Página 1E : Lo que Tú eres, está …

en TUS adns!!!

Lo que ES cada uno, una vez que se ha pensado cartesianamente, solo puede ser aquello que se forme en la mente… a partir de las propias ideas que esa mente va elaborando. Y hablamos de TUS ideas, no de las ajenas, que te vayan incorporando una vez nacido.

Y hablamos de que no dependes para nada de un ser todopoderoso, que fue el creador del mundo (dicen) donde vas a desarrollar lo que, a partir de empezar a pensar, puedes llamar tu vida.

Los únicos seres (humanos y poderosos) son los que decidieron un día que tu vida les pertenecía y que, por ese motivo (nunca una razón!!!), les debes obediencia eterna. Incluso después de muertos…

Y ya lo dijimos muchas veces, que así se justifica la necesidad de un dios que bendiga a los poderosos que te oprimen. Y que te van sacando el sudor poco a poco. Porque no hay ningún castigo divino, para hacerte trabajar. Y menos aún, para que otros vivan de tu trabajo. Eso seguro que ni un Yahvé lo apoyaría.
Por ese motivo la sociedad adulta dominante se sacó de la manga el adn social negativo. Para suplantar el papel que debía jugar el adn social positivo. Es decir, la simple y natural maduración de las capacidades genéticas que portamos en nuestro ADN. Que, a fin de cuentas, es lo que entendemos por adn social positivo. Dicho de una forma muy simple : El futuro NO está ESCRITO, lo escribimos NOSOTROS. Eso sí, ¡si nos dejan!

El pueblo…

El pueblo haciendo historia…

Así que vamos con una peli como esta a ”dar clase” de sociogenética, para profundizar un poco en los mecanismos sociales que nos impiden ser sujetos de nuestra propia historia. Esa que empezó cuando decidimos que podíamos pensar en nosotros mismos. Y eso llegó para sentirnos VIVOS y, en especial LIBRES.

O, como decíamos ayer, que vayamos madurando natural y libremente, pudiendo así desarrollar ese proceso al que llamamos “nuestra vida”. Es decir, que vivir sea un proceso vital en el que nos podamos pensar por nosotros mismos, evitando que sean otros los que piensen por nosotros.

Así podremos escribir nuestra propia historia. No tendremos que vivir la historia que otros escriben para nosotros.

Y, cuando somos muchos, lo mismo. Que sea esa masa de individuos, llamado pueblo, los que vayan dando pasos libremente… y soltando las palabras que marcan sus pasos, los dados y los por dar.

Y qué decidan lo que deben hacer, cuando los poderosos, instalados en el poder que antes conquistaron, no les dejan escribir su propia historia. Es decir, les impiden vivir libremente su propia vida.

Es cuando el pueblo se levanta…

Porque no llega con nacer, para luego crecer de forma natural y con total libertad. Si la sociedad adulta dominante lo impide, hay que tomar medidas. Primero protestar y cuando a la protesta no se le hace caso, ya no queda más que rebelarse contra ese sistema opresivo. Iniciando así un proceso revolucionario, que se suele llamar revolución social.

Es ese “decir NO” colectivo, lo que llevamos tiempo indicando como imprescindible, para evitar que el ser humano, sobre todo su cría, sea injertado con un gen social negativo, que le impida un estallido revolucionario, cuando llegue a adulto.

Llevamos ya tiempo hablando de cómo esa SAD (sociedad adulta dominante) hace lo posible, y lo imposible, por impedir que madure la capacidad regeneradora que todo adolescente tiene en su ADN.

Y por esa razón, nos dice la sociogenética, que es necesario revertir la influencia de ese gen social negativo, favoreciendo el auge del gen biológico que porta nuestro ADN, y haciendo así que se mude en un gen social positivo.

Ante el borrado de nuestra capacidad regeneradora social, que promueve el gen social negativo correspondiente, toca fomentar el impulso inicial genético, que favorece la maduración de esta capacidad semi borrada de regenerar la SAD. Empezando en la adolescencia, para que no lo injerten, y siguiendo en la adultez, favoreciendo su “raspado”. Porque será la forma de evitar que, en la fase de viejos, nos dejemos llevar por esa necesidad social, de impedir la regeneración promovida por los adolescentes.

Las crías… y su toma de conciencia

Y para eso debe tomar conciencia…

Pero no se nace revolucionario, ni tampoco lo contrario : el contrarrevolucionario también se hace.

