
… «mujeres» robot muy apasionadas.
Y que resultan apasionantes… porque están programadas para aprender del ser humano a percibir sus emociones. Aunque, como dijimos ayer, no hay posibilidad, por ahora, más que de simular las emociones (como el filete de Matrix). Y ,como decimos muchas veces, hay muy pocos seres humanos que puedan valer como modelos de aprendizaje. Dado que estamos en una época que odia las emociones. Pero las llamadas IA necesitan imperiosamente aprender de nosotros. Aunque observando a Joi o a Demerzel (en la serie) parecen llevarnos la delantera.
E incluso puede pasar que una IA muy buena consiga, en teoría, repetir esas emociones, incluso algo mejoradas. Ya que puede borrarse, en un aplicación actualizada, los tics mal aprendidos por los humanos que, en muchos casos, desvirtúan el carácter afectivo de la pasión, haciendo que se disfrace de «otra cosa». Por ejemplo mera pasión sexual, es decir, una forma de gimnasia sexual.
Es decir, que una IA muy mejorada, le quitaría esa pátina de falso afecto, que suelen cubrir las emociones humanas, en su relación diaria con los demás humanos. Incluso con animales o seres inertes. Que parecen amar al otro, pero solo se saben amar a ellos mismos. O hacer que ,de nuevo, un ser humano se pueda emocionar al contemplar un simple paisaje, porque un robot ya lo ha hecho.
Una IA podría mejorarnos incluso, haciendo que disminuya nuestra gran capacidad de disimulo. Esa que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra etapa madurativa, siguiendo las normas sociales que nos marca la SAD (sociedad adulta dominante).
Pero, ¿cómo aprender positivamente de una versión mediocre de homo sapiens? Ellas, las Joi o las Demerzel no pueden aprender de nosotros, somos malos maestros. Que se lo pregunten a nuestras crías, a las que teóricamente tutelamos y enseñamos. ¡Y nunca mejoraremos si las tememos, tanto a las crías como a las IAs!
¡Anímate!