Etiqueta: adn

  • Y, en ese caso, le es mucho más fácil quedarse en un rincón…

    … sin molestar, disimulando.

    O sea, que las ideas que nos meten los otros se posicionan dentro de nuestro cerebro, pero de tal forma que no molestan. No intentan discutir con las propias ideas que nosotros producimos constantemente. Y mucho menso intentan suplantarlas, haciendo que pasen como propias.

    Pero el problema es que «decidan» en algún momento, buscarse un lugar preferente en lo que podemos llamar espacio cerebral de toma de decisiones. Algo así como un Estado Mayor de nuestro cerebro. Lo que llevamos llamando mente, desde que empezamos a reflexionar sobre el falso dilema de si Descartes nos considera duales o no.

    Es ese lugar donde una bibliotecaria cuántica se esfuerza por mantener organizada toda la información que entra en su espacio tiempo de trabajo. Lo que antes llamamaos meente, y que viene siendo el resultado de las impresisosnes que se han ido aacumulando en nuestsrso ADN, desde qu este salió de aquel fondo maarino, como un ssismple conglomeradao d eprorteinas «inteligeneets»

    Decimos inteligentes, porque fueron capaces de autorreproducirse sin ayuda exterior. Y esa es una muy buena prueba de inteligencia.

    Porque no hay nada exterior a ellas, aparte de seres inertes, es decir, moléculas sin inteligencia. Y esa inteligencia es la que ha ido evolucionando, al favorecer ese ADN original que s formen células y seres pluricelulares, cada vez más y más complejos. Un proceso evolutivo que, por lo de ahora, está en la etapa del homo sapiens, pero que, lógicamente, no tiene fecha de remate.

  • Un gran problema es que pueden entrar de…

    … UNO en UNO.

    Cada uno con su punto de vista. Un punto de vista distinto uno de otro, y seguramente distinto del nuestro.

    Un punto de vista que va a ocupar parte de nuestra mente. Y con tal intensidad como si fuera un producto propio, elaborado con nuestra propia maquinaria de pensar. La parte más original de nuestro cerebro.

    Un punto de vista que s eva aacomodar d etal forma en nuestro cerebro,q eu pasaraa a sr consisedrado por él, como una aelaboracaión propia de nuestro Yo principal. O, como mínimo, de algún otro Yo secundario.

    Un punto de vista que, al hacerse individual, resulta más penetrante, porque puede parecer cercano, mucho más convincente. Es más personal que si fuera el típico ruido de fondo, que no consigue clavarse bien en nuestra mente. Que es molesto, pero no tiene porque dejar huella.

    Un punto de vista que va quedar como un mantra, o como las tablas de Moisés, algo que nos va a marcar los pasos futuros el resto de nuestra vida. Y que repetiremos mecánicamente, porque un maestro gurú nos lo dice, aunque no podamos entenderlo racionalmente.

  • Y, ¿qué tenemos guardado en…

    … nuestra ROM/MOR particular?

    Una imagen icónica de la protesta (política)… que también podía representar la imagen típica de la conciencia. Una especie de diosa griega, que represente la toma de conciencia que realiza nuestra mente humana, cuando decide luchar por una causa, que considera de vital importancia. Sea política global, como el caso de Jane Fonda, o simplemente por los derechos del fumador, que se siente acosado por las leyes antitabaco.

    Esa conciencia, que tenemos en nuestra ROM/MOR, construida en base a pensamientos/ideas de todo tipo, en relación con un determinado tema. La libertad para los oprimidos, por ejemplo, aunque esos sean los privilegiados fumadores, gente que se puede pagar un claro «vicio» (a partir del siglo XX).

    Es esa imagen que nos acompaña, como un amigo imaginario, desde que algún día la vimos en un sitio, fuera un periódico o revista, una película o un libro de historia. O, como le pasó al Andrés del otro día, en una Enciclopedia Escolar española de 1936.

    Esa imagen, como otras muchas, forma parte del imaginario colectivo. Una biblioteca de imágenes y datos, que inundan las mentes de la especie humana. Quedando más o menoso fijadas en función de la importancia que le hayamos dado, en su momento : por activa, admirándolas, o por pasiva, odiándolas.

