… no te puedes construir a ti mismo. Lo decíamos ayer…
Por ese motivo no tiene lógica que te enseñen a leer y escribir, si luego tendrás prohibido el leer y el escribir.
Porque, si te dejan leer lo que «ellos» (SAD) quieren, y te dejan escribir los mismo, ¿para qué quieres saber esas técnicas, si no te van a valer para expresarte de forma natural y libre?
Solo te dejarán expresarte según como ellos quieran, según como les convenga… así que, el hecho de ser tú mismo, es algo inalcanzable en ese tipo de sociedad cerrada.
Y por eso decimos que los adolescentes traen en su ADN la capacidad de regenerar este tipo de sociedades tan burdas, tan anquilosadas… las típica tiranías del miedo (a ser libres)… ¿Ok?
Tan solidaria como para generar una especie de conciencia colectiva, una manera de pensar común, con tanta intensidad como para unirse al Yo principal, cuando éste está en peligro de desaparecer.
En la imagen de Espartaco, se comprueba como todos sus seguidores se hallan tan sumergidos en su mentalidad liberadora, como todos quieren ser libres y todos piensan que sin él será imposible. Espartaco viene a ser su conciencia colectiva. Y por eso todos asumen que pueden ser su Yo. Una parte de su Yo.
Viene a ser más importante salvarlo a él, para conseguir la libertad, que salvarse ellos individualmente.
La conciencia colectiva está por encima de la conciencia individual (biogén). Y todo esto está en contra del adn social negativo, ese que los esclavos lleva(ba)n muy injertado en su mente.
Han recuperado las directrices liberadoras de su ADN. Incluso aunque hayan nacido esclavos, porque en la lucha que llevan desarrollando durante este tiempo, ya saben la diferencia entre vivir como esclavo o vivir como hombre libre. Ya prefieren morir a perder de nuevo su libertad recién conquistada.
Y por ese mismo motivo, ni puede hacerse un yo. Irá creciendo, que no madurando, sin poder construirse ese yo, que va a ser imprescindible en su etapa de adulto.
O sea, que hay niños a los que no dejan llegar a adultos, por mucho que vayan cumpliendo años.
Porque no es lo mismo ser un adulto completo, que un adulto mutilado… y no, precisamente, en su cuerpo físico. Lo que tiene son mutilaciones mentales.
Como va a esforzarse en tener un YO bien completito, cuando el 90% de su tiempo vital tiene que ser dedicado a buscar comida, para sobrevivir. En la supervivencia no hay Yo individual posible. Todos los supervivientes tienen un Yo principal casi idéntico… no puede haber matices importantes que los diferencien.
Si hemos de ser sinceros, la extrema pobreza de un superviviente, no te deja usar energía para hacerte preguntas filosóficas. Tal como le pasa al niño de la imagen. En vez de buscarse un Yo, bastante tiene con buscar alimentos. Sócrates se podía hacer muchas preguntas, porque no era esclavo y comía todos los días.
Como llevamos diciendo estos días, la cuna ayuda sí, pero lo que determina el futuro son los biógenes y los sociógenes. El lobo se puede hacer amigo de quien lo recoge de muy pequeño, pero , como la cabra, bastará un toque crítico, para que vuelvan muy rápidamente al monte.
Porque el lobo no tiene ya asumido el biogén de la domesticación, como sí tiene el perro, así que su «amistad humana» solo vale para quién lo salvó de una muerte segura. En cierto modo funciona como un sociogén positivo, que el ambiente fijó en el cerebro del lobo recogido. Esa parte del cerebro animal que funciona parecido a una mente humana.
Todo esto nos dice que, durante la maduración del cerebro, lo que realmente determina la forma de actuar de un animal social, es la influencia del ambiente cercano que lo rodea. Son los sociógenes que ese ambiente injerta en el cerebro del animal, de su mente , si es un ser humano.
Y por eso la domesticación de un animal irracional y la de un animal racional es esencialmente distinta. Instintiva en los irracionales, inteligente (racional y emocionalmente) en los humanos.
Y por eso puede haber un efecto negativo o positivo del sociogén, solo en el ser humano, ya que el animal irracional no madura para adquirir un yo, para tener una identidad como persona. Su instinto dirige su proceso de maduración. Pero un humano domesticado no es solo un cambio en su conducta, es la anulación de su identidad real. Que no es otra que su identidad social, el «yo propio» o conciencia, que, de forma natural y libre, ese ser humano se estaba construyendo, si la SAD no interviene.
Y hay muchos tipos de conciencia… desde la trabajada seriamente, ya desde la propia adolescencia, hasta la conciencia de «andar por casa», esa que se puede comprar en un bazar de todo a cien… o, mucho peor, en una organización de las llamadas «juveniles». Y aunque sea en una democracia formal.
Por eso es tan difícil, hacerse con una conciencia propia. Como dijimos, no vale esa que te implanta la SAD, mediante el adn social negativo, ese tipo de gusano mental del que tanto reflexionamos aquí. Algo que funciona como los filamentos fúngicos, que nos describen en The Last Of Us y que se va apoderando de tu cerebro.
