso miedoso, pero buena persona, pasa a ser un desecho mental.. y puede que físico. Ya no podrá ejercer de adulto normal, natural y libre. Será un adulto normalizado, homogeneizado, por la SAD, en función del papel que le han destinado : opresor u oprimido.

Porque seguro que el adulto Dave (el violado) y el adulto Jimmy (líder de la panda infantil y futuro asesino de Dave), por ejemplo, tienen una evolución en su adn social negativo totalmente diferente.

Aunque en el caso de Dave, acaba matando a un pederasta por un exceso de furia desatada.
Pero siempre se dan esas muertes excesivamente violentas con las reglas del mundo adulto. El mismo que favoreció la violación de Dave, como luego favorece su asesinato. Tanto del pederasta muerto por Dave, como de él mismo muerto por Jimmy. Porque ambos, Dave y Jimmy, ya tienen el mismo patrón básico de adn social negativo : «ojo por ojo».

Un adn social negativo NO tan diferente…

Porque ambos tienen el mismo patrón básico de adn social, pero su historia personal es muy diferente.

Uno fue maltratado, era el débil de la panda. El otro siguió siendo un líder y acabó pasando por la cárcel. Viene a ser el capo de una pequeña mafia del barrio. Un padrino de poca monta, pero un padrino (alguien que manda).

Y los dos acaban reaccionando igual : se cobran una víctima, siguiendo el mandato bíblico del ojo por ojo, y del diente por diente.

Pero uno mata a un pederasta, como lo eran sus violadores. El otro mata a un amigo, que fue maltratado. Y en vez de ser atenuante, el haber sido maltratado, se usa ese hecho para estigmatizar al violado (la víctima), considerándolo un posible violador. 

El colmo de los colmos… pero así actua un adn social negativo, en su esencia máxima. Obnubilando todo raciocinio genético humano (ADN), y cambiándolo por una mecánica de castigo totalmente irracional. Se cambia el cerebro por el estómago. El pensamiento por el instinto. La única diferencia es que el adn social positivo de Dave tiene más presencia que el de Jimmy, lo que los hace adultos diferentes en muchos aspectos de su manifestación humana.

Un adn social negativo de ex-amigo capo y desconfiado…

Un condenado por desconfiado… con algo (muy poco) de “razón”.

El padre de una víctima que no se para a pensar ni en la amistad, ni en el hecho de que su amigo fuese violado cuando ambos eran niños “de jugar tranquilamente en la calle”.

Que luego hizo de capo y es incapaz de darse cuenta que ese tipo de actividad no lo hace precisamente muy neutral al enjuiciar el crimen de su hija.

Que se deja llevar por la rabia machista de no haber sido buen padre… y la confesión de una esposa que no ha sabido tampoco comprender su marido (violado de niño). Desconfianza mucho más grave, la de la esposa, que la de Jimmy.

Estas cosas pasan, cuando el hogar de una cría humana no es “su” hogar precisamente, pero luego intentamos remediar lo irremediable cometiendo más barbaridades de las precisas. Y siempre para autojustificarnos ante nosotros y los demás. Un jodido ejemplo de adn social negativo.

Un ejemplo de adn social, ¿negativo o positivo?

Es interesante para nuestra reflexión, analizar el adn social del poli. Un amigo del Dave violado, que trata de comprenderlo, como trata de comprender al vengador Jimmy. Sabiendo que ya no son ninguno de ellos, el adulto hacia el que iban marchando, cuando les pasó lo que les pasó.

Porque se hizo poli para coger a los malos. Peor cuando se entera del asesinato cometido por Jimmy, ya no tiene tan claro lo que debe hacer. Eso no lo pueden enseñar cuando te haces poli.

Es ahí cuando se da cuenta que el adulto que es, ya quedó tarado para siempre. Y aunque sea un poli, se siente incapaz de castigar al asesino de Dave, porque piensa que lo hizo al creer que matara a su hija.

Quién era él para poner justicia, cuando tanto siendo niño, como ahora adulto, lo que le había demostrado  la realidad es que la justicia no existe. Porque ni Dave ni la hija de Jimmy eran culpables de lo que les pasó. Pero la sociedad los hacía culpables, por mucho que dijera lo contrario : Vienen a “decir” que Dave se lo encontró, en cierto modo, al ser el débil del grupo, y la hija de Jimmy se lo buscó, al querer irse decidida de “su”casa, por escapar de la protección (inexistente) de sus padres. Es el relato que la sociedad se cuenta a sí misma, para tener su conciencia colectiva lo más tranquila posible. Una especie de adn social negativo colectivo.

Un adn social de esposa, que no conoce bien al padre de su hijo…

Una condenada por desconfiada, que no tiene motivo alguno para desconfiar (tanto!) de su hombre. Si es que lo ama de verdad y lo ha visto actuar en los últimos años. Que tiene un hijo que adora a su padre. Y, desde luego, no podía ir a contarle su miedo a, precisamente, el padre de la rapaza asesinada.

Incluso si desconoce el pasado infantil de su marido, no puede poner en la balanza lo que tiene con él, en su vida en común con lo que puede esperar de contarle al padre de la víctima sus sospechas. Bastante poca cosa puede esperar, por cierto, si tenemos en cuenta de lo que estamos hablando : el asesinato de una joven amiga de la familia.

Pero ella también, como Dave y como Jimmy, tiene su propio adn social negativo. Bien cargado de miedo y de odio. Taras muy negativas, que no se pudieron neutralizar con otras positivas a lo largo de su vida en común.

No sería muy improbable que la esposa de Dave, hubiera perdido parte de su adolescencia (sino toda), con lo que eso supone para no tener herramientas que un adulto necesita imperiosamente, en los momentos más conflictivos.

Solo así puede actuar con tanto filtro social (de miedo y falta de confianza) ante su marido… y luego, sin filtro alguno propio, abrir su mente (no el corazón) ante el que podía tomar alguna medida en contra, precisamente, de su marido. Que no hay que ser muy lista, para notar que el Jimmy ya no era de fiar en frío, como para fiarse de él en caliente.

El adn social negativo nos impide ser vírgenes socialmente…

Para ver la suma importancia de un adn social negativo, por mucho que parezca no existir, podemos hacer una pausa en un protagonista casi clandestino. La cría humana, un preadolescente, que realmente mató, con su amigo del alma, a la hija de Jimmy.

¿Cómo es posible que esta cría humana haya aprendido a odiar a su hermano, tanto como matar a su novia?… no se sabe bien si por odio o por miedo (a quedar solo). Porque con ambas sensaciones se tiene que construir su adn social negativo.

Es como si el gen del odio al hermano, por tener novia (entre otras cosas) y el gen social del miedo al abandono, si se va con la novia, carguen de goma 2 su mente.