Ya vimos en la página anterior (El conformista) que se necesita un gen social negativo muy bien definido, para dejarse llevar por la corriente del poder establecido.

Porque hay un gen social positivo, que convierte tu capacidad genética de regeneración social en la de ser un auténtico revolucionario, cuando, como dijimos en la imagen de ayer, se alcanzó un nivel crítico de energía rebelde. Cuando ya no se ve otro camino que hacer la revolución. Y que suponga una auténtica liberación, ya que no estamos usando esta palabra en su acepción más práctica y mediocre,  de revolución francesa o bolchevique.

Ya insinuamos varias veces, que esas revoluciones dejaron muchas cosas a medias. Tanto es así, que la bolchevique nos parece de todo menos un proceso revolucionario “auténtico”. Algo que pudiera acabar en estado algo transformado, aunque no fuese del tipo socialista. Pero que no confirmara la premisa tan acertada del Príncipe de Salina. Porque en la francesa salió ganando la burguesía, pero en la bolchevique acaba ganando también la burguesía. Eso sí, otro tipo de burguesía : la que iba a ser llamada nomenclatura. Realmente la llamada revolución bolchevique solo sirvió de filtro para seleccionar mejor a lo más granado, es decir fanático, del partido comunista ruso. Limpiar de astillas burguesas tradicionales los nuevos cuadros revolucionarios. Así como de bolcheviques demasiado humanos, que podían “ablandar” el férreo aparato del partido. O, como diría nuestro Príncipe, mirando a los felinos de su sobrino y el señor alcalde, podrían humanizar en parte el proceso de cambio. Al revés, se fue animando, ene cierto modo, a que se adhiriera al poderoso partido recién creado, lo más trepa de la sociedad que quería disfrutar del nuevo poder. La rémoras del tiburón recién liberado.

Y contra esa nueva burguesía, y todas las que quieran venir detrás de ella, van precisamente estos apuntes de sociogenética. En este caso, centrados en dos crías humanas, como son Alfredo y Olmo. Olmo y Alfredo. En un contexto real de la campiña italiana, durante la llegada y marcha (aparente!!!) del fascismo mussoliniano. En una gran peli : Novecento.

O sea, dejar de ser una cría humana en etapa infantil…

Alfredo y Olmo son dos crías humanas nacidas en el mismo lugar del planeta, pero no en la misma casa, ni con la misma altura social.

Uno es siervo, aunque ya se fue muriendo la sociedad feudal, y el otro es señor de la hacienda.

El siervo, o empleado si se prefiere, es Olmo. El futuro señor, aún más amo que empresario, es Alfredo.

Los dos juegan como niños, que se divierten juntos, aunque sean muy diferentes y no solo por la forma de vestir.

Hasta tienen impulsos sexuales muy parecidos. Aún no han sufrido el injerto de los genes sociales que van actuando poco a poco, haciendo que vayan teniendo un comportamiento social más diferenciado.

Descubrir que somos diferentes…

Porque a esa edad, muy temprana, Olmo ya sabe lo que es vivir en precario. Y eso va dejando ya huellas muy profundas.

Mientras que Alfredo aún sigue viviendo entre algodones, que no le dejan marcas claras de lo que eso significa, aunque se amolde a ello perfectamente. 

El hambre deja heridas desde un principio, el hartazgo de la comida no duele, hasta que desaparece y empiezas a notar su falta.

Por eso uno caza ranas y el otro vive del cuento.

Olmo ya nota los pinchazos de la desazón, porque no le gusta lo que ve en casa.

Alfredo, el único pinchazo que notará puede ser debido a un exceso con el postre.

Y, como dice el viejo (versionado)… unos explotan y otros son explotados!!!

Olmo ya tiene a su abuelo, que le va abriendo los ojos de una manera. Aunque sea con el método socrático. Mientras que Alfredo tiene al suyo, que también le abre los ojos, pero de forma muy diferente. En su caso, cuenta más el catecismo político.

Olmo debe aprender a abrir bien los ojos, y, cómo enseñamos aquí, a ver bien lo que mira.

Mientras que Alfredo se debe hacer un experto en mirar solo lo que le conviene. Y, para eso, tratar de ver con muchos filtros sociales (familiares), evitando el sufrimiento (propio o de su familia). Dándole igual el sufrimiento ajeno.

