Y aún así, el Yo se va construyendo…

Y aún así, en el explotador y el explotado, a trancas y barrancas, la construcción del Yo sigue su curso.

Pero debemos dejarnos llevar por la base filosófica de este blog, para entender que, igual que nos queda fijada una determinada característica en nuestro Yo (Parménides), siempre será posible que la tendencia natural al cambio (Heráclito) no deje que sea definitiva esa característica (sea positiva o negativa, porque la naturaleza no entiende de ética, ni de justicia humana).

Esa es la gran ventaja de la genética (biológica), que todo permanece si es positivo, pero también todo cambia si es negativo, es decir, lo que convenga evolutivamente. Porque la naturaleza lo tiene claro, siempre decide en positivo, son los seres humanos los que joroban el proceso.

Porque hablamos de la tierra (el terreno agrícola) como una metáfora, pero, igual que al hablar del corazón (tan mal usado), la esencia del Yo racional y el Yo emocional están ambas en el cerebro.

Por mucho que esté de moda resaltar las neuronas del intestino, estamos superseguros de que ese tipo de neuronas no forman circuitos mentales ni por aproximación. El Yo gastrónomo también reside en el cerebro (mente). Conviene no usar medias verdades, como si fueran enteras.

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