Etiqueta: adn

  • Porque el gen social puede…

    … REFORZARSE!!!

    ¿A qué esto va teniendo algo más de pinta, como reflexión sociogenética? Intentamos indagar en las cosas que influyen, para que el comportamiento social de un ser humano, sea el que es y no otro que, en principio, podía perfectamente ser.

    ¿Qué nos modula nuestro comportamiento social, una vez nacidos y empezamos a navegar por el planeta Tierra?

    Hemos llegado a un punto, donde aparece un gen que llamaremos «de refuerzo». Nada raro, si comparamos esa interacción con la de los genes biológicos. Ya que, en la Genética, tenemos el caso de la interacción entre sustancias químicas o las radiaciones de muy baja frecuencia, sobre el ADN humano. Que puede llegar a modificarlo en parte.

    Si pasa eso en Genética, ¿por qué no abrir la mente, en este campo de lo que aquí llamamos Sociogenética? Hay agentes que aceleran la velocidad de reproducción de una célula, por ejemplo… ¿por qué un tipo de gen social, no puede reforzar el papel «reproductor» de otro gen social? Porque aquí hablamos de como se reproduce un comportamiento social, no lo olvidemos. Y le seguimos la pista, incluso, a lo largo de varias generaciones. O, al menos, lo intentamos.

    Y siempre nos preocupa sobremanera la mala influencia, que un adulto puede ejercer sobre una cría humana. No lo olvidemos.

  • Sí, a decir NO…

    … también se APRENDE.

    Un apunte psicoanalítico, para reivindicar el arte y la filosofía del NO.

    Se necesita un grado de madurez, que no se puede alcanzar en la infancia. Y para eso está la preadolescencia, la fase previa, que nos debe enseñar a abrir la puerta de la adolescencia, con la suficiente inquietud y pasión por construirnos como adultos.

    Y aquí aparece el toque filosófico, pues fue el bueno de Aristóteles el que reflexionó sobre lo que supone el concepto de movimiento. Que no es otra cosa que el simple cambio de ser en potencia a ser en acto.

    Es decir, en este caso, pasar de la potencia adulto al acto adulto. De ser en potencia a ser en acto (un adulto). Algo muy complicado y que nada nos asegura que sea un paso seguro.

    Porque siempre nos podemos quedar siendo medio adultos. Los hay a montones, esparcidos por el planeta. Si pierdes tu adolescencia, que es lo mismo, como dice el Fromm, que perder tu libertad. Ya nunca serás un adulto completo. ¡Si no aprendes a decir NO, solo te queda ser un conformista!

  • Porque ser adolescente es el momento…

    … de decir NO!!!

    O por lo menos, aprender a decirlo. Porque sin las herramientas que se generan en tu adolescencia, no puedes labrarte un futuro (propio). Mucho antes de que la humanidad descubriera el arte de cultivar la tierra, ya era capaz de dejar que sus crías se fueran labrando un futuro, de acuerdo con unas normas naturales y libres. No se coartaba la posibilidad de ser el cazador o el recolector que podías llegar a ser. No te obligaban a decir NO, porque lo natural y libre era dejarte ir según ibas madurando como individuo… y la colectividad, mientras tanto, iba evolucionando como especie.

    Solo cuando se determinó una separación social de papeles, dentro del ecosistema dominante, incluyendo el núcleo familiar, entonces, apareció la dificultad de ser aquello que podías tener en tu cabeza, como futuro propio.

    La sociedad adulta dominante (SAD) empezaba a marcar los roles sociales, para que cada uno tuviera claro lo que e iba a ser en la vida.

    Aún no empezaban las clases sociales, por no estar desarrollado un sentido fuerte del concepto de propiedad privada como posesión (terreno, casa, fábrica…)»arrebatada» a lo público. Básicamente una diferencia entre los que «tienen» y los que «no tienen». Pero ya se daba una división entre los que «lo tenían posible»(un futuro) y los que no, aunque solo fuera por nacer en zonas geográficas diferentes. O por nacer con diferente sexo.

    En muchos países, antes sociedades tribales, por ejemplo, nacer hembra, y más sin posibles (económicos), era tener ya el gen social de mujer invisible. Parcialmente invisible eso sí, hasta que te obligaban a prostituirte, como ramera, como criada o como esposa. Entonces y temporalmente te hacían visible. ¿Así de simple?

  • O podrás ser, de adulta…

    … una mujer FATAL!!!

    Si no quieres ser princesa (o sierva), o una adulta protestona, puedes adaptarte a un rol social, como es el de mujer que lleva al sector masculino por la calle de la amargura. O eso le hacen creer, para que no se sienta tan engañada, como el resto de las mujeres.

    Porque a la mujer fatal se le concede un cierto grado de poder, sobre los hombres, que no es más que un disfraz. Con el que te vistes, al mirarte en el espejo trucado de la SAD.

