Pero todo camino se inicia con entusiasmo…

Pero seamos menos realistas trágicos y pongámonos un poco «de buenas»… porque también es cierto que al principio todo parece más amigable… Aún parece que se puede confiar en la empatía y la solidaridad de otras crías humanas. Ya que, al principio, pueden estar poco corrompidas.

«De las crías» decimos, porque de los adultos ya es otro cantar de arriero… ellos requieren desconfianza desde el principio. Tienen que ganar nuestra confianza de crías, no se la podemos regalar.

Por eso, al inicio, todo son sonrisas por parte de los adultos. Y gestos amables. Van tanteando el terreno, para ver como respondemos a cada una de esas lisonjas típicas de un vendedor de humos.

El Gran Humo de la SAD (sociedad adulta dominante), que así le podemos llamar, porque es una forma de hacernos ver que son nuestros amigos, que sí son los tutores que se espera por parte de la naturaleza (sea lo que eso sea). Pero NO lo son.

El problema con los adultos es que no son de fiar, porque no buscan nuestra libertad natural, solo quieren manipularnos, para que seamos piezas de la maquinaria social. Y eso es lo que nos dice, precisamente, la sociogenética. Que tengamos cuidado con ellos…

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