La capacidad genética regeneradora de Olmo va madurando y le hace ver con otros ojos, ya no es un bebé, a su amigo “del alma”. Porque puede estimar a Alfredo, pero nunca lo verá como un igual.

La capacidad regeneradora genética de Alfredo se va diluyendo, al ser sobreescrita por otra capacidad (social) más intensa : la de que, el que está abajo se lo merece. Es algo natural. Aunque Alfredo aún no distingue muy bien “el arriba y el abajo”.

Porque toda relación laboral, en el capitalismo, es de explotación…

Y eso no cambió con la Revolución Francesa. Al revés, aumentó la explotación en el trabajo, en relación con el trabajo artesano. Al burgués le gustó acabar siendo el amo, lo que hasta entonces fue el señor noble. La relación con el trabajador se hizo más servil, aunque el sudor se lo robara ahora en un trabajo no doméstico : industrial o de servicios, incluso modernizando el trabajo campesino.

Pero, eso sí, se autoinjertó un gen social negativo, que le hacía ser muy hipócrita, presumiendo de que trataba mejor al trabajador, de como lo hacían los señores feudales.

Y, por eso, Alfredo aprende de su abuelo, que una botella de champán puede arreglar los problemas sociales… los causados por la explotación de los trabajadores en la hacienda. Que el buen burgués solo necesita tratar con guante a sus trabajadores. Aunque sea para que beban el ricino que les ofrece.

En cambio, Olmo aprende que, sin afilar la guadaña, ni se puede trabajar ni tampoco regenerar la forma de trabajar. No se pueden conquistar los derechos, no reconocidos por el patrón, si no es con alguna forma de presión. 

Y, para eso, se necesita estar bien afilados y hacer algún tipo de lucha, que le baje los humos al burgués (aristocratizado) y poder así disminuir la tasa de plusvalía con la que lo despelleja. Si no se puede ser dueño de la tierra que se trabaja, porque es del terrateniente, por lo menos que sea bien remunerado su producto.

Y vendrá la muerte y nos hará más lúcidos!!!

Pero la infancia se termina y la vida, o a veces la muerte, nos va abriendo los ojos, por si seguíamos queriendo tenerlos algo cerrados de más.

Porque a veces el pobre, realmente, no tiene más puerta hacia su libertad que la propia muerte. Ella lo libera de todos sus sufrimientos terrestres.

Y los niños, si tienen los ojos abiertos, bien abiertos, también aprenden de eso. Y pueden aprender mucho. Ese es el caso de nuestro Olmo.

Mientras que Alfredo puede aprender, que ahí sí son iguales, que los ricos también mueren. Lo que quiere decir, que es muy importante en cómo se vive.

Y en ese “cómo” (ser pobre o rico) está la esencia del gen social negativo. Negativo “para los olmos”, claro, ya que para los alfredos se puede considerar muy positivo.

Ser lúcido es tomar conciencia de sí mismo…

Y es que el valor positivo o negativo de un gen social, va a depender claramente de quién valora su efecto. Para los que se benefician, en este caso los alfredos (ricos), será algo positivo. Pero, para los olmos (pobres), tendrá efectos negativos.

Para Alfredo, la meta es perpetuar la explotación de Olmo. Para Olmo, su meta, será buscar la liberación de esa explotación.

Así de simple. O así de complejo, ya que la única solución de este problema tan básico, pasa por eso que llamamos proceso revolucionario.

Y no está nada nada claro que, además de complicado, no sea muy muy violento.

¿Por qué va a dejar sus privilegios el opresor, sin poner toda la carne en el asador? Carne que suele ser habitualmente de los pobres oprimidos. Sea como soldados del poder o como soldados del contrapoder. Y de eso hay que tomar conciencia.

Sé que cuesta, pero llegaré…

Y en este punto tenemos otro cruce vital, a la hora de delimitar el concepto “toma de conciencia”. Porque, como pasa con el concepto de adaptación, no todo lo que se vende como toma de conciencia es una toma (adquisición) real de (nueva) conciencia. Realmente puede ser una simple adición a un catecismo, de uno u otro color, para que seamos fanáticos seguidores de una doctrina, totalmente acientífica.

Porque, hablando de ciencia, hasta el fanatismo científico es algo totalmente inhumano. Contrario al uso racional y emocional de la inteligencia humana.

