Página 1D : Cuando tu mente no es el producto directo…

… de tu ADN!!!

Porque la sociedad adulta dominante (SAD) decidió en su momento, hace mucho  mucho tiempo, que la pervivencia del poder adulto dependía de evitar las reclamaciones de las crías humanas.

La historia, ya desde antes de aparecer los documentos escritos, demostraba que las crías humanas eran propensas a pedir cosas. A protestar si no se las daban. O si se las daban, pero eran distintas (peores), de las que veían ellas que eran usadas por los adultos.

De hecho durante la primera época de adultos, seguía habiendo muchos a los que les parecía justas sus peticiones, a esos recién adultos también había que reorientarlos.

Y por eso se inventó la llamada educación, que no es otra cosa que una domesticación más o menos sofisticada. Y de paso se inventó el mantra de que los seres humanos, con la edad se hacen maduros y comprenden mejor el mundo adulto. Dicen los adultos, que pueden llegar a soportarlo.

Se trataba de frenar así las reivindicaciones de los adolescente, sobre todo, ya que eso suponía regenerar una sociedad que los adultos ya tenían hecha a su gusto y medida. Eran sus costumbres. Eran sus tradiciones. Y no había razón alguna para modificarlas. Sobre todo por lo que le costó a esos mismos adultos, ahora instalados en el poder, hacerse con ese mismo poder. Cuando había otros adultos que los oprimían.

Marcello…

Que se adapta al ritmo de los tiempos…

Pero no nos adaptamos por igual, depende de si nos guia el ADN o si nos guia un adn social negativo. El adn social positivo no discrepa del ADN, porque él solo va reforzando lo que dice el ADN, según se madura como una cría humana. Pero el adn social negativo es otra cosa muy diferente.

Así que somos como una canción, pero de tal forma, que puede ir cambiando algo su melodía, incluso su tono, según influya más o menos el tipo de gen que se nos ha injertado, por parte de la SAD. De hecho puede llegar a sonar como una canción totalmente diferente. Hasta su autor quedaría sorprendido si le dicen que, esa que escucha, es “su” canción. 

Y todo empieza en nuestra temprana edad, cuando nos cantan las primeras nanas, para que durmamos y, de paso, se nos vayan quedando en el coco (su letra). Viene a ser la primera parte del proceso educativo/ domesticador, que se realiza en el seno de la familia, sea esta la natural o una adoptiva. Y, sobre todo, si es en un hogar de acogida, para crías humanas huérfanas. Ahí, la letra, puede entrar con sangre (física o virtual).

En cierto modo, podemos decir, que viene a ser un método para que sigamos durmiendo una parte de nuestra mente, esa que sería en poco tiempo agitada por nuestros primeros pensamientos (propios).
En el fondo conviene que nuestras neuronas no se despierten de golpe. Podían fabricar pensamientos críticos, contra el sistema establecido, de turnos de comida o de juego. Incluso con los mimos (o su falta) de nuestra querida mamá. Llegar a querer más caricias y menos palizas.

Una canción que puede ser muy lenta…

Estamos hablando de una personalidad, aquí un gen social, que nos hace profundamente estáticos. Física y mentalmente. Parece que siempre estamos esperando por algo. Entre otras cosas esperamos (siempre) por las órdenes que nos digan lo que debemos hacer. Y esa característica no genética es muy muy importante. Nos define perfectamente, como modelo de ser humano (mediocre versión de homo sapiens), porque nos proporciona la capacidad antagónica de la correspondiente,que tenemos escrita en nuestro ADN. Porque en él, está marcada la capacidad innata de adaptarse. Pero es la capacidad de adaptarnos a los cambios del ecosistema donde vivimos, para sobrevivir en él. Ya que pase lo que pase, debemos ser capaces de adaptarnos.

Pero nunca, nunca, podemos aceptar de forma racional los cambios irracionales de ese ecosistema. A diferencia de los animales irracionales, nuestra adaptación siempre debe ser consciente. Porque en caso contrario seremos incapaces de usar otras capacidades genéticas, que estén ligadas directamente a esa capacidad de adaptación al medio.

Y precisamente el gen social injertado, hace todo lo contrario. Nos da la capacidad de adaptarnos en contra de las normas genéticas. Nos acopla de tal forma a las normas sociales impuestas artificialmente (SAD), que pasamos a ser una pieza, bien adaptada eso sí, de la maquinaria social.

No podemos ir en contra de (regenerar) lo que nos parezca mal. Al revés pasaremos a ser defensores acérrimos de esas deficiencias sociales, para conseguir que otros seres humanos, mejor si están en la etapa de cría, se adapten también al sistema social establecido.

Pero estamos hablando de dos conceptos de adaptación totalmente diferentes. Podemos decir que son antagónicos. Lo que nos lleva a ese mantra, tan falaz, de que llega con decir una palabra, que parece la misma, para que ya podamos poner de acuerdo a dos conciencia humanas. No vale para adaptación, ni vale para libertad!!!

Y además muy silenciosa…

El ser humano básicamente conformista, se cree que él está hecho a sí mismo, cuando realmente  es obra casi total de los mecanismos que tiene el adn social negativo, para marcarle un camino en línea recta. No hacia la libertad, sino hacia la maquinaria social, donde él tendrá que cumplir su rol como pieza especializada.

Como bien nos muestra esta película (El Conformista) nada hay que no se pueda explicar, en la conducta asesina del protagonista masculino.

Es una buena ilustración de cómo se engañan los que se consideran ajenos al sistema sociopolítico dominante. Incluso puede creer que es él, quien manipula al Sistema.

Y este penoso proceder político, no es exclusivo de la derecha, ni menos de su extremo más radical. Es algo propio de los llamados, por ellos mismos, antisistemas de izquierdas. Gente que se considera de izquierdas, porque dice estar en contra de todo compromiso con el sistema explotador capitalista. Aunque vivan en él, y puedan ser adeptos al sistema capitalista soviético, tan explotador como el de una sociedad burguesa clásica.
Como bien decían en una película, llamada El silencio de los corderos, nada más brutal hay que acostumbrarse, al enorme silencio que sigue cuando los corderos son degollados. Lo que viene a ser una adaptación terriblemente inhumana, y artificial, del ser humano.

Es cuestión de saberse adaptar…

Pasa como con el ciego, de nacimiento o accidental, que se adapta a vivir como tal. Su función vital de relación consigue superar ese bache de no tener vista y se adapta a la nueva situación vital. Se trata de una adaptación positiva al ecosistema. Pero, un Conformista, se quiere hacer el ciego. Deja de ver aquello que le molesta, lo que le provoca problemas de conciencia. Ahí tenemos una adaptación social, no natural, que lo convierte en una pieza de la maquinaria social fascista. 

Así de simple.

Y el problema gordo es que muchos videntes deciden hacerse ciegos, porque les conviene, para evitar un enfrentamiento con ese mismo fascismo, por ejemplo.

Son dos tipos de ceguera y son dos tipos de ser humano, completamente diferentes. Responden distinto frente a lo que les pide una respuesta. Y no difieren por ser ciegos o videntes, no. Su enorme diferencia reside en el hecho de que, uno es ciego de nacimiento y el otro ha querido ser ciego ante la realidad que le rodea. El segundo escoge que “su” realidad sea la que le dicen que “es”. Incluso siendo de ideología fasciita ambos, uno es muy consciente de ello, lo escogió, y el otro no. El ciego que cree en el fascismo es mucho más humano, actúa como humano. Mientras que el Conformista, que actúa sin querer ver la realidad, ha elegido deshumanizarse, de no tener más capacidad de visión, para ver el desastre fascista que lo rodea. Uno lo explica la genética, el otro la sociogenética.

Así actúa un adn social negativo, nos convierte en una especie de robot, que no  se diferencia mucho, en su comportamiento, del primer Terminator que visitó la Tierra del siglo XX.

Y mirar al frente por si acaso…

Aunque no veamos nada… como el fascista ciego. 

Pero nuestro Conformista no puede mirar al frente. Para este tipo de gente el frente no existe. Solo encuentra caminos para avanzar, si lo hacen caminar muy sesgado. Cuantos más recovecos mejor.

Y el mismo se cree a pies juntillas que solo hace lo que el decide. Porque se niega la evidencia principal, de que hace ya tiempo dejó de tener iniciativa. Solo sabe nadar a favor de la corriente. Sea la que sea.

Por diversos motivos (algo comentaremos) se ha dejado fabricar un adn social negativo, que  anula toda la capacidad genética de su ADN. Se trata de que se pueda sumergir en la masa anónima con la mayor facilidad posible.

Su empatía se mudó en antipatía, por lo tanto la solidaridad pasó a ser insolidaridad. Se sumerge en la masa anónima, pero no para ayudar, solo con afán de pasar desapercibido. Su adaptación al medio no es libre, sino que va mediada por su imperiosa necesidad de autoprotegerse al máximo. Si alguien lo está pasando mal, lo dejará pasar. Y atacará, si es preciso, a todo ser humano que se le enfrente, pero siempre lo hará por detrás. Será un artista de la traición. Aunque solo sea un amigo que le quiere convencer para hacer las cosas de otro modo. No cree en lo que dice el ciego de la imagen, pero tiene claro que lo necesita para conseguir determinados favores. El Conformista siempre te hará creer que sigue tus consejos, para que sea más difícil estar preparado para SU puñalada trapera.

El Conformista necesita muchos filtros…

Porque el Conformista necesita hacerse una nueva realidad. Una apropiada para él. Su adaptación al sistema social establecido, la vive como si fuera capaz de adaptar ese sistema a él. Porque así puede sobrevivir en una sociedad donde la verdad es imposible y se tiene que disfrazar con una mentira constante. Para poder vivir en ella, aunque sea como una vulgar cucaracha.

