Y es la sangre menstrual…

… la que realmente te «pone de largo».

Es la señal de que ha llegado el momento de decir ese NO, del que hablamos el otro día. Si te ha sido negada una infancia natural y libre, ahora es cuando necesitas que NO te neutralicen tu capacidad genética de regeneración social. Y si tuviste una maduración infantil natural y libre, es el momento de hacer crecer todo lo que se fue abonando en las marcas que trae tu ADN.

Porque, en caso contrario, los adultos aprovecharán un trastorno natural, para manipularte como si te quisieran hacer un favor. Precisamente, cuando la naturaleza (sea quien sea) te dice que empiezas a ser mujer, aún adolescente, pero ya camino de la última etapa de tu proceso madurativo, como ser humano. Pero entonces es, cuando los adultos dominantes te han preparado un disfraz de cuento de hadas. Para que te consideres una princesa, en vez de una adolescente.

Y además una princesa que necesitará la protección de un rey, hasta que encuentre a su príncipe salvador. O, más fácil aún (más real), a un padre maltratador o un amante/no amante violador.

O, como veíamos al hablar de Afganistán, que te consideren maldita, por haber tenido tu primera menstruación. Porque hay culturas, que no dejarán de considerarte pecadora, por el simple hecho de hacerte mujer.

En el fondo es el clásico castigo del Génesis bíblico, al considerar que Eva merece un castigo por querer saber algo más, de lo que le permite saber Yahvé. Si aún fuera Adán, quién cogió la manzana, puede que lo perdonara (los machos ya se sabe), pero una mujer… ¡imposible!

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