Para nada está prevista esa actuación, en su cabeza. Pero, como pasa con las partículas fundamentales, se puede hacer que el caos inicial vaya conformando una determinada salida. Y ahí está la pistola, tal que juguete mortal en la sociedad USA, para disparar esa rabia acumulada.
Porque siempre hay una “masa crítica”, sea de materia o de energía, que permite liberar toda nuestra rabia acumulada, sin que exista nada en nuestra mente capaz de paralizar la acción, una vez ya iniciada. Y eso le pasa al chaval de la peli o a una masa informe de revolucionarios, que intentan tomar su particular Palacio de Invierno. A fin de cuentas en una mente caótica siempre será el yo más radical, no el mejor organizado, quién saca mejor tajada de la revuelta. Porque va a tener un comportamiento cuántico (microscópico), aunque se trate de un cerebro macroscópico.

El largo y complejo proceso de aprendizaje

Y es que Mystic River nos enseña mucho sobre el proceso de aprendizaje de una cría humana, mientras va madurando en sus pasos de infante a adulto.

Pero es que este proceso de aprendizaje, tan complejo y tan poco estudiado, por mucho que digan lo contrario, en las Universidades del planeta, es extremadamente tortuoso. Y muy difícil de evitar que se vaya realizando fuera de los cauces considerados oficiales.

De hecho, son muy mediocres y domesticadores estos cauces oficiales : sean escuelas, institutos o universidades. Sean centros públicos o privados.

Da igual que sea la Universidad de Paris o la de Oxford, incluso una tan contemporánea como Harvard o Stanford, incluso el mismo MIT, el proceso de injerto que se va realizando sobre la mente del estudiante, es algo muy difícil de observar. Y, sobre todo, de evitar.

Tengamos en cuenta que, cuando hablamos de un proceso revolucionario, nos estamos olvidando que en sí mismo, contiene el proceso contrarrevolucionario “adjunto”. O paralelo, ya que se va a desenvolver al mismo tiempo que el revolucionario. Solo que mientras uno decrece, el otro va creciendo. No hay aún un antídoto preciso, que pueda impedir esa reinversión del proceso. Y, dada la mediocridad de la versión actual del homo sapiens, está bastante claro que estamos lejos de lograrlo. Para interferir positivamente, en ese archivo adjunto “contrarrevolucionario” es preciso primero ser consciente de su existencia, para luego estudiar cómo superarlo.

La tremenda dificultad de enseñar (lo que sea)…

Como los mitos griegos, la Ilustración Europea fabricó sus propios mitos.  Aunque, en este caso, puede decirse que la base científica de los mitos ilustrados, era bastante más potente que la de los clásicos griegos y romanos. Dónde , como mucho, podía vislumbrarse algo de filosofía que les sirviera de apoyo en su relato.

Si comparamos, por ejemplo, la visión del mito en El libro de la selva, y lo comparamos con la muestra que nos dan en El pequeño salvaje, en este caso sobre un hecho real, notaremos esa diferencia, en relación con la apreciación científica del cuento que se nos ofrece.

A Mowgli le instruyen dos animales, muy listos eso sí, pero al Víctor (de Aveyron) le instruye un médico, especialista en recuperar aspectos dormidos en una inteligencia humana.

Y este caso del niño salvaje francés nos permite ilustrar muy bien todos los pasos que se dan para conformar el injerto de un adn social en una cría humana. Un adn social que, en principio debería ser positivo, por corresponder a la natural y libre maduración de lo que viene escrito en nuestro ADN.

Pero que una intervención directa o indirecta de la SAD (sociedad adulta dominante) va modificando poco a poco. Desde que nacemos. Haciendo que lo que debían ser genes sociales positivos, mera prolongación de los genes biológicos, se muden en genes sociales negativos, porque llevan escrito algo diferente, desde un matiz a algo antagónico, con lo que está escrito genéticamente. De alguna forma volveremos a explicar el comportamiento de un ser humano, que se ve sometido al complejo de sumisión. La adaptación artificial a una obediencia ciega, en vez de una adaptación natural a ser capaces de regenerar una sociedad anquilosada. De lo que hablamos ya algo, al iniciar esta tercera parte del “atisbos sobre el alma que no existe”.

Siempre hay un punto de partida…

Porque en ambos tipos de injerto, el punto de partida es el mismo : una cría humana recién nacida. Biológicamente, como sucede normalmente, o socialmente, como ocurre cuando es encontrado lo que se suele llamar un “niño lobo”. Es decir, una cría humana que ha estado viviendo en modo salvaje desde que nació. Cuidado por una loba o sobreviviendo en la selva como buenamente ha podido.

Esa cría humana, criada en familia humana, más o menos normal, o en una cueva de lobos, tiene ante sí un futuro parecido : aprender todo aquello que debe aprender para sobrevivir en el ambiente dónde le ha tocado vivir.

Y ese proceso de aprendizaje tiene que ser dirigido (no manipulado) por seres humanos adultos, nunca un oso ni una pantera, por muy “inteligentes y guays” que sean.

Así que tomemos el caso de Víctor de Aveyron, para ilustrar cómo nos injertan los variados aspectos de lo que será nuestro comportamiento futuro, como humanos adultos, sea el ecosistema que sea dónde nos ha tocado vivir.

Iremos viendo algunos pasos de ese proceso, que son esenciales, seamos nacidos en cuna con posibles, pocos o muchos, o hayamos vivido parte de nuestra infancia en una cueva con animales irracionales. Y, sobre todo, que la reflexión es válida, hablemos de autistas o no autistas.

Y lo primero es estar limpio…

Si lo primero que hace un animal que ha parido es limpiar a su bebé, ¿cómo va a pasar por alto tamaña prioridad el ser humano?

Es vital que el ser humano que vive ensuciado, para que empiece a actuar como tal, se note suficientemente limpio, aunque en principio no “quiera”. No lo entenderá al principio, pero resulta evidente que debe “sufrirlo”, para notar que se halla en un proceso complejo de transformación (de animal a humano) : sin limpieza no hay muda posible. No es civilización, es simple necesidad higiénica.

Pero eso no lo sabe, así que ¿cómo va a querer bañarse con jabón?, si, además, eso le supone perder una parte  muy importante de su identidad : estar pegado a la tierra!!! L e estamos atacando su instinto, más vegetal que animal, de formar parte del suelo que conforma el planeta.

La limpieza no es una obligación social impuesta por la SAD, que también puede hacerlo, sino una necesidad biológica vital, para evitar que las infecciones se apoderen de nuestro cuerpo. Viene impuesta por la propia naturaleza del ser humano. Para retrasar la hora de su muerte.

Es un caso claro de gen social positivo, el mantenimiento de un cuerpo limpio, que solo supone dejar madurar el gen biológico de nuestro ADN. Y así formará parte de nuestro adn social positivo.

