Categoría: ciencia

  • Y la maldad humana siempre…

    … estará bendecida por alguna religión.

    Y como pasa con el binomio rey/sacerdote, nunca sabremos bien si es antes el rey que el sacerdote, o a la inversa. Lo que está muy claro es que ambos se necesitaron mutuamente y, por ese motivo, se tuvieron que generar el uno al otro. Aquí, como científicos que intentamos ser, tenemos muy seguro que el ente humano precedió al ente divino. El ladrón y asesino Caín, siempre necesita buscar una justificación para su crimen.

    Y lo mismo pasa con la bendición de la maldad, por parte de la religión, aunque presuma de ser la esencia del antimaligno. No es lógico pensar, ¿qué la maldad del ser humano conquistador generó a la religión, para tener algo y alguien que la justificara? ¿Cómo si no, entender la «necesaria» existencia de una Biblia tan vengativa, por ejemplo?

    Porque la religión presume de buena y salvadora, pero en su nombre (en el de todas) se realizan auténticas masacres humanas, sin despeinarse y con grandes celebraciones una vez efectuadas. Hasta la cristiana, basada en el perdón de Cristo, vale como excusa para matar a «no creyentes».

    De las más sonadas, para nuestra Gran Hipócrita y Blanca Europa, son las famosas cruzadas cristianas medievales y la colonización desmesurada de África y Asia.

    Y luego la gente se pregunta por el significado del monolito, al que empiezan a adorar los prtohomínidos en «2001, una odisea…» . ¡Vaya pregunta!

  • Porque, no nos engañemos,…

    … la inteligencia conlleva mucha maldad.

    Y no es que la maldad acompañe a la inteligencia como una capacidad genética, no. Lo que pasa es que el uso de la inteligencia no viene bien definido en el ADN. Allí solo hay un atisbo/simiente de como desarrollar esa capacidad, a partir de lo que se llama experimentación. Pero ya vimos, en el caso de la confianza/desconfianza, que el problema del equilibrio nunca está muy bien definido. En este caso entre bondad y maldad hay un trecho por donde el ser humano suele perderse. ¡Y mucho!

    Así que, por ensayo y error, para notar nuestro grado de bondad/maldad vamos comprobando si nos conviene seguir por el camino iniciado, o, por el contrario, empezar otro nuevo, que sea más «positivo».

    Pero claro, ahí viene el gran problema ¿es positivo para quién?

    Es la pregunta de los miles de millones. ¿Quién va a decidir lo que es positivo o negativo? Y, ¿en función de qué parámetros vamos a definir lo positivo? Porque, como ya dijimos otra vez : ¿Dónde pondremos el punto de equilibrio?

    ¿Lo qué es bueno para todos, o al menos una mayoría, o lo qué es bueno para una minoría, que así se podrá hacer rica con mucha más rapidez? Hacerse rica y al mismo tiempo poderosa, ya que ser rico no vale de nada, si ello no conlleva una buena ración de PODER.

  • Y, también, es cuando…

    …se provoca la tremenda explosión!

    Porque la paciencia del ser humano es limitada. Y más si estás pasando por esa mala experiencia, llamada adolescencia. Un adolescente en maduración natural y libre, es una fuente de regeneración social. Un adolescente acosado y maltratado es un proyecto de explosión futura. ¡Y lo dice su propio ADN!

    Porque pudo quedar borrada la empatía, allá por la noche de los tiempos (si hubo un maltrato). Y entonces ,solo queda la ira para vestirnos. Con unas tremendas ganas de revolverse contra todo ese poder adulto, que te esté oprimiendo. Recordemos por un momento a las crías palestinas de estes desdichados días.

    Y es el momento en que no sabemos medir. Ni la calidad del maltrato ni, mucho menos, la calidad de la respuesta. Esa respuesta que podemos considerar supuestamente liberadora, cuando realmente nos deja aún más atrapados en una espiral de violencia incontrolable. Y si no ,que se lo pregunten al portador de un chaleco bomba instantes antes de que lo explote.

