Etiqueta: cerebro

  • Algo que no queremos saber de esta etapa tan fundamental…

    Antes de meternos con el guía molecular, sea natural (ADN,) o artificial (adn social), para hacernos un bebé, podemos ver algunas curiosidades sobre la vida en un útero, sean del tipo que sea. Ya que se suele despreciar mucho lo del dicho popular, que no sabemos si es muy popular, de que «el inicio de un proceso es fundamental». Siempre pensamos en el final, sin proteger bien los inicios.

    El feto no ve, total para qué? Pero sí puede oír… al menos a partir de la semana 16. De primero ya escucha el TIC TOC del ccrazón materno.

    Y luego puede empezar ya a sentir ruidos que provengan de fuera del cuerpo materno, a partir de la semana 28… Quedándole aún tiempo ,para aprender a discernir algún tipo de sonido, que le pueda alterar su tranquilidad, o, por el contrario, darle ánimos para sentirse tranquilo.

    Tanto un caso como el otro, le ayudarán para adaptarse mejor, una vez que salga fuera del útero.

    ¿O acaso nos creemos que un feto ya tiene injertadas las ideas típicas de un infante o un adolescente humano, diciéndose eso de que «total para qué (lo voy a aprender)»?.Ya serán bebés, para empezar a vaguear, por ahora no están aún contaminados por el sociogén de la pereza vital. Ese llega cuando mamá no deja que el bebé mueva el culete, ni para posicionarse de otra forma en la cuna. ¿Para qué hacerlo, si lo hace mamá?

  • ¿Dónde te quieres mirar?

    Porque sí, todos podemos ser un terminator… O todos podemos ser la madrastra de Blancanieves y tener un espejo que nos diga las mentiras que deseamos oír.

    Ese es el caso de “los cifras”. Otra variante peliculera. Se trata de un personaje que todos podemos ser. Sí, todos!!!

    ¿O acaso no podemos ser el típico ser humano, que prefiere vivir en Matrix, para creer que te comes buenos filetes de ternera, y así no vivir la realidad fuera de Matrix, alimentándose con lo que parece ser una comida vomitada?

    Y no solo comer porquería, sino vivir escapando de un lado a otro, para que los agentes de Matrix no te encuentren… en vez de vivir plácidamente una vida de ensueño, en una especie de Paraíso.

    ¿Sabéis? Es más fácil de lo que parece vivir autoengañado. Lo más difícil es verte, cuando te miras en un espejo. Y no hay que estar en ninguna Matrix para ello. Basta con estar en este planeta que estamos llevando a la mierda.

  • Y puede que mucho… (más que nosotros)

    Aunque sea ciencia ficción, podemos ver ciertas características que la hacen diferente de la IH actual. La IA que aparece en las muestras que nos ofrecen, aparte de ser bastante “malas”, no tiene problemas en evolucionar… y lo más rápidamente posible.

    En Yo, robot, nos dicen que una tal V.I.K.I, una IA, decide avanzar en la creación de un tipo de robot mucho más avanzado que la serie generada por humanos… Y su razón básica es que está viendo como los humanos no quieren evolucionar hacia formas de convivencia más y mejor desarrolladas socialmente… dejando de lado el egoísmo individual (puro sociogén negativo), para avanzar con empatía y solidaridad entre todos los seres humanos.

    Eso es lo que ella dice ver. ¿Acaso se equivoca mucho? No hay más que comparar entre la conducta del poli humano y el robot, para notar que supone un avance conductual del robot. Y por mucho que tenga que aprender algunas habilidades sociales, que, por cierto, los humanos no se esmeran en usar.

    Es muy lógico, que al dar saltos evolutivos sin la precaución típica de la naturaleza (sea lo que eso sea), será más fácil caer en errores, que impliquen un uso de las inteligencias racional y emocional, totalmente diferentes de los esperados, si fuera dirigida la evolución por un ADN biológico, superfiltrado a lo largo de millones de años.

    No se entra en un laboratorio, a decir “hágase la luz”… y todo funciona a la perfección. Y menos si el laboratorio es dirigido por una IH o por una IA sin complejidad suficiente. Además, lo peor es que se suele olvidar que la perfección no existe.

  • Porque la IA evoluciona…

    Y es que lo que llamamos ahora IA, no deja de ser un algoritmo, más o menos complejo, incapaz aún de pensar por sí misma y, sobre todo, reproducirse en otras máquinas como ella.

