Etiqueta: empatía

  • … somos más que uno y estamos todos unidos!!!

    ¿Por qué será tan difícil entender que sin unión no hay evolución posible? Solo regresión…

    No tener empatía ni solidaridad no impide que seas un humano, medianamente normal. Pero, ¿por qué será tan difícil entender que, sin esas capacidades genéticas biológicas, puedes dar en un humano totalmente apático y sombrío? ¿Qué en esa situación, resultará más fácil que te persigan los perros por la calle, que tener un par de amigos de verdad?

    Y es que la cara larga y ser un poco cenizo no te ayuda a sentirte unido a otros seres humanos, ni siquiera si son como tú. ¿Cómo harás para verte con otros similares , en el club de la penumbra?

    No se necesita rodearse de colores y músicas, pero la unión es una muestra evolutiva, para que se coordine el trabajo humano y, como no, también su desgracia. Cuando vienen mal dadas , rodeado de gente, que te quiere, se pueden minimizar los daños.

    Así que fomentemos la empatía, en la cría que la traiga escasa, y la desarrollamos más a fondo, en quien la tengo algo tibia. Es muy importante ser empáticos.

  • … al que pierde!!!

    Y pareceremos pesados, pero es que la cuestión es demasiado importante. Maraca un antes y un después, entre la inocencia del juego entre amigos y el juego entre enemigos .

    Y eso de adultos es más fácil … el injerto de los sociogenes negativos correspondientes , pero en una mente infantil , pasara de lo que dictamina el ADN (empatía , solidaridad…), a todo lo contrario, es un proceso de derribo de lo construido y construcción de lo contrario… pero de este tipo entrenamientos se sale tarado mentalmente.

    Porque una cosa es jugar contra otro equipo, hecho de crías como nosotros, pero que forma una determinada entidad deportiva, y otra, muy diferente, es jugar contra los que lo componen… es decir, jugar a ganarle a sus jugadores, como individuos que son, unos simples humanos, que están jugando en otro equipo.

    Jugar contra el equipo, es competir con inteligencia humana, racional y emocional, para ganarle a ese equipo como conjunto, independientemente de quien forme el equipo.

    En cambio, jugar contra los individuos que lo componen, es puro instinto animal… de no saber diferenciar entre estar en el otro equipo o en el tuyo (actual). Que es temporalmente, ya que puedes estar tú otro día, en el otro equipo y querer alegrarte por su victoria. No puedes decirles a los componentes del equipo perdedor, que son unos inútiles. ¿Cómo se puede ir a tomar un refresco juntos, después del partido?

  • Y aprender a ganar cooperando…

    En la naturaleza es vital el trabajo cooperativo. Pero en los demás seres vivos esa cooperación, incluso intensiva como en la abeja, no puede hacerse con otras especies, ya que la supervivencia depende de cazar y defenderse, y un animal no inteligente es incapaz de adaptarse a convivir con otro de distinta especie.

    Pero los humanos somos muy diferentes. Estamos obligados a cooperar, no solo con la especie humana, sino con otras varias especies animales y vegetales, siempre que el ecosistema donde vivimos lo necesite… un incendio , por ejemplo. Por eso la naturaleza nos dotó de la inteligencia necesaria, para efectuar adaptaciones algo forzadas.

    Y la socialización, trabajo cooperativo en equipo, no está reñida con la competencia, al revés supone un plus de empatía y solidaridad, al suponer un reparto de alegría entre los ganadores… Porque, además, ganar no es despreciar al que pierde y por ello considerarse mejor persona que él/ellos… Es precisamente al revés, se necesita aprender a compartir la alegría de ganar con los perdedores, y eso supone no pasarle la victoria por la cara, y sí dar muestras de solidaridad, animándolos a que la próxima pueden ganar ellos.

    Saber ganar es aprender a ser comprensivo con el que pierde. Aprender a normalizar la pérdida, para, sobre todo, que no nos amargue, cuando nos toque perder a nosotros.