    Los adultos dominantes solo te enseñaron a sufrir, con más o menos aguante. Pero sin dotarte de la herramienta que llamamos resiliencia. Y aún menos te enseñaron a medir las consecuencias de tus acciones. De cualquier arrebato mal controlado por tu ira. La que, cuanto más grande, peor será dirigida. Y así, luego te llaman camorrista o, peor aún, terrorista. Como si tú no llevaras aterrorizado desde que dejaste la cuna, suponiendo que en algún momento de tu vida la tuvieras.

    Si eres bueno, es gracias a un adulto, pero si eres malo es solo gracias a ti. Como diría un nativo usamericano, la Gran Hipocresía del Hombre Blanco.

  • Especialmente los que una vez llamaron…

    … los «hijos de la ira».

    Porque en su novela Las uvas de la ira, Steinbeck, nos relata la aventura de un colectivo, tan acosado y robado, que todo su maltrato muda en ira, aunque en este caso no sea una ira revolucionaria.

    Y no fue revolucionaria, porque si en alguna SAD se puede decir, que el injerto de un adn social negativo funciona con extremada perfección, esa es en la sociedad dominante USA.

    Los adultos dominantes USA, desde siempre, resumieron ese adn social negativo en una famosa frase : «Self made man». Te vistes con la ropa que te damos, pero te hacemos creer que eres autónomo vistiéndote.

    Hacerse a uno mismo, dice el poder establecido USA. Resultaría brillante, si no fuera tan cínica y mentirosa. En la tierra de la colonización y el exterminio masivo de los nativos, nos quieren vender la lavadora de que «podemos ser lo que queramos». Mierda ideológica del tamaño del Cañón del Colorado. O puede que incluso necesitemos a todo el planeta, para hacer la comparación y tener así una idea del tamaño de una mentira tan bien injertada.

    Porque se puede decir que el territorio USA es el menos indicado, para que madure natural y libremente el ADN que toda cría humana lleva adentro. Y por eso mismo la capacidad regeneradora de los adolescentes usamericanos es mínima. La losa de la CIA, del FBI o de cualquier Agencia Gubernamental de Acoso al Ciudadano, es pecata minuta comparado con la losa que tapa las capacidades genéticas del humano USA.

  • Porque siempre hay otros que están dispuestos a luchar…

    … para que todos podamos sonreir!!!

    E incluso compartir las arrugas que vamos a tener de viejos.

    Porque la mirada en compañía gana mucho. Especialmente a la hora de convertir esa mirada en ver lo que miras. De asegurarte que estás mirando lo correcto. Y lo ves. Varios humanos mirando son más formas de ver, más diversas. Muy importante cuando se ponen en conjunto, cada una de las diferentes visiones que se han sacado de la misma realidad.

    Eso se llama coordinación. Y tiene mucho que ver con la imprescindible coordinación de los circuitos neuronales de cada uno de los miradores. Dentro del propio cerebro, cuando hay varios Yo… y, luego, con los cerebros adjuntos de los colegas (otros Yo externos a coaligar).

    Y será algo crucial a la hora de poner en común las diversas visiones que se tengan sobre un contexto revolucionario. Porque, como siempre decimos, el contexto es el mismo, en un momento y un lugar dado, pero las imágenes que sacamos de ese contexto pueden, incluso, ser antagónicas.

    Y si eso se da en cualquier situación histórica, por muy tranquila que sea, ya no digamos en una situación de cambio social tumultuosa, muy difusa, con diversas miradas y con diversas visiones, que dan lugar a diversas interpretaciones. Confluyendo diversos intereses. Y con diversos seres humanos que deben tomar control de la situación. Muchas veces sin tiempo a pensarlo con detenimiento. En un proceso revolucionario se puede tener una idea de como empieza, pero nunca de como se acaba. De hecho se puede decir que igual que el límite o la utopía (no existen realmente), el final de una revolución solo existe como entelequia en la mente de su vanguardia. Todo proceso revolucionario no deja de ser una sucesión indefinida de etapas intermedias.