Y, como no, aprender a andar bípedo…

Y después de limpiar bien a su recién nacido, todo animal mamífero debe fijarse si las extremidades de su cría valen para cumplir su función caminante. Ya que sin ella, salvo en el caso humano, puede que deba abandonarlo en su lugar de nacimiento. No se puede defender la madre de sus depredadores si tiene un lastre del que tirar.

Y, por ese motivo. no existe una conciencia animal, para recapacitar si debe o no abandonarlo.

Así que Víctor debe aprender a mover sus piernas de forma que empiece a andar como un ser humano. Y, lógicamente, con sus manos debe aprender a hacer cosas más difíciles aún.

Y eso, que será de vital importancia con el adn social positivo, será mucho más difícil de adquirirlo, por haber perdido un tiempo de suma importancia, al no hacerlo de recién nacido. 

Son ese tipo de cosas que tanto les decimos a nuestro alumnado (decíamos) sobre que lo no aprendido en su momento nos pasará factura. Una factura muy importante, cuando necesitemos usar eso que no aprendimos. Y muchas veces, por no querer aprender.

Ah, las manos… y qué hacer con las manos???

En el bosque no hay puertas ni ventanas. Y para desplazar la rama de un árbol te puede llegar el instinto de un simio. Pero en una cueva doméstica (casa), hay necesidad de operar con las manos con mucha más precisión. Y sin meterse en los mecanismos más complejos de uso cotidiano, como, por ejemplo, dar cuerda al reloj.

Así que Víctor debe aprender a usar sus manos, mucho más importantes que sus pies.

Porque, como luego comprobará, debe aprender a comer usando esas mismas manos. Y de la forma más eficiente posible. Porque, entre otras cosas, ya no estamos en la Edad Media.

Pero es que luego veremos que esas  manos también sirven para acariciar… e incluso para hablar.

Y ¿cómo entrar en un mundo tecnológico (armas de piedra, rueda, muebles y ropa…) sin el uso adecuado de las manos?

Es importante controlar la función de relación…

Porque Victor no sabe que es la función vital de relación, la que define, con otras dos (nutrición y reproducción), al ser vivo, pero debe aprender a relacionarse con el medio donde vive, el ecosistema, y eso solo es posible si aprende a relacionarse con él.

Por ejemplo, comiendo.

Pero, como ya dijimos, aún más importante que la adaptación a comer será la adaptación a defenderse de los depredadores o, en nuestro caso, ser capaz también de cazar a otros animales.

Así que necesitamos entender una serie de normas sociales, que nos ayudan en esa tarea de adaptación al ecosistema.

Y todas ellas forman lo que podemos llamar, una vez aprendidas, adn social positivo. Porque son las capacidades escritas en nuestro ADN, que simplemente fuimos madurando, para hacerlas cada vez más efectivas.

E incluso aprender a “ser educado” en la mesa…

Pero, con esas normas sociales positivas (los genes sociales positivos) se nos inculcan (injertan) otras normas sociales, que no sirven realmente para una adaptación natural y libre a un ecosistema. Al contrario, son únicamente un medio para conseguir que lleguemos a ser piezas útiles para los adultos que controlan ese ecosistema (la SAD).

Ese conjunto de normas, no estrictamente necesarias para nuestro desarrollo vital como adultos, son normas sociales negativas. Aunque la sociedad diga que son muy positivas.

Y ellas forman lo que aquí llamamos adn social negativo (un injerto de genes sociales negativos). Porque saber comer en una mesa no implica saber usar un montón de cubiertos. Ese saber impuesto es solo una trampa, para que los que comen en una mesa pobre no lo necesiten estudiar. 

Y solo si van de siervos a una mesa rica, entonces es cuando se necesita saber. Necesitan ese gen social (como servidores). Podemos decir que funciona como un medio de selección social : los que saben, están arriba, sentados a la mesa, mientras les sirven los otros… y los que no saben, serán los que sirven a los que saben, así de simple (y complejo).

Se trata de una desigualdad social, que alguien llamó generadora de clases sociales.

Aprender a ver lo que no se ve…

Es lo que podemos llamar lectura de los efectos. No vemos directamente lo que causa un determinado efecto, pero sabemos APRECIAR perfectamente los efectos causados. En el caso del habla,por ejemplo, las vibraciones de las cuerdas vocales, que podemos notar mediante el sentido del tacto.

Como repetimos tanto en el blog, no solo se ve con los ojos. Cualquier sentido que tengamos en uso nos está ayudando a VER lo que miramos.

Y hay mucha gente que ni una sola vez se dignó tocarse el pescuezo, para notar las vibraciones de sus cuerdas vocales. No quieren saber.

¿Cómo va a querer enfrentarse de verdad a un espejo, para notar como le vibran los posibles circuitos neuronales que vaya creando mientras se observa a sí mismo?

Y es que lo llevamos diciendo mucho tiempo, cuando miramos al espejo no quiere decir que nos estemos viendo realmente. A saber lo que entra en nuestra mente, a partir de una mirada más bien superficial. O forzada por alguien que también nos está mirando. El típico amigo, a nuestro lado, que hace de enemigo, por ejemplo.

Así que toca aprender a reconocerse…

Y es que este cuento del espejo tiene mucho más importancia que el simple recuerdo del cuento de Blancanieves. No siendo despreciable lo que ese cuento nos relata. Porque algo básico, para un ser humano, es aprender a verse en un espejo. Dado que, mientras es una cría, aún no es cartesiano, y no sabe pensarse a sí mismo. Y menos si viene recogida del bosque. ¡Por lo que necesita aprender a verse! Dicho de otro modo, tiene que aprender a ver las cosas que no se ven.

Aunque en principio el susto será morrocotudo. Ya que no sabe si lo que está viendo es un amigo o un enemigo. ¡Pero lo importante es lo que aún no se ve bien!

Porque, antes de pensar en sí mismo, repetimos : tiene que aprender a VERSE!!!

Y una vez que se VE es cuando puede empezar a pensar en su propia identidad, diferente de la que podían tener los que lo rodeaban hasta que salió del bosque, fueran animales del tipo que sean.

Visto en el espejo, es cuando se identifica con ese ser humano que le cuida y que trata de comunicarse con él (algo muy importante), y, sobre todo, es cuando puede empezar a sentirse seguro : primero, se siente cuidado, y, luego, empieza a existir como algo diferente del animal que salió del bosque. ¡Ni más ni menos!

Una vez que te ves fuera de ti, ya puedes pensarte…dentro (de ti)!!!