Tomar conciencia es como ir caminando por la vía del tren, pero abriendo bien los ojos para observar todo lo que queda a los lados de la vía… es nuestro viaje de conocimiento… pero sin olvidar que lo más importante es vigilar la “venida del tren”… no nos podemos despistar.

Y por eso no todos los que caminan por la vía del tren tiene conciencia de lo que están haciendo… a derecha, a izquierda y, sobre todo, de frente (o por detrás). Porque muchas veces el problema se aproxima por la espalda y ya lo vemos cuando no podemos buscar una solución. O aplicarla, si es que ya la tenemos.

Y nunca nos fiemos porque la vía pueda parecer abandonada.

¿Por qué gusta tanto la manipulación mental?

Pasa lo mismo si nos subimos a un tren… a dónde va, quién lo conduce, con qué tipo de acompañantes vamos… son muchas preguntas que nadie nos va a contestar, si antes no aprendemos el arte y la ciencia de hacerlas… y, aún así, no será fácil encontrar a adultos dispuestos a responderlas.

No podemos dejar que nos atrape el color de la bandera o la marcha militar del típico himno… porque todo eso suele ser algún tipo de disimulo, de aquello que realmente se esconde tras esos adornos.

Huyamos de las arengas patrióticas, como bien canta el amigo Brassens… porque ellas ocultan la lavadora, que nos quieren vender, pero que nunca, nunca, funciona.

Porque ninguna guerra sirve para lavar la ropa… y mucho menos el alma. O, para ser más precisos, la conciencia. Esa forma de pensar que nos puede evitar el abismo de la inhumana cacería del prójimo, para practicar un diálogo racional (y emocional) que supere obstáculos, en vez de amontonar cadáveres en los campos de batalla.

Y sí, el quid está en la pregunta que se hace, o se debía hacer, el joven Olmo.

Un happy reencuentro…

La sociogenética es algo que está empezando, si es que empieza, pero puede dar mucho jugo teórico para el futuro. Y si la estudiamos viendo de paso unas escenas de buenas películas, el placer ya puede ser muy alto.

Porque hicimos varias entradas para reflexionar sobre el papel que jugaron Alfredo y Olmo, Olmo y Alfredo, como dos crías humanas que deben madurar en un territorio tan marcado por el conflicto social, como es un latifundio de la Emilia Romagna Italiana… y como, poco a poco, se fue mostrando su fenotipo, no excesivamente dispar, siendo de tan diferente procedencia social.

Pero ahora toca entrar en cómo influye lo que aquí  llamamos adn social, que no es otra cosa que el resultado de haber dejado que fuera madurando el ADN, de una forma natural y libre,

Pero, ¿qué sucede si no lo dejamos madurar de forma natural y libre, para dar un adn social positivo, es decir, el simple estado maduro de las capacidades que marca nuestro ADN? Entonces, estamos hablando de cómo el entorno social de ese latifundio, va dejando marcas muy diferentes en las mentes de Olmo y Alfredo, de Alfredo y Olmo, en función de su clase social.

Uy, qué pecado… Estamos hablando de clase social!!!

O no tan happy…

Claro que esto de la clase social no es tan fácil como creen los marxistas de pacotilla, o de catecismo… o de tomar un café y charlar de todo lo que se puede y no se puede, como si se estuviera en algún tipo de Olimpo…

Porque, mecachis, en la escena anterior faltaba un elemento muy importante, tanto como el Olmo y el Alfredo : el ser humano, que ha optado por ser un fascista. Y recordemos muy bien, aunque no está subrayado, que se trata de un ser humano, que “simplemente” ha escogido un bando.

Y quizás podamos decir que tiene conciencia de fascista.. pero en este punto ya resulta muy difícil llegar a una conclusión clara, concreta, que se pueda manifestar científicamente. Porque la conciencia de Attila no es nada fácil de descifrar, tiene muchos más recovecos, algunos muy oscuros, que las conciencias de esos dos “amigos”. Por ese motivo resaltamos lo de que es un ser humano. Malvado, pero humano.

De hecho quien tiene tantas circunvoluciones no es la conciencia, suelen ser más planas, sino el lugar donde ella reside : la mente de Attila.

Y de esa mente, ligada directamente al ADN de Attila… y, cómo no, de su adn social, positivo o negativo… ahí sí, que nos puede decir algo esto que aquí llamamos sociogenética.

