La INTERVENCIÓN social…

Y con todo esto, ¿qué venimos a decir aquí?

Hablamos de todo lo que puede influir en las modificaciones genéticas , que no son mutaciones naturales de los genes biológicos previas a la fecundación, sino mutaciones naturales postfecundación : estas que ahora estamos llamando epigenéticas. Para luego seguir hablando, una vez efectuada la fecundación, o el mecanismo reproductor que se decida, empiece el bombardeo social. Ya en el útero materno (o de un Matrix analógico)!!!

Algo que ya nos insinuaba una novela distópica como es Un mundo feliz (A. Huxley), donde se preparaba a los embriones «fabricados», para recibir diversas normas de vida social, ya antes de nacer.

O sea que la adaptación natural debe competir contra la adaptación social… y esto solo te dejan dos opciones : o ser una cría humana que madura natural y libremente, o ser una cría humana que madura manipulada socialmente, total o parcialmente.

Lo más fácil es ser la pieza de la maquinaria social, que le dejan respirar un poco, para que se sienta algo libre… o la misma pieza de esa maquinaria, pero que ni puede ser consciente de que no es libre. Llegarían a ser las crías humanas de Un Mundo Feliz, que se consideran felices, tomando las migajas que los adultos poderosos les dejan.

Comentarios

Una respuesta a «La INTERVENCIÓN social…»

  1. Avatar de xaqun

    Y si te parece algo ridículo lo que cuenta Un mundo feliz, es porque ya la SAD ha conseguido lavarte algo el coco, haciendo que te sumes a los postulados sociales ya admitidos como normales, que va metiendo en la cabeza de la gente.

    De alguna forma ya estarías situado como uno de los monigotes, que represento en la imagen de la entrada como un adn social, ya que te toca influir negativamente en le que aún está controlado por su ADN. Para que vaya cambiando de modalidad conductual… estarás haciendo de guía conductor, incluso si no eres consciente de ello.

    Los niños gamma de la novela no tenían ni siquiera envidia de los alfa y los beta… era todo «tan natural»… ¿Cómo iban a dejar que les metieran en su cabeza la nefasta idea de protestar? Ellos creían que deseaban tener un comportamiento ejemplar.

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