
Porque el demostrar que ya somos mayores o capaces de romper las normas sociales, suele llevar consigo un descalabro personal, tanto físico como psíquico.
Hubo un tiempo que llegaba con mantener un pitillo en la boca o un cubata en la mano… incluso soltar varias palabras de esas que se decían malsonantes, para sentirse un hombre… en concreto un macho, y bien machote. Incluso teniendo útero…
Porque la hembra con Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino, copiaba los gestos del macho rebelde, dado que aún no había llegado ningún tipo de evangelio, para salvarles de la quema machista.
Un símbolo claro, fue nuestro apreciado James Dean, que vivió como quiso, es decir muy poco. Su confusión con los puntos cardinales fue ilustrativa. Tanto en el cine como en la vida.
¡Y vaya modelo nos quedó!
¡Anímate!