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  • Y ¿hasta dónde influye el entorno?

    Tuvo que llegar Vygotsky, para centrar mejor el problema, ya que las crías humanas no maduran aisladas de su entorno : familia, amigos, otros adultos, animales y medio físico.

    Y como dijimos ayer, el propio adulto que usaba la regla, no para medir los conocimientos del niño, sino su aguante al castigo físico, era un elemento ajeno a la cría humana, que intervenía en su maduración… practicando la domesticación, que no la educación, y se dedicaba a injertar en la mente infantil los primeros sociogenes negativos en el proceso madurativo general.

    Familia y maestra eran los puntales iniciales en la domesticación de ea cría humana, durante sus primeros años.

    De empatía a no empatía, de solidaridad a insolidaridad, de no tener más que el miedo lógico (natural) a lo desconocido, se pasaba a temer todo lo nuevo que se acercara a nosotros… de sentir placer por el afecto de un adulto, se pasa a sentir horror cuando alguien se acerca demasiado… y ya no digamos a mostrar algún tipo de emoción o afecto.

    Todo un mundo de sociogenes negativos, para apantallar los biogenes, en vez de una serie de sociogenes positivos, para reforzarlos. La creación de pequeños humanos temerosos y, al mismo tiempo, rencorosos con el maltrato recibido. Ese que tanto placer le ha dado al adulto represor (no tutor).

  • Un lugar para DOMESTICAR!!!

    Pero antes de volver al parque (hay poco tiempo para jugar), pasemos por la nueva «cárcel» que nos espera, en esta etapa de maduración. Un lugar, por cierto, donde la imaginación (como dijimos ayer) nos puede ayudar a sentirse menos pisados.

    Y decimos cárcel, porque lo que llamamos escuela, para ser en ella educados, suele ser más bien una prisión, para realmente ser domesticados.

    Sí, tal que un recinto de los usados en el Far West para domar potros… cuando el futuro caballo aún está en condiciones de aprender a obedecer. En cierto modo, muy disimulado, se trata de repetir el proceso típico del gato y el perro, hacer que un tigre o un lobo se conviertan en un animalillo doméstico, incapaz de vivir en libertad (voluntariamente).

    Porque de eso va la escuela. La real, no esa ideal , que nos la venden, diciendo que en ella se aprenden conocimientos que te van a liberar.

    Mentira cochina, porque realmente es un laboratorio donde se van a trabajar todo tipo de mecanismos, para injertar los genes sociales negativos que necesita la SAD. Te habalaan de «injeretar» coccncicmieentos útiels paara defenderte ccomo adudlto… pero, curiosa y ladinamente, lo que te injertan son los genes sociales negativos que marcaran tu comportamiento futuro, como pieza social obediente y poco creativa. Esa es la escuela (de verdad)… y ya empieza a funcionar cuando acabas de aprender a andar.

  • Y el TRABAJO doméstico…

    Que tampoco apareció de forma natural, cuando la distribución de roles sociales, sino como una imposición social en una comunidad humana dominada por los machos. Una sociedad androcéntrica, como tanto gusta de repetir (con mucha razón) el movimiento feminista actual.

    Porque sí, a veces parece que las cosas (costumbres) salen de la nada… o surgen como actividades sociales en un manantial de la naturaleza… o, mucho peor, como decisiones que algún dios tomó, para favorecer la vida de los hombres.

    Pero de los hombres-hombres, en su acepción de ser como Adán. No el simple homo latino. Por eso Yahvé castigo a Eva y no a Adán.

    Y por ese motivo, aduciendo además que era «por su bien», se recluyó en la cueva a las hembras de la familia. Para cuidar de las crías. O, porqué no, a cuidar de las primeras plantas que se cultivaron. Y así hasta podían salir de la cueva, presumían los hombres de liberales, para hacer ese trabajo doméstico

    Y así por los siglos de los siglos… diciendo, para colmo, que el trabajo doméstico (de las amas de casa) no es trabajo.