
Aunque seas un pirata bueno o un ladrón como Robin Hood.
La sociedad siempre te puede considerar alguien a quien se debe atacar, empezando por no querer comprender tu forma de ser.
Porque la palabra incomprensión rima muy bien con persecución, que será la respuesta natural (y cruel) que la sociedad le dará a tu expresión diferencial.
Ser diferente es el primer paso para ser un proscrito, tal como se podía leer en uno de esos libros llamados infantiles de los años cincuenta. Y aunque, visto con los ojos actuales, el amigo Guillermo tampoco fuera, precisamente, para darle de comer en nuestra (la mía!!!) mesa de cumpleaños.
Y, hablando de proscritos ingleses, bien se puede acudir al antes citado, amigo Robin Hood. La aventura es la aventura.
¡Anímate!