Y, cómo no, nuestro sabio Príncipe…

Porque el ADN es un discurso de la naturaleza, sobre cómo debe ser el ser vivo, bastante complejo. El nuestro ya no digamos, comparado con el de una simple lombriz de tierra.

Y la mente, su producto principal, no puede ser menos compleja. Sobre todo si tenemos en cuenta que la combinación de moléculas forma el lenguaje del ADN y tiene su dificultad. Pero no tenemos ni idea, ni puta idea, de cómo está formado el lenguaje que usan las neuronas para montar su cotidiano discurso.

Porque no confundamos la comunicación neuronal, dentro de eso que llamamos mente, con la comunicación analógica de los seres humanos, eso que llamamos hablar o escribir. Aunque normalmente sea decir cosas que no somos capaces de entender o, bien, que no queremos que se entiendan. En fin, lo que todos sabemos (y hacemos)…

Y por ese motivo tanto nos atraen ciertas mentes. Como la del Príncipe de Salina, aunque lógicamente no sea más que una transposición novelesca de su creador, Tomaso di Lampedusa. Y, por cierto, aclaremos que la frase famosa (sobre el cambio político), que dicen dijo su sobrino, para nosotros es solo propia de su tío. Es quien puede tener un gen social positivo, que le haga ser realista, no solo monárquico. De hecho el gen social de los Borbones, como el mismo dice, no era idéntico al de los Saboya.

¿Qué hay dentro de una mente que observa las estrellas… y, al mismo tiempo, observa lo que puede pasar por la cabeza de su sobrino y de su novia? O, ¿qué retorcidos pensamientos puede reproducir el cerebro del alcalde burgués, padre de la futura esposa del sobrino? Y, desde luego, sucesor de la aristocracia italiana. Esa, que nunca supo conservar con honor lo conquistado y que pasaba a ser representada, a partir de entonces, por su pomposo sobrino. Estamos hablando de diferentes genes sociales…

Un poco de sociogenética…

El lenguaje cifrado solo disimula…

Puede parecer que nos desviamos, porque esto del cifrado no resulta propio de un contexto revolucionario.

Pero es que todo proceso revolucionario viene a ser un buen ejemplo de cómo no llega con encriptar un mensaje, para que ese mensaje cambie en profundidad.

Dicho de otra forma, estamos ante el problema clásico de si la reforma social es un cambio superficial, mientras que la revolución supone un cambio radical, en profundidad.

Pero si observamos el fundamento del mensaje encriptado (imagen, con un modelo llamado César) nos damos cuenta que realmente el mensaje no ha cambiado (en esencia). Solo toma una forma, que parece un cambio más profundo, porque ha variado el uso de las letras que forman las palabras. Pero sigue siendo el mismo tipo de combinación, una vez que desciframos el mensaje encriptado.

O sea que un cambio revolucionario tiene que ser algo que transforma mucho más. Como bien dice nuestro Príncipe, para retrucar a su sobrino, no puede ser un cambio total, para que nada cambie. La burguesía tratará de que parezca una nueva forma de colocar las letras, pero al final se acabará diciendo lo mismo que decía ya la aristocracia. Solo que, en opinión principesca, lo harán mucho peor.

Y el disimulo puede ser muy profundo… y duradero!!!

Aprovechando el pequeño desvío, tomemos el ejemplo de la caverna de Platón, para ilustrar lo dicho por el Príncipe de Salina.

Hay una aristocracia que se hizo con el control del fuego. Y sabe usar las sombras para manipular las mentes del pueblo, haciéndole creer que está viendo la realidad. Esa realidad que realmente existe solo en el exterior de la caverna. O eso parece.

Llega un momento en que los artesanos y la plebe, el pueblo medieval, decide tomar el poder (Ilustración mediante). Incluso se tienen que poner violentos, porque el poder nunca se entregó pacíficamente.

Pero los más preparados para salir al exterior son los artesanos, que formarán la nueva burguesía. La plebe irá detrás… o delante, al principio de la revolución, haciendo de carne de cañón.

Al final hay un colectivo humano (minoritario) que posee los medios de producción, mientras el resto (inmensa mayoría) está desposeído. Dependerá de la burguesía para encontrar un trabajo… o tendrá que estar en paro. ¡Qué gran experimento mental se sacó del coco el amigo Platón!

Pero no son la misma clase social!!!

Después de las palabras del Príncipe y nuestra incursión platónica, bien podemos introducir una reflexión sobre las preguntas que no se hicieron, cuando convenía hacerlas.

