Etiqueta: cerebro

  • Un gran problema es que pueden entrar de…

    … UNO en UNO.

    Cada uno con su punto de vista. Un punto de vista distinto uno de otro, y seguramente distinto del nuestro.

    Un punto de vista que va a ocupar parte de nuestra mente. Y con tal intensidad como si fuera un producto propio, elaborado con nuestra propia maquinaria de pensar. La parte más original de nuestro cerebro.

    Un punto de vista que s eva aacomodar d etal forma en nuestro cerebro,q eu pasaraa a sr consisedrado por él, como una aelaboracaión propia de nuestro Yo principal. O, como mínimo, de algún otro Yo secundario.

    Un punto de vista que, al hacerse individual, resulta más penetrante, porque puede parecer cercano, mucho más convincente. Es más personal que si fuera el típico ruido de fondo, que no consigue clavarse bien en nuestra mente. Que es molesto, pero no tiene porque dejar huella.

    Un punto de vista que va quedar como un mantra, o como las tablas de Moisés, algo que nos va a marcar los pasos futuros el resto de nuestra vida. Y que repetiremos mecánicamente, porque un maestro gurú nos lo dice, aunque no podamos entenderlo racionalmente.

  • Porque el problema es que hay demasiadas mentes alrededor,…

    … que quieren entrar en la nuestra.

    Y tantas que no las podremos contar. Y todas con sus propias alucinaciones. O visiones correctas de la realidad, según ellos. Pero, lo más importante, casi todas pueden ser «invisibles» para nuestra propia mente. Aunque su influencia en lo que nosotros vamos a ver pueda hacerse notar, y mucho. El fenómeno actual del influencer internauta no es nada nuevo, ya existía desde la antigüedad más clásica. En Grecia y Roma se seguía, en cierto grado, lo que decían «los entendidos». Los filósofos, para el saber. Y siempre, a los políticos que tenían el poder. De hecho todos fuimos algo socráticos o algo aristotélicos. Y siempre amantes de seguir al poder. Y aún mucha gente lo sigue siendo.

    Y ASÍ nos seguimos comportando. Aunque el supuesto homo sapiens que presume de «entendido/entendedor», sea uno de los mayores ignorantes posibles. Es la ley del «influencer», también llamado gurú. Primero se hace con el poder de influir, y luego influye. Es la clásica dinámica del poder.

    ¿Qué tal si hablamos de la importancia del pensamiento emocional, a la hora de ver lo que miramo? O aún peor, el pensamiento considerado falsamente racional, que nos puede llevar a pensar que lo visto es la realidad, incluso sin que tengamos datos suficientes. Aunque todo sea una mera asunción de lo que nos dicen que debemos ver. Aquello que decíamos hace tiempo, cuando hablamos de que el cerebro necesita departamentos para analizar las medidas y otros factores que nos dirán si son de fiar los datos que nos entran. Son los «famosos» filtros propios.

    Así que toca entrar en un apartado de estas reflexiones blogueras, donde «veremos» que la influencia externa a nosotros es mucho más importante de lo que solemos pensar.

    Porque no es un mero asunto de planos, o de poner atención, de sentir curiosidad… incluso de tener una ROM/MOR bien organizada. El probelma centaral e sque hay muchas mentes pensando por nosotros. O , lo que es lo mismo, diseñando nuestros pensamientos y, para colmo, hacernos creer que son propios. Y, para más inri, los más importantes inductores no son los que pululan por la colmena llamada playa. O el estadio de fútbol, el gran mercado o la megasuperficie comercial. Ellos suelen ser abejas obreras como nosotros.

  • Y, ¿qué tenemos guardado en…

    … nuestra ROM/MOR particular?

    Una imagen icónica de la protesta (política)… que también podía representar la imagen típica de la conciencia. Una especie de diosa griega, que represente la toma de conciencia que realiza nuestra mente humana, cuando decide luchar por una causa, que considera de vital importancia. Sea política global, como el caso de Jane Fonda, o simplemente por los derechos del fumador, que se siente acosado por las leyes antitabaco.

    Esa conciencia, que tenemos en nuestra ROM/MOR, construida en base a pensamientos/ideas de todo tipo, en relación con un determinado tema. La libertad para los oprimidos, por ejemplo, aunque esos sean los privilegiados fumadores, gente que se puede pagar un claro «vicio» (a partir del siglo XX).

    Es esa imagen que nos acompaña, como un amigo imaginario, desde que algún día la vimos en un sitio, fuera un periódico o revista, una película o un libro de historia. O, como le pasó al Andrés del otro día, en una Enciclopedia Escolar española de 1936.

    Esa imagen, como otras muchas, forma parte del imaginario colectivo. Una biblioteca de imágenes y datos, que inundan las mentes de la especie humana. Quedando más o menoso fijadas en función de la importancia que le hayamos dado, en su momento : por activa, admirándolas, o por pasiva, odiándolas.

