Categoría: ciencia

  • Además, no todo lo que se ve…

    … se puede ver sin esfuerzo.

    Si miramos una flor, por muy bella que sea, se puede ver todo lo que ella tiene, a simple vista. Es decir, no se precisa profundizar mucho en la mirada (observación), para ver cosas que no hay. Aparte de los componentes físicos externos que forman la flor. Y, desde luego, los nombres que puede tomar, en función de sus características como vegetal. Así como su relación con diversos seres vivos , para favorecer su polinización. Todo eso forma parte del estudio de una flor.

    Y hasta podemos notar que la flor irradia más o menos belleza, en función de nuestra capacidad de observación.

    Si somos curiosos y nos acercamos lo suficiente, como decimos siempre, nos podemos adentrar más en ciertas características de color, puede que de olor y, sobre todo, del aporte ambiental a esa flor. En este caso las gotas de lluvia que la visten.

    ¡Pero no hay más!

    No estamos mirando para una Marilyn ni para una Scarlett. Donde seguro se esconden gemas , que nos quiere ocultar la sociedad adulta dominante.

  • Porque no todos queremos ver…

    … la mierda que nos ofrecen.

    Hablamos de tener curiosidad y de poder elegir lo que queremos ver. Pero acaso, ¿eso obliga a ver todo lo que nos muestran?

    Que nos obliguen a mirar un anuncio, no quiere decir que estemos obligados a verlo. Aquí es donde juega un papel básico el saber diferenciar bien el fenómeno de ver y el fenómeno de mirar. Porque, incluso encadenados para mirar algo forzados, podemos ser capaces de no ver lo que nos enseñan. Por eso, al protagonista de La naranaja mecánica, era tan difícil hacerle mirar lo que no quería ver. E incluso, con los ojos abiertos, podemos hacer que la memoria difumine lo que estamos viendo.

    Aunque, como todo lo aprendido, este tipo de ejercicios, requieren mucha práctica. De hecho, más que las ecuaciones diferenciales. Las cosas no se aprenden sin esfuerzo, tal como un maestro intenta meter en la cabeza de su alumnado.

    Pero lo peor, es cuando no queremos mirar, porque no sabemos lo que queremos ver.

    Lo dicho, parafraseando al gran poeta italiano, Cesare Pavese, Aprender cansa.

  • Porque no se ve…

    … si no queremos ver!!

    Porque , igual que con la medida, nuestro ADN nos dá la capacidad de elegir. Sí, podemos elegir lo que queremos ver, y antes mirar, al menos en situación de libertad. Otra cosa es si estamos sometidos a una tiranía, de cualquier tipo (política, afectiva, económica…), que nos impide mirara lo que queremos.

    Entonces, como un buen adolescente aborregado, seremos incapaces de tirar el Play Boy a la papelera. O dejar de mirar el folleto del Corte Inglés, ese donde nos muestran sus últimas novedades de temporada.

    Igual que con el departamento cerebral de medir, en este caso, tenemos cerrado el departamento cerebral de valorar lo que estamos viendo. Entonces es, cuando ya tenemos un buen problema : seremos incapaces de dilucidar lo que debemos ver y lo que no.

    Entonces ya somos el pobre gato, que no sabe evitar el peligro que le acecha, cuando camina por lugares muy peligrosos.

  • Pero, ¿qué podemos ver…

    … cuando vemos a Scarlett?

    ¿Lo que nos venden?

    Porque la industria de Hollywood, como pasa siempre, se ha inventado una lavadora llamada Scarlett, que viene siendo la actual versión de la lavadora Star System de los años 40 y 50. Y que luego se fue modernizando a lo largo de las decádas de los 60, 70 y 80. La Star System Minus, más sofisticada y aniñada, pero igual de despersonalizada.

    Una carrocería lo más vistosa posible, en la que no se escatima gasto alguno. Para embellecerla cada vez más.

    Pero luego se deja invisible toda la capacidad de actuación que la actriz posea. Se puntúa lo necesario para que luzca palmito. Lo que tenga dentro de su cerebro, mejor que quede en stand by, mientras siga siendo la estrella de Hollywood que todos deseamos ver. No, mejor dicho, la que queremos mirar.

    Con mucha luz artificial en su cuerpo, pero apagada totalmente en su cerebro. La gran Marilyn fue un gran ejemplo. Despreciada hasta por el intelectual de turno (AM), no solo por su presi.

  • Y hay tanto que ver…

    … que, a veces, no sabemos o no queremos ver.

    Y por ese motivo, nos quedamos mirando, observando solo la superficie de las cosas.

    Como pasó y pasa con Marilyn Monroe, realmente Norma Jeane, una buena actriz que la sociedad decidió convertir en mujer objeto (como tantas otras) y desperdiciar sus grandes capacidades. Reducida a una star system.

    Viene a ser un claro ejemplo de no querer ver lo que encierra el ser humano Norma Jeane. Despreciar todas las capacidades que porta en su ADN, para quedarse con cuatro bagatelas superficiales y construir, a partir de tamaña nimiedad, un adn social negativo, del tipo que analizamos en otro lugar.

    Y no hace falta ser un capo mafioso, para ultrajar así la imagen de una mujer. Llega con ser un presidente USA, para caer en tamaña aberración humanística. El ser humano, cuando quiere, puede llegar a ser muy mediocre como versión evolucionada de homo sapiens.

