Categoría: arte

  • ¿Y el derecho a aburrirse?

    Y aunque pueda parecer raro , tenemos que reivindicar el derecho a aburrirse. Porque su negación es la mejor forma de evitar que uses tu derecho de expresión … ¿Qué más clara expresión de descontento que manifestar de forma pacífica, el hecho de que te estás aburriendo en clase?

    ¿Qué profesional tienes enfrente, con la obligación de hacer que bebas los conocimientos, en vez de masticarlos y vomitar, que ni siquiera es capaz de, al menos, mantenerte quieto en el sitio, haciendo que atiendes? Aunque sea con disimulo…

    Hay que ser muy mal profesional… Y el problema es que existen (y en cantidad manifiesta… aunque no se quieren ver).

    Es otra forma más de escapar de la realidad, en este caso en un aula, haciendo que acabe siendo, el alumno aburrido, el chivo expiatorio de todo lo malo que sucede en ese espacio tiempo de aprendizaje.

    Y lo peor es que los adultos, sean profes o no, fomentan ese oscuro discurso.

  • Y, además, de forma muy compleja…

    Y ya lo que faltaba… alguien que nos diga, que no solo es el entorno, quien influye en la maduración de la cría humana, sino que, además, mucho de lo que tiene que aprender no lo puede hacer solo, ya que necesita esa influencia externa…

    Y no estamos hablando de una influencia pasiva, sino de una influencia activa… y muy activa, por su importancia en la introducción de los sociogenes. Tanto sean positivos como negativos.

    Y tan importante, como este aspecto de necesitar a los demás, está el corolario pertinente, de que esa ayuda no debe ser permanente… es decir, que la cría humana debe ser capaz, una vez aprendida una determinada técnica, de desarrollarla por si sola, sin ayuda de otro ser humano… salvo en lo que tenga de característica cooperativa, esa realización.

    Para pescar con caña, no necesita ayuda (posterior)… para pescar con red (grande), necesitará hacerlo con otro(s).

    Y es que la evolución del ser humano es imposible, si cada uno de nosotros (como ser inteligente que somos) no se apoya en la inteligencia de otros, que ya han hecho parte del camino y nos pueden enseñar como hacerlo con mayor eficiencia. Nunca necesitaremos a los dioses para volver a Ítaca, solo nos necesitaremos a nosotros mismos y a nuestros antecesores. El tiempo de los clásicos griegos ya ha pasado

  • ¿Qué dicen los estudiosos de la educación?

    Podemos partir de lo que estableció Piaget, aunque sus estudios puedan pecar de ser algo estáticos y asépticos, por no tener en cuenta, para nada, la posible intervención del medio/contexto, en esa evolución mental establecida. Parece como si los niños estuvieran solos en un espacio aislado (de otros humanos y de posibles cambios), y que todo depende de su maduración como individuo.

    Lógicamente, en su momento, las nociones de sociogenética ni estaban atisbándose. Aún tardaría algo en aflorar la importancia del medio.

    Aunque se tenía en cuenta que el adulto encargado de la enseñanza, de trasmitir conocimientos, ya era una influencia poderosa del medio social donde estudiaba la cría humana… y sí practicaba la norma de que la letra con sangre entra, no podemos decir que el niño o niña estuvieran aprendiendo sin la influencia decisiva (brutal) del medio escolar…

    Está claro que el medio siempre influyó, el problema era Piaget, que no lo quiso tener en cuenta… como si el problema del aprendizaje se diera entre algodones y música celestial (qué también es un medio).

    Y, por eso, alguien corrigió a Piaget.

  • Y las cosas pasan de un grupo de humanos a otro…

    Pues sí, exactamente igual que pasa la ropa de unos hermanos a otros, en las familias con dificultades para llegar a fin de mes.

    Las normas de la abuela, sus costumbres, serán sociogenes que pasarán a sus hijas, que serán madres de sus nietas… y a las que le pasarán esos sociogeens recibidos de la abuela. No viajan en células, sexuales o somáticas , pero viajan… como elementos inmateriales, injertados en la mente de tu abuela. Nada más nacer, ya que será bombardeada con ellos… o durante el resto de su vida, en momentos de caos y dolor, por ejemplo una postguerra. Siendo casi imposible evitarlo.

    Y así pasar de madre a hija y de hija a nieta… cerrándose un ciclo , que resulta muy difícil de romper, aunque no sea imposible..

    Sobre todo un cambio sucesivo de ambiente , puede favorecer que todo este tipo de injertos se hagan en condiciones altamente inestables…. y , por ello, vayan perdiendo fijación. Sobre todo si alguna de ellas cae en un ecosistema, donde resulte muy difícil superar los cambios producidos respeto del ecosistema anterior.