Porque los micelios de la serie solo te invaden el cerebro para colonizarlo y aprovechar tu capacidad de movimiento autónomo, como un método de desplazarse más rápidamente. Tengamos en cuenta que un hongo no es precisamente un corredor de 100 m lisos.
Pero, en este caso, no te quieren como medio de desplazamiento, la SAD se desplaza todo lo rápido que quiera. Lo que necesita es que te adaptes totalmente a lo que ella diga, repitas como un mono las ideas que ellos te han colocado en la mente y seas la pieza ideal de la maquinaria social que la sostiene. Expresado de otra forma , la SAD te hace cumplir un rol social.
Solo te piden ser una panda de borregos, que sepan decir muy bien «beeee», cuando los poderosos manden hacer algo. Y lo hacen simplemente, porque no tienen ideas propias (conciencia de sí) y solo saben repetir las ajenas.
Porque alimentarte, e incluso darte mimos de cuando en vez… no llega, para ser educado como un bebé… alguien que es una cría humana, es decir, que, entre otras cosas, debe dar un adulto medianamente forjado. Se necesitan más cosas.
Pero, lo llevamos mucho tiempo diciendo, ¿qué tipo de adulto quiere realmente forjar, eso que aquí llamamos SAD (sociedad adulta dominante)?
Para un inciso aclaratorio, por si ese concepto de SAD no está bien claro… puede usarse la primera temporada de El cuento de la criada (HBO). Porque en ella se describe muy bien como va apareciendo esa SAD actual, a partir de otra SAD anterior. De una democracia bastante mediocre como son los USA actuales, se generará una sociedad totalmente tiránica, con tintes muy muy bíblicos.
Y es posible observar en esa temporada, como los genes sociales que tenían los ciudadanos de los USA se van cambiando por otros genes sociales, aún más negativos, por ser mucho más bíblicos. Ahí es donde reside el poder de una nueva SAD, que pasa a ocupar el lugar dónde hacía política la anterior SAD. Modificar el adn social dominante por otro adn, que contiene genes sociales aún más negativos.
Y así es como, poco a poco, se hacen normales las ideas que en su tiempo eran auténticos disparates. El nazismo nos lo enseñó muy bien. Ver como normal actos de total inhumanidad. Es algo muy difícil de superar, pero el nazisionismo nos lo está perfeccionando.
Se trataba de buscar un mecanismo, que permitiera partir de dos individuos diferentes, para llegar a un solo individuo descendiente, que contara con la memoria ancestral de ambos individuos progenitores.
Era necesario, por lo tanto, primero dividir, para luego volver a unir. Tan simple como idea, y tan complejo como hecho. La potencia y el acto de Aristóteles, en versión biológica.
Así tenemos que, en la fase inicial de la reproducción, se empieza con una célula, que corresponde a la unión del gameto femenino y el gameto masculino, a los que previamente se les redujo en un 50% su dotación cromosómica. Resaltemos, en estos momentos, que todos los cromosomas son del tipo X, menos uno del espermatozoide que es del tipo Y. Le falta un brazo del aspa. Al juntarse en el cigoto, ya tenemos toda la carga cromosómica que caracteriza a un individuo humano. Aunque para ser un feto humano aún falta mucho, y ya no digamos para ser un feto bien maduro.
Evidentemente por lo de ahora la sexualidad ni está ni se le espera, por mucho que ya estemos hablando de célula masculina y femenina fusionadas… porque su resultado es neutro sexualmente. Es decir existe el sexo masculino y el femenino, digan lo que digan los demás (Raphael), pero ninguno de ellos tiene su capacidad sexual en forma (madura), así que no hay sexualidad, en cuanto a vida sexual, por ningún lado.
Y esto, falta total de sexualidad, tiene mucha importancia, para todos los pasos que vayamos dando a partir de aquí. También lo tien el hecho bien claro de que, por ahora, no hay ningún tipo de comportamiento humano… ni siquiera irracional.. las células simplemente se dejan llevar (no tienen conciencia de si mismas).
¿Hasta qué punto nos dejan ser lo que queremos? ¿Hasta qué punto somos lo que otros quieren que seamos? Lo llevamos diciendo desde hace días… Y también llevamos tiempo dando la paliza con el mirar distinto de ver, de observar la realidad con atención… y, últimamente, que la inteligencia, incluso en animales irracionales, es la capacidad de elegir entre dos alternativas (o más). Aunque, en el caso de los irracionales es más una capacidad instintiva que muestra de verdadera inteligencia, como sí lo es en los humanos.
