Porque sin libertad no puedes aprender… y menos para hacerte Tú ( un Yo propio). Pero es que, con pobreza, ya no hay libertad, ni siquiera para buscar comida.
Asà que el binomio pobreza-libertad, está demasiado unido para tratarlo por separado. Y asà mismo el binomio libertad-aprendizaje está soldado a tope.
En las prisiones no se aprende , se reconducen las conductas… Se puede hacer un parecido con chapar la materia en el aula libre. Encarcelado, el canto de un pájaro, no deja de ser una imagen de un pájaro cantando, como si lo estuvieras viendo en la pantalla de un TV.
Porque un puma, por ejemplo, no tiene que preocuparse más que por ser capaz de hacer las cosas que dijimos ayer : alimentarse y defenderse, es decir, adaptarse… pero no tiene que preocuparse por su identidad. No necesita tomar conciencia de que es un puma. Ni siquiera saber que existe… ya viene incorporado todo de fábrica.
Pero el ser humano no… además de hacer todo eso que hace el puma, para sobrevivir en un ecosistema, tiene una necesidad imperiosa de tomar conciencia de sà mismo… tiene que fabricarse un Yo propio. Ese Yo, quien lo va representar en lo que le queda de vida. Y para eso debe usar su inteligencia racional y pensarse a sà mismo, como nos enseñó Descartes. Para producir ideas con base cientÃfica.
Y eso lo tiene que hacer solo, o casi, a partir de unas marcas muy suaves que lleva en su ADN. Tiene que hacer una lectura profunda de un texto, que solo da unas indicaciones someras, sobre tu comportamiento futuro como ser humano adulto…
Por ejemplo te dirá que seas empático y solidario, que compitas para defenderte y cazar, pero que no necesitas cazar más que lo necesario. No puedes disfrutar matando… Como no necesitas competir para humillar al contrario.
En la entrada anterior no nombramos en ningún momento al YO revolucionario, fuera del que puedan tener (individualmente) el pueblo llano, los comisarios polÃticos o el LÃder Supremo… y fue adrede, porque si algo debe quedar bien claro, al estudiar un movimiento revolucionario dado hasta ahora, es la desaparición del YO.
O sea que sÃ, esa misma revolución que presume de acabar precisamente con las clases sociales… es la que, al final, genera otro tipo de clases sociales.
Nos repetimos un poco, pero es crucial desmontar toda idea de alma o de espÃritu, que tanto fomenta la religión, sean las abrahámicas o las que no tienen dioses definidos, como las orientales. Aunque los llamados pieles rojas USA hablaban de un espÃritu (Manitú) que les ayudaba, pero no era algo que existiera dentro de su cuerpo.
La lápida (imagen) lo dice bien claro : enterraron un cuerpo con un cerebro, del que ha desaparecido el Yo que habÃa construido su mente. El cuerpo está hecho de sustancias quÃmicas, que harán un excelente abono, al combinarse con las del terreno.
De tal forma desaparece el Yo humano que te has generado en tu mente, que si pasaras a ser un zombi, en el caso de que existan, tampoco podrÃa permanecer tu Yo(s) en lo que aún te queda de cerebro.
Es lógico que un cerebro puramente mecánico no pueda albergar una mente humana, que sea operativa como tal.
O sea que los dos que acompañan a Michone (WD), en la imagen, son solo cuerpos andantes. Incluso llamarle vivos es bastante exagerado.
Y hablando de Michone, podemos tener en cuenta que, si ella no está muerta, vale decir que está muy próxima a estarlo.
Porque la conciencia de Michone ya no tiene nada que ver con la que tenÃa MIchone antes de empezar esta terrible etapa , con zombis por todos lados. La lucha constante contra ellos le habrá minimizado el espacio mental dedicado a pensar (en otras cosas). Su mente está colonizada al operar únicamente en la lucha por su supervivencia.
Y cuando decimos que la SAD puede hacer lo imposible, para que en vez de ser tú, seas una versión empeorada, menos libre, de ti mismo, no estamos usando lo del entierro solo como metáfora (enterrar en vida), sino que puedes acabar en una fosa real. Siempre que la versión de homo sapiens, que intentan modelar desde el poder no les salga bien.
Porque todo proceso artificial puede salir mal. Y, al final, sigues siendo demasiado parecido al ser humano que tu ADN tenÃa planificado.
Y por mucho que digan lo de que el alma abandona el cuerpo, está claro que tú Yo se va contigo a habitar bajo tierra. De forma que ya no es todo tu Yo, lo que queda en la superficie.
Porque podrás dejar algo tuyo en los seres queridos, e incluso en algún enemigo magnánimo, pero el mundo real solo recordará de ti , aquello que le interese recordar.
De tu Yo o conciencia humana, solo permanecerán unas migajas virtuales, y siempre que el poder terrenal las quiera dejar vivas.
Hasta la fructificación del Yo, hay varios pasos intermedios. Todos ellos van a influir en que el resultado final sea lo mejor posible.
Y por ese motivo se repite tanto el mantra de que es importante (muy) la llamada adolescencia. Porque será en esa etapa cuando este aspecto de sembrar y abonar, es crucial para una buena fructificación. Y, no cumplir todos los requisitos que este proceso precisa, es causa de un Yo muy descompuesto. Un Yo muy poco operativo.
Un Yo bastante inútil, sobre todo cuando más necesario será : en la etapa de adulto.
Trabajar la tierra para sementar, algo asà supone el irse haciendo con un Yo propio. No valen imitaciones baratas de bazar «chino» o complejas construcciones ajenas (amigos, secta, partido polÃtico, gobierno de turno…). Se necesita un modelo propio y con buena capacidad para renovarse constantemente, ante los cambios del ecosistema.
Viene a ser como la adaptación biológica, marcada por el ADN, cambiar solo en lo que beneficie nuestra evolución positiva. No vale confundir evolución con regresión.
Y es que el Yo se va arando poco a poco. Y es necesario hacer el surco correctamente, porque en caso contrario el abono y la simiente no estarán bien guardados, hasta que germine la planta (el Yo)… que debe ir brotando sin parar, pero teniendo cuidado con los pasos que se van dando.
Construir un Yo es muy trabajoso y complicado… a diferencia del surco de siembra, esta construcción es más un asunto d e albaliñerÃa… hay todo un edificio por construir.
Y lo peor vine al final : hay que rellenar la planta de buenas ideas inteligentes, racionales y emocionales. De ello va a depender la plenitud del edificio llamado Yo. Porque nosotros no somos un simple vegetal, con órganos conductores y poco más.
Porque hablamos de la tierra (el terreno agrÃcola) como una metáfora, pero, igual que al hablar del corazón (tan mal usado), la esencia del Yo racional y el Yo emocional están ambas en el cerebro.