
… en la formación de la PERSONALIDAD?
Hablamos mucho de mirar y ver, con atención (observando). También del necesario punto de vista, porque lo que se ve depende mucho del observador. Tanto de su capacidad genética, como de las ganas que tenga de ver bien lo que mira.
Y hemos «desbarrado» sobre los filtros y muros, que no nos dejan ver la realidad, o bien nos la dejan ver parcialmente. Incluso modificada, para hacerla «vivible», como hacia un padre en La vida es bella. Jugando al misterio en un campo de concentración nazi.
Hasta metimos el concepto de muro filtrante, para hacer ver que todo muro juega también el papel de filtro. Porque realmente un muro impenetrable no existe. No tiene función social relevante. Solo impide el paso, mientras no se sabe que hacer con la gente que quiere pasar. Siempre habrá forma de entrar, aunque requiera mucho esfuerzo. O haya que esperar por el permiso de los poderosos, que controlan el muro. Si hasta Eva «entró» al árbol del conocimiento, con la oposición de Yahvé, es que nada es totalmente impenetrable.
Pero igual que hacemos hincapié (ya un poco pesaditos) en diferenciar entre miarar y ver. Toca ahora dedicar un tiempo a resaltar la importancia de los muros que no parecen serlo. Los que no se perciben fácilmente.
Eses que llamamos hasta ahora muros filtrantes , especialmente los que parecen inexistentes. Son muros filtrantes virtuales, pero eses sí que pueden hacerse casi impenetrables al 100%. O dicho de otra forma, eses sí que tiene una capacidad filtrante del 100%. De hecho la imagen de hoy nos puede conectar con el «filtro» del romanticismo. Ese tipo de filtro es más bien para ayudarnos a forjar lo que siempre se llamó personalidad del ser humano. Una «personalidad romántica», en este caso. Algo que aquí gustamos más de llamar adn social, positivo o negativo. Pero hay otros tipos de efectos, tan serios como ese, por ejemplo el colaborar en la aparición de las llamadas clases sociales. Y es, por eso, que tenemos aún mucha tela, mucha, para cortar…
¡Anímate!