
… eres aún una cría humana.
Estamos a mediados del siglo XX, no en pleno Imperio Romano, y Bélgica sigue considerándose dueña del territorio llamado Congo Belga. Allí donde el nefasto rey Leopoldo II de Bélgica se apoderó del cuerpo y de la mente de los congoleños, que en ese territorio malvivían.
Como ya dijimos, este personaje, tenía a una cría humana metida en una jaula, para que jugaran sus hijas con ella. Y, como se puede ver en la imagen de hoy, había un tipo de zoos, donde los «animales» a visitar eran simplemente seres humanos negros. ¡Algo que ni los romanos hacían!
Y es que el gen social de ser esclavo ya indica la mucha intensidad de este tipo de genes. No existe, por ejemplo, la personalidad de negro. Está claro que malvivir en una aldea congoleña debe injertar un gen social, casi tan fuerte como un gen biológico. O incluso más.
Pero es que, malvivir en un zoológico de humanos en la capital belga, corazón de la civilizada Europa, eso ya no es un gen social, que se injerte durante la maduración de una cría humana. Eso es un gen que viene injertado en la mente de la cría humana, que nació en ese zoo, como si estuviera marcado en su propio ADN. Eso es un gen social del tipo del que portaba un esclavo recién nacido, en la Roma Clásica. De ese tipo de gen, como de los otros, no tenía Darwin ni una simple idea de su posible existencia.
Y es cierto que no se puede transmitir de padres a hijos, como si fuera un gen biológico, pero es muy cierto que este tipo de gen injertado pasa de generación en generación con extrema facilidad. El proceso (posible) de anular su influencia es muy trabajoso y puede durar una vida.