Es un gen social que te torna en un experto disimulador. Incluso en mentir, sin que se note. Te hace gustar el arte del engaño, sobre todo si se puede notar que el otro no lo pilla.

Aunque a veces su bajeza moral le hace preferir que el engañado lo note claramente, para medir mejor su poder. Sobre todo al comprobar que el engañado no le puede ni mirar a la cara. Se le puede llamar el Síndrome de Estocolmo de la Miseria de un Miserable.

Nuestro Marcello es la quintaesencia de un miserable que destila miseria de alta calidad.

El adn social negativo de este tipejo es casi casi perfecto.

Giulia…

La mujer jarrón… es muy importante para el Conformista

Pero, igual que para Adán, no es bueno que nuestro Marcello esté solo. Se tiene que rodear de la gente que tanto necesita, para hacer de su disfraz una auténtica obra de arte. Y, para ello, necesita construir una realidad “ad hoc”.

Porque ser Conformista no implica ser poco inteligente. O ser incapaz de no tomar decisiones bien arriesgadas. Al contrario, es un excelente manipulador.

Y, además, porque así es la única posibilidad de que no se suicide.

O acaso, ¿una mente humana puede sobrevivir si en su conciencia, como ser vivo (consciente un mínimo), no puede apaciguar a sus yos genéticos y sus yos sociales, en pelea constante unos con otros?

Y por eso, nuestro Marcello, se acopla a una maravillosa e insulsa Estefanía. Para tener su flanco doméstico perfectamente disimulado (adaptado a esa nueva realidad que está montando). 

Una mujer profundamente vital… lo que tanto a él le falta!!!

Porque a partir de su no sapiencia, la puede ir rellenando, al modo …, con aquello que él considere no le puede hacer daño, pero sí servirle socialmente.

Son dos genes sociales que se complementan : la necesidad de adaptarse socialmente de él y la misma en ella. Por razones, eso sí, muy diferentes. Pero con el mismo proceso de injerto de un gen social. Que deberá ir madurando, como no, en hipócrita compañía de uno y del otro..

Esta imagen, leyendo una carta, nos sirve para recordar aquellos tiempos en los que trataba de hacer ver a mi alumnado, como el ADN viene  a ser un mensaje de nuestros antecesores, que siempre nos cuesta interpretar. A veces lo hacemos bien, otras no tanto.

Y es que la sociogenética, como la genética, tiene demasiado campo por explorar. Más la socio, como es lógico. Es más moderna y está involucrado en ella directamente el ser humano que la estudia. Por lo que será propenso a subjetivizar el pensamiento.

Aquí solo metemos alguna reflexión, que nos vaya acercando al contenido de esta área del conocimiento humano. Algo que nos pueda explicar, inicialmente, los misterios tan grandes del comportamiento humano.

Padres…

¿Y qué puede hacer un ser humano sin la madre correspondiente?

Porque tenemos un comportamiento tremendamente misterioso. Como pasa con el cerebro no somos capaces de explicarlo ni en un porcentaje del 20%.

¿Por qué dependemos tanto del comportamiento de nuestra madre, por ejemplo? E incluso de nuestro abuelo.

Para bien o para mal somos la copia mal hecha del deseo materno/paterno.

Incluso cuando salimos “bien”, no podemos dejar de sentir cómo influye en nosotros eso que aquí llamamos el gen social familiar. Que luego tanto se complica al interactuar con los genes sociales, que se nos van introduciendo a lo largo de la maduración infantil.

¡Y cómo no de la adolescente!

Y lo mismo con el padre…

En el caso de Marcello es el padre biológico quien lo va a marcar muy profundamente. Y ya vemos, en su primera aparición peliculera, en qué tipo de concepto hizo tanto hincapié, al “educar” a su hijo. Le lavó el cerebro metiéndole a fuego en su mente la necesidad de la obediencia (a tope).

Como preferimos decir aquí, injertando en su cerebro, es decir su mente, el gen social del deber excesivo. Obedecer sin cortapisa de ningún tipo, cuando un adulto “con mando” te obliga a hacer algo, por mucho que te repugne hacerlo.

Te introduce así lo que podemos llamar el gen social del deber… Ese que viene a sustituir/anular al gen biológico de obedecer solo aquello que te parece racional. Lo que supone la marca genética humana de obediencia racional. Tomando siempre precauciones, incluso si emocionalmente te puede parecer positivo, pero algo te dice en tu interior (tu conciencia, si la tienes ya formada) que no es del todo “trigo limpio”.

Nada que ver con el deber del fanático, sea nazi o sea estalinista, que es capaz de matar por sus ideales. Por La causa. O sea por “la causa” del poder establecido, sea del color que sea este poder.

Algo muy propio actualmente de los fanáticos sionistas, que matan niños en Gaza, como si no hubiera un mañana para ellos. ¡Los asesinos y los asesinados!

Un padre fascista, que disfrutaba torturando (o no?)…

Un progenitor fascista, portador del gen de la obediencia irracional, como si fuera el seguidor del lobo alfa. Un padre con el gen social negativo del «Culto a lo Inhumano»… Un Benito Mussolini, que ni a las almohadillas de un jefe de manada podía llegar, dada su gran mediocridad como versión actual de un homo sapiens. Ese es el caldo de cultivo donde va a madurar (malamente) nuestro amigo Marcello.

Y de ahí sale nuestro Conformista. En versión, primero del Moravia y luego del Bertolucci.

Ese Marcello, que se plantea matar a su viejo profesor de Filosofía. Alguien que viene a ser como el padre intelectual de su futuro asesino. Pero a quien nuestro Marcello bien puede asimilar con su asesino padre biológico.

Un drama poco clásico, aunque suficientemente trágico, por lo que representa en la guerra larvada que se está ensayando en Europa.

El Conformista no quiere matar, para no ser como su padre, pero necesita matar a su padre intelectual, para sentirse liberado de la presión que sigue ejerciendo en su conciencia. Esa es la esencia del problema filosófico de Sócrates, tan bien representado en el teatro de Shakespeare : ser o no ser.

Un padre que no admite la falta de conciencia, aunque esté equivocada…

Pero este paternal guía de nuestro Marcello, tenía claro que su hijo no alcanzaba un mínimo, para considerarlo un ser humano, que fuera capaz de albergar una conciencia dentro de su tosco cerebro.

Porque era muy bruto (el padre), pero lo suficientemente inteligente, para diferenciar entre un fascista consciente y uno “de tapadillo”. Su hijo no daba la talla.

Algo no del todo exacto, ya que la filosofía y su padre biológico nunca forjaron una gran amistad.

Lo que sí observo su padre biológico, es la falta de conciencia fascista de su primogénito. Como en la Falange Española o en los Camisas Pardas nazis, siempre se notó la diferencia entre aquellos, que realmente querían justicia social, aunque tan tan equivocados, y los mangantes ideológicos, que solo se arrimaban al carro de quien parecía ser el triunfador final.

Y esto es muy importante, porque nos lleva a otro meollo de esta cuestión sociogenética : ¿cómo es posible servir primero a los fascistas y luego a los comunistas, si estos acaban tomando el poder? Como seguramente pasó en Rusia.

O como así pasó con muchos nazis, que se fueron a USA para vivir como demócratas de medio pelo. Pero de esos cambios en el adn social negativo, ya hablaremos más adelante.

Simplemente, porque sin conciencia…

No se puede ser realmente un ser humano, tal como fue diseñado por la naturaleza (sea lo que ESO sea), si no somos capaces de construir una conciencia, una mente a fin de cuentas, que nos dé sentido como seres vivos pensantes.

Ser capaces de sentirse/pensarse, para existir, y ser capaces de fabricar pensamientos, que son los que a fin de cuentas nos permite pensar tanto en nosotros mismos como en el prójimo.

Así que primero somos conscientes de nuestra propia existencia y luego fabricamos una conciencia (propia), mediante la elaboración de determinados pensamientos, que nos permitan darle un sentido a estar vivo en un determinado ecosistema.

Pero nuestro Marcello no ha sido capaz de llegar a ese punto de pensamiento crítico. Realmente no tiene aún una existencia completa. Aún no es capaz de pensarse a sí mismo.

… no puedes ser humano!!!

Porque nuestro Marcello no tuvo una adolescencia natural y libre. Lo suyo fue un batallar constante con su padre y su madre, agravado por el suceso del intento de violación y asesinato en defensa propia, cunado era un niño.

Es un adulto incompleto. Y necesita completarse.

Pero lo que no se hace en la adolescencia es muy difícil recuperarlo después. Las herramientas que se necesitan en nuestra vida adulta, filtros y otros mecanismos de defensa, no se pueden ya construir de la misma forma. Ya tenemos que servirnos de sucedáneos. De mecanismos que son defectuosos e incluso proporcionados por la sociedaa adulta dominante (SAD). Que ya no valen para defendernos.

Así que la mente de Marcello está tapada por una serie de guantes que, como los que protegen sus manos, evitan que se le aparezcan pensamientos incontrolados (críticos). No deja de ser una metáfora de nuestros genes sociales que han estado invadiendo el cerebro de Marcello, desde que dejó la cuna. E incluso entonces, ya que su madre parece ser de las que adornaban la cuna como si fueran para un príncipe real. Preparándolo inconscientemente para ser un príncipe rana.

Así que nuestro conformista no es inhumano, simplemente es un humano mutilado (mentalmente).