    Si comparamos con los mecanismos epigenéticos, que sufren los biogenes, para tener mutaciones, estamos hablando de unos mecanismos episociogenéticos… con la salvedad, de que los injertos son mucho más fáciles de intervenir que en los biogenes… podemos decir que el grupo metilo epigenético, puede ser un amigo, adolescente o adulto, que consiga entrar en su mente de forma natural y libre, neutralizando el sociogén correspondiente… porque ya tenemos dicho muchas veces que el biogén de la libertad , por ejemplo, es demasiado persistente.

  • … el único sistema de juego que permite evolucionar!!!

    Porque el juego infantil no solo es para aprender a defenderse y buscar comida , también vale para poder aprender técnicas de trabajo, que permian evolucionar en ese proceso de maduración. Porqu el juego cooperativo puede servir para apreender cosas, que tú solo nunca podrías aprender.

    Y es, como decimos, la única forma de evolucionar como especie. Por eso no cuesta tanto pasar del estado de mediocre, como versión actual de homo sapiens.

    Porque nada se aprende solo. O si aprendes algo, siempre parte quedará inconclusa, por no colaborar con otro ser humano. Lo necesitas para completar el proceso inacabado… o, si está acabado, puede ser mejoardo.

    Porque estamos cansados de decir que todo es mejorable. La ciencia no llega nunca a metas que no se puedan , y, sobre todo, se deban superar.

    Y por eso repetimos tanto, que la sociedad humana no puede quedara sin evolución social… no puede mantenerse con los parámetros sociales, que se han ido quedando obsoletos… y ahí, repetimos, es donde juega un papel importante la cooperación de los adolescentes recién llegados. Para darle una savia nueva, que renueve la SAD ya anquilosada. Sí, estamos hablando de nuevo de la importante capacidad regenerativa del ADN adolescente.

  • … al que pierde!!!

    Y pareceremos pesados, pero es que la cuestión es demasiado importante. Maraca un antes y un después, entre la inocencia del juego entre amigos y el juego entre enemigos .

    Y eso de adultos es más fácil … el injerto de los sociogenes negativos correspondientes , pero en una mente infantil , pasara de lo que dictamina el ADN (empatía , solidaridad…), a todo lo contrario, es un proceso de derribo de lo construido y construcción de lo contrario… pero de este tipo entrenamientos se sale tarado mentalmente.

    Porque una cosa es jugar contra otro equipo, hecho de crías como nosotros, pero que forma una determinada entidad deportiva, y otra, muy diferente, es jugar contra los que lo componen… es decir, jugar a ganarle a sus jugadores, como individuos que son, unos simples humanos, que están jugando en otro equipo.

    Jugar contra el equipo, es competir con inteligencia humana, racional y emocional, para ganarle a ese equipo como conjunto, independientemente de quien forme el equipo.

    En cambio, jugar contra los individuos que lo componen, es puro instinto animal… de no saber diferenciar entre estar en el otro equipo o en el tuyo (actual). Que es temporalmente, ya que puedes estar tú otro día, en el otro equipo y querer alegrarte por su victoria. No puedes decirles a los componentes del equipo perdedor, que son unos inútiles. ¿Cómo se puede ir a tomar un refresco juntos, después del partido?

  • Y aprender a ganar cooperando…

    En la naturaleza es vital el trabajo cooperativo. Pero en los demás seres vivos esa cooperación, incluso intensiva como en la abeja, no puede hacerse con otras especies, ya que la supervivencia depende de cazar y defenderse, y un animal no inteligente es incapaz de adaptarse a convivir con otro de distinta especie.

    Pero los humanos somos muy diferentes. Estamos obligados a cooperar, no solo con la especie humana, sino con otras varias especies animales y vegetales, siempre que el ecosistema donde vivimos lo necesite… un incendio , por ejemplo. Por eso la naturaleza nos dotó de la inteligencia necesaria, para efectuar adaptaciones algo forzadas.

    Y la socialización, trabajo cooperativo en equipo, no está reñida con la competencia, al revés supone un plus de empatía y solidaridad, al suponer un reparto de alegría entre los ganadores… Porque, además, ganar no es despreciar al que pierde y por ello considerarse mejor persona que él/ellos… Es precisamente al revés, se necesita aprender a compartir la alegría de ganar con los perdedores, y eso supone no pasarle la victoria por la cara, y sí dar muestras de solidaridad, animándolos a que la próxima pueden ganar ellos.

    Saber ganar es aprender a ser comprensivo con el que pierde. Aprender a normalizar la pérdida, para, sobre todo, que no nos amargue, cuando nos toque perder a nosotros.