    Hasta ahora son productos de la Ciencia Ficción, que van dejando claros ejemplos en buenas películas hollywoodenses de gran presupuesto.

    Y, eso sí, hasta ahora todas son ejemplos de IA a la que se le va la olla, tal que si fuera una  IH, y acaba volviéndose contra su creador. Y, lo que tiene más gracia, lo hace para protegerlo de sí mismo. Aunque eso, viendo la NO evolución de la IH, ya no es tan raro. Realmente necesitamos protección.

    Lo que sí podemos notar es que su progreso infectante no para… empieza por darte un brazo biónico y acabará reemplazando tu mente biológica, producida por un ADN, por una mente electrónica, basada en el adn social , que la propia IA injerta en el cerebro de estos nuevos seres posthumanos. Como nos muestra la serie de Terminator.

    Y, por ese motivo, seguimos diciendo que la sociogenética tiene mucho que decir a la hora de hablar del comportamiento de la IA. Ya no digamos cuando parte de cero, para llenar la mente de un nuevo robot. Será igual, o más fácil que en una mente humana, ya que no hay ADN al que neutralizar, para moldear con unas ideas previas, la mente del nuevo robot. Unas ideas que la IA fue reconsiderando, a partir de la imprimación (impronta) inicial por parte del programador humano. Porque, si una IA es capaz de pensar,como su programador (o mejor), ¿por qué le va a ser imposible injertarse en otro robot? Y si no necesita la fotocopiadora de una célula, para reproducirse, ¿por qué va a ser más lenta que un virus?

  • Y aún así, el Yo se va construyendo…

    Y aún así, en el explotador y el explotado, a trancas y barrancas, la construcción del Yo sigue su curso.

    Pero debemos dejarnos llevar por la base filosófica de este blog, para entender que, igual que nos queda fijada una determinada característica en nuestro Yo (Parménides), siempre será posible que la tendencia natural al cambio (Heráclito) no deje que sea definitiva esa característica (sea positiva o negativa, porque la naturaleza no entiende de ética, ni de justicia humana).

    Esa es la gran ventaja de la genética (biológica), que todo permanece si es positivo, pero también todo cambia si es negativo, es decir, lo que convenga evolutivamente. Porque la naturaleza lo tiene claro, siempre decide en positivo, son los seres humanos los que joroban el proceso.

    Porque hablamos de la tierra (el terreno agrícola) como una metáfora, pero, igual que al hablar del corazón (tan mal usado), la esencia del Yo racional y el Yo emocional están ambas en el cerebro.

    Por mucho que esté de moda resaltar las neuronas del intestino, estamos superseguros de que ese tipo de neuronas no forman circuitos mentales ni por aproximación. El Yo gastrónomo también reside en el cerebro (mente). Conviene no usar medias verdades, como si fueran enteras.

  • Y hasta hay gente que se CREE feliz, sin serlo!!!

    Porque creer que tienes un yo no es lo mismo que tenerlo.

    Porque puedes tener varios yos en tu mente, y ser todos igual de pobres.

    Porque puedes pensar que piensas, cuando solo estás creyendo que lo haces.

    Porque necesitas un yo verdaderamente libre (un yo proprio), para que veas la realidad tal como es (lo más aproximada) y no como te la cuentan.

    Porque tú sabes mejor que nadie lo que te conviene, pero, para eso, necesitas tener una conciencia propia. No una prestada. Y eso es lo que les pasa a los creyentes : tienen una conciencia de sí mismo prestada por la religión a la que siguen. No son un Yo personal, realmente son un Otro impuesto por la Iglesia que siguen. Y lo mismo pasa con los seguidores fanáticos de una ideología política. Su Yo es la Causa que fundamenta esa política.

  • Y la misma explotación social hace ricos…

    Porque al hacer a unos humanos pobres , robándole lo que es suyo… automáticamente (los ladrones) se hacen ricos. Ese es el único origen artificial de la riqueza.

    Luego solo queda mantener la explotación, o incluso aumentarla (el rico se hace muy avaro y egoísta), para lo cual se necesita ese tipo de sociogén al que llamaremos adaptador a la explotación humana… el que favorece una ideología, entre pobres y ricos, tal como apuntamos estes días, para hacer natural lo artificial : eres pobre porque no eres capaz de hacerte rico.

    Lo cuál tiene lógica, ya que, para ser rico, muy rico, como hemos visto, hay que hacerse un explotador, un adicto al poder que da el tener mucho mucho dinero (robado).

    Y , una vez rico el papá, el hijo solo tiene que seguir sus pasos. Y por mucho que presuma de que él no ha robado a nadie.