    Tal como la muerte y las enfermedades, el perder es algo que caracteriza al fenómeno de la vida… Por lo que, ese proceso de normalización, es vital, para evitar la depresión y la entrada de los sociogenes negativos de todo tipo… especialmente aquellos que fomentan el egoísmo insolidario, o la ira que nos impedirá construir amistades…

  • Y al hablar, nos podemos… AYUDAR!!!

    Necesitamos mirar y ver, para que no sean invisibles los pobres, por ejemplo. Pero no llega con mirar y ver, como tanto repetimos… y por muy bien que lo hagamos… hay que hablar con el OTRO!!! 

    Necesitamos hablar, primero con nosotros mismos (reflexionar sobre lo visto) y, luego, hablar con los demás : el que necesita ayuda y los otros humanos que puedan colaborar en esa ayuda. Y el habla es articular frases lógicas, que pasan información de unas mentes a otras. Incluso dentro del propio cerebro. Explican, por ejemplo, lo que estamos viendo y queremos que lo vean también otros humanos.

    El ADN nos prepara para ser empáticos y solidarios, s enos hace nataural el querere ayudar aotros seres shuamnos, sosbre todod siss son crías humanas. La SAD nos injerta los genes sociales negativos que apantallan nuestra capacidad de empatía, haciéndonos insolidarios y egoístas.

    Al final, puede que veamos al pobre, pero no sentimos la necesidad natural de ayudarlo. Porque tiene que actuar la inteligencia emocional, al analizar lo que estamos viendo.Ya que podemos pasar de él. Y, lo que es mucho peor, nuestra capacidad de lenguaje la podemos usar para meternos con él (llamándole vago, por ejemplo) y, al mismo tiempo, darnos excusas para dejarlo abandonado. Entonces vemos al pobre, pero no vemos la necesidad de ayudarle. Se puede ser muy inteeleigente (racionalamente) , pero taambién muy mamarracho.

    Así, nuestro comportamiento social, responderá a la iniciativa del ADN o a la iniciativa de la SAD. Y de eso, de intentar explicarlo, va la sociogenética.

  • Ellos no tienen un sistema nervioso…

    … tan complejo como el nuestro.

    Por lo que no tienen capacidad para sentir las sensaciones más complejas que acompañan a los cinco sentidos clásicos del ser vivo. No tienen capacidad genética para sentir sensaciones que son propiamente humanas, como es la soledad. No tienen necesidad de compañía, no pueden sentirse solos, porque los programadores no le metieron esa «necesidad» en su CPU.

    Porque la fuerte necesidad de socializarse que tiene el ser humano, debido a su empatía genética, es en su caso, como robots, una simple necesidad artificial, de complementar el trabajo de una máquina con otra, de la forma más eficiente posible.

    Si los mandan tirarse por un barranco lo van hacer, sin puta sensación de miedo o de displacer. Y mucho menos tendrán la sensación de no haber conseguido su meta en la vida, ya que sus metas están programadas de antemano y en ninguna de ellas está marcada algo así como «debes hacer algo por los demás» (aunque no te lo pida). Ni siquiera van a ser capaces de sentir una necesidad más simple, como es la de robar el bolso a una anciana. ¡No son humanos!

    Lo que hace un robot, lo hace y basta. No recibirá ninguna recompensa mental por el hecho de ayudar en una tarea. Incluso si es tan importante como la antes indicada : el robo a una anciana, que tanto le molesta al poli Spoon. El ser humano si que tiene marcada es capacidad, tanto para sentirse bien si la tarea está bien hecha, como sentirse mal si la tarea está mal hecha. Se llama instinto, realmente capacidad genética, de superación. Y a los robots solo el mago Asimov les dio la capacidad de pensar por si mismos. Por ahora sigue siendo ciencia ficción.

    Y nunca significará superar a los demás, para «joderlos», solo superarse a si mismo, y siempre en colaboración con el prójimo. Esto pasará siempre claro, si es que madura en sentido positivo, en relación con su adn social. Porque los humanos somos animales solidarios, queramos o no. Otra cosa es como nos socializaron en el ecosistema donde vivimos, si en modo individualista o en modo colectivo. Va a depender del adn social adquirido. El llamado comunismo no es realmente un invento marxiano, es el resultado de millones de años de evolución. Algo que, a la llamada SAD, no le gusta demasiado.