Etiqueta: cerebro

  • Pero no todos los que miran pueden…

    … aprender a ver.

    Porque se necesita un cerebro con capacidad para organizarse en varios niveles diferentes. Eso que también llamamos circuitos neuronales. Y no todos los animales pueden hacerlo.

    Un buen cerebro humano es mucho más complejo que la mejor CPU, que puedas encontar en el mercado. No es tan rápido, ni tiene tanta facilidad para organizar sus archivos (circuitos), pero puede establecer relaciones entre ellos, de tal manera, que no hay conjunto algorítmico previsto que lo pueda superar, en lo que nos queda de segundo milenio.

    Porque de nada vale ser cuántico, nuestro cerebro en cierto modo lo es, para organizar una cantidad de información dada, de tal manera, que permita afrontar los cambios que se den en el seno de esa misma información, en relación a los posibles cambios (externos a ella). En el ecosistema donde vivimos.

    Y así actúa la llamada naturaleza (sea lo que eso sea).

    Y así deberíamos funcionar nosotros, porque somos la parte más inteligente de esa naturaleza.

  • Pero, hasta cuando no queremos ver…

    … nos estamos engañando.

    Por ejemplo, si no queremos ver un marco. Como pasa cuando no queremos ver las dotes intelectuales de Marilyn. En su caso es machismo, en este caso del marco, es porque no queremos ver los linderos que marca ese paralepípedo de granito.

    Porque esas líneas invisibles, que salen del marco y delimitan propiedades, no queremos que existan para nosotros. Como hace el bebé con sus barrotes cuneros, queremos traspasar las fronteras que se nos imponen.

    Pero, con este tipo de decisiones, volvemos al cerebro descoordinado. Nos dejamos llevar por el departamento cerebral de la Disidencia, sin tener en cuenta la opinión del departamento de «Medir las Consecuencias».

    Y así, nos engañamos, ya que pasamos una frontera, como si fuéramos libres de hacerlo, pero vendrá la correspondiente policía a meternos de nuevo en nuestra tierra.

    Solo se pasa una frontera cuando se tiene poder para ello. Y aún así, nos podemos seguir engañando (Napoleón, Hitler…).

  • Y hay tanto que ver…

    … que, a veces, no sabemos o no queremos ver.

    Y por ese motivo, nos quedamos mirando, observando solo la superficie de las cosas.

    Como pasó y pasa con Marilyn Monroe, realmente Norma Jeane, una buena actriz que la sociedad decidió convertir en mujer objeto (como tantas otras) y desperdiciar sus grandes capacidades. Reducida a una star system.

    Viene a ser un claro ejemplo de no querer ver lo que encierra el ser humano Norma Jeane. Despreciar todas las capacidades que porta en su ADN, para quedarse con cuatro bagatelas superficiales y construir, a partir de tamaña nimiedad, un adn social negativo, del tipo que analizamos en otro lugar.

    Y no hace falta ser un capo mafioso, para ultrajar así la imagen de una mujer. Llega con ser un presidente USA, para caer en tamaña aberración humanística. El ser humano, cuando quiere, puede llegar a ser muy mediocre como versión evolucionada de homo sapiens.

    Y lo mismo que ayer… el cerebro no nos engaña, es nuestro Yo el que lo controla. Así que si nos ocultamos las capacidades más positivas de esta Norma, es porque lo queremos hacer. ¡Nos autoengañamos y tan panchos!

  • A los humanos nos gusta bastante…

    … que nos engañen de vez en cuando.

    Otro ejemplo típico para cerebros descoordinados. Un jarrón central sobre fondo negro, o dos caras negras sobre un fondo blanco.

    Si un departamento/circuito neuronal avisa de que está viendo un jarrón o de que está viendo un par de caras, siempre habrá otro circuito de la memoria, que les dirá que también existe la otra posibilidad : un jarrón con caras o unas caras con jarrón. Esa sería la síntesis a la que llega un cerebro bien coordinado. Y que sabe usar su memoria, para no dejarse engañar.

    Si nos engañamos, no le echemos la culpa al cerebro. Fue nuestro Yo, el que lo controla, el incapaz de actuar con la lógica natural de una empresa bien organizada.

    Seguro que en la infancia y la adolescencia, no quisimos trabajar el montaje de circuitos de memoria como es debido. Era «demasiado esfuerzo». Y ahora nos pasa factura, ese desprecio, con un mal funcionamiento de una maquinaria cerebral, que es tan compleja como completa, pero a la que le hemos dado un mal mantenimiento. Y, por eso, la dejadez adolescente nos dará una mediocre adultez.

  • El cerebro no nos engaña…

    … somos nosotros, que nos dejamos engañar.

    Mucha gente, incluso universitaria, se empeña en querernos convencer de que el cerebro nos engaña. Como si el cerebro fuera independiente de nosotros , estuviera separado del cuerpo, y decidiera engañar al cuerpo humano.

    Por otro lado se quiere reducir el cerebro a una empresa, con diversos departamentos, donde unos no saben de otros. Tal como, a veces, pasa en la realidad empresarial.

    Pero nuestro cerebro no es una empresa mal organizada. Es una maquinaria compleja con excelente organización. Y todo lo hace con la necesaria coordinación operativa. Está claro que si hay desorganización, será por causas de alguna enfermedad o tara genética, no por insuficiencia natural de un cerebro sano y «libre».

    Así que, si el departamento neuronal que ve las líneas amarillas llega a suponer que son iguales, hay un departamento cerebral especializado en medir, que enseguida avisará de que se tomen las medidas pertinentes, para comprobar realmente si son iguales o no. Lo contrario no es que «nos engañe el cerebro», es que somos unos inútiles, como versión actual del homo sapiens. Dicho más simple, es que tenemos un cerebro muy descoordinado.