
En la naturaleza es vital el trabajo cooperativo. Pero en los demás seres vivos esa cooperación, incluso intensiva como en la abeja, no puede hacerse con otras especies, ya que la supervivencia depende de cazar y defenderse, y un animal no inteligente es incapaz de adaptarse a convivir con otro de distinta especie.
Pero los humanos somos muy diferentes. Estamos obligados a cooperar, no solo con la especie humana, sino con otras varias especies animales y vegetales, siempre que el ecosistema donde vivimos lo necesite… un incendio , por ejemplo. Por eso la naturaleza nos dotó de la inteligencia necesaria, para efectuar adaptaciones algo forzadas.
Y la socialización, trabajo cooperativo en equipo, no está reñida con la competencia, al revés supone un plus de empatía y solidaridad, al suponer un reparto de alegría entre los ganadores… Porque, además, ganar no es despreciar al que pierde y por ello considerarse mejor persona que él/ellos… Es precisamente al revés, se necesita aprender a compartir la alegría de ganar con los perdedores, y eso supone no pasarle la victoria por la cara, y sí dar muestras de solidaridad, animándolos a que la próxima pueden ganar ellos.
Saber ganar es aprender a ser comprensivo con el que pierde. Aprender a normalizar la pérdida, para, sobre todo, que no nos amargue, cuando nos toque perder a nosotros.
Tal como la muerte y las enfermedades, el perder es algo que caracteriza al fenómeno de la vida… Por lo que, ese proceso de normalización, es vital, para evitar la depresión y la entrada de los sociogenes negativos de todo tipo… especialmente aquellos que fomentan el egoísmo insolidario, o la ira que nos impedirá construir amistades…
¡Anímate!