  • Y por eso, cuando miras, es bueno juntarse…

    … con otros que miran igual.

    Porque no vivimos solos. Existen los que podemos llamar «los otros». O, como decía Jesucristo, el llamado prójimo. Que simplemente es el que vive «próximo» a ti. Y así, de esta forma, conseguir que las arrugas del cambio social se hagan menos dolorosas, porque son arrugas «en compañía».

    Pero volvemos a lo mismo : Podeis mirar igual, tu camarada y tú, pero nunca, nunca, vais a ver de igual forma. Ni siquiera parecida.

    Y no necesiatamos ser el Jack del Titanic, para demostrar que no todos verán igual a su amada Rose. Sobre todo cuando toque despedirse tan húmedamente. Como en el interior del Ford, pero con mucho mucho más frío, como les sucede en la famosa tabla/congelador.

    No es igual ver a la mujer que todos miran igual, pero a ti te hace tilín, de tal forma que muda incluso tu forma de mirar. La hace más intensa, aunque la dirección de tu mirada sea la misma que la de tu colega viajero. Recordemos como Jack la veía luego, al dibujarla en el camarote.

    Porque, no nos cansamos de decirlo, mirar a Rose no es lo mismo que ver a Rose. Con todo lo que ella significa, para ti, a partir de esa mirada inicial.

  • Y tantas miradas hay, que acabas mirando…

    … con la experiencia hecha arrugas.

    Porque hay muchas miradas, propias y ajenas. Y con tanto cambio y recambio, llegado a su fin o, mucho peor, quedado a medio camino, nos vamos arrugando. Y como el paso del tiempo trae las arrugas, de cuerpo y de mente, será siempre necesario tener las herramientas (siempre las dichosas herramientas), en la mochila cerebral. Para que así no nos pille el toro revolucionario. O, si nos pilla, que nos pille preparados.

    Debemos tener en cuenta que el caos que conlleva desmontar una SAD determinada, no es nada comparado con el esfuerzo que supone darle la vuelta al calcetín social, parcial o totalmente. Y, a veces, solo para remendarlo. Construir es mucho más difícil que destruir. ¡Y cuántas veces se nos olvida!

    Y construir una nueva sociedad adulta dominante, que ya no sea opresiva, no es moco de pavo. La buena gente se va quedando por el camino y, por desgracia (o por gajes del oficio revolucionario) suelen quedar vivos los menos buenos. Los que aquí llamamos «oficinistas» del proceso revolucionario. Una especie de «funcionarios del cambio», que en general ni saben muy bien lo que es cambiar (a fondo). Viene siendo el modelo Stalin de funcionario revolucionario, que podemos titular.

    En la Revolución francesa se dio un caso claro de toma de la Bastilla en nombre del pueblo. Y, la consiguiente «toma» de Versalles, ya directamente para la burguesía revolucionaria. Se trataba de ocupar la plaza de la aristocracia, para que, como bien decía el otro, «que todo cambie, para que nadie cambie».

    Y en la revolución «proletaria» rusa, otro tanto, ya que la vanguardia revolucionaria bolchevique acabó por ser, años después, la Nomenclatura Soviética. Una nueva especie burguesa (opresora).

  • Aunque, a veces, de tanto cabreo acumulado…

    … la rabia del acosado muda en revolución!!

    Porque no eres tú solo el maltratado. Los poderosos gustan de maltratar en modo colectivo, o por lo menos les encanta oprimir a grandes grupos. Para sentirse aún más poderosos. Esclavizar a uno solo da poca dosis de poder.

    El problema para el poder, es que si se juntan muchas miradas, se empiezan a ver muchas cosas. La realidad es como un puzzle, por lo que unir varias visiones hace más objetivo lo que vemos. Y entre tanto mirón, siempre aparece el típico vidente más espabilado, con la capacidad necesaria para efectuar la conjunción del desencanto grupal.