    Pasa como con el disfraz de ama de casa. Te dicen que en tu territorio doméstico mandas tú. Que «ahí» eres libre.¡Vaya mentira!

    Empezando porque, si no tienes autonomía económica, siempre dependerás de que te den dinero para hacer de comer. Además de hacer la comida que le gusta al amo de casa. Incluso a los hijos, aunque eso suponga un esfuerzo mucho más grande para ti, si ellos no colaboran. Y luego en la cama, también vas a ser la «ama de la cama». ¡Seguro!

    E incluso, si te rebelas un poco, te pueden matar, aduciendo que eres una posesión del amo de casa. El realmente amo de «tu» casa. Así que , tal que esclava moderna, puede hacer contigo lo que quiera. Incluso matarte. Pero eso sí, si quieres jugar a mujer fatal, puede que te regalen un horario al día, para que los hombres babeen a tus pies. ¡Pura representación social!

  • O llegar a ser una adolescente británica…

    … que también lo puede tener claro.

    Aunque su ecosistema social no sea tan insufrible como el de Gaza. Ni siquiera de Cisjordania. Pero una adolescente británica de finales del siglo XX, también necesitaba decir NO (a muchas cosas).

    ¿O no?

    En una sociedad dónde sus adultos siguen apegados a una visión victoriana de la organización social, ¿qué puede esperar una cría humana, que pretenda madurar natural y libremente?

    Si en su ADN trae marcas escritas desde sus antecesores prehistóricos, ¿qué tipo de gen social no le será injertado nada más nacer?

    Seguro que no son del tipo que permita fortalecer la necesidad genética de ser solidarios, con otros seres humanos, con otras sociedades diferentes a la británica. Será más fácil que sus gene sigan siendo los que se fueron forjando durante el Imperio Británico. De los que fomentan la insolidaridad y la competencia inhumana. Incluso la opresión y explotación de las colonias. Aunque sea por métodos modernos más sofisticados. Pero que siguen siendo básicamente los que siguen teniendo los animales irracionales, que no es otra cosa que puro instinto de supervivencia. Y eso que, este tipo de animales, son más «racionales» que nosotros, en el uso de este vital instinto.

  • Por ejemplo, te dicen que de adulta…

    … puedes ser (o no) una PRINCESA.

    Aunque uno de tus hijos se pase al lado oscuro. O, por el contrario, dicen que te «tocará» ser la sierva de esa princesa. Que incluso te puede tener esclavizada.

    Ese es el gran problema de tener un adn social u otro. Algo que va mucho más allá de tener una personalidad principesca o servil. El gen social, dejemos la palabra etiqueta, del que hablamos aquí, no marca como el biológico, pero puede tener tanta intensidad, o incluso más, si tenemos en cuenta que el injerto inicial se va actualizando a cada poco tiempo.

    Según la edad, y según las circunstancias sociales del ambiente, ese gen social puede acabar teniendo mucha más raíz mental que la marca genética de tu ADN. Puede decirse, que hay cierta propensión a que los genes sociales sean más fácilmente injertados.

    En cierto modo podríamos comparar ese modo de actuar de los genes sociales, con los midiclorianos de la saga Star War, solo que en vez de estar metidos en tu cuerpo (y hacerte jeidi), se van introduciendo en tu mente, a lo largo de tu maduración como cría humana. Y te van convirtiendo en adulto libre o en determinada pieza de la maquinaria social. Son mucho peores que las peores bacterias.

    Y, según lo propenso que seas a esa intrusión mental, responderás con más atracción o menos por las ideas que ese gen social te quiera inculcar. Esta propensión a aceptar esas piezas de código ajenas a tu ADN, es lo que te irá adaptando a un tipo de futuro más natural (genético) o más artificial (social). No olvidemos que desde siempre hemos mantenido que lo llamado mente humana, no es otra cosa que una prolongación virtual del ADN.

  • Así que, ¿hay dilema sexual o…

    … no hay dilema?

    Es decir, ¿para jugar hay que preguntarse si somos aptos para ese juego o no lo somos? Y siempre teniendo en cuenta únicamente nuestro sexo. Y, repetimos, sin tener en cuenta otro tipo de dilemas más recientes, en relación a la orientación sexual o autoselección de identidad sexual.

    O sea, ¿hay que mostrar la etiqueta sexual, como si fuese una entrada, para poder escoger un determinado juego infantil? ¿Estamos locos?

    Dicho al estilo de aquí, ¿ tenemos un gen social que nos impide desarrollar nuestra madurez con determinados juegos? Porque si no es un gen biológico, tendrá que ser un gen social. Pero algo más profundo que una simple etiqueta, que lleváramos prendida en el cuerpo. Tan profunda, eso sí, como para interferir en la lectura del gen biológico, haciendo que salga una lectura distorsionada, que nos puede llevar por un camino muy diferente del previsto genéticamente.

