Etiqueta: adn

  • O si, por el contrario, hacernos…

    … un maltratador.

    Y aquí si que la colaboración es mutua : por parte del sujeto que aprende y del adulto que te controla y enseña. Porque no es voluntariamente como nos montamos en el caballo de Atila. Hay siempre que poner «algo de nuestra parte», especialmente en la preadolescencia (no nos autoengañemos). Globalmente es como un proceso de deriva, que nos provoca ese injerto social al que llamamos adn social. Una especie de adn artificial, que se nos ha metido a lo largo de nuestra infancia y adolescencia, va dirigiendo nuestra deriva por la cuesta abajo de la negatividad humana. Va suplantando la dirección de los genes naturales, por la dirección de lo que podemos llamar genes sociales. Haciendo que el típico chaval negro de barrio, se convierta en un puto marine agresivo y supremacista (vaya ironía), capaz de hacer cosas que no vienen marcadas en ningún ADN humano. Y ni siquiera en el ADN de un león africano. Donde, por cierto, tenemos el ejemplo del infante soldado, chico o chica, obligados a ser lo que no querían ser.

    En Apocalypse Now tenemos un buen ejemplo, cuando el recién postadolescente que acompaña al capitán Villard, decide (es un decir) acribillar a una familia vietnamita, por el simple movimiento instintivo de una cabritilla. Y es que no se necesita ir al llamado tercer mundo, para comprobar la manipulación que los adultos hacen de las crías humanas. USA es un buen ejemplo.

    ¿Que le hizo disparar al marine?

    ¿Cuánta mierda mental llevaría acumulada en su mochila cerebral ese marine aún adolescente.?

    ¿Quién es realmente responsable, de que «se le disparara» el fusil ametrallador al marine aún (en parte) adolescente?

  • Y ya desde un principio…

    … no sabemos bien que hacer.

    Porque, el atisbo de bipolaridad pensante que nos invade en nuestra adolescencia, empieza por no saber que camino tomar, cuando la SAD nos acosa fuertemente.

    Por un lado queremos regenerar lo que está socialmente anquilosado, pero, por el otro, tememos el resultado a que nos puede llevar esa lucha generacional. Porque el mandato genético nos puede meter en un pozo sin fondo, o por lo menos sin que sepamos muy bien como buscar la salida. Aunque debemos considerar que, si queremos ser diferentes, en el pozo vamos a acabar más o menos igual. Hasta que consigamos salir de él.

    Y aquí vienen a cuento todas esas herramientas, que, tanto decimos, se tienen que llevar en la mochila del adolescente. Porque ya no llega con tener la capacidad de regenerar, por ejemplo, una avería en las cañerías de la casa, si no tenemos el material necesario para hacer ese arreglo. Pues regenerar la sociedad es aún más trabajoso.

    Ya lo dijimos bien claro. El aprendizaje cuesta, tanto como al Pavese hacer sus poemas. Y sin las herramientas adecuadas no hay poema que nos pueda salir del cerebro. Porque las musas suelen estar a sus cosas y del corazón no sale nada más que sangre, bombeada de un sitio a otro de nuestro cuerpo.

    Por eso la mirada del Antoine, en el final de Los 400 golpes, lo resume todo perfectamente : ¿Hacia dónde ir? ¿Qué necesito ver?

  • ¿Por qué cuesta tanto, ver lo que…

    … tenemos DELANTE?

    Manu no quiere ver, no quiere mirar dentro del túnel, aunque al final no puede evitar la tentación… la curiosidad (su exceso)lo va a matar. En este caso si que va a hacer de gato ignorante, poco precavido. Pero los humanos somos así. En nuestro caso queremos arriesgar y, a veces, el choque con una faceta cruel de la realidad, nos puede hacer más humanos. O destrozarnos por dentro.

    El Pablo del Saura, tampoco quiere acabar como acaba. Él iba para ser un joven normal, con su curro, su coche y su novia… y puede que hasta con un par de crías.

    Y es, en estes contextos, cuando vemos a una adolescente que nos mantiene la mirada, que tampoco queremos verla. No queremos indagar en el túnel de su mirada, porque tememos ver lo que no queremos. Porque podríamos vernos a nosotros mismos, en precario.

    Esto le pasa a muchos profes, cuando se niegan a mirar a los ojos de su alumnado. Les temen, por lo que pueden mostrar de sus insuficiencia como profesionales de la educación.

    Nada más apabullante, que la mirada de una adolescente, cuando se siente seguro de su capacidad regeneradora. Aunque no sea consciente de ella. Y aunque no haya aprendido (no le enseñaron) a recibirla y dirigirla adecuadamente. Por ejemplo, enseñándole a proteger mejor sus pulmones, porque la tarea regeneradora requiere tiempo y buena salud. Pero es que no son, no pueden ser, los putos adultos fumadores, quienes para darle consejos de que no fume.

  • Pero no queremos entender la mirada de…

    … los otros.

    Y así empezamos a ver mal el como nos miran las crías humanas, cuando no comprenden lo que les pasa. Quizás porque no les dejamos madurar libremente.

    Y así empiezan esas miradas llenas de interrogantes, porque nos ven (a los adultos) como bichos raros, que no pretenden entender lo que a ellos les importa tanto.

    Y así se van combinando sonrisas y malas caras, porque se les va agotando la poca paciencia que aún les queda.

    Y así se les van acabando los porqués, ya que notan como nos gusta tan poco ese tipo de pregunta. A la que el adulto gusta de nombrar como «pregunta difícil».

