El ambiente nos hace miserables…

Si no tenemos claro lo que decíamos ayer, sobre la imposibilidad de hablar de la libertad entre esclavos, es que sabemos poco de la esclavitud.

En una peli reciente del Tarantino (Django) tenemos esa buena secuencia que tan bien ilustra el problema de no querer la libertad… y, para más inri, no querer la libertad para los otros.

El esclavo Stephen, que tan bien protagoniza Samuel Jackson, lo dice bien claro (en la imagen).

Aunque realmente no está hablando de derechos laborales, en la versión el autor del montaje, como si fuera un simple trabajador, sino de derechos humanos (ser libre).

El sociogén que te hace ver natural que seas un esclavo, está injertado en la mente de este esclavo de tal manera, que tiene tapados los biógenes de empatía y solidaridad… e incluso el de la libertad imprescindible para poder hacerse un adulto completo (necesariamente libre). Este tipo de esclavo es lo que podríamos llamar ser humano mueble, una versión zombi de los negros que eran libres en África… y fueron raptados, para convertirlos en instrumental de trabajo mecánico en USA.

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