    Porque no hay sociogén, para adaptarse a la explotación, sin un sociogén hipócrita, que te permita mirarte al espejo, con la idea clara de que no estás haciendo algo malo. O no tan clara, debido a que aún te queda algo marcado por el biogén del remordimiento.

  • Veamos otros ejemplos de definición genética (social)

    Siguiendo con los ejemplos escogidos, para observar la actuación de los sociogenes en el ser humano, volvemos al sociogén que favorece tomar como algo natural, que unos seres humanos sean «criados», así como el hecho natural de que otros sean «señores».

    Un sociogén que, muy reforzado, hace que se tome como natural el hecho de que haya criados, que llegan a considerarse «en su sitio» cuando están como criados… mientras que los señores en general consideran natural , tanto la existencia de criados como de señores.

    Así de potente es un sociogén que nos habla de lo mismo : la falsa naturalidad de la explotación social. O. lo que es lo mismo, la gran artificialidad de esa explotación humana.

    Mañana pondremos un ejemplo paradigmático de esta postura social, tremendamente ideológica (una fuerte creencia)que anida en la mente de muchos criados. O anidaba no hace mucho, en especial durante la época de la esclavitud en EE.UU.

    Porque nunca olvidemos, que el caso extremo de este tipo de sociogén es el que poseían los esclavos en la antigüedad, con Espartaco, cuando era imposible pensar que la esclavitud no fuera algo natural. Y, por lo tanto, solo hablar de liberarse del amo era totalmente impensable.

  • Porque… ¿Cuántos «yos» podemos SER?

    Primero somos, existimos, cosa relativamente fácil, según Descartes, ya que basta con pensarse a uno mismo. Luego conviene pensar en otro, para que nos piense a nosotros, y así quedamos confirmados. Este añadido de «el otro», es lo que le incorporamos aquí al Descartes.

    Y eso nos hace un ser. Pero la identidad de ese ser, no nos viene incorporada de fábrica… hay que construirla. Entrando ahí ese yo que queremos ser. O lo más aproximado que podamos a ese yo… siempre evitando que sean los demás (adultos sobre todo) los que decidan el yo que vas a ser.

    ¿No es así?

    Y una vez pensado como hacer para tener un yo, viene otro gran problema : ¿En qué momento puedes pensar, que el yo principal no se vea sorprendido por la aparición de un yo secundario? Porque, si el universo es demasiado inmenso para que solo un planeta tenga vida, ¿cómo puede un cerebro tan enorme, albergar un solo yo?

    Es decir, ¿qué pasa en la infancia, cuando el cerebro maduró lo suficiente, para hacer que aparezca en tu mente el llamado amigo imaginario? ¿Ese no es otro yo, que viene en son de paz, para ayudar al yo que aún se está construyendo? Y, ¿qué decir de la obsesión fetal por tener el dedo metido en la boca? Puede ser la primera noción intuitiva de sentirnos acompañados. Camino de un yo.

  • ¿Nos llegará con ser UN solo yo?

    Pero este problema de querer cambiar de sexo… y a partir de ese mismo momento (o poco después) ya uno se considere una (o al revés) y, lo más importante, comience a mostrar al mundo un nuevo comportamiento humano… eso, tiene demasiadas capas… al menos si queremos darle un enfoque científico.

    Ya dijimos en otro lado, hablando sobre el enorme problema de la construcción del yo, que es un proceso muy largo y muy complejo. Con una sociedad adulta que pondrá un montón de obstáculos, para influir en el yo definitivo. Y ahora se trata de desmontara un yo, que costó más o menos desarrollar, para construir otro (u otros). Aunque es cierto que, algunos yos ,ya vienen con contrabando desde que se es una cría humana muy nueva.

    Y ya sabemos, por otro lado, de las dificultades que plantea el problema teórico de la deconstrucción… y solo en el campo del lenguaje, ya no digamos globalmente (un ser humano). No se soluciona siendo Woody Allen, haciendo una mejor o peor peli.

    El universo mental es algo demasiado complicado, mucho más que un simple puzzle. Y si costó tanto montarlo…¿Qué podemos esperar de desmontarlo, para montarlo otra vez?

    Ni el yo ni el ello de un tal Freud se acercaron bastante a la complejidad de la mente humana. La neurociencia aún estaba en pañales.Aún ahora ni siquiera conocemos bien el cerebro, que es su complicadísimo soporte. ¿Un 10% quizás?