
… y también un plano de fondo.
Y en el medio de ambos TODO. O casi todo. Y decimos casi, porque no todo está explícito, como ya hemos repetido bien de veces. Hay cosas en ese medio, que pueden no ser visibles en una primera o segunda visión, como ya dijimos. Y vamos a hablar de ellas a partir de ahora. Ya no es solamente un problema de usar filtros o no. Ni de lo ya hablado, por encima, cuando reflexionamos sobre el papel del encuadre y el enfoque, al tratar de ver lo que miramos.
Tampoco nos referimos, en este caso, a las arenas que forman la playa o a las moléculas que forman el mar. Como indicamos el otro día, eso es materia de reflexión posterior, cuando queramos profundizar en la materia «más adentro»(y en su íntima colega, la energía).
Ahora toca reflexionar sobre el imprescindible papel de la memoria en el mecanismo de la visión. En lo que podemos llamar la visión completa(da). Porque quien no haya visto en su vida una palmera no sabrá/podrá ver la corteza de una palmera en primer plano. Para el que no la conoce, puede ser «cualquier cosa». Volvemos a incidir, como no, en la vital importancia de la memoria ROM/MOR. Sobre todo para no caer en un uso reducido a la memoria RAM. Que podemos también denominar Memoria No Organizada ni Registrada (MNOR), de uso exclusivamente temporal. La que podemos considerar memoria típica «de los chapones».
En este caso playero, por ejemplo, quien no haya leído, como mínimo, un relato marino, no podrá imaginar que al fondo se está viendo (si miras con atención) el típico islote mediterráneo.
Y eso es, nunca lo olvidemos, porque lo que tengamos grabado en nuestra memoria, será fundamental para llegar a puerto en la gran aventura de la visión. Ese complementar lo visto, que decíamos antes. Algo así pasará cuando logremos «ver» usando el tacto, el gusto, el olfato o el maravilloso oído (ah, la música, también con «sus planos»).
¡Anímate!