Como tanto repetimos en el blog, no es lo mismo mirar que ver. Nunca te verás, por mucho que te mires, si antes no aprendes primero a distinguir esos dos conceptos. Porque para mirar no tienes que pensar, solo dirigir la vista hacia un punto de la realidad que tienes enfrente. Pero para ver, y mucho más para VERTE, tienes que aprender a pensar en ti mismo, como un ente independiente de esa misma realidad. Si no independiente (al 100%), sí muy autónomo, por lo menos.

Porque mientras no se vea en el espejo, Víctor no puede pensar en sí mismo, tal como decía el Descartes. No llega con lo que le diga el doctor Itard. Necesita saber que en el espacio tiempo que está ocupando hay algo, un ser material (por lo que parece, el “alma” no se ve), que puede representar su esencia como ser existente. Se hace así cartesiano, sin haber estudiado ni pizca de filosofía.

Y es que nada nuevo podrá aprender esta cría humana, si antes no se identifica consigo mismo.

Porque ESO, es lo que hacemos todas las crías humanas, cuando dejamos la etapa infantil, para hacernos adolescentes, pasando por esa previa de la preadolescencia. En ella es cuando nos ponemos delante del espejo, y por primera vez podemos notar (antes era imposible), que tenemos identidad propia. Esa identidad que iremos formando, si nos dejan, durante la etapa adolescente.

Una etapa vital, nuestra adolescencia, que nos servirá para fijar esa identidad propia, natural y libremente madurada, o seremos, por el contrario, el modelo de pieza social que la SAD ha conseguido formatear. Una pieza más en la maquinaria social dominante. Entonces es cuando aquí decimos que se ha perdido la adolescencia.

Como el sonido que sale de nuestra garganta…

Pero si tenemos un adulto que haga de tutor, no manipulador, entonces podemos encauzar nuestro desarrollo vital con la naturalidad y libertad, que todo acto educativo (no domesticador) precisa.

Y así, siempre con la ayuda de un adulto, iremos aprendiendo todo ese universo de cosas que existen, pero que no somos capaces de ver.

E incluso, si tenemos suerte, podremos aprender a diferenciar las cosas que no se ven, pero existen y las que no se ven y, además, no existen. Para eso están los llamados (aquí) filtros propios. Esos que se tienen que elaborar durante la adolescencia. Y que no los tendremos montados si nos hacemos adultos, habiendo perdido esa parte (constructora de filtros)de nuestra adolescencia.

Porque las cosas que no se ven, pero tienen efectos materiales, como el viento, necesitan de un proceso de aprendizaje muy complejo y profundo. No se suele aprender mirando a las moscas en clase, por ejemplo. Aunque en muchas clases lo que se aprende tampoco valga de mucho, para ser un adulto completo.

Y hablando de espejos, podemos decir que usarlos como se suelen usar en Instagram no es precisamente muy liberador. Los filtros propios no tienen nada que ver con los filtros ajenos de las redes sociales. Mirarse al espejo demasiado, tampoco es muy saludable.

¿Y qué otras cosas hay que no se ven?

Suelen ser las más importantes, por ejemplo, ¿qué podemos decir de notar lo que transmite una caricia?

Esta es la parte de la función de relación en la que no solo fallaba Víctor. Porque es una pauta general de comportamiento social negativo en el ser humano. ¡Y cuánto más actual, más notable! La falta de empatía hacia los demás y, acompañado, de una falta total de interacción cariñosa. Las emociones no se fomentan, teniendo un control racional de las mismas, sino que se tienen encerradas y dejan libres como el viento, para que en momentos de ira se conviertan en auténticos motores homicidas.

Pero NO hay posible reintegración en una comunidad humana, si no se recupera la pauta de ayuda y cariño de una madre. Da igual quien fuera y da igual el tipo de ayuda que recibiera. En los primeros años de vida de Víctor, como en cualquier bebé mamífero es vital el cariño materno. Y si no lo tuvo, lo necesita recuperar. Porque su falta es un tremendo trauma. En cambio, su existencia es un refuerzo para una maduración natural y libre. Y eso lo sabe muy bien el doctor Itard.

No se pueden desarrollar las capacidades que nos marca el ADN, si no se puede hacer en un ambiente de mantenimiento físico y psíquico. La inteligencia emocional no necesita tanto de sustancias químicas, lo que sí necesita es su combinación con la inteligencia racional, para lograr esa maravillosa sensación de paz, que nos puede dar una caricia materna. Y luego las de otros seres humanos. Ese es el paso que permite ir desarrollando nuestra capacidad emocional, en vez de dejarla  amputada, para nuestra etapa adulta.

Víctor necesita aprender que las caricias humanas son una forma de lenguaje, mucho más fácil de aprender (si la SAD no se interpone) y, sobre todo, más potente que el lenguaje oral o escrito más refinado.

Los humanos también aullamos…

¿Qué nos diferencia básicamente del mundo animal irracional?

Lo más esencial es nuestra capacidad de usar la inteligencia para controlar nuestra adaptación al ecosistema donde vivimos. La parte racional debe controlar lo más fríamente posible la toma de decisiones, cuando barajamos diferentes opciones.

Pero esa racionalidad humana, estaría amputada sin la parte emocional, que nos hace más comprensivos con los demás, más empáticos, que los animales básicamente instintivos. Nosotros podemos dejarnos llevar por esas emociones, en situaciones que necesitan de ellas, para evitar un desastre humanitario, por ejemplo.

Pero al mismo tiempo, debemos ser capaces de controlar las capacidades irracionales que aún tenemos, como la ira, cuando se necesita ese control, precisamente para evitar el comportamiento inhumano que estamos a punto de tener.

¿Nos suena esto a lo que sucede en Gaza, en este julio del 2024? Por ejemplo.

Porque en el fondo también somos animales…

Y cuando nos comportamos como animales irracionales, simplemente dejamos de ser animales humanos.

Por eso nuestro Víctor tenía por momentos esos ataques de ira, tan instintiva como terrible, al comprobar que los demás no entendían nada de lo que le pasaba. Y eso que su nivel de entendimiento no era muy alto. Pero sentía que no se realizaba, ni siquiera como cría de lobo. Los humanos le fallaban en algún momento, o eso le parecía a él.

Por muy buen tutor que fuera el doctor, no podía atender los niveles de alta necesidad que tenía Víctor. En este caso un autista actual sería solo algo parecido a lo que podía ser Víctor, como”animal” incomprendido.

Y ahí es cuando Víctor aúlla. De rabia. Como en alguna ocasión, el doctor aullará de dolor al sentir los colmillos de Víctor enganchados en su carne.

Puede que ahora entendamos mejor el papel que juegan las caricias, en el cuerpo de Víctor. Calmarlo, con un tipo de lenguaje al que no está acostumbrado, pero que, por simple ADN, una cría humana (incluso en fase irracional) percibe como algo positivo. Un comienzo para entenderse…

Y también toca pensar en lo que nos rodea…

Las caricias físicas son importantes. Nos hacen madurar emocionalmente. Pero las caricias mentales también lo son, nos hacen madurar racionalmente. 

