Es entonces, cuando el ADN…

… «decide» dar su primer paso decisivo…

Un paso con un potencial genético muy determinante… que nos debe hacer despertar, si es que estábamos dormidos (en nuestra infancia). Porque si no estuvimos dormidos, por el injerto de un adn social negativo infantil, es ahora cuando le toca el turno a la versión más dura de ese adn social negativo. Es la hora de que despliegue su enorme potencial sociogenético. Que no es otra cosa, que la capacidad para intentar tachar la escritura que traen los genes biológicos. Y es muy grande esa capacidad de reescritura, en nuestra adolescencia, por estar tan maduro. Debido a la tremenda experiencia que ha cogido, al haber actuado durante la infancia, aunque no hubiera conseguido totalmente sus objetivo.

Y por esa razón, este adn negativo, si no nos preparamos con los filtros propios necesarios, va a marcar la diferencia en nuestro futuro comportamiento, como adolescentes. Llegaremos a la etapa adulta habiendo perdido la adolescencia, total o parcialmente.

Perder la infancia no es determinante, porque nos sigue quedando la etapa fundamental, la adolescencia. Ella nos puede minimizar los desperfectos u omisiones de la infancia. En ella se nos pone el cerebro a tope y ya tendremos que evitar el quedarnos sin las herramientas precisas, para dar la batalla como adultos.

Porque si perdemos también la adolescencia, entonces ya podemos despedirnos de llegar a ser adultos completos. Seguiremos creciendo con un tipo de maduración mental, que ya nos impide ser adultos naturales y libres, tal como nos tenía diseñados la naturaleza.

Por el contrario, seremos simples piezas de diseño sofisticado, o bastante obsoletas, de la maquinaria social. Dependiendo de nuestro etiquetaje previo. Ni más ni menos.

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