    Así que hemos topado, cual Quijote y Sancho, con una parte de la «iglesia» (seglar)que controla buena parte de nuestra mente. Que nos hace creer que muchas cosas que tenemos metidas en ella, son producto de nuestra maduración psicológica, natural y libre, cuando realmente son norma sociales que nos han ido injertando, desde que nuestra abuelita nos dijo, en la cuna, lo guapo o guapa que éramos. Y si ya era una abuelita ultra moderna, nos pudo decir «guape», para que nos creamos, empecemos a creer, que así vamos a ser más naturales y libres, que los «os» y las «as».

  • Una enorme revolución en relación…

    … al libro impreso!!!

    Y si no, que se lo pregunten a Andrés, el hermano músico del Moncho en La lengua de las mariposas, que se tuvo que enamorar platónicamente de una china, gracias a una enciclopedia en papel, donde salía la imagen de una joven mujer china.

    Eran otros tiempos y las distancias terrestres se podían considerar siderales. La China Popular o la China de Taiwan eran territorios casi marcopolianos. Lejanas y muy misteriosas tierras, dónde solo los británicos habían conseguido apoyar sus coloniales garras.

    Y por los cines de barrio solo se dejaban ver los seguidores de un Fu Man Chu de pacotilla. Incluso más estereotipo que un Chinatown by Hollywood.

    Y sí, uno no necesita ser un Petrarca para enamorarse platónicamente de una enigmática Laura. Llega con ser un músico gallego como Andrés, que ni tocar bien el saxo sabía, hasta descubrir que un amor, por muy platónico que sea suele ser una de las fuentes energéticas más poderosas del universo.

    Hasta te hace tocar un pasodoble, como si te saliera de algún lugar de tu mente, una ubicación que tú desconocías por completo. Esa es la mente del Descartes, es decir «su» alma, la que piensa y la que siente.

  • Y por eso es mucho mejor,siempre,…

    … mirarse a uno mismo!!!

    Hay que empezar por ahí. Sobre todo, para evitar sobrevalorarse cara al futuro. Porque la primera lección que debió aprender Eva (la de la Biblia Abrahámica), es que, buscar el conocimiento, siempre tiene consecuencias. Mejores o peores, pero las tiene. Como, por ejemplo, que te castiguen por pillar una manzana sin permiso o descubrir que tu «pilila», no tiene tanto atributo dimensional como las de tus compañeros.

    ¿A qué cada vez se entiende mejor eso de saber diferenciar entre mirar y ver? Y, sobre todo, lo de observar con atención, para no llevarse sorpresas. Porque muchos solo ven lo que quieren ver, y luego resulta una buena diferencia entre lo previsto y los visto (si lo vemos como es debido). Y también lo de evitar emociones fuertes y pensar racionalmente en lo que vemos.

    Quizás sea ahora un buen momento (el pene es todo un totem), para introducir un concepto científico esencial en este problema de ver bien : tomar las medidas necesarias, para comprobar lo que se ha visto.

    Cuando hablamos de que el cerebro, nuestro cerebro, no nos puede engañar (si no «le dejamos»), ya nombramos el departamento social de «tomar medidas» en una gran empresa, bien organizada. Donde se deben calibrar los datos de un suministro, entrante o saliente, para evitar que los números nos den luego un bofetón en plena cara, o en la cuenta de resultados. Es la ROM empresarial.

    Ellos son los filtros necesarios, para evitar que veamos lo que luego no querremos haber visto. Una gran desgracia.

  • Caray, pero si tenemos…

    … algo llamado NEURONA!!!

    Ándale ya, ¿y qué será eso que llamamos neurona? Acaso es algún tipo de célula fundamental, para que funcione ese complejo mecanismo que llamamos cerebro. Que no es otra cosa, como se notaba en la imagen del otro día, que un conglomerado de circuitos neuronales, que se van construyendo poco a poco, en función de los conocimientos que vamos adquiriendo.

    ¡Y que se van fijando en ellos!