    Es decir, ese sistema de opresión tan popular, hace que surjan líderes , algo más visionarios que el común de los oprimidos.

    Y eses líderes pueden encarrilar la disidencia, para formar una masa crítica, que pueda favorecer una gran explosión social. Ya tenemos un prólogo a una revolución en marcha.

    Se debe tener en cuenta que, en estes casos, suelen ser seres humanos, que ya no tienen mucho que perder. Por la contra, están bastante seguros de que , de alguna forma posible, tendrán mucho que ganar si explotan.

  • Hasta hacerte un auténtico…

    … cabronazo, experto en acoso.

    Y con el tiempo ir mejorando en tu destreza acosadora. LLegando a ser un adulto dedicado a mostrar tu poder. Por ejemplo, como mediocre director de un instituto, sobre el alumnado que la sociedad ha dejado bajo tu responsabilidad. De un falso adulto tutor pasas a ser un verdadero adulto acosador.

    Y más si este alumnado, como Carrie, resulta ser muy diferente del resto. La típica alumna con dificultades, que está siendo acosada sin que tú intervengas ni por casualidad, para intentar remediar el problema. Vamos, lo típico en un centro escolar actual.

    LLegas a ser un especialista en humillar al alumno diferente, para que no pueda levantar cabeza el resto del curso. O, mucho mejor, el resto de su estancia en ese colegio. Incluso que se lleve una buena resaca, para su estancia universitaria.

    Eres el mediocre director de instituto, que ni es capaz de aprender el nombre correcto de la alumna. Básicamente porque no te interesa.

    Porque, lo que a ti te interesa, fundamentalmente, es sentirte superior con el abuso de poder que te estás marcando. Sabes que, en el fondo, te estás acercando a la medalla de oro, en la Olimpiada Mundial del Acoso. Y esa sí que te interesa en demasía.

  • Y ya empezar a acosar civilmente…

    … desde muy temprano edad.

    Porque, cuanto antes se empieza, mayor experiencia vamos adquiriendo. Podemos ir cogiendo las herramientas de acosada y de acosador, desde ya la llamada tierna infancia. Porque no se nace ni como acosada ni como acosador. Los dos son ropajes sociales, que se van adquiriendo con el tiempo de una mala socialización.

    Esta sociedad adulta que conocemos es experta en injertar poco a poco las dosis necesarias de un adn social que nos incita a no seguir madurando nuestra capacidad genética de ser empáticos, y defensivos al mismo tiempo. Y así, desde que somos bebés, nos acostumbremos socialmente a ser acosados o acosadores. Solo hay que reforzar ciertas tendencias naturales (instintivas) a ser más o menos egoístas. Es decir, a madurar la vena empática, natural, o la vena más antipática, totalmente artificial. Dicho de otro modo favorecer la insolidaridad (adn social negativo)en vez de la solidaridad (adn social positivo). Recordemos el concepto de espectro equilibrista.

    Y sí, el patio del colegio es una de las mejores aulas, para practicar esa necesidad social de sentirse superior a otro ser humano. En principio puede que semejante a uno mismo, pero quizás con alguna característica que, notamos intuitivamente, nos puede hacer sentir superiores.

    Esa alumna o alumno que no se atreve a mirarnos, por miedo a que le digamos algo. Seamos compañeros o profesores. Esa es carne de cañón, para empezar nuestro proceso de acoso.

    Y llega con una simple mala mirada, o un gesto de amenaza, para que empiece a sentirse mucho peor. Ahí es donde nos quedamos en la mirada superficial y no somos capaces de profundizar, viendo realmente al ser humano diferente, que no se merece nuestro maltrato. En el fondo nos asusta mucho, que nos podamos ver como la mierda que somos. Y aquí es cuando falla esa tontería de que «nacemos así», porque no. Como bien decía Rousseau, es la sociedad adulta dominante(SAD) la que nos hace así. Impidiendo que desarrollemos nuestras capacidades genéticas. El no sabía de este tipo de cosas, pero las intuía perfectamente.