Y elegir puede ser fácil o difícil. Muy fácil si queremos salir de casa vestidos con traje o de informal. Pero mucho peor si se trata de escoger una carrera para estudiar… o, simplemente, decidir si dejamos lo estudios, que nos están agobiando, o no. Y ya no digamos, si nos queremos apuntar voluntariamente en las FF.AA., mucho peor en tiempo de guerra
Pero en toda ocasión, que haya una elección por el medio, por ejemplo las elecciones políticas, es la inteligencia lo que nos permite saber que tipo de opción escoger. Salvo los que consultan algún tipo de bola de cristal (o a la mafia que las tiene controladas). Por ese motivo decía el digno Sócrates, que la democracia era imperfecta, mientras los electores no tuvieran un nivel cultural apropiado, para saber elegir. Luego, el mismo, metió la pata, «haciéndose» matar porque una panda de trescientos jurados decidieron que era culpable. Cómo si supieran lo que estaban juzgando!!!
Porque, en ese proceso de elegir, está precisamente el meollo de esta cuestión de “quién somos”. ¿Acaso los que juzgaron a Sócrates, sabían de verdad quien era él? Acaso era el corruptor de niños, que decían los acusadores… ¿o era un simple pensador, que trataba de hacer(se) preguntas, para saber cosas sobre la realidad que le rodeaba?
Dejamos un enlace dónde se reflexiona sobre el doble comportamiento (real y ficticio) que muestra la serie de la imagen. Allí están todos los personajes que participan en la liada comportamental.
Sócrates no tenía por qué pensar en la libertad, pero la naturaleza (sea lo que eso sea) sí que, desde luego, «pensó» en ella. Evidentemente, no sabemos como está marcada esa necesidad imperiosa de ser libres , que tenemos todos los seres humanos (en nuestro ADN). Empezando por los masai, que mueren en prisión, y parecen tener la necesidad, pero no la capacidad de readaptarse. Y llegando al más «fuerte» de los humanos, que es capaz de adaptarse a la prisión, incluso a la tortura sistemática, porque siente que aún le queda un resquicio de vida, pero sigue siendo el mismo misterio (aún agudizado)
Lógicamente cuando se cierra ese resquicio, es porque el cuerpo y la mente han quedado ya inutilizados, para mantener unas funciones vitales mínimas. En ese momento, somos como un zombi, que ya ni puede desear morir, porque se le ha agotado la capacidad de tener deseos.
Pero debe haber un gen que se encarga de hacernos sentir esa necesidad. Lo mismo que un gen complementario, para darle un toque emocional, que le permita germinar en nuestra menta con una intensidad suprema. Que nos refuerce esa necesidad tan imperiosa de seguir vivos. Algo que no existe, evidentemente, en los animales irracionales, donde su instinto solo les permite tener una leve necesidad de libertad. Hasta pueden ser domados, e incluso domesticados (por generaciones).
Y a quien no le germina ese gen, como pasa en los esclavos, es porque su adn social negativo ya le tiene apantallados todos esos genes , que podemos llamar liberadores mentales.
Está claro, como le pasa a los tímidos, que no solo debemos ser capaces de leer ese gen. Necesitamos tenerlo bien activado. Como al tímido no le llega con que le guste mucho otro ser humano, para ser capaz de acercarse y decirle algo. La genética es algo más que poseer genes, es poseer también los medios para hacerlos eficientes. Es decir el ADN (o el adn), debe tener algún tipo de acompañantes que activan los genes directores.
En nuestro ADN un gen marca la capacidad, estrictamente (por ahora) humana, de pensar. Lo que significa que tenemos una inteligencia, racional y emocional, que nos ayuda a generar ideas (pensamientos), tanto racionales como emocionales. Porque también la inteligencia emocional “piensa”… claro que “a su especial modo”.
Todos los seres vivos llevan un gen que les exige desarrollarse en libertad… recordemos que solo los seres humanos privan a los animales de su libertad. Y, por eso, es necesario que no haya confrontación entre la actividad de pensar y el vivir en libertad. En una mazmorra no se puede pensar con entera libertad. Por mucho que puedas llegar a escribir un libro de poemas o un ensayo. Lo que quiere decir que se trata de pensar libremente. No puede haber otra posible intención por parte de la naturaleza, cuando nos ha generado como entes libres.
Y aquí llegamos a un punto crucial (e inicial) de la sociogenética, ya que ella trata de explicar cómo es posible que la sociedad adulta dominante SAD) se salte a la torera las normas o leyes de la naturaleza, para hacer de su capa un sayo e inventarse una tradición para mantener privados de su libertad a los animales, incluidos los racionales.
Y aquí llegamos de nuevo a una consideración, al biés, que le llevamos haciendo al amigo Sócrates, desde que empezamos el blog : ¿por qué no se le ocurrió pensar que era antinatural la falta de libertad (esclavismo)?. Tanto presumir de preguntas sobre la Belleza, la Amistad, incluso la Justicia, pero se le olvidó preguntar, al menos en los diálogos del Platón, por la existencia de la esclavitud. ¿Qué lógica podía haber detrás de esa falta de libertad?
Pero no se lo tengamos mucho en cuenta, ya que en aquellos tiempos la Genética no existía. Y, por lo tanto, la influencia del ADN en el comportamiento humano era un misterio mayor, que entender los augurios del Oráculo de Delfos.