    ¿Hay juegos censurados, para un determinado sexo? ¿Como hay colores censurados? Incluso, ¿hay una forma de hablar, de moverse… como chico o chica? ¿Hay que dejar los sentimientos en el armario, si quieres hacer de macho prepotente?

    ¿Debes aparentar ser tonta, para que un machote desee acercarse a ti, con el consabido interés de hacerte su esposa? ¿O puedes ser algo más libre, aunque eso suponga que quedes para vestir santos? Puede que no lo parezca, pero todas son preguntas en modo hamletiano. En el fondo, se trata de ser o no ser…

  • Dicen que hay juegos de niños…

    … por necesitar «fuerza bruta»..

    Aunque en buena lógica, esa energía necesaria (para hacer más fuerza) solo valdría para seleccionar el tipo de jugador, independiente del sexo. Pues siempre puede haber niñas con capacidad para hacer mucha fuerza.

    Pero ya reflexionaremos un día sobre el papel que juega lo que se llama costumbre, que acaba siendo tradición, y que no es otra cosa que el implante de genes sociales. Las típicas etiquetas «de nacimiento» (normalmente clandestinas), para diferenciar socialmente lo que es igual biológicamente. Sin entrar, por ahora, en que la constitución anatómica femenina puede mostrar cierta debilidad atlética. Debido básicamente a su papel de reproductora humana. Algo que se ha puesto de actualidad con los juegos Olímpicos de Paris de 2024.

    Pero, precisamente en estas reflexiones sociogenéticas, estamos para analizar hasta que punto los genes sociales, injertados a lo largo de la infancia de una cría humana, pueden llegar a favorecer, de alguna manera, un mantenimiento de los genes biológicos (sus capacidades) demasiado anquilosados.

    No estamos hablando de que se transmitan las características genéticas sociales de un individuo a su descendencia. Solo insinuamos, en eso estamos, que el gen social es algo más que una simple etiqueta, con tus características de nacimiento, es algo más que un aspecto de tu cuerpo o de tu mente.

    De lo que aquí se habla es de que la llamada selección natural, dada la evolución tan compleja del ser humano, con la preponderancia tan grande de su organización cerebral, que va a incidir en su comportamiento individual y social… puede necesitar, en este siglo XXI, ciertas matizaciones. ¿O también exagero?

  • Y enseguida aprendemos que los niños y niñas…

    … tienen juegos diferentes!!!

    Y a les niñes los dejamos por ahora. Recordemos que aquí se reflexiona con la ciencia de base. Por lo que nos limitaremos a reflexionar, por lo de ahora, con las categorías científicas (y sociales, en la actualidad, mayoritariamente) de niños y niñas. Salvo que mis «yo»s» vivan todos en algún universo paralelo.

    Toda la novedad informativa que suponen los aportes reflexivos de la que aquí llamamos Biblia Queer, quedan totalmente en suspenso, hasta que avancemos de forma significativa en nuestras propias reflexiones.

    Hay demasiada subjetividad en esta Biblia Queer, como en todas las Biblias, para tomar en serio sus afirmaciones en una primera pasada por el territorio de la diferenciación sexual. Fanáticos de la BQ mejor abstenerse.

    Por ahora nos quedamos con el hecho claro de que la SAD ha impuesto una idea de que los juegos deben ser diferentes, en función del sexo de las crías humanas que los practican.

    Y como decimos, niñas y niños, por ahora… el posible «resto» (niñes y lo que venga)ya veremos.

  • Cuando nace un ser humano ya trae consigo…

    … su tarjeta de «recién hecho»!!!

    Como debe ser. En una sociedad adulta dominante (SAD) que se precia de estar bien organizada. En sus grupos étnicos, sus clases sociales, sus casinos y sus yates.

    No todos somos fabricados, para ocupar el mismo puesto en la maquinaria social.

    Los hay, que nacen para renovar el mecanismo, que se va haciendo viejo. En diferentes niveles de complejidad operativa y de delegación del poder central.

    Y los hay, para seguir mandando, desde la Unidad Central de Mando (gobiernos oficiales y en la sombra). Lo que en un ordenador viene a ser la CPU.

    Y, además, siempre se necesita un personal que ocupe la zona exterior a la maquinaria, para hacerle ver a sus piezas humanas, que aún lo pueden pasar peor si protestan, por estar atados al mecanismo social que los oprime. Realmente vivir fuera del sistema no es ser antisistema, es ser el alimento espiritual de las piezas humanas que lo mantienen funcionando (funcionarios del poder, que se sienten halagados de ver, como otros están mucho peor.). El lumpen no es antisistema, por mucho que se autoconsidere así. El fluido humano que habita «fuera del sistema» también forma parte del sistema. es como un aceite lubrificante, que no es parte del motor, pero lo necesita para su buen funcionamiento. Los que creen vivir fuera del sistema social, son una parte fundamental de su mantenimiento. Y no hay que ser marxista, para comtemplarlo así, en este siglo XXI.