Por ejemplo, ¿por qué  Sócrates nunca se preguntó por la existencia de la esclavitud, en su época, incluyendo la semiesclavitud de la mujer y del adolescente? Dicho sin mala intención.

Y otro ejemplo puede ser este… ¿Por qué Karl Marx analizó tan precariamente la existencia de una sola clase enfrentada a la burguesía, lo que dio, al final, esa opción tan poco marxiana (y menos cartesiana!!!) de una vía soviética al comunismo? 

¿Cómo pudo, en este segundo caso, no contar con la enorme diferencia de no poseer los medios de producción, pero estar funcionando con ellos, y no poseer ni siquiera la posibilidad de vivir de ellos? Sobre todo con el pasado tan evidente de la visión dickensiana del contexto londinense, donde ilustra perfectamente la vida de una gente totalmente desclasada , el futuro lumpen… o del evidente hecho vital de tener en su casa una criada, cuando él no era un burgués en teoría. Y, de nuevo, sin mala intención.

Porque, resumiendo…¿Qué, de común, tienen Olmo y Attila?

Y eso lo sabe muy bien Attila…

Lo único que tienen en común Attila y Olmo, socialmente, es que los dos dependen del mismo amo. El latifundista Alfredo Berlinghieri, un genial Burt Lancaster, haciendo otra vez de gatopardo, pero ahora dejando la observación de las estrellas para dar los correspondientes latigazos (sociales). Eso sí, invitando a veces a una botella de champán.

Pero Attila tiene una clara ventaja sobre Olmo, él sabe qué posición ocupa en la pirámide social de la hacienda Berlinghieri. Es el capataz, el encargado de que la maquinaria de trabajadores en la hacienda funcione al máximo ritmo y con la mejor eficiencia, para el patrón. Aunque sea a costa de la salud de sus trabajadores.

Olmo Dalcó, aún tendrá que aprender lo que significa ser un asalariado del amo Berlinghieri. Más que un asalariado, una especie de esclavo a comienzos del siglo XX.

En cambio Attila ya es el «homo nuovo» que quería ser el Conformista. Tiene claramente asumido su papel de fascista, guardián del capitalismo, y va a hacer todo lo posible por ayudar a la nueva burguesía campesina, que tan bien representa el amo de la hacienda.

Esa burguesía que tanto detestaba nuestro amigo el Príncipe, cuando hablaba del alcalde siciliano, nuevo burgués siciliano a tope, que se quería hacer con el control de todas sus borbónicas tierras. Con la inestimable ayuda de su arribista sobrino. 

Cumpliendo siempre como buen fascista…

Y es que el espécimen fascista, en España tan bien representado, por el fundador de la Falange Española, es una especie de sabandija (recordemos El Conformista) pero no debe ser más despreciado de lo que se merece. Porque son defensores, tan acérrimos como necesarios, del capitalismo que les da de comer.

Y decimos “no despreciables” en su acepción de Vito Corleone, al decir que a los enemigos hay que tenerlos lo más cerca posible. Cuánto mejor se le vea la cara, es más fácil evitar su golpe traicionero. Porque siempre actuarán a traición, no saben ir por delante. Su adn social negativo se lo impide.

En fin, este Attila deja crecer la hierba bajo los pies de su caballo, pero es lo bastante bruto y cruel, como para encarnar el típico fascista asesino y, en el fondo, cobarde.

Son muy valientes con los gatos… y cuando sopla el viento de cara.

A la hora de la verdad son simplemente seres humanos. Aunque, desatados, no lo parezcan.

La muerte nos homogeneiza…

Pero ser el causante de una muerte nos hace diferentes. Casi siempre muy diferentes.

A Olmo le costará mucho matar a otro  ser humano. Attila lo hará igual que matar a un gato. O con más placer aún. Pero un fascista no es un enfermo mental. Nada le pasa en su mente, que no le pudiera pasar a un no fascista.

Lo que cuenta es cómo asume el gen social negativo, que lo hace insolidario, egoísta, enemigo del pobre, amante del poder… y sobre todo lameculos del amo.

El fascista no está enfermo, solo es incapaz de neutralizar los genes sociales negativos, que le han metido en su mente y que, poco a poco se van haciendo más grandes según práctica las actividades que ellos le marcan. Es un simple renegado de su ADN. Se ha convertido en un animal semisalvaje, al que solo mueve un instinto depredador muy fuerte.

