
La protagonista no entiende como ha llegado, a partir de una historia novelada por alguien que no la conoce (más que por unas fotos), a tener una imagen de ella tan descolocada, tan perversa… tan parcial. Cuando ella tiene claro que las cosas no sucedieron así. Que ella no fue la pervertidora de jóvenes que la novela describe.
Su comportamiento ha sido uno, pero ahora descubre amargamente que la novela ha creado otro comportamiento totalmente diferente. De ser bastante maltratada (lo que pasó realmente) pasa a ser la maltratadora.
Y la cuestión es, para el mundo exterior, que no se puede saber fácilmente cuál fue el verdadero comportamiento. Pero ese mundo se deja llevar, como suele pasar, por el relato novelado. No hay más que ver como la empiezan a mirar sus allegados, incluida la familia, una vez publicada la novela.
Y, además, y aquí entramos nosotros, nadie quiere analizar la realidad con el instrumental necesario, para desdoblar en cada comportamiento la imagen más real de la protagonista, antes de escoger una de ellas. NI su marido ni su hijo son capaces de abrazar la verdadera imagen, la que debían tener, porque se han dejado llevar por el relato que les deja en su mente la novela… y, lo que al final queda, lo que se cree saber, son sus gruesas y aviesas mentiras.
Algo de eso nos puede explicar un estudio sociogenético de la serie. Con su instrumental podemos intentar sacar la paja, que trata de llevar el relato por el camino predestinado, por su interesado autor (padre del joven muerto).
¡Anímate!