
Se trataba de buscar un mecanismo, que permitiera partir de dos individuos diferentes, para llegar a un solo individuo descendiente, que contara con la memoria ancestral de ambos individuos progenitores.
Era necesario, por lo tanto, primero dividir, para luego volver a unir. Tan simple como idea, y tan complejo como hecho. La potencia y el acto de Aristóteles, en versión biológica.
Así tenemos que, en la fase inicial de la reproducción, se empieza con una célula, que corresponde a la unión del gameto femenino y el gameto masculino, a los que previamente se les redujo en un 50% su dotación cromosómica. Resaltemos, en estos momentos, que todos los cromosomas son del tipo X, menos uno del espermatozoide que es del tipo Y. Le falta un brazo del aspa. Al juntarse en el cigoto, ya tenemos toda la carga cromosómica que caracteriza a un individuo humano. Aunque para ser un feto humano aún falta mucho, y ya no digamos para ser un feto bien maduro.
Evidentemente por lo de ahora la sexualidad ni está ni se le espera, por mucho que ya estemos hablando de célula masculina y femenina fusionadas… porque su resultado es neutro sexualmente. Es decir existe el sexo masculino y el femenino, digan lo que digan los demás (Raphael), pero ninguno de ellos tiene su capacidad sexual en forma (madura), así que no hay sexualidad, en cuanto a vida sexual, por ningún lado.
Y esto, falta total de sexualidad, tiene mucha importancia, para todos los pasos que vayamos dando a partir de aquí. También lo tien el hecho bien claro de que, por ahora, no hay ningún tipo de comportamiento humano… ni siquiera irracional.. las células simplemente se dejan llevar (no tienen conciencia de si mismas).
¡Anímate!