Aunque eso te lleve a preferir estar loco…

Y por ese motivo su padre, que no es tonto como decimos, prefiere pasar por loco antes que por cuerdo. Porque tiene muy claro, en esencia, que si estuviera cuerdo no podría hacer lo que hizo.

Y por otro lado, también tiene claro que, antes de ser un Conformista, prefiere estar loco.

Antes que seguir usando sus manos para matar gente, prefiere que se las mantengan atadas como si ya no existieran.

Pero fijémonos en ese apelativo que le dedica a su hijo : es solo un hijo biológico.

Porque, no hay que estudiar sociogenética, para haber escuchado ya muchas veces el término de hijo “de pensamiento”. El activista que sigue fanáticamente a otro activista, al que trata como sí fuera un “padre”. ¿Qué es eso, sino tener un hijo social? Aunque no haya una adopción formal.

Acosadores…

Cuando el adulto no quiere comprender al niño…

Y nos podemos preguntar ¿cómo se hace un conformista?

Un proceso bastante bien ilustrado en esta película. Por ejemplo, con el acoso continuado de sus compañeros y el intento de violación de un jodido adulto. 

No sabemos cómo se van formando los genes biológicos, aunque sabemos que son una combinación química de determinados átomos que gustan de “jugar al azar”.

Pero en la peli vemos algo del proceso de formación/injerto de un gen social negativo. Cómo es atacado el Marcello infante, por varios compañeros de clase. Algo que debía ser, en su vida, una constante diaria.

Y como lo intenta violar un adulto, que va primero de “su amigo” (esos falsos amigos!!!)… para luego acabar muerto con su propia pistola.

Cuando el adulto juega a manipular al niño…

Los falsos compañeros le inoculan su veneno en forma de gen social. Un producto mental, que se basa en montar los circuitos neuronales necesarios, como si fuera el proceso biológico y libre normal, pero que va cargado, en este caso, de emociones contradictorias : miedo y odio a partes iguales.

Ese gen social va a desvirtuar la influencia del gen biológico, que también controla esa parcela de miedo a lo desconocido, pero ahora en un modo muy irracional, así como con una intensidad desaforada. 

Ahora, lo desconocido, pasa a ser todo lo que se le acerque a menos de tres o cuatro metros.

Y acompañándolo está el gen social negativo del terror. Una característica que no existe en el mundo animal, ya que el terror paraliza el movimiento y eso hace que un animal quede a merced de su depredador.

El terror es una característica totalmente social. Se adquiere a partir de muchas escenas en las que el miedo fue adquiriendo tonos excesivos. De hecho los sueños son como una terapia diaria, para que disminuya la carga negativa de nuestros temores diurnos. Precisamente, si son habituales los llamados terrores nocturnos, eso quiere decir que estamos viviendo situaciones de acoso (de todo tipo). Los miedos del día se cuelan por la noche y nos vemos incapaces de suavizarlos soñando.

Cuando el adulto quiere maltratar a un niño…

Y por esto la palabra juego, como las palabras adaptación o libertad está muy prostituida… no siempre el juego es para liberar emociones. A veces se realiza para cargarnos de tanta energía negativa, que no la podremos soltar. Ni en sueños ni con terapia consciente. Son lo que podemos llamar juegos carcelarios.

Y difícilmente se puede liberar con algún tipo de hipnosis. Aunque este tipo de tratamiento “psicoanalítico”, pudiera ser un mecanismo de apaciguar la capa de gen social que está cubriendo al gen biológico correspondiente o complementario.

El chófer homosexual, porta un gen social negativo, que no tiene nada que ver con su orientación sexual. Su gen negativo refuerza simplemente el gen biológico de no empatía e insolidaridad. Muy intensos, dado su desprecio por el bienestar de una cría humana. Llevado por una exacerbada necesidad (artificial) de satisfacer su compulsión sexual, aunque sea haciéndole daño a otro ser humano.

El chófer violador no funciona en ese ataque como un homosexual, solo muestra su capacidad para maltratar a una persona. Está siendo, simplemente, un ser humano, con el gen social necesario para que le dé placer el maltrato de otro ser humano. Porque no le está pidiendo sexo, lo está violando.

Incluso podría ser un presumido social, disfrutando del maltrato y aduciendo que solo es un sádico, que no mata, pero necesita hacerle daño a su pareja. Con esa idea de un desquiciado postmarqués, que se inventó lo del masoquismo. Simples constructos sociales, es decir genes sociales, esto del sadismo y el masoquismo. A fin de cuentas ya Sócrates hablaba de lo mucho que aprendía un adolescente, cuando era violado por los adultos “que le enseñaban a amar”.

Cuando el adulto hace del niño un asesino…

Así que en esta escena, con pistola y crucifijo, tenemos a un adulto con un gen social negativo, que le impide tener límites a su necesidad irracional de placer. Y hasta puede que tenga alguna idea de seguir los consejos de la paideia griega clásica. 

Enfrente está una cría humana, que va a sufrir el injerto de un gen social negativo (muy negativo), que podemos denominar Síndrome de Estocolmo del Asesino Sin Querer, en la mente de nuestro Marcello (con solo 15 añitos).

Del chófer podremos decir, a ojo de buen cubero, que sufre un Síndrome de Estocolmo del Que No Puede Sentir Placer si No Hace Daño.

Porque violar es hacer daño. Mucho daño. Y decirse que así se siente placer, violador o violado, es hacerse el doble de daño. 

Si además se habla de sadismo y masoquismo baratos , con otras hierbas aromáticas, simplemente nos están tomando el pelo.

Confesores…

Y hay adultos que perdonan los pecados, los que ellos quieren perdonar…

Y en la escena del confesionario tenemos al producto de esa violación-asesinato.

Un Marcello hecho polvo, y nunca mejor dicho, porque en su mente poco más que polvo mental hay. Un Marcello que desea fervientemente recuperar su status como ser humano.

Renovarse o morir, es un dicho popular. 

Y Marcello además de inteligente es también algo popular, por lo que tiene claro que debe hacerse con una nueva vida. Aunque sea partiendo de donde su padre decidiera dejarlo : matando a un prójimo. Pero esta vez siendo totalmente consciente, de lo que ello tiene de grave. Esa es la cruz del Conformista, saber que hace algo malo, pero que no puede evitarlo.

Porque un Conformista está sumergido en una tremenda y constante duda. Nunca sabe qué camino debe tomar, porque nunca tiene clara cuál es su meta. Puede saber hacia dónde no quiere ir, pero nunca, nunca, sabe hacia dónde quiere ir. Se va dejando llevar. Esa es una de sus esencias como animal pensante. Pero solo medio humano.

Y por eso se confiesa, aunque tiene muy claro que el hombre que le confiesa no le sirve para nada, a la hora de orientar sus pasos. Solo le vale de confirmación. Sabe que su confesor representa la mayor dosis de conformismo, que puede habitar una mente humana. Ni más ni menos que la Iglesia del Vaticano. Él aún no ha llegado a la degradación mental que supone la obediencia total del sacerdote. Pero quiere asegurarse de que no hay un dios que lo pueda juzgar.

Cuando no incitan a cometer pecados, iguales o peores…

Porque Marcello sigue pensando que nadie le puede perdonar su conformismo. Ni siquiera un dios como dijimos ayer. Pero debe haber alguna persona en la Tierra, que le permita confiar en que es capaz de construirse de nuevo.

Ahora empieza a saber, que puede renacer, si sabe tocar las teclas precisas del órgano vital, que es la toma de decisiones. Solo tiene que ser cuidadoso en los pasos a dar.

Así que ya se puede perdonar y dedicarse a su misión, al gusto del fascismo, porque ello le redundará en sentirse lo suficientemente poderoso, como para ser el nuevo Marcello.

Y entonces renacerá (de “entre los muertos”), como un nuevo Mesías. El que liberará al mundo de todo mal. E incluso de la permanente mediocridad de su especie humana.

En cierto modo se puede decir que, es el propio Marcello el que, por fin, se ha perdonado. Y cumplido así con la meta que lleva en su mente desde que era un niño : trascenderse a sí mismo, para dar un UOMO NUOVO.

Una cita de la novela, para ”ver” como era Marcello…

Porque ya Moravia nos lo deja perfectamenete claro en su novela. Marcello se ha perdonado su pasado, 17 años después de haber matado al chófer (Lino).

Ha superado su personal paseo por el desierto, como Jesús, por lo que ya no necesita a nadie que lo perdone.

Solo le queda ejercer sus nuevas actividades de “uomo nuovo”, para sentirse seguro del cambio producido.

¿Y qué mejor actuación, que conseguir la muerte de su padre intelectual, el profesor universitario de filosofía, ahora situado en Paris como luchador antifascista.

Esa es una meta verdaderamente olímpica, para situarse al lado de su particular Zeus.

Ah, la voluntad, esa desconocida…

Y aquí tenemos a un Moravia, que no sabe nada de sociogenética, pero que nos ilustra perfectamente en cómo funciona el mecanismo del gen social negativo.

Porque hace lo mismo que el positivo, depende básicamente de la voluntad (o las ganas, la capacidad…) del ser humano para ayudar a su ADN en la dirección que marca. Ya que será la más adecuada para favorecer la evolución natural de quien posee ese ADN.

Habla Moravia incluso de voluntad consciente, porque es mucho más efectiva la adaptación a ese cambio producido, si la forzamos voluntariamente. Aunque la voluntad no se puede conjugar realmente con hacer algo involuntario.

De ahí que el llamado lavado de cerebro, resulta en general inoperante, por hacerse contra la voluntad del que sufre ese lavado. Con el paso del tiempo se puede revertir el efecto. Por el contrario, con un gen social negativo bien injertado, ya resulta casi imposible modificar la reescritura del gen biológico.

