
… estamos ante un MURO poco eficiente!!!
Porque su función de filtrado es fundamental. De ella va a depender que nos convirtamos en piezas esenciales del sistema social dominante, o en meras comparsas, en esa Gran Representación del Mundo, que nos ha tocado actuar. Como bien nos decía el gran Calderón. Y eso pasa, nos guste o no la música, nos guste o no Pink Floyd. Porque, en ese caso, ya tenemos delante un tipo de muro invisible, pero que resulta megaeficiente: una sordera musical de caballo. Más o menos igual, que si nos apasiona el reguetón.
Porque sí, tenemos delante, o a los lados, si escuchamos/vemos a través de las orejas, un muro lleno de palabras musicales . Y, como no, de silencios, algo muy típico de todo muro que se precie como tal. Ese silencio tan poco material, pero que a veces dice más que las palabras. Sobre todo cuando te invade esa soledad, que te va comiendo poco a poco. Ese silencio no es como el de otro ser humano, que se queda en silencio cuando le preguntas, aunque siga mirando para ti. Es mucho más aterrador.
Si estás solo y escuchas un disco, puedes penetrar en él o no. Pero está claro que, una canción o pieza musical, se puede hacer tan impenetrable como un muro de piedra o de cemento.
Porque se necesitan algunas herramientas, para penetrar ciertos muros, que no tienen granito, pero están hechos con muchos vericuetos. Son como laberintos y su cometido es impedir, que sigamos madurando como seres humanos. Y en ese motivo, precisamente, debemos centrarnos en nuestro esforzado trabajo de maduración, durante ese proceso natural que llamamos «ser una cría humana».
Y si no queremos esforzarnos, durante la infancia y preadolescencia, entonces tenemos y tendremos un problema muy grande. Demasiado grande (y muy importante). Que podemos resumir, en que vamos a dar un paseo por nuestra adolescencia con la mochila prácticamente vacía. Lo que podemos también representar por nuestra famosa frase, cuando dábamos clase, «pérdida de la adolescencia habemus». Que le decíamos a nuestro boquiabierto alumnado. ¡Y no por el latín precisamente!
¡Anímate!