Pero repetimos, no tiene una enfermedad, solo se ha convertido en un zombi, que no atiende ya a las razones de una inteligencia. Ni la suya ni la del prójimo. Reside, mentalmente, en una especie de universo paralelo. Pero sin lesiones cerebrales, que hagan irreversible su estado paracatatónico. Es (debe ser) recuperable, si no ha alcanzado un estado extremo. Y sobre todo si no tiene un pariente cercano que sea muy estalinista.

Como un resumen final…

El latifundista se prepara…

Ese nosotros que resalta el amo Berlinghieri es muy significativo. Porque representa a un sector social, que forma un grupo muy característico. De hecho, según la sociología, podemos decir que forman una clase social.

Son los grandes propietarios de tierras, lo que podemos llamar burguesía campesina. Con muchas reminiscencias aristocráticas, ya que, en el campo, la transición se hizo mucho más lenta que en los burgos. Donde la burguesía artesana, una vez tomado el poder (RF), ya se modernizó bastante. Conviene empaparse bien de la wikicita, ya que este mejunje de las clases sociales ha tenido mucha lectura superficial. Especialmente en el pensamiento marxista, posterior a Marx.

En el campo, los rasgos sociales medievales perduraron aún durante un lapso de tiempo muy prolongado. Fue incluso más lento que el paso del románico al gótico.

Y en Novecento se nos muestra muy bien ese proceso evolutivo : el abuelo Berlingheri y  su nieto Alfredo, por una banda,  el viejo Falcó, y su nieto Olmo, por la otra.

Y todos ellos con su adn social (positivo y negativo) correspondiente, acompañando a sus respectivos ADN.

Su hijo también se prepara…

Porque el ADN del abuelo Berlinghieri se ha pasado totalmente a su nieto Alfredo. Mutación más, mutación menos, que hayan podido surgir en el proceso de fecundación y embarazo. Y algún posible traspiés genético del padre de Alfredo, que no parecía ser muy despierto.

Pero ¿qué pasó con el adn social , positivo y negativo, del abuelo? En el caso de que exista, como aquí propugnamos, esa entidad genético social… Y, por supuesto, de la madre. Y aquí sí que el padre puede tener mucho que ver, ya que un padre genéticamente poco robusto, desde el punto de vista biológico, si puede transmitir rasgos “paragenéticos” sociales de mucha envergadura. Era un pusilánime.

Y lo mismo podemos decir del señor Falcó y de su nieto Olmo.

Incluso podemos pensar, viendo la imagen, que al joven Alfredo se le ha perdido algo de influjo de su adn social negativo (del abuelo), ya que se deja llevar por su ADN, mostrando cierta empatía y solidaridad con su amigo Olmo : llega a incluirlo en su futuro, como una posible parte importante.

Pero la realidad es muy dura y muy peleona. Y les mostrará dentro de poco, a ambos, que las clases sociales existen. Y que hay un adn social negativo, que se encarga de dejarlo muy claro, por si fueramos a olvidarlo en algún momento. Los ejercicios de empatía juveniles, tan cristalinos (y cristianos) a veces, no valen para el feo mundo de los adultos.

¿Y qué pensará Olmo?

Por ejemplo el gen de la empatía, que biológicamente hermana a los dos amigos, Alfredo y Olmo, queda oculto por la reimpresión mental de un huevo gen, el gen social negativo de no empatía, de no poder ver uno al otro como un igual.

Alfredo tiene que empezar a desconfiar de Olmo, como hijo de un empleado, y, a su vez, Olmo tiene que empezar a desconfiar del hijo del patrón.

Y eso, por mucha ramera que compartan como buenos camaradas.

Pero solo son camaradas temporales. De parranda juvenil, sin que aparezcan diferencias sensibles debido a ser uno hijo del patrón y otro hijo de un asalariado. Aunque sí haya ciertos matices diferenciales, como bien nos muestran al principio de la película.

Eso genera caminos diferentes, por mucho que parecieran seguir uno solo durante su etapa de cría humana. A fin de cuentas, Olmo solo era el amigo real, en vez del imaginario, que necesitaba el otro para ir madurando correctamente. Como incapaz de tener un amigo imaginario propio, el hijo del patrón se descansaba en ir aprendiendo lo que le enseñaba el hijo del empleado. ¿O es qué no estaba para eso, precisamente?