    Así que hemos topado, cual Quijote y Sancho, con una parte de la «iglesia» (seglar)que controla buena parte de nuestra mente. Que nos hace creer que muchas cosas que tenemos metidas en ella, son producto de nuestra maduración psicológica, natural y libre, cuando realmente son norma sociales que nos han ido injertando, desde que nuestra abuelita nos dijo, en la cuna, lo guapo o guapa que éramos. Y si ya era una abuelita ultra moderna, nos pudo decir «guape», para que nos creamos, empecemos a creer, que así vamos a ser más naturales y libres, que los «os» y las «as».

  • Una enorme revolución en relación…

    … al libro impreso!!!

    Y si no, que se lo pregunten a Andrés, el hermano músico del Moncho en La lengua de las mariposas, que se tuvo que enamorar platónicamente de una china, gracias a una enciclopedia en papel, donde salía la imagen de una joven mujer china.

    Eran otros tiempos y las distancias terrestres se podían considerar siderales. La China Popular o la China de Taiwan eran territorios casi marcopolianos. Lejanas y muy misteriosas tierras, dónde solo los británicos habían conseguido apoyar sus coloniales garras.

    Y por los cines de barrio solo se dejaban ver los seguidores de un Fu Man Chu de pacotilla. Incluso más estereotipo que un Chinatown by Hollywood.

    Y sí, uno no necesita ser un Petrarca para enamorarse platónicamente de una enigmática Laura. Llega con ser un músico gallego como Andrés, que ni tocar bien el saxo sabía, hasta descubrir que un amor, por muy platónico que sea suele ser una de las fuentes energéticas más poderosas del universo.

    Hasta te hace tocar un pasodoble, como si te saliera de algún lugar de tu mente, una ubicación que tú desconocías por completo. Esa es la mente del Descartes, es decir «su» alma, la que piensa y la que siente.

  • Y ya no digamos …

    … usando un móvil!!!

    Donde tenemos muy «cerca», a veces demasiado, muchos datos de lo que estamos viendo. La pantalla de cualquier dispsoisstivo nos puede taragar la acaapciadada de edisceernir los detalles concreteos delo que vemos. Nos da demasiada información, lo que nos impide concretar la visión con cierta calidad.

    No ayuda el exceso de pixeles (artificiales) a ver mejor la imagen obtenida.

    Porque el ruido de fondo, sea visual o auditivo, como si se trata del gusto o del tacto, no ayuda a concretar las imágenes. Las puede incluso oscurecer.

    Y no es un problema de la IA, ni mucho menos. Varias cabezas con IH nos pueden desvirtuar tanto lo percibido por alguno de los sentidos, que quizás no haya peor ruido que ese. El de las IH. Sobre todo si se consideran amigos y nos creemos que, lo que nos digan, puede ir a misa.

    Nada como un mal consejo «amigo», para tener que darse de bruces contra la jodida realidad.

  • Todo tipo de instrumental…

    … por ejemplo, una cámara…

    .. que nos acerque lo mirado. Además de favorecer un encuadre y dejar constancia grabada, para revisar así lo que hemos fotografiado. Una forma de poder pensar mucho mejor en lo visto.

    Y una forma de aprender, aunque no lo parezca, a mirar la realidad con mucha más atención de la normal. Y desarrollar una buena capacidad, para ir observando como esta se divide en los planos de los que ya hablamos. De saber dónde indagar mejor, para ver aquellos detalles que nos pueden ser más interesantes de esa realidad.

    Una cámara de fotos, por ejemplo, viene a ser como establecer un cordón umbilical entre nosotros y la realidad. Nos acerca, nos introduce en aspectos que ni siquiera eran percibidos conscientemente. Como pasaba en aquella peli llamada Blow Up.

    De hecho suele ser muy típico notar matices de la cara de una persona, cuando un fotógrafo con chispa le trata de pillar ese momento en que se le descontrola algo su rigidez facial, cuando se relaja, y luego contemplamos un rostro que no suele ser posible ver muy a menudo. Y con él nos cuenta muchas más cosas.

    Sí, el arte de la fotografía enseña mucho sobre el arte de ver. Ayudando a diferenciarlo, además, del simple fenómeno visual de mirar.

  • E incluso usar un instrumental que…

    … nos ayude a observar con mayor calidad.

    Porque, para tomar medidas, y apreciar así mejor lo que vemos, es necesario poder aproximar nuestros ojos al objeto que estamos observando. Mirar lo más cerca posible aumenta la calidad de la imagen, que se graba en nuestro cerebro. Porque, recordemos que los ojos solo son la puerta de entrada, nuestra visión vive dentro de nuestro cerebro.

    Y nunca olvidemos que se trata de observar con atención a nosotros y a los otros. Y que los otros se observen con atención a ellos y a nosotros. Lógicamente no hablamos de observar insectos.

    Porque de nada vale observar a los demás, si no lo hicimos antes con nosotros. Más adelante reflexionaremos sobre el papel del espejo, para mirarnos con atención.