Y sin esa maduración racional no hay contril posible de las emociones. Acabaríamos dominados por ellas, tal que animales instintivos. Sin operatividad intelectual.

Porque, entre las capacidades humanas más importantes, está el lenguaje, oral y escrito. Imprescindible, aún siendo autista, para establecer un principio de comunicación, que nos lleve a establecer una comunicación fluida.

Porque sin él somos incapaces de recibir conocimientos del exterior y, por lo tanto, no podremos adaptarnos al ecosistema.

Y si no nos podemos adaptar más que por instinto, como dijimos antes, poco nos diferenciará de los animales irracionales.

Partiendo siempre de nosotros mismos…

Y de quienes somos realmente… De nuevo volvemos a la importancia del espejo. Aunque en este caso se limite a un simple encerado (con profe incluido). Pero ya necesitamos leer.

Porque será él quién nos devuelva nuestro nombre. Lo que, en esencia, somos : un nombre, al que le debemos ir dando contenido.

Porque Víctor no es una simple sucesión de letras. Víctor debe ser un ente, que está vivo siempre que se piense a sí mismo y, con ese pensamiento, se vaya llenando de ideas sobre la realidad que tiene delante.

Sin ese trabajo de identificación y organización de datos, nada es ni puede ser.

Así que debe entender que leer la realidad será su salvación para tener una adaptación positiva al ecosistema donde le tocó vivir. Sobre todo si ese ecosistema sufre cambios, como es lógico en un sistema en constante evolución. 

Y luego avanzar por el mar de la comunicación…

Para dialogar con el exterior, los otros seres humanos, empezando por nuestro tutor, es indispensable conocer el código de ese lenguaje. Sea el que sea. Incluso  de signos con las manos, si nuestra garganta es incapaz de emitir sonidos.

Porque además el lenguaje es cualquier código que sirve para comunicarse. No tiene porqué ser con letras, puede ser con notas musicales, con gestos, con secuencias de humo… incluso existen los silbos, que usan diferentes sonidos que se hacen al pasar aire soplado entre los dedos.

Y por ese motivo, está muy claro que los aullidos de los lobos forman su propio lenguaje. Solo hay que ir aprendiendo el de los seres humanos. A ser posible no olvidando aquello que ya se sabe.

Porque el lenguaje nunca sobra (sus componentes), incluso si no se tiene con quien practicarlo. La evolución consiste en partir siempre de lo conocido, no admite pérdidas innecesarias, que luego puedan ser necesarias… y, con lo cual, se retrase mucho volver a enganchar el proceso evolucionista ya iniciado.

Algo que, podemos decir, nos está pasando a la versión actual del homo sapiens, que somos los actuales seres humanos de este planeta.

Llegando incluso a visitar las profundidades del océano…

Y luego de aprender a hablar, o al mismo tiempo, se debe aprender a leer.

Porque todo libro es un mar de conocimientos. No llega un simple manzano, para guardar todo lo que Eva quería saber en el Edén. Se necesita un enorme campo de manzanos.

Como se necesita una cantidad casi infinita de libros. Pero hay que empezar por uno… el que más nos apetezca, cuando ponemos nuestros ojos sobre él.

Pero es cierto que todo empieza con un libro. Como en su momento empezó con una sola manzana. Desobedecer la orden divina, de que no debía leer el libro del manzano, es lo que diferencia a un ser humano, como Eva, de una esclava sumisa, como la quería tener Yahvé.

Así que Víctor debe aprender a leer, para leer los libros que le ilustrarán sobre la realidad que le rodea. Dándole los filtros necesarios, para no dejarse manipular por la sociedad adulta dominante, que lo querrá meter en un zoo, para disfrute de las crías humanas (con posibles)y sus papás. Haciendo  escarnio de la especie y anulando en lo posible la capacidad regenerativa de esas crías humanas, que lo contemplan encerrado.

O aprender a contemplar la inmensidad del universo…

Ya que hay que aprender a ver lo que nos rodea, más allá de que venga o no en un libro. Porque hay muchas otras cosas para “leer”, los libros son solo una parte muy pequeña de la realidad. Y muchas veces la cuentan tan desfigurada, que la hacen irreal.

¿Cuántas veces miramos un paisaje determinado, pero no somos capaces de ver nada concreto en él, por ejemplo? Si nos lo preguntan un poco después, nos quedamos como mudos.

Ya en la infancia, tan importante como el amigo imaginario interior, debemos ser capaces de observar lo mejor posible el mundo exterior. Y mucho antes de encontrar algún amigo real que nos ayude en la observación.

Así que se necesita combinar el saber embotellado en los libros, con la realidad que mana diariamente de las fuentes que hay repartidas por el planeta.

Nada nos debe asustar más que la ignorancia. Pues ella será el caldo de cultivo para favorecer, que la sociedad adulta dominante (SAD) nos impida realizar nuestra tarea genética de regenerarla. Y si no, que se lo pregunten a la Eva del Génesis.

Para lo que se necesita mucha capacidad de visión!!!

Ver/leer lo que miramos es el alimento de nuestra mente.

Igual que la leche nutre nuestro cuerpo, la observación del medio supone un aporte energético para nuestra mente. Experimentamos el fenómeno de la visión, con todos sus mecanismos de maduración mental, que supone el hecho de ver.

Muy simple y muy complejo, al mismo tiempo.

Y cómo vamos a regenerar nada, si no somos capaces de verlo realmente tal como es? No como nos lo cuentan : todo casi perfecto. Y las “mejoras” ya están previstas por los adultos dominantes.

Y por ese motivo, tratan de que nos conformemos con ver lo que miramos, sin que sepamos realmente que solo estamos quedando con una visión parcial y muy manipulada. ¡Ver es otra cosa! Como la leche desnatada no es precisamente leche…

Y con los filtros necesarios, si queremos hacerle visitas…

Y una vez que estamos preparados para salir de la cueva familiar, necesitamos aprender a sobrevivir en el proceso de adaptación más difícicl que tiene un ser humano. Madurado en una cuna o madurado en pleno bosque. Se trata de interactuar con la especie humana.

Sea de uno en uno, o sea en grupo de varios. Esa tarea es titánica y puede dejarnos huellas muy jodidas. Auténticos traumas.

Y, por ese motivo, repetiremos de nuevo, que se trata de ver a los demás. No creer que son lo que nos enseñan esos adultos, que controlan el poder. Sea un poder político, sea un poder escolar, sea simplemente el colega que detenta el poder en la pandilla de amigos.

No podemos fiarnos de lo que nos dicen. Es necesario filtrarlo constantemente.

