
Un ejemplo típico de gen social negativo, en el que la capacidad genética de autoestima necesaria para adaptase al ecosistema donde te tocó vivir, siendo capaz de defenderte en él, se ve sustituida por una capacidad artificial que rebajará esa autoestima, hasta niveles inhumanos, de animal irracional. Sobre todo al enfrentarte al poder del macho. Que tampoco es un poder real, ya que responde otro gen social (artificial) negativo, al que podemos llamar Síndrome de Estocolmo del Supremo Poder Impostor.
Y para asegurar este tipo de mecanismos sociales (de opresión) se escriben relatos como la Biblia Abrahámica, donde un impostor Yahvé le concede ese poder a un Adán de opereta. Acompañada del pecado que le hace cometer a Eva, para poder castigarla con una reproducción maldecida. En vez de la bendición que supone el maravilloso fenómeno de alumbrar otra vida. Yahvé convierte la felicidad del Edén en un sudoroso Valle de Lágrimas, porque así justifica la imposición del poder machista de Adán.
O patriarcal si preferimos decir, ya que de grandes patriarcas va la historia real de la Humanidad. Patriarcas y profetas, siempre machos curiosamente, serán los uniformes de los descendientes de Adán. Y ellas, siervas de las futuras Evas . Con alguna escogida como Princesa por el Macho Monarca.
Y mientras la Eva/Marilyn esperando por sus príncipe en forma de boxeador famoso o famoso autor teatral, ambos pobres machos beta, que nunca aprenderán a respetar la grandeza reproductora (como mujer y como artista)de Marilyn.
Grandeza reproductora de la mujer, que lógicamente, no tiene que ser una obligación social, sino un ejercicio de natural libertad. Ser madre, dar vida, es un privilegio, pero también es solo la potencia que se debe convertir en acto aristotélico, siempre que lo hagas libremente. Ser madre impuesta es empezar muy mal el proceso materno.
¡Anímate!