    Tal como la muerte y las enfermedades, el perder es algo que caracteriza al fenómeno de la vida… Por lo que, ese proceso de normalización, es vital, para evitar la depresión y la entrada de los sociogenes negativos de todo tipo… especialmente aquellos que fomentan el egoísmo insolidario, o la ira que nos impedirá construir amistades…

  • Son esas, que deben esforzarse para aprender jugando…

    Porque sí, jugar no es estar esperando para que los papás o los profes les enseñen las cosas importantes (para ellos) a sus hijos/alumnado… porque se aprende más y mejor en media hora de recreo, que en una hora de charla de papá y mamá, o del profe de turno que le dé clase.

    Y es así, porque en el recreo o jugando en la calle con tus amigos, se aprende lo más importante para una cría humana : a desarrollar su capacidad de empatía y, sobre todo, su naciente capacidad para intentar socializarse… y es importante, porque si no hace eso, además, no juega ni de coña.

    Y, por otro lado, desarrollar esas capacidades cuesta mucho esfuerzo. No salen espontáneas, en muchos casos, y la cría humana tiene que hacer un superesfuerzo para integrarse en el juego… Pero es que, precisamente, ese esfuerzo de integración le hará sentir que desarrolla esas capacidades y, además, lo hará acompañado por el placer que le dará ese cumplimiento.

    Y todo eso, a cambio de la desesperación, si es que no se nota capaz de hacerlo… Pero es que la frustración no es mala, solo se tiene que aprender a llevarla, para que no suponga una mala carga de energía negativa… que se vaya acumulando y te separe aún más del grupo de referencia.

    Y para integrarse (adaptarse al grupo) tiene que trabajarse la coordinación. Algo que no viene en el ADN, pero sale de cuando se combinan las otras capacidades ya iniciadas (la socialización, el movimiento repetido y mejorado, la compartición del placer de jugar en equipo…)… y siempre que, estas, se hayan reforzado por los adultos desde que se nació.

  • ¿Y qué pasa en la segunda fase de maduración?

    Si salimos de la cuna, y de casa, es para socializar. Porque ya no se puede seguir viviendo en la cueva, hay que salir al ecosistema donde nos tocó vivir. Y dejar las pelis, por un tiempo, y volver a la realidad que tenemos en este planeta.

    Fuera de la casa paterna aún contamos con la ayuda de los padres, pero ya NO siempre. Nos pueden dar indicaciones de cómo hacer las cosas, pero llegó la hora de la verdad… al final estaremos solos, tomando decisiones.

    Toca adaptarse al ecosistema, para seguir aprendiendo. Ahora hay dos cosas esenciales para hacer, buscar comida y escapar de los depredadores. Nos va en ello la vida.

    Y para esa gran tarea tenemos dos biogenes : el de la empatía y el de la socialización. Ya supercitados en estas reflexiones.

    Y van muy unidos, porque nos ayudan a empatizar con otros seres humanos, para que sea fácil el proceso de socialización. Porque sin ese proceso, que supone la unión de semejantes (no iguales), nunca seremos capaces, ni de buscar comida ni de  defendernos. Y esas dos actividades son fundamenetales para lograr nuestra adaptación al medio.

  • Ella (la cría), tiene que aprender de TODO…

    Estamos reflexionando sobre la gran importancia del aprendizaje. Y hablamos de reforzar las características genéticas que traemos en el ADN. Están escritas pero son meras indicaciones, no son recetas completas, ni están marcadas «a fuego».

    Para eso precisamente está la ayuda social, que te hace operativo tu ADN. Porque él, como ya dijimos antes, es el que conforma en tu cerebro (no sabemos cómo), lo que llamamos mente.

    Es decir que estamos hablando de una intervención social, a la que nosotros llamamos adn social. Y que, por su labor creativa, reforzadora del ADN, denominaremos adn social positivo.

    Sí, es bastante sencillo. Lo que hace la mamá robot, desde que su hija ha nacido es injertar en su mente un adn social negativo, que la hará madurar «como es debido». Y lo mismo hará la mamá humana, que olvide su responsabilidad como tutora, para una maduración natural y libre (aporte de un adn social positivo). Y, haciendo así, prefiera seguir las normas sociales de la SAD, es decir injertar un adn social negativo.

    Aunque, como repetimos siempre, este injerto nunca será absoluto (no borra el ADN) , dependerá del adn social que le injertaran a la madre (sea electrónica o humana). Porque ella no es la naturaleza (sea lo que eso sea), precisamente!!! Así que ya podemos saber que su maduración no será, desde luego, ni natural ni libre. Y, por el mismo motivo, no sabemos si lo que aprende la hija, será precisamente TODO lo que necesita para vivir libremente… o más bien, todo lo que necesita para ser una cría humana, que haga todo lo que le mande hacer su mamá (robot o no). O sea , una mera pieza de la maquinaria social imperante.