Pero, para eso se tuvieron que construir los filtros mentales propios. Los que se hicieron (o se debieran hacer) en la adolescencia, y que se irán perfeccionando a lo largo de la adultez. Incluida su última fase, ya de viejos.

… al mediocre género humano!!!

Porque la versión de homo sapiens, que viene a ser el ser humano actual, es algo a lo que se debe temer. O, por lo menos, efectuar la interacción con él teniendo en cuenta determinadas precauciones.

No ha conseguido la naturaleza pulir suficientemente esta versión actual. Debió pensar que, mutando el neandertal ya podía descansar un poco, al lograr esta nueva versión sapiens. Pero no es así.

Aquí pensamos que se precipitó. Debió dejar algo más de tiempo (geológico), para que se fueran asentando las capacidades del neardental, antes de permitir la introducción de nuevos cambios evolutivos.

Realmente fue acumulando en el ADN humano demasiadas capacidades, que no estaban muy experimentadas, como la de regeneración social, por lo que fueron neutralizadas con relativa facilidad, por los adultos que dominaban la sociedad a la que deben salir las nuevas generaciones de crías humanas.

Facilitó así la maniobra opresora de los adultos, al poder injertar un adn social negativo, que ocupara el lugar del adn social positivo, que estaba previsto por la naturaleza. No anduvo fina la naturaleza. Pero es que la finura absoluta no existe, es una utopía más.

Lo que queda de la grandeza británica!!!

Y puestos a contemplar el panorama universal, nada como echarnos una reflexión sociogenética sobre el relato de una familia aristocrática inglesa. Ya cuando la Great Britain estaba dejando escapar sus aires de inmensa grandeza, en el dominio de los continentes terrestres.

Para ello, nos sirve esta bellísima expresión televisiva Retorno a Brideshead. Con su Charles, con su Sebastian… e incluso con su osito, un buen símbolo para representar a todos los británicos que seguían a los pies de los caballos aristocráticos. 

O de los coches de la Gran Burguesía británica. Esa aristocracia venida a menos, que intentaba ocupar el lugar dejado por los monarcas ingleses. Y que tan bien representan los mediocres gobernantes, que produce Oxford, por ejemplo, tan llenos de alcohol y tiempo perdido, que son capaces de llevar a la GB a un miserable lugar como nación independiente.

Ahora ya no hablamos de una cría humana a la que atendieron unos lobos. Ahora hablaremos de unas crías humanas a las que atendieron unos adultos, que son mucho peores, que los lobos de cualquier bosque europeo (si quedan).

Pensaremos unos días, sobre “los adultos que llevaron” a Europa por el camino del colonialismo y la destrucción de otros países, incluida la propia Europa. Y sobre aquellos europeos, también adultos, que se dieron cuenta del problema y trataron de cumplir con la obligación regeneradora que nos impone el ADN humano. Unos continuadores de los ilustrados franceses, ni más ni menos.

Centrada en dos humanos (machos) y un juguete…

Dos seres humanos que representan la dos clases sociales que tienen sentido para la aristocracia británica : lo auténticos aristócratas y los advenedizos que, tal que neohidalgos, se pueden considerar cercanos a ellos y muy diferentes de la clase social baja, por definición los siervos. Aunque esa palabra ya no se use normalmente en el lenguaje corriente.

Y es muy importante el juguete que siempre lleva Sebastian en su mano. Representa, ese osito, a todo ser humano que nació para servir a la aristocracia allí donde reside. Desde el oso real que se caza en el bosque, hasta el siervo que sirve la mesa, pasando por el bufón que le entretiene.

Aunque tenga representantes vivos del ecosistema servil en su propio palacio, no quiere mancharse las manos tocando a gente, que puede ir muy limpia y hasta oler bien, pero no dejan de ser el eslabón final de la cadena social. Prefiere acariciar una representación simbólica, de algo que le puede hacer compañía, cuando la necesita, o dejarlo abandonado en cualquier sitio, cuando decida pasar de él.

Porque estos seres humanos, los siervos, no son totalmente invisibles, sobre todo si sirven en el palacio o los lugares de diversión que frecuentan, pero no son dignos de ser mirados y, mucho menos admirados.

Ellos son una chusma útil, comparados con estos dos, que son los que realmente cuentan : un aristócrata y el nuevo hidalgo (burgués liberal)…

Dos machos bien protegidos…

¿Qué nos puede decir la Sociogenética de este par de elementos, esencia de la aristocracia y de sus allegados (descendientes)? 

Teniendo en cuenta las reflexiones que hacemos en el blog, sobre el hecho de aprender a ver las etiquetas o genes sociales que forman los estereotipos humanos, y de ellos sus arquetipos derivados, solo hay que ir viendo el proceso de maduración de esta gente, que se relaciona en el entorno (pequeño ecosistema) de Brideshead.

Dejamos de lado al pueblo británico, que tan bien representa el osito de peluche (adorado por Sebastian) y que viene a ser el amigo imaginario, colaborador de estabilidad anímica en la infancia, pero totalmente inútil en plena adolescencia.

Y nos centramos en la parte masculina de aquellos británicos, que aún tienen un paraguas para resguardarse de las sucesivas crisis sociales.

Porque ya lo llevan en su etiqueta social, incluso de nacimiento. Este tipo de seres humanos “merece” ser tratado con total respeto, y recibir todo aquello que le sirva para triunfar como lo que es : el futuro que asegura la NO regeneración social de la SAD (sociedad adulta dominante). Los demás seres humanos están para servirles. Y llamadme exagerado.

Aunque uno, ya solo tenga restos de un imperio…

Porque sí. Porque el pueblo británico, perdió el Imperio británico que su aristocracia y alta burguesía tiraron por la borda. Y nunca mejor dicho lo de la borda. Pero que, ahora, le toca seguir pagando a esos perdedores, para que sigan perdiendo los restos de ese imperio.

Es el capitalismo. Y no precisamente un capitalismo burgués bien organizado. Aunque Lenin tampoco acertó mucho, cuando predijo, cual Oráculo de Delfos, que el imperialismo sería la tumba del capitalismo. Le faltaba mucho Marx por estudiar. E incluso un poco del otro (Groucho), por disfrutar.

Pero sigamos con el papel del etiquetaje social, aquí también llamado genética social o sociogenética. Algo que aún no viene en la Wikipedia.

Porque ya dijimos muchas veces, que preferimos hablar de gen social, en vez de etiqueta social o alguna palabra de ese estilo. Como preferimos hablar del injerto de un adn social negativo (o positivo) en vez de conceptos ya muy usados, y más difusos, como personalidad, forma de ser…

Y es que ser imperialista es algo más que tener una personalidad dominante, con ganas de acumular poder. El imperialismo es una forma instintiva de manifestar tu poder, machacando a otros seres humanos, a los que consideras inferiores y que siempre serán necesarios, para demostrar ese poder, precisamente. No se nace imperialista, pero una vez hecho resulta muy difícil cambiar de rumbo. Eso es lo que significa tener un gen social negativo, injertado en tu mente. Y eso te hace imperialista, incluso en actividades cotidianas o domésticas. No se necesita ser la Reina Victoria.