El proceso de adaptación natural y libre (adn social positivo), se convierte así, en una adaptación social impuesta, que está totalmente dirigida desde fuera, y que resulta casi imposible de anular.

Nos hacemos un conformista, con sus más y sus menos, para el resto de nuestra vida.

La misión…

Y no para de pensar en su futuro…

Marcello no sabe qué hacer con su vida, pero, como dijimos, sabe que debe escapar de determinadas situaciones que le pueden hacer mucho daño.

No quiere repetir aquel momento en el que se vio obligado a matar a un hombre. Colofón de un largo proceso en el que disfrutaba arrancando flores, matando gatos e imaginando matar a su amigo Roberto (novela). Y que acabó matando al hombre que lo quería violar. Ahora, como mucho, solo va a facilitar que lo maten.

Porque esa sinrazón tan poderosa, para matar, aún no fue asumida como razón. Porque lo que se hace con 15 años deja una huella tan brutal, que es difícilmente borrable. Y mucho más difícil, si nadie nos ayudó a limpiarla. Siquiera a desinfectarla un poco. Seguimos siendo aquel niño asesino, que no puede asumir (con razón) su asesinato. Y lo que es mucho peor sigue sin querer reconocer que, en esa muerte, todo fue desagradable.

Por otro lado, tampoco le vale repetir los pasos de su padre, ya que siempre lo considero demasiado nimio, para servirle de ejemplo. El necesita hacer algo grande. Algo que nadie espera que haga. Y, sobre todo, hacerlo con/sobre alguien que llegó a ser muy importante para él.

Por eso, tiene que ir rellenando su nueva vida (una esposa, una misión…)… porque debe erigir su propia estatua, una que lo pueda representar ante el mundo, aunque  le toque así estar demasiado estático, una vez renovado. Pero no puede hacerlo con bronce ni con mármol, aunque sea de Carrara, él es demasiado importante para SÍ MISMO, como para usar materiales que no sean extraordinarios…

Aunque deba pasar muchos muchos filtros…

Por ese motivo, nuestro Marcello está dispuesto a pasar por todas aquellas situaciones vitales, que le permitan ser esculpido, como el nuevo Marcello. Ser, en cierto modo como un Ulises, que debe volver a su Ítaca particular, por mucha odisea que eso le suponga. O, más bien, por vivir esa odisea que lo hará ser el gran Marcello.

No tiene que demostrar(se) que es capaz de emular a su padre (torturador y asesino), porque a fin de cuentas lo desprecia. Al contrario tiene que ser un hombre que todo lo piense dos veces. O tres o cuatro. Porque en esencia debe demostrar que no es un perfecto Conformista.

Él intuye que debe valer para TODO y, al mismo tiempo, no valer para NADA.

Nada muy lejos de la eterna duda de Macbeth : ser o no ser. O del Jesucristo de los Evangelios Cristianos : valgo o no valgo (para el sacrificio en nombre del Padre).

Marcello va a hacer más bien de Judas, pero para que maten a un antifascista. ¿Será capaz o no de hacerlo?

Y aunque se deba arrodillar a veces…

Marcello ha conseguido adormecer a su gen biológico, que le manda/favorece adaptarse a todo cambio, pero siempre de forma que le suponga una mejora evolutiva

Pero puede dejarse llevar por el gen social negativo, que le fue injertado con el intento de violación (y asesinato consiguiente), y que, entre otra cosas le exige no fiarse de nadie? Todo lo contrario de lo que pide su gen biológico, sobre empatizar y solidarizarse con los demás seres humanos.

Todo ello agravado por el gen que la ha insertado su padre, pidiéndole que se adaptara a la necesidad (artificial)  de soportar la tortura y la muerte “del enemigo”. Empezando por la comedera de coco de indicarle cuáles eran sus enemigos.

De alguna forma podemos ver en Matrix, como funciona este tipo de gen social, ya que gracias a él, puede Cifra traicionar a sus amigos, por un simple filete de vaca virtual.

Solo hay que creer que el otro es tu enemigo y que su muerte es necesaria. Todo lo demás viene dado. Simplemente hay que conformarse.

Al final lo que cuenta para él es su meta, no su viaje…

Al Conformista no le interesa Cavafis, ni su idea de que lo importante es el viaje de vuelta. No importa llegar a Ítaca, porque lo que te hace más humano (preparado) es lo que aprendes, mientras consigues tu meta. Mientras luchas por llegar. Eso es lo que dice Cavafis.

Toda meta, como todo límite en matemáticas, es solo lo que buscas conseguir. pero ese aprendizaje vital está en el camino para conseguirlo. La meta es la utopía, pero te haces humano a tope mientras caminas en su busca.

Una vez alcanzada una utopía, ya solo queda desvanecerse como las lágrimas en la lluvia. Ya no te queda nada para aprender. Y por eso Roy Batti quería seguir vivo más tiempo, para seguir aprendiendo, no para disfrutar de una vida placentera, tal como nos la vende la sociedad adulta dominante (SAD). No quería ser un Cifra, su pasión era ser un Neo.

Y por eso es tan inútil desear vivir más de cien años, porque, si somos mediocres versiones de homo sapiens, en nuestros primeros casi 100 años, ¿qué podríamos aprender en los demás años?

Y por eso a nuestro Marcello, ya no le queda otra cosa que hacer. Ya es más griego que Ulises, solo puede dejarse llevar. Y no tiene porqué ser a una Ítaca. Le vale un París, donde está su víctima y que ya dice el refrán : Bien vale una misa.

La independencia no existe…

Como pasa con la felicidad, o la libertad (absoluta), la independencia no existe. solo valen como META, pero una meta que no se puede alcanzar.

El ADN ya lo tiene bien claro, y, por eso, a los seres vivos le ha acoplado una función vital que se llama de relación. Y, si es de relación, quiere decir que estamos destinados a vivir EN RELACIÓN, querida o no, que nos guste o no. Incluso que sea positiva o negativa. Es nuestro sino, como seres vivos.

Así que solo un gen social negativo, tan artificial como la goma de mascar, nos puede abocar a creer (tener fe) que ese tipo de cosas existen : felicidad infinita, libertad absoluta, independencia total… son meras luces de neón, puestas en la noche de los siglos, para  que un ser humano inepto, que no quiera ver la realidad, se deje engatusar.

Y hacer que entre en la sala de baile o de juego, o de sexo, dónde le será injertada otra dosis de adn social negativo… para salir a la calle completamente inmerso en la falsa realidad de la SAD.

Y volvemos a NO exagerar, ninguno de mis posibles yos.

Porque, en el fondo, se trata del viaje de vuelta a ninguna parte…

Cuando el Conformista y su mujer toman un tren para Paris, camino de matar a un antifascista, está simplemente subiendo a su odiseica nave, que lo llevará a aprender lo que nunca quiso haber aprendido. Cuando era un ser humano, que tenía, aún, algo de conciencia de ser EL MISMO.

Ahora ya es otro. Va camino de mudar en la cucaracha kafkiana. La que ve como normal matar a otro ser humano, si ello le permite mantener su privilegio de estar perdido en la masa, pero con el poder necesario para deshacerse de sus propios enemigos.

Quiere ser un Ulises en toda regla, pero con el privilegio de no tener que volver a Ítaca, para acabar con los que quieren robarle su reino. Porque, además, su Ítaca representa los problemas diarios, de quién debe ser responsable, solidario, enfrentarse a los males que tiene “su pueblo”. Este Ulises-Marcello no quiere nada de eso, él solo quiere su Circe y nada más.

Y por ese motivo hace su visita al Hades parisino. Un burdel que regenta el fascismo francés. Y dónde le dará, su Tiresias particular, un rumbo preciso hacia su liberación/perdición.

Porque, en el fondo, ya lo dijimos, nuestro Conformista Marcello, está sometido al azar (fascista), pero no es tonto. Y siempre tendrá la duda de si su adn social negativo, será más potente o menos, que su correspondiente ADN. Y las dudas solo pueden tener su fuente en algo que ya Descartes llamaba razón.

Y en París tiene su particular Hades…

Y por eso es importante cuando la guardiana del burdel, le comenta que ese espacio no es un museo. Porque allí se va para hacer cosas, no para contemplarlas. O sea, que le está invitando a que tome su pistola y se ponga en movimiento. Porque él ya no está en la vida, para ser un simple mirón.

Como bien decía el amigo Aris(tóteles), le toca pasar de ser potencia asesina, a realizarse como acto, asesinando a su ex-profe. 

Y como pasará más adelante, cuando recuerde el mito de la caverna, nuestro Marcello es un artista del pensamiento. Que sea un fascista, o más bien un agente decolorante del fascismo, no impide que tenga cimientos filosóficos de cierta envergadura.

Y si tiene una cosa clara es que ya no es el niño que mató al hombre que pretendía violarlo. 

Ahora sabe que tener bien armada la mente, en su idea primordial de renovarse, es esencial, para que no le asuste lo que debe hacer, ni se derrumbe una vez hecho.

Es decir, ya tiene bien insertado en su mente el gen social negativo, que le hace sentirse inocente aunque asesine a un ser humano. El mismo que tenía su padre, aunque no lo heredase genéticamente.

Allí lo arman para su segundo asesinato…

Es importante esta escena, ya que nos permite observar como no era tan importante el gen social negativo de matar directamente (a otro ser humano), como un gen adosado a ese, que te lleva a creer que, si no lo matas directamente, serás menos responsable.

Sería algo así como un Síndrome de Estocolmo del Asesino Indirecto, que te libera de sentirte culpable del acto que comete otro, aunque tú hayas ayudado, incluso a ser esencial, para ello.