    Y viceversa, quien no se observó a sí mismo poco puede observarte a ti. Esta parte es lo típico del cotilleo, donde los que más cotillean, son los seres humanos que menos se han observado a sí mismos. Son los menos socráticos del universo.

    Y esta segunda parte (del cotilleo) es fundamental, sobre todo, cuando acudes a consultar con un psicólogo o (peor?) un psicoanalista.

  • Y por eso es mucho mejor,siempre,…

    … mirarse a uno mismo!!!

    Hay que empezar por ahí. Sobre todo, para evitar sobrevalorarse cara al futuro. Porque la primera lección que debió aprender Eva (la de la Biblia Abrahámica), es que, buscar el conocimiento, siempre tiene consecuencias. Mejores o peores, pero las tiene. Como, por ejemplo, que te castiguen por pillar una manzana sin permiso o descubrir que tu «pilila», no tiene tanto atributo dimensional como las de tus compañeros.

    ¿A qué cada vez se entiende mejor eso de saber diferenciar entre mirar y ver? Y, sobre todo, lo de observar con atención, para no llevarse sorpresas. Porque muchos solo ven lo que quieren ver, y luego resulta una buena diferencia entre lo previsto y los visto (si lo vemos como es debido). Y también lo de evitar emociones fuertes y pensar racionalmente en lo que vemos.

    Quizás sea ahora un buen momento (el pene es todo un totem), para introducir un concepto científico esencial en este problema de ver bien : tomar las medidas necesarias, para comprobar lo que se ha visto.

    Cuando hablamos de que el cerebro, nuestro cerebro, no nos puede engañar (si no «le dejamos»), ya nombramos el departamento social de «tomar medidas» en una gran empresa, bien organizada. Donde se deben calibrar los datos de un suministro, entrante o saliente, para evitar que los números nos den luego un bofetón en plena cara, o en la cuenta de resultados. Es la ROM empresarial.

    Ellos son los filtros necesarios, para evitar que veamos lo que luego no querremos haber visto. Una gran desgracia.

  • Y es que alucinar, alucinar…

    … sigue siendo muy fácil!!!

    Nuestras emociones nos impiden ver con claridad, nuestra ansiedad nos puede hacer ver cosas «raras» y, sobre todo, la toma de sustancias químicas nos permite alucinar por colores.

    Y no hay que ser un Lovecratf, ni un Huxley (Aldous), para llegar a ver cosas que nadie podría ver sin ayuda química. Ni siquiera un replicante de Blade Runner podría hablar, como hablaba él de Orion, de lo que se ve, cuando se toma un alucinógeno y se viaja por la excesiva lucidez de la irrealidad. Y resalto lo de excesiva lucidez, porque esa lucidez no existe, es solo apariencia de realidad. ¡Pura virtualidad!

    El problema de las sustancias químicas, que tomamos porque ayudan a ver… es como la ayuda que nos prestan los otros, los que están mirando lo mismo que nosotros.

    Ni las drogas ni los que dicen ser amigos pueden ayudar mucho en nuestra mirada, si no tenemos los filtros necesarios para seleccionar lo que nos dicen «que veamos». ¡Incluso antes de verlo!

    Porque nuestra mente no está sola, ante determinada realidad. Hay otras mentes que nos acompañan. Y más si, como dice el Descartes, acabamos por pensar en ellos y darle, así, una existencia propia. Tal como la nuestra.

  • Como ya dijimos algún día, incluso…

    … se puede «ver» lo que no existe realmente.

    Cuando hablamos del Bosque Animado, ya reflexionamos sobre esas imágenes que se forman en nuestro cerebro, pero que no tienen correspondencia real enfrente de nuestros ojos. Son imágenes virtuales que se han formado en nuestro cerebro ,a partir de diversas sensaciones de todo tipo, las que estamos viviendo y las que se vienen desde nuestra memoria, para completar huecos que nos resultan vitales. O nos parecen vitales , debido al estrés emocional que estamos a vivir en ese determinado momento de la observación.

    Es una falsa realidad que se puede «ver» estando simplemente dormido, o con algo tan simple como ponerse a mirar para cualquier parte de lo que tenemos enfrente. Sea real o no.

    Algo que podemos provocar fácilmente tomando sustancias químicas, naturales o artificiales, que nos ayudan a «viajar» sin moverse del sitio.

    Porque nada le gusta más a la mente humana, si la dejamos suelta, que viajar y viajar. Navegar por universos paralelos, que nos hagan sentir que vivimos otro tipo de experiencias más placenteras.

    Este tipo de experiencias viajeras, vienen a ser como cabalgar a lomos de un jaco, como ese filete que tanto apreciaba un tal Cifra, o como escuchar a tu influencer favorito, mientras te lame la oreja con su baba publicitaria. Todos te ofrecen un mundo mejor en el peor de los infiernos.