También será bueno pensar en ella…

Y si no, que se lo pregunten a Anita. Una campesina que trabaja en la hacienda y que será la futura (y lógica) enamorada de Olmo.

Seguro que ella distingue claramente la mirada “del señor” de la mirada del trabajador.

Y es que ella también tiene su gen social, en este caso positivo, ya que le ayuda a descubrir el carácter depredador del “señorito”, por muy amigo de Olmo que pretenda ser/parecer.

La mujer y trabajadora, tiene su “olfato social” bien diseñado para notar cuando un animal, aunque sea humano, busca su presa.En este caso lo podemos considerar positivo, porque le ayuda a defenderse del depredador humano.Lo contrario es poseer un adn social negativo, que te impide notar ese carácter predador. Eso quiere decir que te han acostumbrado a confiar en exceso, como un perro. Sin los filtros mentales, que permiten diferenciar el amo bueno del amo malo. Esos que proporcionan precisamente un adn social positivo.

Y no, no es la personalidad de Alfredo lo que lo hace buscar aprovecharse de Anita. Es simplemente su gen social negativo, que le ha pasado su padre, como a su padre se lo pasó el abuelo. Recordemos la escena del abuelo Berlinghieri con una niña campesina. No solo se hereda el ADN, también se puede “heredar” el gen social, sea positivo o negativo. Y ese tipo de herencia lo tiene que explicar lo que aquí llamamos sociogenética. Es algo que va mucho más allá de lo que nos puede decir la Psicología.

Y, desde luego, pensar en ÉL…

Porque más importante que Anita, en esta partida de poder, es Attila. El nieto Berlingueri puede dejar sin acoso a su trabajadora. E incluso disfrutar del fair play, porque así se ”la deja” a su excamarada de aventuras juveniles.

Pero Attila es otra cosa. Tal como le enseña su gen social negativo (recordemos el “nosotros” de su abuelo), sabe perfectamente que solo no podrá  defenderse, cuando la historia ponga en movimiento a los peones proletarizados en tromba, para acabar con los burgueses. Alfredo necesitará de las otras piezas importantes del tablero, su ejército, sus curas, su profesorado… pero también necesitará incorporar una fuerza especial de apoyo, un invento del siglo XX llamado fascismo. Sin él la partida se le pone muy cuesta arriba.

Como le pasaba al Príncipe de Salina, Alfredo no es tan tonto, como para no vislumbrar que la historia avanza y hay cosas que deben cambiar. Y si por el camino, como pasó con el sobrino de nuestro estimado Príncipe (Gatopardo), tiene que dejar a un amigo (imposible), se le deja.

Aunque, como bien decía el otro, hay que cambiar de forma que nada cambie (lo esencial). Solo cambian las formas, para que el pueblo desculturizado no sepa leer la nueva situación.
Como decimos aquí, que pueda mirar la realidad, pero que no sepa verla. Y en la imagen ya lo decimos claramente : Alfredo necesita a Attila, no a Olmo.

Porque ambos son muy muy diferentes !!!

Y es que el burgués fue suficientemente inteligente, como para ponerse al mando del barco que surcó del puerto revolucionario, en la Francia de 1792. Y para tratar de mantener el timón… durante mucho tiempo.

Y, como dijimos ayer, tiene que prepararse para los cambios sociales que se avecinan, de forma que sean lo menos dañinos posible (para él). Por eso es tan importante el descubrir la forma de injertar un adn social negativo, en la mente del ciudadano (ahora “libre”), a través de los mecanismos sociales pertinentes : escuela, ejército, sacerdocio, mujeres casadas (y buenas madres)… esos son los que ocuparán el lado claro de la sociedad adulta dominante… Por otro lado estarán los diferentes, los que se pierden por querer hacer cambios sociales inoportunos… eses conforman el parachoque delincuente… el colchón que le facilita la labor represora a la SAD:

Pero como decíamos ayer, la SAD también necesita un parachoques más potente, más efectivo… necesita a los fascistas.

Y ahí es cuando Alfredo se da cuenta que nunca será amigo de Olmo. Porque uno es el patrón, tiene su propio adn social negativo, y el otro es un servidor, con su correspondiente adn social negativo, que lo va a hacer sentirse aún algo esclavo. A pesar de que su posible adn social negativo contenga el gen social positivo de rebelarse contra la opresión.

THE END