Al final hablaremos con más atención de una extraordinaria ilustración de nuestro gen social negativo, que hace Moravia en el final de su novela : porque se puede tener injertado en la mente, un gen social negativo, aunque no corresponda a un hecho que haya sucedido realmente.

Estamos en el mundo de las creencias… y en él todo es tan real como falso… no se diferencia lo que ha pasado en realidad, de lo que nosotros creemos que ha pasado.

Esa es precisamente, la esencia de la FE. Con ella TODO es posible.

El creyente se basa en la esperanza, en la fe, no en la experiencia…

Ya lo dijimos al principio… el Conformista siempre está esperando algo… Porque necesita tanto como el aire que respira, que su esperanza se cumpla. Para bien o para mal, pero nunca podrá vivir en la incertidumbre.

Ese no saber lo que va a ocurrir, que no tiene nada que ver con la desesperación ante el futuro no escrito. Porque la incertidumbre, como bien enseña la mecánica cuántica, solo nos dice que hay varias posibilidades de que algo suceda, y que todas ellas son igual de probables. O, por el contrario, una es más probable que otras.

Pero no hace desaparecer, para nada, el hecho de saber proyectar cara el futuro, porque sabes con certeza que algo va a ocurrir : la vida es precisamente esperar ese suceso vital, que nos permita seguir adelante. En una dirección u otra, pero seguir caminando.

Porque la vida es un continuo cambio. Si nos quedamos estáticos, es cuando    no hay probable (ni posible) evolución.


Vivir es abrir la caja dónde se halla el gato de Schrödinger y comprobar lo que ha pasado. Darse cuenta de que, cualquiera de los resultados posibles es un avance. Al menos para nosotros, no para el gato (si ha muerto). Pero, atención, es que el gato es virtual. Es un experimento mental. No existe, solo lo hemos creado en la imaginación para entender mejor lo que supone vivir en la incertidumbre. ¡La probabilidad matemática no mata! Y el gato imaginario tampoco puede morir. Además de que se podía discutir si la muerte no es, en cierto sentido, un paso adelante en la marcha de la vida.

Y por eso, como Ulises, sigue buscando su Circe…

Nuestro Ulises/Marcello sigue buscando la Circe que lo transforme en otro. Pero tiene que conformarse con una Penélope. Y así, como al Ulises homérico, le tocó quedarse sin “su” preferida Helena, según dicen las malas lenguas, también debió conformarse con esta Penélope.

Y es que todos tenemos que hacer de vez en cuando de conformista. No siempre los dioses del Olimpo están atentos a nuestras humanas vicisitudes.

Es eso es precisamente lo que hace que siempre despreciemos a las Giulias, porque ya no deseamos comprenderlas. Seguimos aferrados a la diosa Atenea, que tanto anhelamos. A fin de cuentas, ni somos capaces de admitir que Circe es solo un sucedáneo de esa diosa. Y mucho menos admitir la fuerte personalidad humano/divina de Circe, con toda la carga feminista que puede llevar encima, en una lectura actual. 

Y por ese motivo pensamos aquí,que perseguir una meta inalcanzable, incluso para un dios del Olimpo, destroza todo proyecto que se empiece, por muy bien esbozado que se halle.

Viene a ser el Gran Síndrome de Pigmalión Inacabante, que pretende forjar un ser humano, para colmo una semidiosa, a partir de la fe que nunca podrá mover montañas, actuando sobre un poco de barro o sobre un gran trozo de mármol. Por lo menos Circe los mudaba en cerdos, a los humanos, lo cual parece un proceso mucho más lógico.

Porque esta Circe no le vale para sentirse realmente NUEVO…

Porque Giulia no es ninguna Circe, ni siquiera llega a ser una Penélope. Es el modelo ejemplar de la mujer que desea fabricar el fascimso italiano.

Giulia debe ser una mujer de su casa, que no sepa de nada, y que no tenga ningunas ganas de saber o de hacer. Siempre está bien dispuesta a servir a su marido. Atenta a las órdenes de su amo, en este caso Marcello.

En el fondo, y en la superficie, no deja de ser una variante femenina de Marcello. Solo que ella no está inmersa en el proceso de renovación, que Marcello quiere llevar a cabo. Aunque no sepa muy bien el cómo. 

El gen social negativo de Giulia no le deja ni percibir que existe esa posibilidad de liberarse. Ni siquiera tiene ansia por normalizarse, según un modelo propio (como Marcello). A ella le llega con seguir el modelo social impuesto por el fascismo. Por eso hablamos en estos casos del Síndrome de Estocolmo, aplicado a diversos campos de la interacción humana con su entorno : autoestima, machismo…

Realmente, hasta la pregunta de la imagen, es difícil que se la haga una Giulia analógica…

Porque aquí es Ulises quien decide… o cree decidir

Y es que Giulia, como Circe, en alguna versión de esa parte de la Odisea, no tiene nada que decidir, ya que para ESO está su amado esposo Marcello.

La Historia es el relato de lo que pasó en este Universo conocido, contado por los ganadores de cada batalla entre seres humanos. Dentro de ese conjunto de relatos de triunfadores, está el subconjunto de los relatos que el hombre ha escrito, para contar la historia de las mujeres. Como un mero apéndice de la sociedad patriarcal.

Hay un principio básico, no natural, generado por esa sociedad patriarcal, de que es el hombre quién sabe como dirigir el proceso de la historia… aunque sea la historia de TODA la humanidad, y no la de una mínima parte de ella.

Pero, como pasaba en las sociedades clásicas con la esclavitud, nada impide que una gran parte de esa humanidad no tenga reconocido un estatus de ciudadano libre. De ser un ser humano pleno.

Y esos pasa con las mujeres. Y eso pasó con pensadores como Sócrates haciendo que encendían la bombilla, que se supone tenían en el cerebro. La Eureka de Arquímedes que, en relación con la opresión femenina, debía ser más bien Eureko.

Una mujer…

Mujeres y hombres tienen un enemigo común…

Porque lo de las mujeres es muy curioso. Y muy relevante. Y, para ellas, megacabreante. Aunque nunca nos cansamos de decirlo, al Sócrates nunca, jamás, se le ocurrió preguntarse por ello.

Parece como si los pensadores clásicos griegos, y muchos más que vinieron después, se encontraran con un obstáculo invencible al querer pensar en sus mujeres. Y en sus hijas, amigas… políticas ya no había… pero sí prostitutas…

Estaremos equivocados, pero a nosotros (a todos mis yos, aunque alguno quiera despistarse) nos parece algo muy raro. ¿Qué pasa con las mujeres?

¿Será que realmente son una panda de histéricas, como dice un buen machista?

¿O será que, lo de meterlas en la cueva para hacer la comidita, fue uno de los primeros genes sociales negativos, que la sociedad patriarcal se sacó de la manga?

Pero… las mujeres soportan doble opresión!!!

Así tenemos que esa idea tan “maravillosa” de que la mujer se quedara en la cueva, permitió hacer que la organización social exterior dependiera exclusivamente del macho. Pudo hacer y deshacer normas sociales a su antojo. Y además esas normas sociales quedarían por encima de las familiares.

La mujer es un simple objeto, como la mesa de la cocina, que podía organizarse con las normas sociales aplicables a los seres inanimados del planeta. 

Ni más ni menos.

Y eso sí, como el macho no es tonto del todo, alcanza a ver que podía dejar a la a mujer que realizara algún trabajo fuera de la cueva, pero sin tener, lógicamente, el estatus del macho trabajador (y menos el de vividor):

O sea, que la mujer pasó de estar dominada por el macho, a estar también dominada por otras mujeres; aquellas que lograban un puesto social más relevante que el de ama de casa. Incluso como prostituta de lujo o amante de un poderoso señor. De tal forma está dominada socialmente, que, incluso con militantes de izquierda, la mujer podía sufrir una doble opresión : en su cueva/casa y en el trabajo. Y, como decimos, incluso en la lucha reivindicativa por la libertad de los oprimidos. En la calle codo con codo, pero en el hogar de militantes siendo la clásica “ama de casa”.

Así que decide dar el paso decisivo…

Pero volvamos a nuestro Marcello, y nuestra Giulia, en su proceso de renovación. De Marcello que intenta renovarse, porque Giulia debe hundirse aún más en su papel de ama de casa fascista. Por acción o por omisión. Lo que podemos llamar un tipo típico de parafascismo. 

Actuar inconscientemente como un apoyo real al fascismo, pero diciendo constantemente que “ella no se mete en política”.

Son estos seres humano apolíticos, que sustentan bien a fondo el edificio fascista.

Ese pueblo, esas masas, que no se movilizan buscando un cambio político, porque están más a gusto siendo los cimientos de la dictadura que les regala una limosna.

Y ese gusto, que parece innato, es algo que se fue adquiriendo a lo largo del tiempo, ya desde que eran crías humanas. Aquí le llamamos un injerto a plazos de un adn social negativo. Nada que ver con su ADN.

Porque ser conformista no impide ser decisorio… ¿o sí?

Y este ser humano, Marcello, que obedece a su adn social negativo, en vez de a su ADN madurado, es el agente que la SAD, en este caso fascista, usará para una misión importante : matar a un contrincante político.

Y nada impide que un conformista como Marcello tenga clara su decisión de ser un asesino, aunque sea indirecto. Y aunque solo lo parezca.

De hecho ese adn social negativo ya comprende varios genes sociales negativos, que son como tiritas, como parches quirúrgicos, que permitirán sanar rápidamente la herida que produce tal acción inhumana.

Todo está previsto. No por la naturaleza, en este caso por la SAD (sociedad adulta dominante).

