
Y es que seamos el tipo de cría humana que seamos, desde bebé a tener varios añitos, seamos maltratada o no maltratada, con posible futuro o sin posible futuro… todas vamos a desear ser admitidas en alguna de las tribus humanas que por nuestro ecosistema pululan… Porque las diferencias existen, aunque la SAD las aumente, y mucho, aunque sea una tribu pequeña. Y por eso hay tribus humanas de todo tipo, y más actualmente, sea en ecosistemas urbanos (mayor variedad) o en ecosistemas rurales (menos variedad). Y muchas más de lo que piensan los habitantes del ecosistema.
Es la eterna batalla de la vida, el diferente quiere integrarse, una vez comprobado que el grupo puede ser beneficioso, pero ahora es el grupo, quién no lo deja integrarse… Para eso pasó su tiempo determinándolo como diferente (aunque en principio nadie lo tuviera claro). Ahora no querrá dejar como ganador al «diferente». Prefiere que se quede «fuera»… Pero la cuestión es que, el llamado diferente, tampoco quiere perder la ocasión de ser tratado como uno más… porque ningún humano , en sus cabales, puede vivir en soledad.
Se trata de una gran batalla, si gana el aún no diferente, el núcleo acosador se queda sin víctima para «echarla a los leones»… Y eso no podría ser, al diferente (lo sea o no), hay que desintegrarlo del colectivo, no dejarle opción al colectivo, para que le permita integrarse. Los sociogenes negativos son muy intensos, una vez que actúan se van reforzando unos con otros, inclusos entre mentes ajenas… Lo que dice el jefe se hace dogma.
Y el dogma es indiscutible, porque viene a ser un sociogén, una idea, que no se puede modificar fácilmente. Es negativo, pero actúa de forma antagónica : en el acosado funciona como una idea de que tiene que convivir con el acoso, deberá normalizarlo. Y, por otro lado, los acosadores, deben convivir con acosar al diferente, al débil, porque se lo mandan. Y también deben normalizarlo, como algo natural. Integrarlo en su vida cotidiana, evitando alguna idea, sobre si es injusto o no ese acoso.
El párrafo anterior es muy importante, ya que nos enlaza con la afirmación de Hanna Harend sobre la normalización del mal. Que no siempre se entiende bien, porque el proceso de normalización mental funciona en doble sentido : en la mente del acosador, como una necesidad de acosar al débil, y en la mente del acosado, funciona como una necesidad de sentir el acoso como algo normal. Porque, en este segundo caso, no puede vivir con la sensación de que el acoso lo podría evitar, pero no sabe cómo.Y la frase final anterior, lleva lógicamente al Síndrome de Estocolmo del Acoso Normalizado, tanto por parte de uno como por parte del otro. Llegado un momento crítico el acosador y el acosado se necesitan mutuamente. Y no es nada fácil salir de ahí. Lo que nos lleva a la etapa de maduración humana, en la que se construye la forma de ser, la personalidad manifiesta, de la cría humana, para llegar a adulta : La ADOLESCENCIA.
¡Anímate!