Y el otro sea un burgués diletante…

Parece ser que Charles representa el adn social (positivo y negativo) del burgués británico, que ya no puede ser aristócrata, y menos desde la Revolución Francesa, pero que no quiere perder ese privilegio, que parece ser el gen social básico de  esa aristocracia en decadencia.

En cierto modo está en las antípodas del Príncipe de Salina. El aristócrata de El Gatopardo, que reconoce el paso a segundo plano de su clase, y ya solo le queda despedirse con honor. Mientras la burguesía del alcalde burgués, consigue el apoyo de los restos aristocráticos (obsoletos) de su sobrino.

Este Charles ya tiene claro, también, que no puede ser aristócrata, pero se niega a perder la prerrogativa cultural (por lo menos) que da ese rango de poder. Por ese goce artístico, claramente paraaristocrático, no le importará navegar al borde  del infierno social, que representa ser el ilustrador y compañero de juegos de Sebastian, último reducto, como decimos, del imperio británico y que, como un pobre Odiseo, navega hacia su desaparición, sin querer renacer en una nueva Ítaca.

De alguna forma, tampoco Charles desea hacer un viaje hacia su Ítaca personal, demasiado penoso y, sobre todo, con un resultado tan incierto.

Como en la Revolución Francesa, Charles, tiene bien claro que sale del pueblo (burgués), pero no quiere volver al pueblo.

Y todos ellos, los ricos, viviendo bajo la cúpula del poder…

Y así tenemos otra gran frase del Gatopardo : Todo debe cambiar, para que nada cambie.

Sean aristócratas, dispuestos a cambiar su estatus, o burgueses, dispuestos a cambiar sus ideales, TODOS firmarán por dejar al pueblo pobre, en “su sitio”.

Esa es la ideología que triunfa durante el siglo XIX, que unos sean ricos (los menos) y otros sean pobres (los más). Nada nuevo, socialmente, bajo nuessro Sol.

Y la cúpula de las iglesias y los palacios lo representan a la perfección. Porque es la forma de que el cielo solo pueda estar sobre la cabeza de los poderosos. El resto de seres humanos no se merecen ese privilegio.

Y la diferencia es que la aristocracia si podía ser algo ilustrada. Y por eso eran mecenas de artistas. Pero la burguesía es demasiado pragmática, demasiado paleta, para ser auténticos mecenas. Como saben que ya no pueden ganar el cielo de los justos, les llega con ser coleccionistas de arte, para rentabilizar así  sus inversiones. Para la burguesía, el cielo siempre puede esperar, a que termine de hacer “sus” negocios.

Formando núcleos familiares aristocrático-burgueses muy endogámicos…

Y por eso se puede decir, examinando la historia humana, que la burguesía ha hecho que el poder establecido haya bajado varios escalones, en la pirámide de expresiones artísticas de la humanidad. Aunque su endogamia sea menos regia que la de los monarcas europeos.

Ni son capaces de erigir pirámides, ni mucho menos de favorecer un Renacimiento de la Humanidad… lo suyo es mejorar la tecnología de la guerra y el tráfico de seres humanos. Para sacar así pingües beneficios, por encima del despojo económico, que ya hiciera cualquier poderoso señor de la Antigüedad.

Porque el llamado hombre (ser humano, macho o hembra) no es un lobo ni un chacal. Animales muy dignos en su territorio de caza.

Ese hombre (burgués) es un indigno producto evolucionado, que solo ansía poder, para manifestar su odio artificial, ganado a pulso, por los demás seres humanos. En especial por aquellos que no le bailan el agua, cuando ese poderoso burgués decide mandar, incluso dando órdenes inhumanas.

La burguesía se cargó de los genes sociales más negativos, que portaba la aristocracia, dejando otros que suponía el lado menos oscuro del poder aristocrático. Se fue claramente a menos. Y, como no, el Príncipe de Salina tenía toda la razón.

Y así generando nuevos vínculos de poder!!!

Porque, como pasa en la saga de WS, entrar en el lado oscuro de una fuerza muy poderosa, es perder la conciencia  de ser uno mismo, para ser lo que  determine el poder oscuro que en ese lado reside.

Que, como es lógico, no es ningún genio o poder inmaterial, que te domine. En absoluto, es simplemente el conjunto de genes sociales,que te han injertado y que deciden por ti lo que has de hacer en “tu” nuevo futuro.

No hay, en este caso, un poder del lado oscuro, quien controle al joven Skywalker… es simplemente el injerto de un adn social negativo, por parte de los agentes humanos, que tiene la delegación de la SAD (sociedad adulta dominante), para efectuar ese tipo de injertos. En la realidad no hay ni Yodas ni Palpatines, solo adultos dedicados, en cuerpo y alma, a controlar todo aquello que se produce en tu mente. Sobre todo lo que eches de puertas afuera.

Ni más ni menos. Ni menos ni más.

Y con el capitalismo, sea privado o “público” (sovietismo), estamos comprobando el mal perder que tiene la burguesía, en relación con la forma de “irse” que ha tenido la aristocracia. Que no toda ha sido la versión suave del Príncipe de Salina, pero sí han evitado las masacres (en guerra declarada o encubierta, incluida la permanente hambruna planetaria). Sin contar, por ahora, la posible extinción de la especie humana, sobre la superficie terrestre, tan perseguida desde que la burguesía tomó el poder.

Todos aspiramos a algo…

Incluso Sebastian aspira a ser feliz. O, por lo menos, se siente desgraciado por no conseguirlo, ya que no es nada tonto y sabe (o intuye) que la sociogenética, aún en pañales, le tiene marcado un futuro muy poco halagüeño.

Las aspiraciones de Charles se limitan a ser como las de Sebastian, sus condiciones de vida, ya que él está seguro de que le colmará con enormes sacos de felicidad.

Y el osito Alysius, símbolo del pueblo británico, a ras del suelo y a los pies de la aristocracia, y, cada vez más de la alta burguesía británica, solo puede aspirar a ser algo. Lo que significa ese ALGO, resulta difícil determinar, ya que depende de las muchas mentes pensantes, que en ese momento forman el pueblo británico.

Pero, como el pueblo llano del mundo, incluido su lumpen proletariado, se contentaría con tener cama y comida.

