
… que nos engañen de vez en cuando.
Otro ejemplo típico para cerebros descoordinados. Un jarrón central sobre fondo negro, o dos caras negras sobre un fondo blanco.
Si un departamento/circuito neuronal avisa de que está viendo un jarrón o de que está viendo un par de caras, siempre habrá otro circuito de la memoria, que les dirá que también existe la otra posibilidad : un jarrón con caras o unas caras con jarrón. Esa sería la síntesis a la que llega un cerebro bien coordinado. Y que sabe usar su memoria, para no dejarse engañar.
Si nos engañamos, no le echemos la culpa al cerebro. Fue nuestro Yo, el que lo controla, el incapaz de actuar con la lógica natural de una empresa bien organizada.
Seguro que en la infancia y la adolescencia, no quisimos trabajar el montaje de circuitos de memoria como es debido. Era «demasiado esfuerzo». Y ahora nos pasa factura, ese desprecio, con un mal funcionamiento de una maquinaria cerebral, que es tan compleja como completa, pero a la que le hemos dado un mal mantenimiento. Y, por eso, la dejadez adolescente nos dará una mediocre adultez.


