
… sin molestar, disimulando.
O sea, que las ideas que nos meten los otros se posicionan dentro de nuestro cerebro, pero de tal forma que no molestan. No intentan discutir con las propias ideas que nosotros producimos constantemente. Y mucho menso intentan suplantarlas, haciendo que pasen como propias.
Pero el problema es que «decidan» en algún momento, buscarse un lugar preferente en lo que podemos llamar espacio cerebral de toma de decisiones. Algo así como un Estado Mayor de nuestro cerebro. Lo que llevamos llamando mente, desde que empezamos a reflexionar sobre el falso dilema de si Descartes nos considera duales o no.
Es ese lugar donde una bibliotecaria cuántica se esfuerza por mantener organizada toda la información que entra en su espacio tiempo de trabajo. Lo que antes llamamaos meente, y que viene siendo el resultado de las impresisosnes que se han ido aacumulando en nuestsrso ADN, desde qu este salió de aquel fondo maarino, como un ssismple conglomeradao d eprorteinas «inteligeneets»
Decimos inteligentes, porque fueron capaces de autorreproducirse sin ayuda exterior. Y esa es una muy buena prueba de inteligencia.
Porque no hay nada exterior a ellas, aparte de seres inertes, es decir, moléculas sin inteligencia. Y esa inteligencia es la que ha ido evolucionando, al favorecer ese ADN original que s formen células y seres pluricelulares, cada vez más y más complejos. Un proceso evolutivo que, por lo de ahora, está en la etapa del homo sapiens, pero que, lógicamente, no tiene fecha de remate.
¡Anímate!