Algo que a Charles no le puede llegar, dado que, como buen burgués ilustrado (claro gen social), sus apetencias cubren otros aspectos más culturales. Necesita alimentarse del arte, por ejemplo. Ese arte que, hasta entonces, estaba en las manos de la aristocracia, aunque tampoco supiera apreciarlo en todo su valor estético. Recordemos, cómo no, las profundas reflexiones sobre el particular de nuestro amigo el Príncipe de Salina (El Gatopardo).

Sí, aprender a tener el poder no es nada fácil…

Y hacer algo útil con el poder que se posee es muy muy difícil. Y, desde luego, evitar sucumbir a ese poder que «te» posee, ya es imposible. Porque no llega con nacer con una etiqueta incorporada. Como demuestra la historia, se tiene que ganar esa etiqueta, para que el propio poder no te devore. Aunque al final, nadie puede escapar a ser engullido.

Saber las reglas del cricket no te hace buen jugador. Y el poder es mucho más complejo que cualquier deporte. O lo dominas o te domina. Aunque, como dijimos, es raro que alguien pueda dominarlo durante mucho tiempo. Como mucho durante su vida, aunque sea bien larga.

Al final siempre hay un jugador que se cabrea contigo y decide instaurar otras reglas del juego. ¡Y te jodes! Da igual que seas un rey o un capo mafioso.

Porque el poder tiene algo de cuántico. Solo que funciona igual a nivel microscópico que macro. Y, por otro lado, no le gusta demasiado la superposición de poderes. Donde hay uno, si es muy potente, no suele haber cabida para otro.

Y así se escribe la cuántica del poder.

Como aprender a depender de él, tampoco…

Como dijimos el aristócrata se considera con derecho a despreciar el arte, pero el burgués lo necesita, porque viene a ser el residuo aristocrático que más oropel le dará.

El modo de producción económica ya no le funciona como tal. Ya no da suficiente beneficio. Porque el feudalismo solo produce para soportar una riqueza de mantenimiento de una minoría social. Pero no puede aumentar esa minoría, al basarse en la servidumbre del ser humano, es decir de la mayoría social, pero sin rentabilizar su esfuerzo físico y mental.

Se necesita una nueva relación laboral con la fuerza de trabajo.

Se necesitan genes sociales que le hagan creer al trabajador que es libre. Que su fuerza de trabajo le pertenece y, por lo tanto, si se la alquila al burgués lo hace libremente. Es el antiguo cuento del negro esclavo sureño USA, que se considera libre, porque sus nuevos amos le dan trabajo, casa y alimento. Aunque no quiere ver que se lo cobran todo con un exceso de sudor corporal. Y que sin el dueño de los medios de producción su fuerza de trabajo no le vale para vivir en una sociedad industrial.

Trabajar para el empresario no es libertad, como le vendieron, es otro tipo de escalvitud más sofisticado. Ni siquiera tendrá tiempo para disfrutar de ese arte, que puede notar como algo existente, pero que ahora es más burgués que nunca. Y aunque se lo dejen admirar de cuando en vez, pagando una módica entrada.

Pero el poder puede ser una fuente de inmenso placer…

En esta imagen tenemos en esencia lo que significa un gen social : el tipo de vida que queremos llevar.

Porque eso no está escrito en nuestro ADN, eso viene marcado en ese gen social que nos van injertando desde que nacemos. Sea en cuna regia, en cuna noble o en cuna pobre (incluso sin cuna).

Y el tipo de vida no solo supone el disfraz de poderoso, también conlleva el poder de ejercerlo. Lo que nos permite oprimir y sentir placer de la opresión que ejercemos. Y siempre sobre otro ser humano, o un grupo de seres humanos, lo que supone un mayor goce.

Pero sentirse opresivo, de otro ser humano, y ser capaz de soportarlo,incluso sintiendo placer, como decimos aquí, no es algo genético. Nuestro ADN nos da un tipo de capacidad que no admite ese tipo de opresión. La SAD nos cambia la empatía social (gen biológico) por la insolidaridad y el deseo de oprimir (gen social negativo).

Se necesita un gen social específico, que sea negativo, para anular ese asco innato por oprimir a otro ser humano, sobre todo de tenerlo como esclavo, y sustituirlo por el contrario, el que nos induce a disfrutar del hecho de pisarle la cabeza a un ser humano.

Incluso aunque ande algo averiado…

Y buena pregunta de Charles : ¿Qué haría un aristócrata sin un burgués que le apoye? Como bien aprendieron tras la Revolución Francesa, unos y otros, era necesario aunar sus intereses sociales, para poder sobrevivir en los nuevos tiempos postrevolucionarios, como clase social

Había que controlar el cambio social, para que el llamado pueblo(la plebe) no saliese demasiado beneficiado.

Claro que ese acuerdo solo era temporal. Una vez que la burguesía comprobó que la nobleza solo podía frenar el avance en la producción económica, necesitó tirarla por la ventana.

No iba el burgués a deslomarse, como había hecho el siervo, para que unos inútiles aristócratas siguieran viviendo del cuento. Era la hora de hacer el cambio “de verdad”. Tomar el mando de la nave, si no querían “hacerse” un Titanic.

Una vez hecha la revolución tocaba tomar el poder absoluto. Y preparar a las nuevas generaciones, de opresores y oprimidos, a vivir de acuerdo con “su clase”

Lo único que necesita el poder es ALGUIEN a quien oprimir, oprimir y oprimir…

Es decir, que el poder establecido pueda tener a seres humanos a los que explotar, para exprimirles la fuerza de trabajo necesaria que mantenga ese nivel de poder, adquirido mediante algún tipo de lucha.

Así que no resulta muy difícil, teniendo en cuenta esta necesidad social de explotación, entender la razón principal, para que la sociedad adulta dominante, tenga en uso ese adn social negativo. El que le permite neutralizar la capacidad regeneradora genética de las crías humanas, pudiendo, así, mantener su nivel de explotación humana. 

Por eso se pregunta Sebastian, algo que Charles aún no tiene del todo claro. Porque Sebastian ya experimentó, aunque sea indirectamente, lo que se siente explotando a un ser humano. Y no le gustó demasiado.

Pero Charles es el típico burgués, que aún piensa que organizando mejor esa explotación se puede hacerla “más humana”. Por ejemplo, liberando a los negros del Sur (USA) para esclavizarlos “libremente” en las fábricas del Norte. Vendiéndole además la casa, la comida y la ropa.

Ya bien lo decía el Príncipe de Salina : cambiar todo para que nada cambie. A él no lo podían engañar los arribistas burgueses. Porque era un amante de observar las estrellas. Estaba por encima de la mediocridad, tanto de la noble como de la burguesa. Su adn social negativo, solo era en parte, por lo que seguía gozando de ciertas capacidades genéticas, que ilustraban su aristocrática conciencia.

Y todo sigue en las próximas entradas… en una nueva página.