    Unas neuronas se unen a otras, formando ese circuito neuronal, que va a ser el archivo memorístico, donde guardar todos los datos que entran en el cerebro. Siempre bien organizados, para que puedan ser usados rápida y efizcamente, cuando se precisen en otro acto cerebral de conocimiento.

    Y REPETIMOS, nada que ver con el circuitado de una computadora electrónica, por muy siliconados que tenga sus chips y los circuitos que ellos pueden montar. También se pueden llamar redes neuronales, pero son tan parecidas al circuitado neuronal humano, como las cloacas romanas se parecen a los surcos urbanos medievales, por donde circulaban los restos de la mierda casera, con todos sus microbios a flor de piel, para ser depositados en la piel de los sufridos «burgueses» (pobres).

    Estamos POR AHORA a años luz del «cerebro» electrónico de una computadora. Realmente la comparación anterior es poco científica. Y eso aunque esté superactualizado durante el próximo siglo (por lo menos). No es un dios lo que nos separa de ellos, es nuestra capacidad de evolución en el proceso de pensar, que proviene de varios millones de ensayo y error, por parte de la naturaleza (sea lo que eso sea). Y aunque actualmente seamos demasiado mediocres, para ponernos como modelo adelantado en cualquier competición de PENSAR.

  • Pero no debemos correr demasiado…

    … porque aún nos queda mucho camino por hacer.

    Y no se trata de superar al amigo Ramón y Cajal. Quién metió sus ojos a fondo, para descubrir la propia existencia de este tipo de células cerebrales, tan tan especiales.

    Y sí, como la imagen indica, puede parecer un caos. Pero no lo es, porque todo puede irse mirando muy poco a poco. Aunque en la imagen veamos un simple hongo, algo formado por una serie de células, que están colocadas mucho más sencillamente y, sobre todo, no tienen ni una miaja de las capacidades operativas que tienen las neuronas.

    Porque esto, el aprender a ver, se parece más a una carrera de maratón, que una carrera de 100 metros lisos. En ella vamos a tener momentos muy difíciles, para aguantar el tipo «de vidente». Tendremos, a cambio, otros en los que nos maravillaremos de lo visto. Así, en altos y bajos, se nos va formando una capacidad de ver, que solo es aquella simiente que traíamos con nuestro ADN, pero muy reforzada, hecha una herramienta de primera, para ser llevada en nuestra mochila postadolescente.

    Y aún habrá muchas ocasiones para seguir madurando. Porque hasta la muerte seguimos aprendiendo. ¡Incluso yo, con mis 74 añitos! También yo sigo haciendo mi vuelta a Ítaca. Una Ítaca a la que volvemos todos, una vez nacidos.

    Pero todo camino para aprender, es decir adquirir conocimientos, se va retroalimentando por él mismo. Debe ser el único caso en el que no se cumple el segundo principio de la Termodinámica, aplicado a la producción de energía. O eso puede parecer. Nuestro cerebro produce más energía de la que consume. Puede ser una forma de ver como la entropía mental, escapa de las leyes determinantes de la Física, sea esta newtoniana o relativista. Y sí, todo esto es función de esa maravilla llamada neurona.

  • Y, ¿qué narices puede haber en «eso»…

    … que llamamos cerebro?

    ¿Muchas cosas? O pocas, porque va a depender del uso que le demos desde que nacemos. Porque usar, lo usamos, incluso, cuando aún estamos en el útero materno. O acaso ¿no interaccionamos con nuestra progenitora, desde que somos un «simple» embrión? ¿Ya no recordamos aquel desasosiego, del que hablamos hace tiempo?

    En el útero ya se nos forman las primeras impresiones/grabaciones, que vamos recogiendo del entorno uterino. En él interaccionamos con el cuerpo materno. Y no solo recibiendo comida y el tic tac de su corazón. También múltiples sensaciones indefinidas, que se transmiten desde el resto del cuerpo de mamá, hasta las profundidades uterinas. Incluido, como no, el posible desasosiego materno.

