
Decían que si las flores y el viaje, sobre todo si era químico, podían hacerte madurar a tope. Cuando realmente era una forma de ir podando todas las ramas de tu árbol corpóreo y, lo que es mucho peor, impidiendo que tu mente floreciera en la próxima primavera. Eras la ilusa Rose, que se embarcaba en su Titanic, para que un Jack le permitiera vivir.
Como jipi, te atabas a un macho de la florida tribu, igual que siempre. Aunque durante una temporada probaras con varios diferentes. Abandonabas a tus hijos, para ser educados por los animalitos del bosque, esperando que algún Tambor los guiara. Pero sin enseñarles que, en el bosque de la vida, hay unos cazadores que desean matar/explotar a la mamá de Bambi.
Decías NO a hacer la guerra, pero tampoco ayudabas a que se frenara su refuerzo, por parte de los políticos. Porque estabas imbuida de ese espíritu oriental, que supone una tendencia a que todo pase, para que te deje pasar a ti. Siempre (y primero) a TI.
Preferías ser en la otra vida un bonito gato maullante, a ser, en esta, la que ayuda a una amiga, aunque sea alguien que no comprendes, a sobrellevar su desesperanza.
Es decir, escapabas de un gen social (integración en el sistema establecido), y hiciste todo el camino necesario para encontrarte otra variante del mismo gen (integración en nuevo sistema de opresión). Especialmente si optabas por introducirte en la sacrosanta secta del Gran Manipulador Divino. Con su gurú correspondiente. En el fondo, una pobre criatura humana con la conciencia prestada.
¡Anímate!