
Dejemos, como dijimos ayer, las adicciones y los golpes en el útero. Incluso dejamos, por ahora, ese maltrato, siendo usuarias de una cuna, o ya una cría capaz de dar sus primeros pasos…
Pensemos en una simple madre, comido su coco por el sociogén negativo, de que las hembras deben vestir de rosa… un simple sociogén y ya se colocó en el cuerpo de la bebé, su primer síntoma de estar condicionada por una sociedad machista. Ahora lo hace su madre… y, cuando ella sea madre, hará lo mismo.
Y si no es muy machista, al menos una sociedad no igualitaria entre sexos. Una que sostiene que los machos visten de azul y las hembras de rosa. Y si a algún chaval de 5-6 años le gusta el rosa, ya tenemos enfilado un posible cambio de sexo, o por lo menos de orientación sexual… aunque uno se puede vestir de rosa y ser un machote de primera.
Y es cierto que el robot no tiene sexo, no debería tener, salvo en un universo de patidifusos mentales, dónde quieran hacer más confuso, lo que ya de por sí puede serlo. A fin de cuentas, que uno tenga el tubo para dentro y el otro lo tenga para fuera, debe ser un problema metafísico, que impide decir que son dos cosas diferentes, humanas, pero diferentes.
Y sí, la pose con los brazos detrás de la cabeza, no es una pose erótica de un supersexualizado demente, porque se puede decir que nacemos así (es ironía). Sobre todo si eres una niña. Y la mamá, si no es robot, estará supercontenta (seguro!!!).
¡Anímate!