
Como le pasaba a la matrona romana. Que si le dejaban presumir de riqueza y poder, ya se consideraba una mujer libre. Porque no eran esclavas y podían presumir de liberales, mientras no le llevaran la contraria a su esposo-amo. Ese macho romano, que era, al mismo tiempo que su amante, su carcelero.
Y si no, que se lo pregunten a una tal Livia Drusila, que tanto le costó hacerse un lugar entre los machotes romanos. Fueran patricios o plebeyos. O a la hija del César Augusto, Julia, perseguida por ser (quererlo) realmente libre y no padecer lo que padecía cualquier mujer romana : un Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino de auténtico caballo cesariano.
Ellas no son como nuestra admirada Vienna. No necesitan pistola, ni mostrarse adustas y faltas de cariño, para no ser depredadas por el macho. Ese macho que porta un Síndrome de Estocolmo de Poderoso Señor al que toda Mujer le debe Obediencia. Incluso en muchos hombres que presumen de ser lo contrario.
Resulta muy fácil, sobre todo padeciendo el SEMC (Síndrome de Estocolmo Machista Clandestino), creerse libre, cuando realmente se depende totalmente del poder machista.
Un caso muy típico en las seguidoras de los grandes grupos de rock (en general todos machos, para más inri), donde la esclavitud autoaceptada resulta tan típica. Y más grave por suceder en el momento de la adolescencia, cuando genéticamente se debía estar luchando por la regeneración de esta sociedad tan patriarcal.
¡Anímate!