Así que Marcello, a medias, y Giulia en la inopia, van camino de matar a un inocente.

La sombra…

Pero no puedes llegar a Ítaca tú solo…

¿Y qué pinta Giulia en esta historia? ¿O qué pinta un tal Arnolfo/Manganiello, agente fascista? En el injerto de un gen social negativo, intervienen muchos personajes secundarios. No llega con querer ser un conformista, para lograrlo plenamente.

Como siempre que hablamos de la maquinaria social de una SAD, no podemos olvidar que debe haber muchas piezas en el engranaje social, para colaborar en ese injerto que te están haciendo a ti.

Porque la batalla final se gana siempre a partir de pequeñas batallas parciales.

Y el camarada “Sombra”  es en esta aventura odiseica, una de las piezas fundamentales, para que Marcello no se vaya hundiendo en la miseria de su conformismo. Él es quien le ayudará en los momentos más bajos, a renovar su ansia por hacerse de verdad un fascista completo.

Y no tanto por amar el facismo, en el fondo todo le da igual, como por conseguir renovar sus votos. Esa sensación, que tanto le cuesta mantener bien atada mentalmente, de que su asesinato de infancia no fue en vano.

Marcello, como Odiseo, necesita fervientemente superar una serie de pruebas, que el destino le ha puesto en su camino. En el fondo, es un conformista, tremendamente inconformista.

Necesitas mucha ayuda, muchas sombras…

Y para eso están las sombras. O las sirenas homéricas. Y, a falta de diosas como Atenea, Marcello tiene a su No Circe (Giulia), que le afirma en su intención inicial de seguir por ahí… y, sobre todo, tiene el tentáculo fascista del agente que lo acompaña, que le obliga seguir pensando en su crucifixión… como algo beneficioso. En este caso para él, no tanto para el prójimo (como sí era la de Jesús).

Y hablando de Jesús, podemos traer a cuento el problema inicial de Marcello, en cuanto a desconfiar de muchos mantras que la SAD tiene montados como tradiciones, incluso como dogmas de fe…

Por ejemplo, el famoso Ángel de la Guarda, que se sacó de la manga la Iglesia Católica, a partir de creencias varias, para usurpar la función natural del amigo imaginario.

O quizás no. Fue una simple coincidencia, por tener la misma función, ya que tampoco se puede pensar que la inteligencia media de la Iglesia Católica dé para este tipo de intrigas tan elaboradas.

Lo que está claro es que Marcello considera que, ahora, sí tiene un ángel de la guarda, que cumplirá con su función de protegerlo de todo mal. O, al menos, que tan inocente ya no es, de casi todos los males probables.

Otra mujer…

Y es que siempre puede aparecer la verdadera Circe…

Y así llegamos a Circe, a la verdadera. A la buscada ansiosamente por nuestro Ulises-Marcello. Una semidiosa que nos obliga a replantearnos toda nuestra misión en la vida, de forma que nos llene de dudas… que, al ir respondiendo, nos haga más fuertes. Nos permita volver a nuestra Ítaca, mucho más fuertes de lo que habíamos salido.

Esperamos que ella también haga de sombra nuestra. Como Circe, incluso como Atenea, la que nos protege de todo mal.

Aunque ya no pensemos en ello. O, precisamente, porque sí seguimos pensando en modo acosador, necesitamos respirar ese aire que forma nuestra divina protectora.

Si nos fijamos en la novela, incluso más que en la película, esta Atenea-Circe es esencial para hacernos el nuevo hombre, que queremos ser.

Sin ella podemos perder parte de la energía que nos sostiene. Esa falsa idea de que ya superamos la muerte del chófer y podemos regenerarnos como un nuevo fénix. Aunque, al final del camino, quedamos tan solos como cuando lo empezamos. De nada nos valdrá llegar a Ítaca, tan vacíos como salimos.

Porque la mujer no es tonta… y se puede dar cuenta!!!

Pero… ¿Qué papel puede jugar este tipo de Circe, en el proceso de renovación que busca Marcello?

Como es lógico (natural), muy ambiguo. Porque esta Lina/Anna  será el elemento humano, que sirva como catalizador en la reacción psicológica que va a sufrir el Conformista.

Será ella la que le dé la energía inicial para empezar , de verdad, el profundo cambio que va a venir. Y, al mismo tiempo, puede ser el freno que le impida realizar su acción. Teniendo que cumplir además, algo casi imposible tratándose de humanos, el salir indemne como catalizador de su papel en ese cambio.

Ella misma, como buen catalizador humano, tendrá sus dudas a la hora de tomar decisiones que pueden favorecer o retrasar la reacción.

Como la Circe homérica, no tiene demasiado claro si ser defensora del profesor o caer en las redes del Ulises que la intenta pescar. Algo que varía en la novela original, pues parece que su objetivo es Giulia. Lo que está claro, es que somos así los humanos. No valemos como catalizadores. A lo más que llegamos es a ser buenas celestinas.

Aunque las emociones le puedan…

Porque nuestra mente no suele jugar con ideas bien definidas.

El toma y daca entre la inteligencia racional y la inteligencia emocional, por ejemplo, nos hace dudar mucho más de lo que podemos tener previsto. Ser un vulgar Hamlet no es tan raro.

Y si puede haber trifulca entre ambas inteligencias, ya no digamos si por el medio se meten diversos yos.

Esos núcleos de ideas, que intentan ser autónomos y, en cierto modo “hacerse con el poder”, pueden hacer que la toma de decisiones sea una auténtica batalla.

Una batalla, para colmo, sin vencedores ni vencidos. Pero con un cierto caos temporal, que nos dificultará bastante los pasos a tomar.¡Somos así!

… obnubilar más de la cuenta!!!

Así que tenemos en la misma escena, a un conformista, que no sabe bien si renovarse, anulando su conformismo, o renovarse (también), pero afianzando su conformismo.

Y enfrente a una mujer que también va a dudar. Y mucho, aunque más en la película que en la novela. No sabe si conformarse (sagrado conformismo… un gen social muy negativo), con seguir en su papel de amante esposa o adentrarse por un terreno, donde se puede renovar o despeñarse, dejándose vencer por una atracción, que le puede resultar fatal.

Sea ligando con Marcello o ligando con Giulia, ambas posibilidades alejan a Anna del profesor. 

Y, además, sin tener la garantía suficiente de que su aventura, más infantil que odiseica, le pueda llevar a una renovada Ítaca.

Pero ese es el cometido de su gen social negativo, ese deseo mental que la arrastra. Nunca podrá asegurarse, de que la interacción entre el gen social negativo y el ADN, en un medio social muy disperso, pueda llevar a buen puerto.

El profe filósofo…

Marcello es uno frente a todos…

Y expuesta la anterior reflexión, nos va a tocar pasear otro poco por el terreno de la filosofía. Ya que, además, tiene un especial hueco en la narrativa vital de nuestro conformista.

¿Quiénes le rodean, por ejemplo? 

¿Son acaso los espectadores de la caverna platónica… esos que se han ido convirtiendo, poco a poco, en los guardianes de la palabra, casi santa, del líder máximo?

¿Puede ser el círculo de fanáticos seguidodores del profesor, que lo rodean, para llevarlo hasta el Gran Líder de la Iglesia Antifascista. ¿O no será (aún) una iglesia, porque solo está empezando?

¿Serán los aprendices de filósofos, que van a cerrar bien las puertas de la escuela, que se está a crear en ese piso? Para delimitar claramente quién debe entrar y quién no, en el sagrado recinto.

Usar un mito para…

El mito platónico de la caverna también nos vale para ilustrar nuestras reflexiones sobre este aspecto de la sociogenética : ¿Cuál es la esencia del gen social? Para qué vale, cómo se implanta…

Porque el espectador de la caverna tiene su propio ADN. Incluso en cautividad el ADN va madurando de forma natural y libre, hasta que se encuentra con obstáculos ambientales que se lo prohíben.

Y entonces, cuando las sombras que le proyectan los poderosos en la pared, debían servir para madurar lentamente las capacidades que tiene marcado el ADN, al contrario, se las pueden ir debilitando. Esas sombras que están viendo, creyendo que son reales pueden valer para difuminar la marca del gen biológico : por ejemplo, hacerse cada vez menos empático, y en paralelo más insolidario.

Pero si las sombras te van contando cómo la sociedad necesita menos empatía y solidaridad, para ir aumentando en sus antagónicas… entonces, ¿qué pasa?

Con esa educación/domesticación recibida, ¿Qué tipo de ideas portarás en tu mente, una vez que te dejen salir de la cueva?

… darle más valor al nuevo cambio…

Si las sombras eran tú realidad, quién te aseguraría que lo que veas, una vez fuera de la cueva, sea de verdad una realidad? ¿Por qué no pueden ser otro tipo de sombras más sofisticadas, pero igual de irreales?

Hoy en día con los avances tecnológicos, esto, que a los contemporáneos de Platón (y mucho después) parecería ser algo mágico, ya no lo es tanto.

¿Cuántas realidades puedes estar mirando, hasta dar con una que pueda tener algo más de verdad?

Pero es que, lo esencial de esta metáfora filosófica no es hacerte un especialista en ver realidades. Solo intenta que te metas en tu cabeza la extrema importancia de la duda.

Y eso que aún no llegamos a Descartes… pero ya estamos en el mundo de Sócrates, sintiendo la imperiosa necesidad de hacerse preguntas. ¿O no?

… un cambio tan profundo…

No necesitan saber nada de si la mano existe o no existe. Y menos si les va a ayudar o, más bien, a dar unos buenos tortazos. Eso en principio.