    Los primeros días el embrión xa está recogiendo datos del entorno. Ya se van formando los primeros circuitos neuronales, esas arrugas típicas de nuestra masa encefálica. Aunque sean tan «simples» como «sentir calor», como «sentir placer» o como «sentir cierto desasosiego» por ese «algo» que le está pasando a tu madre.

    Aún no podemos ver, pero ya tenemos que aprender a «leer» los datos recibidos. No son aún palabras ni imágenes visuales, pero se tienen que recoger en eso que va a ser tu memoria ROM/MOR, que se está desvirgando, en ese momento crucial en que te conviertes en un feto humano. Por ejemplo los sonidos del corazón materno y, por ejemplo, algún tipo de sensaciones táctiles. Incluida la mano de tu progenitor (o quien sea) que apoya su mano ( o el ecógrafo) en el vientre de tu madre.

    No lo olvides, esas sensaciones no visuales son las primeras que entran en tu cerebro «en formación». No las minusvalores , para lo que que te queda de vida.

  • Y qué decir de algo tan difuso, que…

    … ni planos definidos tiene!!!

    En algunas realidades no hay primer plano, ni plano de fondo… ni tampoco una panorámica más o menos definida. Entonces es cuando la realidad se muestra algo confusa. Como si estamos mirando un paisaje medio tapado por una densa neblina.

    ¿Cómo definir, por mucha atención que le pongamos, por mucho ánimo con el que lo miremos… lo que vienen a ser las posibles hojas de «delante» y la posible luna «del fondo»?

    Podemos reflexionar sobre los filtros necesarios, otra vez. O hablar del proceso básico de pasar recuerdos de la ROM/MOR a la RAM/MONR, pero aquí es ese proceso no pinta mucho. Porque, lo que podamos traer de la ROM no serán más que «sombras» parecidas a estas. Nada definitorio, para aclarar la visión. Necesitamos PENSAR algo más. ¡Eso que gusta muy poco hacer!

    Y por eso, este tipo de situaciones son las que nos llevan a estar «algo perdidos». Sea viendo una foto o la jodida realidad.

    No es fácil orientarse, cuando la bruma nos invade. Incluso con los ojos abiertos, todo se vuelve brumoso en el interior de nuestra mente.

  • Pero no nos engañemos, todo el truco está…

    … dentro de nuestro CEREBRO.

    Sí, ese cerebro que los incultos neuronales tildan de «engañabobos». Como si no supieramos de sobra, o debieramos saber, que un cerebro bien organizado no se equivoca prácticamente en ninguna de las visiones que nos deba grabar. Pueden faltarle datos, pero nunca nos engañará. Entre otras cosas porque no tiene entidad propia nada «fuera de él»: es él , el que nos piensa y nos hace existir como seres humanos!!! Para más chicha en la página dedicada al Descartes.

    Co ya dijimos, si la empresa no sabe organizar sus departamentos, que no le echen la culpa a un departamento en concreto. La culpa es exclusivamente de la empresa, que está mal organizada.

    Pero nuestro cerebro, incluso siendo muy muy vago, es un claro ejemplo de excelente organización. Otra cosa es dejar que se oxide, siguiendo la inercia de la corriente social que más tira de ti, en el caso de que sea la normativa correspondiente a la SAD. Entonces tienes ese adn social negativo, del que vamos hablando «poco a poco».

    Ya hemos hablado estes días de la recuperación temporal (en la RAM/MONR, nuestra mesa de trabjo) de recuerdos grabados en nuestra memoria principal (ROM/MRP, nuestro enorme archivador bien organizado… quien lo tenga, porque la apalicación organizadora no viene de serie!). Ahora toca empezar a decir cosas sobre esa máquina tan perfecta que tenemos encima del pescuezo.

    Esa «máquina», que no tiene nada de máquina y que algunos seres humanos, precarias versiones de homo sapiens , decidieron algún día «empeñar» (al poder establecido), a cambio de un poco de dinero (o de mucho mucho). Y que, por cierto, es muchísimo más compleja y operativa, ya de fábrica, que un simple cerebro electrónico. Y seguirá siendo por mucho mucho tiempo.