Pero puede aún ser mucho peor…

Cuando a un desposeído, en este caso un esclavo, se le concede un poquito de poder (delegado por el amo), ya tenemos dentro de la clase social de desposeídos (subclase social esclavos) un tipo de trabajador (capataz), que va a ser el intermediario entre el amo y los desheredados. Su conducta ya no será la del esclavo «normal».

Es decir, será ahora un colchón, que reciba las las protestas de los trabajadores, y pueda ser recambiado con entera facilidad.

E igual pasará en la fábrica, donde el llamado proletariado tendrá asimismo un capataz, que vele por el orden y la producción. Que sea los ojos (y el brazo, con la ayuda policial) del amo. En este caso con la participación de otro sector intermedio, que irá creciendo, según se complique la organización de la fábrica. Serán los ejecutivos de la empresa. En general aprendices de burgués, que acabarán englosando la clase superior del estamento trabajador. Y que irán acercando su conducta, cada vez más, a los amos burgueses.

Y este proceso de generar un estadio intermedio entre la clase burguesa y el proletariado/campesino, es el que dará lugar a la formación de la pequeña burguesía. Lo que será crucial, para que la lucha de los trabajadores se diluya en ese colchón de mediadores del pode, cada vez más grande. Es como si fuera un gran colchón de agua, que ayudase a sofocar los conflictos laborales. Las necesarias reivindicaciones obreras. Porque no solo para esas protestas de forma pasiva, sino que puede ponerse en contra, neutralizándolas de mucha formas posibles. Y siempre con el apoyo de los amos burgueses.

Dicho en plata, porque en el siglo XX ya se arrancaron (no los concedieron) ya los derechos laborales, de los que habla la imagen. Pero esta capa intermedia de mando, que proliferará en el siglo XX, ayudará a diluir la reivindicación obrera, al favorecer que muchos obreros prefieran besar las botas del amo, para subir en la escala de empleos, a ser despedidos por sus protestas… ¿Por qué?… porque exactamente igual que el capataz de la imagen, no le importa tanto hacerse un burgués, como mantenerse más alto y poderoso que el simple obrero. Quiere mejorar su estatus social y eso le hace claudicar en sus protestas.Le han injertado en su mente, ahora que es adulto, lo que podemos llamar un gen social negativo de «ser mejor que otros«. Ser merecedor de mejor trato y defensor de las decisiones empresariales por encima de todo. Cree que es su nueva conciencia. Él sí merece ascender, los otros no. El biogén de la empatía se ha quedado neutralizado por el sociogén de la insolidaridad.

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