    Y lo mismo que ayer… el cerebro no nos engaña, es nuestro Yo el que lo controla. Así que si nos ocultamos las capacidades más positivas de esta Norma, es porque lo queremos hacer. ¡Nos autoengañamos y tan panchos!

  • La realidad es poliédrica, pero…

    … si no vemos, ¿cómo avanzar?

    Mucha gente mira pero no ve, o solo ve a medias. La función vital del ser humano que contiene la visión, necesita madurar como todo el cuerpo humano y sus capacidades. Hace días hablamos del esfuerzo necesario, como cría humana, para conformar un cerebro que nos valga, como defensa y como órgano adaptador a los cambios del ecosistema donde vivimos.

    ¿Cómo vamos a dar los primeros pasos , si no sabemos bien por dónde vamos? Hasta para agarrar los barrotes de la cuna necesitamos verlos. Y saber cogerlos.

    O sea, que la primera capacidad a desarrollar debe ser la observación. Ese mirar atento, y con cuidado, a lo que nos rodea. Y eso precisa un cerebro bien organizado. Lo que hace imprescindible un cerebro bien coordinado.

    Porque ser curioso, sin observar bien lo que miramos, es meterse por un camino muy peligroso. Eso es precisamente lo que mata al gato. No lo mata caminar. Lo que lo mata es dar pasos de ignorante. No saber captar las posibles perspectivas de un objeto, que tenemos delante de los sentidos.

    Un gato con cerebro poco trabajado, cuando era cría, será siempre un amigo de ser engañado, en sus paseos por el ecosistema donde vive. Sobre todo, si este sufre cambios, será incapaz de adaptarse.

  • A los humanos nos gusta bastante…

    … que nos engañen de vez en cuando.

    Otro ejemplo típico para cerebros descoordinados. Un jarrón central sobre fondo negro, o dos caras negras sobre un fondo blanco.

    Si un departamento/circuito neuronal avisa de que está viendo un jarrón o de que está viendo un par de caras, siempre habrá otro circuito de la memoria, que les dirá que también existe la otra posibilidad : un jarrón con caras o unas caras con jarrón. Esa sería la síntesis a la que llega un cerebro bien coordinado. Y que sabe usar su memoria, para no dejarse engañar.

    Si nos engañamos, no le echemos la culpa al cerebro. Fue nuestro Yo, el que lo controla, el incapaz de actuar con la lógica natural de una empresa bien organizada.

    Seguro que en la infancia y la adolescencia, no quisimos trabajar el montaje de circuitos de memoria como es debido. Era «demasiado esfuerzo». Y ahora nos pasa factura, ese desprecio, con un mal funcionamiento de una maquinaria cerebral, que es tan compleja como completa, pero a la que le hemos dado un mal mantenimiento. Y, por eso, la dejadez adolescente nos dará una mediocre adultez.

  • El cerebro no nos engaña…

    … somos nosotros, que nos dejamos engañar.

    Mucha gente, incluso universitaria, se empeña en querernos convencer de que el cerebro nos engaña. Como si el cerebro fuera independiente de nosotros , estuviera separado del cuerpo, y decidiera engañar al cuerpo humano.

    Por otro lado se quiere reducir el cerebro a una empresa, con diversos departamentos, donde unos no saben de otros. Tal como, a veces, pasa en la realidad empresarial.

    Pero nuestro cerebro no es una empresa mal organizada. Es una maquinaria compleja con excelente organización. Y todo lo hace con la necesaria coordinación operativa. Está claro que si hay desorganización, será por causas de alguna enfermedad o tara genética, no por insuficiencia natural de un cerebro sano y «libre».

    Así que, si el departamento neuronal que ve las líneas amarillas llega a suponer que son iguales, hay un departamento cerebral especializado en medir, que enseguida avisará de que se tomen las medidas pertinentes, para comprobar realmente si son iguales o no. Lo contrario no es que «nos engañe el cerebro», es que somos unos inútiles, como versión actual del homo sapiens. Dicho más simple, es que tenemos un cerebro muy descoordinado.

  • Observando lo que no se ve…

    Un marco delimita propiedades…

    Hay veces que miramos y no vemos. Ese es el primer problema de mucha gente, que confunde mirar con ver.

    Mirar es dirigir la vista hacia un trozo de la realidad que tenemos enfrente. Ver es proyectar esa imagen, que ha pasado por los ojos y el nervio óptico, hasta el montaje final que nos hacemos, de ese «trozo» recortado, en la pantalla neuronal de nuestra nuca.

    Usar los conceptos al revés, como hace mucha gente, se puede hacer, pero no me parece científico.

    El problema es entonces asumir, que la observación necesita completar la mirada con una visión lo más cuidadosa posible. Es como con la fotos, no vale de nada, para conocer la realidad lo mejor posible, tener una imagen confusa de la misma.

  • Los primeros pasos

    Tener curiosidad es fundamental para avanzar…

    Ya lo digo muchas veces en otro sitio, pero la curiosidad no mata al gato, porque lo que lo mata es la ignorancia.

    No observar la realidad, con atención y cuidado, implica ponerse en peligro, cuando estamos dando nuestro primer paso por un ecosistema donde nos tocó vivir. Normalmente, sin que nosotros lo escogiéramos.

    Así que, observar esa realidad que tenemos enfrente, será indispensable, para saber si podemos dar el primer paso o no.

    Y es que la realidad es multifacética, por lo que la capacidad de observación debe estar bien madura, porque, en caso contrario, nos filtrará la realidad de una forma errónea.