Y se inicia una larga y compleja marcha…

Una vez que la célula cigótica inicial (fusión de espermatozoide y óvulo) empieza a duplicarse, aumentando en progresión geométrica la cantidad total de células, ya vamos camino de la mórula

¿Qué pasará cuando haya una concentración de células, que podemos considerar crítica, porque a partir de esa cantidad ya empiezan los movimientos internos del embrión, para irse formando como una protuberancia separada, en una parte de al pared que cubre las células en proliferación. La que, a partir de ahora, se irá separando como la tela de un saco, que va dejando en su interior un espacio, cada vez más grande, para que pueda residir el embrión mientras crece, nadando en el líquido amniótico. Es el saco uterino. No lo confundamos con el saco vitelino, que hace de almacén nutricional, con los aportes del óvulo, que está unido al embrión y que irá desapareciendo progresivamente.

La calidad del embrión no tiene nada que ver con su futuro, en cuanto a las características genéticas que vaya a desarrollar. Solo vale para tener una idea de su capacidad a la hora de implantarse en la pared del útero.

Lo que interesa lógicamente, es que las células que van formando lo hagan en las mejores condiciones, ya que ,si hay muchos restos “inútiles”, complicará el proceso de adherencia uterina.

Por ese motivo en la reproducción asistida, se prefiere trabajar con embriones A o B. A resaltar también que, el acudir a estos métodos reproductivos, ya incide muy mucho en el comportamiento humano de los padres… lo que puede conllevar incidencia en el futuro comportamiento de los hijos. Y aquí la sociedad no va a ser nada neutral. Habrá genes sociales de sobra.

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