Solo necesitan darse cuenta que están viendo algo y que lo deben observar lo mejor posible, para poder notar, sacarle datos, que le sirvan para tener un conocimiento seguro de que cosa puede ser esa sombra.

Pero ese conocimiento necesario (sobre lo que puede ser la sombra de la mano), es algo que precisa, como paso previo, un conocimiento que va a ser básico… sobre todo, para que algún día sea posible salir de la cueva.

Y ese conocimiento previo consiste en que el espectador que mira y trata de ver las sombras con atención, necesita hacerse ver a él mismo. Es decir necesita imperiosamente darse su propia existencia.

¿Verdad Descartes?

… que hace de la sombra de un hombre…

Y ¿por qué la sombra no puede ser el verdadero ser humano, que va caminando de un lado a otro de la pared?

¿Qué nos puede hacer pensar que haya otro tipo de ser humano, más “perfeccionado”? Sobre todo si nuestros amantísimos sacerdotes nos dicen que eso es lo cierto. ¿Cómo van a estar ELLOS equivocados?

¿Qué razón tenemos para dudar de lo que vemos, salvo precisamente que tengamos eso que se llama razón?

Podemos ver ahora la grandeza del pensamiento cartesiano, cuando nos pide que dudemos, incluso de nuestra propia existencia como observadores (de sombras o de lo que sea).

Porque Descartes nos dice, que antes de pensar en “lo demás” tenemos que pensar en “nosotros”. Porque resulta inútil pensar en otros si antes no has pensado en ti. Si no has construido primero tú YO. Y no en modo egoísta, para quedarte con la calderilla del cambio (social), sino para darte tu propia existencia, cuando piensas en ti, y… a partir de esa situación existencial, poder ya pensar en el resto de las cosas, inertes o vivas, que se supone están formando esa realidad que tenemos enfrente de ese nosotros.

… otro nuevo hombre!!!

Porque una vez que dudas, ya necesitas pensar en ti… sino quién va a tener esas dudas vitales… necesitas ese yo que servirá de referencia… y, una vez que te pensaste, ya puedes ver, siempre que los mires bien, a otros seres humanos como tú. O, al menos, muy parecidos. 

Es decir, podrás pensar también que nada impide que, igual que tu yo recién generado, pueda haber otros yos, generados en otros cuerpos parecidos.

No tienes porque tener la exclusiva de una existencia individual.

Y es precisamente esa capacidad de pensar(te), de generarte un yo, o sea una mente pensante, la que te garantiza un modo de actuar.

Y te da pie a pensar que puedes ser el hombre nuevo (el que piensa), aunque no tengas ni idea del ADN que puede ser el paridor de tal mente. O incluso que fue puesta en tu cuerpo por algún ser divino. Eres el nuevo Adán.

Nos viene a decir que, él, es el nuevo Ulises…

O si nos ponemos en modo clásico griego, puedes ser el nuevo Odiseo. O ya puestos el sucesor de Mussolini. El Gran Jefe del fascismo, el nuevo Julio César (y Augusto al mismo tiempo).

Pero nos quedamos con Ulises, ya que él representa esa transformación que necesita Circe… para sentirse realmente a la altura del Olimpo.

Un Ulises más osado que Odiseo, porque está renaciendo.

Un Uises que intenta cumplir la misión encomendada, que le devuelva la seguridad de quién es. Que le quite de encima el peso de su traición (y asesinato).

Un Ulises que pueda incluso dejar atrás a su amada Ítaca. Porque sabe que, si vuelve con Penélope, le será imposible reinventarse. Va a ser el Marcello mediocre, un vulgar conformista, con su pasado en la cueva y un presente sin futuro. Pero él lo que quiere es, ser el Marcello resucitado.

Circe

Y mientras Circe, trabaja…

Porque el gen social es más difuso que el biológico. No tiene detrás toda la historia que la naturaleza guarda desde la noche de los tiempos. El adulto dominante que lo fija puede marcar caminos, que ni siquiera estaban previstos.

Recordemos que la marca genética natural viene de muy lejos. Con palabras escritas por antecesores nuestros.

Y eso hará menos maleable la frase que han escrito.

Pero el gen social que debe neutralizar nuestra adaptación con empatía y solidaridad, puede ser demasiado fuerte.

Porque puede ser injertado en un ambiente que lo hace grabar a fuego. La carga traumática que le acompaña puede ser tan brutal, que le hace montar una cantidad enorme de circuitos mentales, que oscurecen lo escrito en el ADN.

Va echando las redes…

Y Circe tiene su propio adn social negativo, por el cual debe introducir en la mente de Giulia buena parte de él.

Y no necesita que se adapte a usar una multicopista, para editar panfletos izquierdistas.

Lo que necesita es atraerla hacia su modo de comprender el mundo. Y puede que hasta conseguir que se una a ella en la lucha que parece llevar a cabo.

Aunque eso pase también por una posible unión sentimental (en la novela), tratando de conquistar afectivamente a la inocente Giulia.

Y en la interacción de estos dos seres humanos, una que caza y otra que no quiere ser cazada, reside la extrema complejidad de cómo actúa el gen social, sea positivo o negativo. Aunque siempre es peor con el negativo, porque el positivo tiene ya los railes hechos del biológico, para ir fructificando en su maduración. Mientras que el negativo, puede decirse que parte de cero. No tiene aún la vía hecha, por dónde debe guiarse. Pero, una vez empezado el movimiento, lo puede hacer más rápido y con mayor intensidad. Esa característica del gen social es lo que le permite neutralizar al biológico, suplantado su escritura.

Y cogiendo confianza… (demasiada)

Y es que el gen social negativo de seductora necesita encontrar enfrente al gen social negativo de “dejarse seducir”. Lo contrario puede hacer imposible la tarea de suplantación.

Porque, aunque se piense lo contrario, la seducción natural es un momento básico en la fase de apareamiento, ya que no puede haber acercamiento entre dos cuerpos, sin un mínimo de atracción. 

Que, en el caso humano, es más bien una atracción mental. Lo que hace muy complicado que la carga seductora genética, no se vea reforzada por una carga seductora social (publicidad más o menos pornográfica), para convertir la tarea de seducción natural en una tarea de acoso y derribo, de carácter sexual y, como no, totalmente social.

Ya no se trata de conquistar la plaza en pie de igualdad, bien sea macho sobre hembra, como puede ser hembra sobre macho. Lo fundamental, repetimos, es esa  necesidad de igualdad en la responsabilidad amatoria. No se trata de conquistar una posición amatoria, que te permita oprimir a la pareja. Como si fuera una colina ganada en determinada batalla.
Y, no hablamos, claro está, de posiciones  kamasútricas. Hablamos de como la relación paritaria entre macho y hembra (o con mismo sexo) se hace con el sometimiento de uno por el otro. Que normalmente, en la sociedad patriarcal, como es “lógico”, será del macho sobre la hembra. Incluso si el papel de macho dominante lo tiene que tomar el hombre o la mujer, en una relación homosexual.

Pero Circe tiene que jugar a dos bandas… una es Giulia

La otra es Marcello. Pero, como Anna no es Circe realmente, se va a desequilibrar en la relación de atracción/sumisión con Marcello. Aunque en la novela de Moravia, ella no siente atracción hacia Marcello, sino que está volcada en Giulia.

Pero Bertolucci es Bertolucci y el manda en su versión cinematográfica. Pensamos que está mejor la versión original, en este punto. En la película parece como si la atracción sexual pudiera neutralizar la aversión casi instintiva de Anna hacía el conformismo fascista de Marcello.

Y eso que no sabe sus intenciones sobre el atentado a su marido.

A veces el ansia erótica del director puede ofuscar el mensaje ideológico y político de lo narrado.

Así que aprovechemos estos momentos de interacción, Circe-Ulises, para sacar algo de provecho analítico, en nuestras reflexiones.

La otra es Marcello…

La otra banda de juego, para Anna/Circe, como dijimos es Marcello. Porque Giulia solo era una conquista sexual, pero, de Marcello, tiene que defenderse (defender a su pareja), para lo cual debe preparar un buen ataque.

Ya dijimos también que pasamos del enfoque supererótico que se marca el director de la película.

Suponemos que Anna intuye que Maracello está con ellos, con una intención oculta, ya que no lo considera un interesado por la filosofía. Por mucho que disimule (un gran gen social negativo).

Y eso hace que deba jugar con cierta ambivalencia, para intentar que Marcello se confíe.


Aquí se combina un juego erótico, totalmente natural, con un juego al gato y al ratón, totalmente artificial. Y decimos que es artificial (social), porque los gatos si tienen que cazar ratones, pero los humanos no necesitan cazar (actualmente), ni siquiera gatos. Menos aún a otros humanos. Buscar el punto débil de otro ser humano es seguir los dictados de un gen social negativo, que te mandó destruirlo. No se hace, normalmente, para ayudarlo. Ni siquiera a los grandes amigos de la novia o del novio, cuando hay una ruptura sentimental.

De quién debe defenderse…

Así que Anna/Circe lo tiene bien claro. Aunque, como luego veremos, se mueve en una contradicción, que epodemos llamar de “política de salón” (aristocrática), su misión es clara : intentar ver lo que planea Marcello, para intervenir adecuadamente.       

Solo que su conciencia política, tan insuficiente, le va a jugar una mala pasada.

Ha debido vivir demasiado arropada por el chico de la película, su marido antifascista, y no ha madurado lo suficiente, para luchar contra la dura realidad de un conformista como Marcello. Capaz de todo, para renovarse como ser humano. Viene a ser su vuelta a Ítaca.

Para neutralizar a Marcello, se necesita algo más que buenas intenciones.