    Y así, al adolescente, se le va superponiendo «todo lo que le echen», por encima de esa capacidad genética de regenerar la sociedad adulta dominante. Se va cubriendo esa capacidad, tan esencial para el avance social, con su adn social, en este caso tremendamente negativo. Es decir, se le reescribe una norma social sobre una marca genética. Y menos mal, que, muy en el fondo, esa reescritura no puede borrar la escritura que intenta tapar.

  • Para evitar que te hagan prisionero…

    … incluso siendo una cría!!!

    Porque los adultos dominantes decidieron, que era muy peligroso dejarte suelta.

    Porque no pueden soportar que regeneres su podredumbre social.

    Porque deben aprovechar esa etapa infantil en la que estás más indefensa.

    Porque su dilema está muy claro : necesitan renovarse, pero, al mismo tiempo, necesitan evitar que hagas uso de tu capacidad genética de regeneración social.

    Porque esa imperiosa necesidad adquirida, se traduce en un comportamiento social muy claro : manipular a los manipulables… y eliminar a los que no se dejan manipular.

  • Pero…

    …¿nacemos desconfiados?

    Realmente nuestro ADN solo habla de confianza. De empatía y la consecuente solidaridad. Lo que no tiene nada que ver con usar la curiosidad para matarse , como dice alguna gente que le pasa al gato. La desconfianza es realmente una capacidad que se va cogiendo con el tiempo, a partir de muchas horas de cuna, de suelo e incluso de estar en brazos de alguien, pero sintiendo siempre estar algo abandonado. Viene a ser lo que podemos llamar un elemento del adn social positivo.

    Si, para colmo, nos maltratan más fuertemente, entonces es cuando se injerta en nuestro cerebro una tendencia a «confiar» que, ese maltrato, se repita. Y eso acaba siendo lo contrario, o sea la «desconfianza». Podemos decir que se va injertando un adn social, que va neutralizando la capacidad genética de confiar, haciendo que pase a dominar esa nueva capacidad de desconfiar. A ese fenómeno, aquí, le llamamos reescritura social del ADN. No borra lo escrito, solo se escribe al lado o por encima. En un caso complementa, es positivo, y en el otro «tapa», siendo así negativo.

    Pero algo de desconfianza no es muy malo, en principio. Solo lleva a mirar con precaución, para ver mejor lo que miramos. Sería inútil en un animal irracional, que, lo más que debe hacer es andar con cierta precaución (puro instinto), cuando se tope con otro animal irracional.

    Algo que, por desgracia de nada le vale, cuando se encuentra con un animal racional. Nosotros somos totalmente impredecibles (o casi). Los maestros del engaño.¡Y eso acaba con ellos!

    Así que nos queda aprender que nuestra curiosidad innata, conlleva cierto peligro si no tenemos filtros mentales adecuados (propios), para observar los detalles que caracterizan a las malas personas. Ahí es cuando hacemos el gato (tonto), si nos fiamos demasiado de un adulto humano. Y por eso, para evitarlo, el ADN nos trae marcada una capacidad tan esencial como es la atención.

  • Y por ese motivo…

    … no paramos de pedir ayuda.

    Y por eso miramos y vemos los barrotes de la cuna. Los primeros obstáculos en nuestra corta vida. Nos dan seguridad, pero también nos quitan libertad. Y nos agarramos a ellos, para «decir» que necesitamos salir de allí. Que todo un mundo nos espera y necesitamos aprender de él. No lo podemos saber, pero el ADN tira de nosotros.

    Y por eso solicitamos ayuda. Incluso en silencio. Usando solo nuestra mirada, que aún no la dominamos del todo. Pero intuimos, y vamos sabiendo por experiencia, que a mamá, y algunos otros, no los deja totalmente impasibles nuestra reclamación.

    Aunque en esto, ya depende mucho de la suerte que hayamos tenido, con el ecosistema donde nos toca vivir.

    Porque, como la experiencia nos enseñará, hay muchas clases de adultos. Y casi todas ellas no suelen ser buenos acompañantes.

    Una de nuestras primeras lecciones básicas, será, precisamente, aprender a distinguir entre acompañantes positivos y negativos.

  • Ver para localizar a mamá…

    … y sin necesidad de GPS.

    Porque la gente cree que buscar la teta y, sobre todo, encontrarla, es muy fácil. Menos mal que viene un mapa en nuestro ADN, para hacer ese recorrido.

    Y, ¿qué decir de mamar? Si no fuera automático, el esfuerzo que debería hacer el bebé, provocaría, seguro, que muchos se murieran de hambre. Todo por no esforzarse en chupar del pezón.

    Estos primeros pasos de nuestra vida, son mandatos de nuestro ADN, a los que no nos podemos oponer. Son cosas que no se necesitan aprender. Lo mismo que la bajada de la leche materna, son actividades innatas. Y gracias a esa no necesidad de esfozarse, podemos crecer y llegar a ser crías humanas, dispuestas a aprender todo lo que necesitamos.

    El problema es que el ADN trae llaves para entrar en la escuela (de la vida), pero no trae las instrucciones que necesitamos, para seguir avanzando (dentro de ella). Ese largo proceso de maduración va a depender de nosotros. A partir de entonces, el esfuerzo para aprender será de vital importancia. Y contando, desde luego, con los adultos que nos rodean. Para que nos ayuden, no para que nos maltraten.

    Y aquí, precisamente, es donde entra la necesaria curiosidad para querer aprender. Seas un complejo humano ou un «simple» gato.