
Pero antes de volver al parque (hay poco tiempo para jugar), pasemos por la nueva «cárcel» que nos espera, en esta etapa de maduración. Un lugar, por cierto, donde la imaginación (como dijimos ayer) nos puede ayudar a sentirse menos pisados.
Y decimos cárcel, porque lo que llamamos escuela, para ser en ella educados, suele ser más bien una prisión, para realmente ser domesticados.
Sí, tal que un recinto de los usados en el Far West para domar potros… cuando el futuro caballo aún está en condiciones de aprender a obedecer. En cierto modo, muy disimulado, se trata de repetir el proceso típico del gato y el perro, hacer que un tigre o un lobo se conviertan en un animalillo doméstico, incapaz de vivir en libertad (voluntariamente).
Porque de eso va la escuela. La real, no esa ideal , que nos la venden, diciendo que en ella se aprenden conocimientos que te van a liberar.
Mentira cochina, porque realmente es un laboratorio donde se van a trabajar todo tipo de mecanismos, para injertar los genes sociales negativos que necesita la SAD. Te habalaan de «injeretar» coccncicmieentos útiels paara defenderte ccomo adudlto… pero, curiosa y ladinamente, lo que te injertan son los genes sociales negativos que marcaran tu comportamiento futuro, como pieza social obediente y poco creativa. Esa es la escuela (de verdad)… y ya empieza a funcionar cuando acabas de aprender a andar.
¡Anímate!