Como le pasa a muchos activistas políticos, quiere salir al bosque sin la preparación adecuada.

La sabandija fascista que solo piensa en su renovación…

Y Marcello, como buen conformista, sigue vacilando entre su cometido asesino o su posible conquista de una semidiosa.

Porque ser conformista no quiere decir que uno se conforme con lo primero que ve, no, uno es conformista porque no va a luchar por eso que quiere más allá de un mínimo esfuerzo.

Si lo tiene que sudar un poco, seguirá haciendo lo que sabe. Que, a fin de cuentas, será siempre lo que más le mandan.

No es la creatividad, precisamente, una capacidad genética del conformista. Si lo era biológicamente, está claro que la perdió socialmente.

En estos momentos lo puede mover un simple golpe de viento. El conformista tiene mucho de veleta. O como mínimo de junco muy delgado.

Aún así Ulises/Marcello no puede evitar la tentación…

Y como buen veleta, Marcello va a intentar que el aire sople por un momento a su favor. Va a intentar ligar a esa Circe, que tanto parece prometer como diosa renovadora.

Como conformista con ganas de renovarse, el pasado le lastra demasiado, va a probar si es capaz de hacer algo nuevo.

Porque en el fondo, muy en el fondo, se mueve en una contradicción (como todo ser humano que no sea un zombi)… quiere dejarse ir, pero le molesta no intentar una nueva jugada. Nos emociona el juego (desde niños).

Va a visitar a Circe en su isla, dónde da clases de baile, e intentar seducirla con su escaso arte. Aunque él cree que puede más de lo que realmente puede.

Somos así de ególatras. Y de sabihondos. Y sí, también de sabandijas. Pero nos cuesta mucho reconocerlo.

Necesita probar si Circe es tan poderosa como dicen…

Y para eso debe dejar a su Penélope en Ítaca. En su hotel, en este caso sin acompañarla a la Tour Eiffel.

Debe intentar un ataque sorpresa, para coger a Circe/Anna con la defensa baja.

La Circe que no le espera… y que está haciendo lo que su adn social positivo le indica. Simplemente ser la profesional que puede ser, sin meterse en política o amoríos.

Porque la política y los amoríos están plagados de una genética social negativa, que desvirtúa totalmente su ejercicio.

No hacemos política ni amamos realmente, solo surcamos como hace la tabla de surf, por la superficie tanto de la política como del amor. Representamos socialmente nuestro papel de políticos y amantes, sin rozar siquiera su esencia.

Porque su Penélope ya no le llega…

Y es que su Penelope/Giulia solo sirve epara nadar en la superficie del océano que Marcello necesita.

Intuye que su Circe/Anna tiene todo lo que debe tener una hechicera, una semidiosa, capaz de renovar en él lo que parece tan oxidado.

Quién, sobre todo si es macho, no tiene en su imaginario individual, pero tomado del colectivo, la imagen de hombres matando animales para ofrecer en sacrificio a los dioses… algo así como, inconscientemente, hacía él cuando de niño mataba animalitos.

Y por eso intuye que esa figura casi irreal, angelical, que dimana de Anna puede ser la Circe de sus sueños… y ayudarle así a reencontrarse, con aquel niño mata pájaros.

En cierto modo viene a ser el compendio de hechicera y ángel de la guarda. Ese que le faltó de pequeño, cuando tuvo problemas existenciales profundos. La necesita.

Evidentemente necesita a una maga que lo resucite…

Y a por ella va incandescente.

En el fondo es el niño al que le prometen su juguete favorito, pero no sabe prever que no todas las promesas se cumplen.

Una lección primordial, que se debe aprender en la adolescencia. Esa que nuestro Marcello no tuvo.

Y por ese motivo es tan grave que eso que suele pasar de niño, la falta del juguete deseado, te vaya a pasar en plena adolescencia.

Ya no digamos si te pasa en tu adultez, cómo le está pasando a nuestro Marcello. ¿Cómo conformarse, ahora, con quedarse sin el juguete prometido?

Y ahí estaba su Circe, enseñando danza…

Porque el juguete de Marcello es Anna. O como él prefiere creer sin pensarlo  mucho, su Circe. Su maga.

Y el gen social negativo, que Marcello arrastra de su infancia, es el que le marca esa necesidad imperiosa de poseer ese juguete. Y siempre que actúe como un juguete, para “robarle” la seguridad emocional que necesita. No le vale una Barbie con conciencia reivindicativa. Necesita a alguien que se cree más fuerte mentalmente de lo que es realmente.

Porque Marcello solo busca un nuevo juguete, para recomponer el juguete roto que él es.

Tiene su gen biológico, que le haría apreciar a otro ser humano (no diosa) como Anna, para realmente intercomunicar emociones y reflexiones.

Pero él necesita una muñeca casi perfecta, para echar sobre ella la mierda que almacena su contaminada mente. Y eso es una aplicación directa de su adn social negativo.

Y él también estaba allí, necesitado de su magia…

Así que se van a enfrentar dos seres humanos, no semidioses ni héroes, cada uno con su gen social negativo correspondiente.

Marcello cree que puede conquistar a Anna como amante sumisa.

Anna considera que tiene la magia necesaria, para adormecer al Ulises que se le aproxima y hacer de él una nueva mascota.

Porque Marcello es básicamente un conformista que quisiera ser inconformista, pero Anna se cree más seductora de lo que realmente es.

Son las costumbres sociales las que nos hacen creer que somos otra cosa. Nos alejan del escenario real, para situarnos en un teatro del mundo, donde estamos disfrazados de “otra cosa”. Y de esto nos habla la sociogenética.

Frente a frente… Circe y Uises…

Por ese motivo andamos jugando con el rol de Ulises y Circe… porque, en el fondo, ni Marcello es el Marcello que se cree ser, ni Anna es la Anna que se cree ser.

Ambos son producto de una combinación lineal de ADN biológico y adn social, positivo o negativo… y una combinación que sufre interferencias constantes y profundas, cada vez que el ambiente, natural o artificial, incide en su “maduración”.

Pero no es una interferencia más o menos suave, como la que denuncian los teóricos de la educación, sobre todo en su corriente conductista… no, estamos hablando de un injerto sociogenético, que hará del ser humano afectado, sea un Marcello o una Anna, algo muy diferente de lo que podría ser, según el proryecto de la naturaleza, si lo dejaran madurar natural y libremente.

Lo que no quiere decir tampoco, que su maduración debiera ser sin interferencias de otros adultos, para ser completamente libres. No. Porque hay adultos que inciden en la maduración de la cría humana de forma totalmente positiva. De hecho, son necesarios para que se dé esa maduración positiva. ¡El peligro son “los otros” adultos, los que la malogran!

En el fondo de este drama, circula el pensamiento vital del ser humano pensante… el que ya dejó reflejado Shakespeare tan admirablemente.

Una Circe poderosa… y dubitativa!!!

Ser la amante de un fascista, para colmo conformista, o ser la compañera de un antifascista muy famoso… ¿podría ser este su dilema?

¿Cómo escoger el ser si no sabes dónde estás, en qué fase madurativa, para seguir haciéndote… y, realmente, lo qué escoges es el no ser?

Anna, en estos momentos, tiene más energía acumulada (en su cerebro) de la que puede gestionar (en su mente). Y eso no es bueno para tomar decisiones. Sobre todo si son muy importantes.

¿A cuántos (y cuántas veces) no nos pasa algo parecido? 

Aunque no estemos ni la mitad de cachondos y cachondas… e incluso, si es necesario, “cachondes”. Y no retiro el apelativo de cachondas, porque precisamente en la izquierda, aunque con fuerte disimulo, permanece una buena dosis de machismo. Y, en cualquier célula comunista, nuestra Anna también lo llevaría claro.

Una Circe que se parece mucho a Hamlet…

Sí, ya dijimos que el dilema de ser esto o ser lo otro, nos come el tarro (cerebro) más de la cuenta.

Algo bien rídiculo, si tenemos en cuenta que entre el blanco y el negro, límites del espectro de grises se hallan un infinito de tonalidades.

Nunca hay que escoger entre el B y el N, porque eso es imposible. Además es como los límites, los extremos no existen… la recta se hace infinita y solo podemos permitirnos la elección del sitio más cercano al extremo… pero nunca llegaremos a ese extremo.

Realmente, en política, por ejemplo, siempre podemos encontrar alguien situado más al extremo que nosotros…

Pensemos por un momento en Hitler, Stalin, Netanyahu… el siguiente en la lista fue o es más extremista que el anterior… Hitler creó el campo de concentración,  Stalin lo mejoró con el Gulag.. y el llamado Bibi se superó, generando el campo de concentración que ocupe todo un país, como en el caso de Gaza. Realmente, para Netanyahu, Gaza es más un videojuego muy destructivo, que un simple campo de concentración del siglo XX.

Aunque quiera delatar a Marcello…

Así que nuestros actores, en este pequeño drama de asesinar a un antifascista por parte de un conformista, no deja de esr un mecanismo clásico de mostrar lo poco cosa que somos, como seres humanos.

Expone nuestra enorme mediocridad como versiones actuales del homo sapiens.

Nada que haga desmerecer en la comparación con un Neardental. O incluso con un Cromagnon.

Porque, ¿de qué vale tener tanto cerebro, si somos incapaces de usarlo con una mínima eficiencia.

La naturaleza, sea lo que eso sea, debe estar desesperada cada vez que “piensa” en esta su magna obra, que tan rana le ha salido. Y dudo mucho que sepa cómo darnos un beso para mudarnos en el príncipe del cuento… Érase una vez el homo sapiens…