
Y da igual que seas una cría humana o un adulto humano, se te va «metiendo en la sangre» (en la mente) que el uniforme te da varias cosas, chulería para ligar, poder para castigar, incluso respeto, aunque más que eso dé miedo. Te convences de que el uniforme te hace un hombre, además muy macho(te).
Hablaremos más adelante del «efecto escaparate», pero es fácil notar que el uniforme te hace a ti, nunca tú harás al uniforme.
Y, lógicamente, el arma forma parte del uniforme… será lo más valioso, lo que mejor te determina.
De hecho, cuando está desarmado, un «buen» soldado dirá que se siente desnudo.
Y no es difícil entender que un fusil de asalto, en las manos de un macho, es como tener un miembro viril de gran calibre. Y no hay exageración, pues para algo hicimos la mili (y algún Yo en franco cabreo). ¿Qué se puede esperar de una cría humana obligada a ser soldado?








