
… solo estamos teniendo una emoción virtual.
Pero sí es una forma de vencer nuestro desasosiego : dejarse llevar por la creencia de que, lo que nos cuentan, es la verdad. Es lo que nos interesa creer. Porque nos dicen (las pelis y las religiones), que existen universos paralelos al nuestro, donde podemos tener vidas virtuales, que nos venden como reales, para que todas sean sensaciones agradables. Ahora o «después». Lugares donde el placer sea poco costoso alcanzarlo y, allí, nuestro sueños más profundos se mudan en «realidades» (virtuales). El típico paraíso.
O, por lo menos, eso nos quieren vender (es «su» lavadora), los que propugnan esa posibilidad de intercambio con los llamados universos paralelos. Aunque no queda muy claro, en este contexto peliculero, la diferencia que puede haber (y hay) entre simples sensaciones y emociones más elaboradas.
O sea que ya no sería interactuar con máquinas, sino llegar a ser nosotros mismos una variante virtual. Algo, en cierto modo, parecido al Avatar cameroniano. El problemas esencial, como decimos, es hasta qué punto la sensación del avatar no deja de ser un simple sentido, que opera en un universo paralelo al «normal». Sin ir tan lejos, ¿hasta que punto tu clon, cuando sea posible tenerlo, va a sentir las mismas emociones que tú?
Sería el no va más, de la confusión entre mirar y ver. Ya solo vemos lo que simplemente miramos, porque es lo que nos dejan ver. Aunque sea cerrando los ojos, para que entre la realidad simulada que tengamos enfrente. Como el Cifra con su filete.
Pero eso ya lo hacemos , cualquier pobre ser humano, con simplemente vivir ensoñado. No necesitas estar en ninguna Matrix made in Hollywood. O en una variante como es Westworld. Solo tienen que hacerte ver una realidad que no existe. Sea dormido o totalmente despierto.
¡Anímate!